domingo, 10 de febrero de 2019

JARON LANIER: 10 Arguments for Deleting Social Networks

  1. We are losing our free will. Modern data-driven feeds and advertising are a “continuous behavior modification” machine, continuously affecting us in ways we don’t realize.
  2. Quitting our accounts is the best targeted way to resist this trend. It hurts the business model, which is the root cause of the problem.
  3. Social media tends to make us into assholes.
  4. Social media is undermining truth. Fake news, bot accounts and algorithmically-curated feeds are undermining even the idea that there is such a thing as “truth”.
  5. Social media makes what we say meaningless, because it strips it of context.
  6. Social media destroys our capacity for empathy. Because we are also seeing other people and what they say out of context, it is not possible for us to truly understand them or empathize. Lanier argues here that social media is “robbing us of our theories of one another’s minds”.
  7. Social media is making us unhappy.
  8. Social media doesn’t want us to have economic dignity. It is economically unsustainable, with millions of “users” giving their data and attention in return for being manipulated. Meanwhile, the tech companies that run these services make billions.
  9. Social media is making politics impossible, by normalizing fake news and insults (a natural consequence of point argument #3 – it is turning us all into assholes).
  10. Social media hates our souls. This final chapter reviews all the previous arguments from a spiritual standpoint.


sábado, 9 de febrero de 2019

KARL ELOISA



foto: Silvia Corbelle Batista

DIGAMOS QUE SE LLAMA ELOÍSA
Orlando Luis Pardo Lazo
En primer año de la carrera (Licenciatura en Bioquímica) tuve una profesora de Marxismo. Una anciana burguesa que dictaba letra a letra sus clases. Un objeto anacrónico a finales de 1989 en Cuba. Se llamaba o pudo llamarse Eloísa.

Sus turnos eran muy temprano en las mañanitas invernales del Período Especial. La luz era azul. El aire puro. La sangre joven y solitaria.

Yo había entrado a la Facultad de Biología (25 % I y J, El Vedado: antes no sabía ni dónde quedaba) por Prueba de Ingreso: 21 plazas para todo el país. Un chico prodigio. Sobre todo porque en el aula la mayoría venía de preuniversitarios de ciencias exactas, como la Lenin. Yo era creo el único forajido de un Pre de la calle: el Cepero Bonilla, mole ex-Marista en una loma magnífica de La Víbora.

Eloísa leía los mamotretos de sus conferencias a una velocidad demencialmente ralentizada. Casi escribía en el aire el tufo atávico de sus palabras. Yo la oía maravillado. Aquella dama antigua tan estirada y elegante (excepto su piel), tan olorosa a perfumes caros de marido tal vez asesor de un viceministro o un diplomático. Tan fuera de la historia mundial. Dictando leyes del materialismo marxista mientras el muro alemán se caía.

Una delicia. Un delirio. No sé por qué yo adoraba semejante escenario matinal. Aquella señora fuera del tiempo me hizo bueno y feliz en medio de los bostezos del aula. Todavía extraño su ignorancia o ingenuidad.

Han pasado veinte años. Cada vez que paso por la Cátedra de Filosofía que está si mal no recuerdo en 19 y Algo (las calles de El Vedado se me trocan por su aséptico exceso de modernidad), miro hacia la casona con la esperanza de volverla a ver.

En la dialéctica irreconocible de mi cabeza, no han pasado ni veinte nadas. No creo en la muerte de Eloísa y me resisto a asumir su retiro laboral. El marxismo muerto cubano está incompleto sin sus dictados de primer turno en una Facultad de ciencias que descreía de las Humanidades. He de declarar que la preferí a ella antes que a un genio del talante de Emilio Ichikawa (de quien bastan sus libros para entender parte de sus agonosofías).

Los manuales mentecatos de Kafkantinov eran fáciles de imitar en las preguntas escritas y las pruebas orales. Prosa diáfana y paladeable, parodiable y plagiable sin mayor maroma mental. Como citar el periódico del día. Se trataba de una asignatura perfecta para aprobar. Para probar dos veces a la semana el néctar sonoro de unos textos póstumos que nadie en el mundo volvería nunca a pronunciar. Y aquel privilegio de ser un testigo terminal en definitiva me emocionaba.

Eloísa nos visitaba en el aula 2-C. Hacía frialdad. Una especie de neblina que desenfocaba o al menos dispersaba ligeramente la luz (el sol no salía hasta muy tarde, pues el jardín de la Facultad era una selva de árboles descomunales). Yo quería enamorarme de una muchacha joven y solitaria en un set así. Como en una película muda. Y la mierda socialipsista de los años noventa no me lo iba e impedir.

Eloísa usaba unos vestidos de arabescos y flores. Un anciana recoleta y quizás coqueta. Una inmortal. Un objeto museable del que sólo esta columna lánguida quedó.

lunes, 28 de enero de 2019

CONTRA LA REVOLUCIÓN, NADA. 1



1.


Para nosotros, la Revolución Cubana era un juego. Nunca nos creímos del todo a Fidel Castro.

Así de simple.

Vivíamos con la cabeza vacía. Felices y flotando en el aire. Una generación sin odios, sin miedo al futuro. En un presente repleto de canciones a guitarra limpia y estaciones de radio del Estado. La censura no existía, mi amor.

Niños grandes, hombrecitos de miniatura. Cubanos rodeados por la risa de luz de aquellas muchachas incomparables que irradiaban amor bajo el sol manso de los ochenta. Un sol, también, moribundo. Aunque de esto, por supuesto, nadie nos había dicho nada. Todo lo ignorábamos por entonces. No sabíamos nada de nada. Ayer era siempre todavía.

Los presos políticos debieron de haber hecho algo mal hecho. Los exiliados de por vida ellos mismos se lo buscaron en vida. Nosotros no estábamos presos. Nosotros no habíamos sido políticos. Nosotros nunca seríamos exiliados, esa maldición que gravita sobre Cuba y tal vez sobre todas las islas.

Los muertos nunca murieron, nunca los mataron. Es decir, ninguno de nosotros estaba muerto. Ni nunca nos habían matado. Tampoco a un pariente lejano, ni siquiera al principio de la Revolución.

En realidad, tampoco creíamos en que hubiera habido un tiempo anterior al principio de la Revolución. No podíamos concebir ese tiempo. Era un tiempo fuera del tiempo.

La Revolución siempre había estado ahí. Como ahora.

Antes del tiempo, después del tiempo.


Como ahora. 

sábado, 19 de enero de 2019

MINUTO 25:30 DE ROSA MARIA PAYA DE CUBA DECIDE EN MADRID





Sobre Cuba existen muchos mitos, como el mito de la igualdad, cuando en realidad, el pueblo cubano enfrenta una miseria despiadada, porque en el totalitarismo comunista la prosperidad no depende del esfuerzo propio. Las autoridades hostigan, penalizan y persiguen a los ciudadanos, convirtiendo la búsqueda del pan de cada día en un delito, y dejando a las familias sin opciones para salir de la pobreza. “Así es como en medio del comunismo Cuba se convirtió en un país de ricos y pobres, donde la minoría que tiene el poder político y militar se ha convertido en la clase rica y privilegiada, que esperan ser, como lo han sido en la Europa ex comunista, los futuros potentados capitalistas. Mientras tanto, le dicen al pueblo Socialismo o Muerte”, como advirtió mi padre Oswaldo Payá.

Otro mito, otra gran mentira, es la supuesta “pasividad de los cubanos”. Sin embargo, el pueblo no ha dejado de rebelarse ante la opresión. En estos 60 años, la dictadura ha cobrado la vida de miles de cubanos inocentes en ejecuciones arbitrarias. Estamos enfrentados a un régimen que ha condenado a decenas de miles a 20, a 25, a 30 años de prisión por motivos políticos, y que hoy, mientras yo me dirijo a ustedes estos minutos, mantiene a más de 120 hombres y mujeres encerrados por pensar distinto y actuar de acuerdo a su conciencia. Entre ellos, el Dr Eduardo Cardet y la activista Aimara Nieto.

La raíz de la violencia de Estado, la miseria y las desigualdades en nuestra Isla, es el secuestro de todos los derechos por parte de la familia Castro y su grupo de generales. Hoy, son estos mismos oligarcas militares los que pretenden engañar al mundo, y a su propio pueblo, fingiendo una imagen de cambios, pero sin dar ni un solo paso a favor del reconocimiento de las libertades fundamentales. El castrismo está intentando lavarse la imagen con la imposición de otro fraude, pues, contrario a la propaganda difundida por parte de la prensa internacional, contrario a lo que ustedes pudieron leer en El País, los cambios anunciados por las autoridades de la dictadura en Cuba se implementan con el objetivo de perpetuar al Partido Comunista en el poder, no para eliminar el comunismo.

Pero a los cubanos no nos pueden engañar, por eso en la Isla crece el descontento y la actividad cívica en favor de los cambios democráticos. Por eso, la iniciativa Cuba Decide, que defendemos miles de cubanos, busca forzar al régimen a someterse a la voluntad soberana de la ciudadanía, en las urnas. Y espera obtener la solidaridad de nuestros hermanos europeos, pues no es apoyo para un grupo político lo que pedimos, si no el respaldo al pueblo cubano, a todos, sin exclusiones, en su derecho a decidir su futuro.

La crisis de legitimidad del régimen cubano es evidente, y de ahí sus esfuerzos, hasta el ridículo, por pretender que están cambiando. Esfuerzos que llevaron al general Raúl Castro, jefe del Partido Comunista, a designar a dedo, y sin pudor, a un nuevo presidente que no toma decisiones, pero es el nuevo rostro supuestamente “civil”, para presentar ante la comunidad internacional, en un país donde no se celebran elecciones libres, justas y plurales hace casi 70 años. El fraude continúa con el anuncio de una reforma constitucional que establece que el partido comunista único es la fuerza rectora superior de la sociedad y el Estado a perpetuidad, y que autoriza el uso de las armas contra cualquier ciudadano que proponga cambiar a un sistema plural.

Ante esta realidad, recuerdo la actualidad de las palabras del ex presidente checo Vaclav Havel, en una de las cartas que le escribió a mi padre: “Europa debería manifestar claramente que Castro es un dictador, y que una dictadura no puede ser el interlocutor de países democráticos hasta que no emprenda un proceso de distención política”.

Ha sido especialmente doloroso que el presidente del gobierno español actual vaya a Cuba y no hable de derechos humanos, o que desde el Servicio Exterior de la Unión Europea, se insulte al pueblo cubano, llamándole “democracia de partido único” al régimen inconsulto de La Habana. Régimen con el cual la Unión Europea, con la ayuda del gobierno español, ha firmado un Acuerdo de Diálogo, Cooperación y Comercio, pero sin incluir a la ciudadanía cubana en esos diálogos, ni en esa cooperación, ni mucho menos en ese comercio. Porque los cubanos tienen prohibido por ley y por constitución participar independientemente no sólo de la vida política de Cuba, sino de la vida económica de la nación, y generar y disfrutar de sus riquezas. Como también se nos expulsa de la vida laboral, y hasta de la vida cultural cubanas, tan pronto como se ejerce un criterio alternativo al despotismo oficial del Estado. Esta es la realidad de la Cuba contemporánea, y se llama “apartheid”, no “democracia de partido único”, como dice Mogherini. El cinismo no hace a la política más realista ni más eficiente, sino que es una garantía de impunidad para los tiranos y sus discípulos en el globo. Esta es la misma impunidad con la que el régimen cubano asesinó a mi padre Oswaldo Payá y a mi amigo, el joven líder Harold Cepero en julio del 2012.

El silencio de la comunidad internacional puede tener consecuencias devastadoras. Por ejemplo, la tolerancia por casi 60 años de las democracias del mundo al totalitarismo en nuestro país, ha impedido la estabilidad de la democracia en nuestro continente y ocasionado graves amenazas a la seguridad nacional de varios estados. El aparato de inteligencia cubano del castrismo se infiltró en todo el hemisferio, desde los movimientos sociales hasta los guerrilleros. Al día de hoy, el régimen de La Habana mantiene un ejército de ocupación en Venezuela, con presencia militar entre los represores de los estudiantes en Nicaragua. Durante estos años, Cuba ha servido de centro de difusión de modelos autoritarios, como el llamado socialismo del siglo XXI, y de santuario a terroristas del mundo entero, y de cómplice con los enemigos del mundo libre. En la mañana de hoy el presidente Iván Duque denunciaba la presencia de miembros del grupo terrorista ELN en Cuba, grupo responsable por el atentado que terminó con la vida de 11 personas hace días en Bogotá, Colombia. Para todas sus familias afectadas, mis condolencias.

Por tanto, ninguna estrategia que ignore estos hechos, que ignore el papel pervertidor del castrismo, funcionará en América Latina, pues como decía mi padre Oswaldo Payá: “la causa de la libertad es también la causa de la paz”. De ahí que les pido ayuda para frenar la injerencia del castrismo en los asuntos internos de otros estados, y, en especial, Europa no debe ser indolente ante el secuestro de los derechos por parte de un grupo mafioso militar en Cuba y su intento de perpetuarse en el poder.

Hoy los invitamos acompañar a los cubanos en este camino de liberación que ya comenzó, y a apoyar el derecho que tenemos como pueblo a decidir, en las urnas, en plebiscito, el cambio a un sistema democrático. Y los invitamos a reclamar la participación y los derechos de los ciudadanos, como condición de toda relación con la dictadura cubana. Los invitamos a ponerse de parte del pueblo cubano y siguiendo el legado de Havel y del presidente Aznar, apoyar el poder de los sin poder.

Quien quiera ser solidario con el pueblo cubano y respetar su autodeterminación:

1.      No debe aceptar como legítimos a un sistema político y a unos representantes que los cubanos jamás hemos elegido en las urnas.
2.      Invitamos al partido popular a exigir el cese de la represión y la liberación de los presos políticos, como el Dr. Edurado Cardet, Aimara Nieto y las 12 mujeres y más de 120 hombres que se encuentran en prisión política.
3.      Apoyar una transición a la democracia en Cuba con la participación de todos los cubanos en plebiscito vinculante.

Sepan que su solidaridad no será solamente un gesto de altruismo, porque el cambio en Cuba es la garantía de la estabilidad democrática en nuestro hemisferio, y un freno necesario a las fuerzas antidemocráticas a nivel global. El cambio en mi país es, por tanto, útil para todos, pero antes que conveniente, la solidaridad con Cuba es un acto de justicia y una deuda histórica de las democracias del mundo, pues como decía mi padre:
“Los derechos no tienen color político, ni de raza, ni de cultura. Tampoco las dictaduras tienen color político, no son de derecha ni de izquierda, son sólo dictaduras. La causa de los derechos humanos es una sola, como una sola es la humanidad. Si hoy se habla de globalización, anunciamos y denunciamos que si no se globaliza la solidaridad, no sólo peligran los derechos humanos, sino el derecho a seguir siendo humanos.”


Muchas gracias.

Rosa María Payá

Reading poetry at Venice Cafe.

Yo Voto NO

Pequeña y perdida en Cuba



Lillian Roth en Cuba: 
pequeña y perdida
Orlando Luis Pardo Lazo



En su libro de memorias Beyond My Worth, publicado en Nueva York en 1958, la gran actriz y cantante norteamericana Lillian Roth dedica todo un capítulo a su visita a una Habana que estuvo a punto de ser “casi una tragedia”, según ella.

A Lilly no le gustaba salir de los Estados Unidos. Al contrario de los norteamericanos de ahora, ella siempre sintió que le quedaba muchísimo por ver y por hacer en su propio país. A lo largo de su carrera, había rechazado no pocas ofertas para presentarse en Europa. Además, bajo ningún concepto aceptaba separarse de sus perritos. Pero de pronto Lilly se vio a sí misma viajando hasta la islita loca del Caribe, con la no menos loca sensación de que su estreno en el extranjero como cantante de cabarets podría ser también una despedida.

Era a finales de 1956. Hacía apenas un par de semanas que el coronel Antonio Blanco Rico había sido asesinado en el cabaret Montmartre de El Vedado por un comando terrorista del Movimiento 26 de Julio: Pedro Carbó Serviá (asesinado por la policía batistiana en abril de 1957) y Rolando Cubela (preso político del castrismo y desde 1979 un exiliado).

Los dueños del Montmartre habanero le pidieron a la estrella de Hollywood que no fuera a la Isla, pero ella insistió: “¿Hay otra revolución? ¿O es la misma revolución en contra de Batista?”

En cualquier caso, Lillian Roth estaba convencida de que ella sí iba a “empezar una revolución por cuenta propia”, gracias al vestido rojo de profundo corpiño que pensaba estrenar en las noches de Cuba. Finalmente, por motivos de seguridad, en el contrato decidieron posponer la actuación de Lilly para marzo de 1957, como si ese mes no fuera a terminar siendo el peor de toda la violencia que el castrismo y los castristas le impusieron a la sociedad cubana.

Lillian Roth aterrizó en Cuba desde Miami el 5 de marzo de 1957 (un martes, como martes fue el 5 de marzo de 2013 cuando yo aterricé en Miami desde La Habana). Lilly vivió el glamour de la gran megápolis, pero también vio en sus recorridos por el campo la miseria que mataba por igual a animales que a humanos. En su libro, el segundo que escribió después de I’ll Cry Tomorrow, lo resume con estas palabras: “Cuba parecía una paradoja de lujo y pobreza”.

Pero La Habana, ah La Habana, era una fiesta de colores y músicas. Y ahí mismo Lilly descubrió que Cuba “parece estar siempre de vacaciones”. Incluso cuando al bullicio se le sumó el rafagazo de una ametralladora: “la vida no valía mucho, así que la muerte no interrumpiría a los que la vivían”.

La promoción de su estreno en el Montmartre fue una debacle. No la anunciaron en los periódicos, a pesar de que su recibimiento en el aeropuerto sí fue a todo meter. Por supuesto, la gente apostaba a gritos sus buenos pesos jugando al bingo en el cabaret, pero al parecer muy pocos reparaban en ella: “me sentí chiquitica y perdida”.

Y, cuando la inmortal Lillian Roth salió finalmente a escena esa primera noche, los cubanos siguieron comiendo y bebiendo y riendo y hablando y probablemente tocándole el culo a las camareras (y mirándole las portañuelas a los meseros). La revolución que Lilly esperaba causar se revirtió en su contra como una revolución de la grosería (no sería muy diferente el primero de enero de 1959: la chusma le ganó la pelea de la decencia a la alta cubanía). Y para colmo entonces, a la mitad del acto, “como doscientas gentes de pronto se levantó y se fue del salón”.

Cuando Lilly logró llegar todo temblorosa a su camerino, que era más bien un tenderete sin ninguna privacidad, pensó que aquella “humillación en Cuba sería lo que ella iba a recordar por el resto de su vida”: I wished I was dead, escribió en su libro. Y ese, en lugar de The Two Faces of Cuba, debió ser el título de su capítulo cubano. Porque Cuba, en pleno carnaval de cadáveres, la acribilló con su cochinada de cabarets sin cachet.

Pero, por supuesto, al día siguiente, leyendo los titulares de la prensa cubana (por entonces mucho mejor que la del resto del continente), Lilly se sorprendió de que todos los críticos la alababan de manera exagerada. Sólo después, hablando con un antiguo dueño del Montmartre recién extorsionado tal vez por la mafia, la estrella se enteró de que así son los cubanos: hablar por encima de su espectáculo era un síntoma de excitación, no de desprecio, y los que se fueron eran parte de un paquete turístico de horario apretado que, así y todo, insistieron en asistir al menos a la mitad del show, con tal de no perderse a la inimitable Lillian Roth en La Habana.

La segunda noche por fin fue ya el acabose. Lilly entendía mejor la chabacanería cubana y los cubanos entendían mejor su intraducible acento mientras la diva intentaba soltar un chiste en español. En definitiva, la querían. La queríamos. Te queremos, Lillian Roth. Li-li-ta, light of my life, fire of my loinsPero nos habías intimidado hasta los tuétanos, tati linda, con tu presencia de mujer libre en escena.

De manera que a la noche siguiente fueron subiendo por turnos jóvenes y viejos al escenario, enseñándole a la gran Lilly cómo bailar y gozar al compás cojo de un riquísimo chachachá local. Y Lilly se emocionó al punto de las lágrimas, y su sonrisa de niña traviesa (que ni siquiera la muerte, en pleno éxodo del Mariel en mayo de 1980, se la desdibujó de su carita adorable) iluminó como un sol nocturno todo el Montmartre, a pesar de las muertes que la Revolución cocinaba en secreto en contra de los cubanos: Regardless of the internal strife in Cuba, the people remained warm and friendly, and I was sorry to leave them after my engagement was over.

Los luminotécnicos la metieron bajo un reflector verde para despedirse del público entre las mesas. Y ella con el corazón feliz feliz, como una perdiz: You see, Cubans love green, and I love Cubans… In the days that followed, I became the object of a great outpouring of affection by the Cuban people. No solo repletaron el Montmartre cada noche, sino que durante toda mi estancia me enviaron regalos, postales, rosarios y flores, y cada vez que me asomaba al lobby de mi hotel o salía a la calle, perfectos desconocidos se me abalanzaban para soltarme una explosión de idioma español, antes de sonreír y desaparecer de nuevo. I didn’t know what they said, not the exact words, but our hearts talked. We didn’t have to know the same language to tell we liked each other. Podemos comunicarnos, podemos dar amor y respeto y recibirlo de vuelta multiplicado, incluso cuando carecemos de una sola palabra en común. People are the same the world over, regardless of color, culture, or politics, and they will respond to each other if given the chance.

Al salir del hotel para partir hacia el aeropuerto, otra vez la atacó la muerte cubana con su carga inútil de cuerpos incapaces de amar y de ser amados. Lillian Roth vio a un estudiante universitario asesinado en la calle, tras una protesta antigubernamental, todavía rodeado por los sicarios de Batista, analfabetos muy valientes para torturar inocentes con impunidad, pero idiotas incapaces o incluso cómplices cobardes que propiciaron que Cuba cayera para siempre en las garras del totalitarismo mundial.

Una madre cubana rompió el círculo de la sanguinaria policía de la dictadura anterior y se abrazó llorando a su hijito del alma, los dos bañados en público por la misma sangre. Lillian Roth la vio y lo vio. Los cubanos a su alrededor, no tanto. Los cubanos a tu alrededor no sabíamos mirar, mi amor. “En la distancia, se alejaban evitando mirar”, como después evitaron mirar los crímenes del castrismo. Como hoy evitamos mirar los crímenes que se cometerán con la anuencia de la ausencia de Castros.

Y no sólo nos vio a los cubanos, la muñequita Lilly nacida en Boston en 1910 (el año del cometa Halley), sino que nos narró con el mismo coraje con que pudo derrotar a su alcoholismo y a la mediocridad de sus cinco o seis maridos: ¿cómo pudo alguien dejar de amar a este ángel?

Más allá de tu valor, querida Lillian Roth, los cubanos del futuro sin futuro que es hoy, te damos las gracias. Criaturas de diciembre tú y yo (nuestros cumpleaños son en diciembre 10 y en diciembre 13, antirrespectivamente), en lo personal te pido perdón por haber llegado tan tarde a los Estados Unidos. Tenía que haber ido mucho antes, acaso cuando la estampida del Mariel en la Primavera Cubana de 1980. Aunque solo fuera para darle un beso infantil a esos labios tan tuyos, para entonces ya en silencioso estéreo y filmados a todo dolor en tus funerales. Y, de no ser mucho pedirte desde esta otra muerte que es el exilio de mentiritas, intentemos los dos renacer juntos para la próxima película, Lillian Roth, cuando nos sorprenda en vida o en muerte el primer invierno sin dictadores en La Habana.

lunes, 14 de enero de 2019

WASHU PRESIDENTIAL DEBATE

PRESIDENTIAL DEBATE
Orlando Luis Pardo Lazo



once the debate is over
a symphony of sirens howls and howls 
on our way back 
home


exile is the place where nobody knocks at your door
USPS’ fault
USPS sucks


once the debate is over
our biographies are out of balance 
again
a gain for police bullets which whistle and whistle
over the echo of their perfectly presidential 
bullet points


exile is the place where you keep on 
having breakfast 
having lunch
having dinner
having sex out of decay
decadently voting for someone else’s candidate


once the debate is over
we realize it was only a late-night 
talking-heads 
stand-up show
fundamentally funny stuff
pornography for the poor
bipartisan BS for the mass-media
among other short-hyphens 
of a hyper-democracy for those depressed 
over the land of the who and the home of the where



exile is the time when 
our backyard bush remains with no name
like a little boring bird with brand new batteries
singing outside our rented studio 
a star-spangled flow
Cardinals’ fault
Cardinals suck


once the debate is over
our clinical condition concurs
when cameras and microphones are turned off
still we are all here 
dead bodies broadcasting live
while the cut-to-the-chase ambulances wail and wail
under the spotlight of a helicopter 
on our way back 
hospital


exile is the time when 
money becomes amnesia
and here and there are terms that tend exactly to somewhere else


once the debate is over
citizens about to die start to applaud 
the civil cycles of cynicism
the Q & A permanent perverse parade
the spectacle of history as man-hunting
the spectrum of man-hunting as progress
progress as They-The-People participate 
on election day


once the debate is over
exile is our time at fault


the time of our exile sucks
once the debate is over

lunes, 7 de enero de 2019

ZAMMYS DE LOS LOCOS TRISTES


La locura triste de ser felices en una Cuba sin Castro pero con Díaz-Canel
Orlando Luis Pardo Lazo


La verdadera patria del exiliado cubano es YouTube. El verdadero corazón de quien ha sido expulsado de la Isla (y todos hemos sido o seremos expulsados de la Isla) es navegar a ciegas los contenidos que se emiten desde nuestro país.

Así sobrevivimos los cubanos sin Cuba, a la caza de un recuerdo similar a los nuestros. A la búsqueda y captura de un olvido que nos haga olvidar que ya en Cuba se han olvidado de ti y de mí. Catch-and-release de memorias anestésicas. Nostalgias: literalmente, dolor del no lugar, pena de no pertenecer, tristeza del no estar en ninguna parte, tan pronto como salimos de la cárcel cubana y podemos pulular por ahí, cosmopolitas de remate.

Locura del lenguaje sin logos que nos deslocalizó. Alegría de volver a casa, aunque sólo sea para constatar que allí no quedan ni las ruinas retóricas de lo que alguna vez fue nuestro hogar. Y la música, por supuesto, nos impacta en plena alma como un misil.

Cancioncitas de amor Made in Cuba. Inevitablemente, un amor Hecho en Cuba para los niños, para los ciudadanos infantilizados en los tiempos terminales de la Revolución. Canticos cómicos, acaso paródicos. Con resonancias conmovedoras por principio, por perversión de animal insular, por ser letras y acordes escritos en aquel sitio en que creíamos íbamos a amar mucho, a ser felices, y, con suerte, a envejecer por fin rodeados de luz y libertad, sin despotismos ideológicos ni idioteces materialistas de manualitos marxistas de alfabetización.

Así me topé una mañanita ñoña de noviembre con Los Locos Tristes. Una banda cubana que dicen ellos mismos que es de rock and roll y un poco de cualquiercosario. Así vi los pelos rojos de una actriz amateur, cantante amateur, santaclareña amateur (es decir, amorosa, amorosa, amorosa) pronunciando todas las mentiras que hoy ya están sobre la mesa, cuando la varita mágica de los mitos amaneció de pronto rota y vieja, incapaz de engañar ni a su propio mago, personaje anciano o cadáver. Así oí hace poco, poquísimo, a una cubana llamada Zammys anunciar el evangelio pop de que por los huecos del sombrero se escaparon los conejos, mientras las palomas se morían tras tantas décadas descascaradas de no poder volar.

Claro que todo parecía mejor ayer que hoy, Zammys, claro que por suerte se nos acabaron los discursos, pero con ellos también la cordura de aquella alegría falsa convertida ahora en pena común por la cual brindar, como zombis de los otoños imaginarios en Cuba, como fantasmas infieles de la Fidelidad a la fuerza en que el siglo XX nos secuestró: camiseta de fuerza color verde olivo, olivos verdes de una esperanza que la vomitó una vaca, semillas verdeolivas vacías hasta de la ternura triste en clave de YouTube.

Son, por supuesto, Los Locos Tristes, una banda de rock and roll a la cubana en Cuba, al menos por un ratico, no más. Después, ya sabemos. El tiempo, el totalitario, el que pasó. Después, mejor no quiero ni saber. La dispersión súbita y soez, la diáspora silenciosa cuya ilusión lo devora todo, la utopía entendida al pie de la letra como el no lugar. Después, ya veremos (dijo un cubano y nunca vio, ni vivió).

Pero no importa. Por el momento, Los Locos Tristes están felices en la Cuba loca y triste de la realidad al otro lado de YouTube. Ellos son jóvenes y ganan premios audiovisuales y dan entrevistas para la televisión del Estado, un poder anquilosado en el poder que les da la bienvenida a toda esa locura triste mientras no sea una triste locura sistemática: es decir, anti-sistema. Y nosotros, los cubanos no menos felices de conocerlos y reconocerlos en la pantalla plana, planísima, de nuestra laptop, no podemos hacer otra cosa que no sea cantar callados con ellos la balada de quien muy pronto se va a ninguna parte, mientras el corazón se nos pone triste contemplando de lejos, tan de cerca, los coletazos habanémicos de nuestra ciudad.

No se vayan, loquitos tristes.

Loquitos tristes, no dejen de venir tan pronto como suban a la nube de nuestra infancia futura (sea la nube de Valencia o de Habanescencia) la próxima y tan precaria canción.