viernes, 24 de julio de 2015

LA VIRGENCITA DE MIAMI VUELVE A SU HOGAR



A instancias de prominentes líderes de la emigración cubana —tanto magnates como su relevo generacional—, gracias a gestiones de la jerarquía católica dentro y fuera de la Isla y, sobre todo, por la buena voluntad política del nuevo entendimiento entre el gobierno de Raúl Castro y la administración de Barack Obama, por fin se le hará justicia a un emblema de nuestra nación que durante décadas permaneció prácticamente secuestrado.

En efecto, la virgen llamada “de la Ermita de Miami” —que en realidad siempre ha sido la virgen de la parroquia de Guanabo, al este de La Habana—, y que fuera forzada a emigrar de Cuba en contra de su voluntad al ser literalmente contrabandeada desde la Isla en 1961 (con la complicidad de las embajadas de Italia y de Panamá), ha de regresar ahora a su lugar de origen, como parte del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el consiguiente proceso de normalización entre La Casa Blanca y la Plaza de la Revolución.

Es en Guanabo y no en Miami donde aún reside el humilde hogar de esta virgencita tan querida para todos los nacionales. Es allá, en su patria auténtica, y no aquí, en su pesebre postizo, donde pertenece su misión de misericordia y los milagros con la fórmula del amor triunfante. Es a la nación nutricia donde la Madre De Todos Los Cubanos por fin regresa, despidiéndose en paz de un exilio en la práctica ya inexistente, según revelan las más rigurosas encuestas de sus propias universidades en el sur de La Florida, así como lo reconocen los jóvenes descendientes del cambio generacional con que se ejecuta hoy la reconciliación del pueblo cubano.

Acaso la visita de Su Santidad el papa Francisco a la Isla, en septiembre próximo, sea la ocasión fraterna para esta fiesta de la espiritualidad y la memoria fiel y sin saña de los cubanos. En cualquier caso, la no tan sorpresiva presencia del mandatario norteamericano Barack Obama en la ex-Ermita, el pasado 28 de mayo, sugiere que la transición ha de ser muy pronto bajo su mandato, para así también evitar cualquier exabrupto de los escasos cubanos que aún se aferran a un pasado de confrontaciones que durante décadas fracasó.

El santuario vacío del 3609 de la avenida South Miami fungirá entonces como otro tipo de templo, más acorde a los tiempos de restauración que se viven entre Washington y La Habana, donde Miami no será ninguneada, por supuesto, pero sí debe ir asumiendo racionalmente su condición de plaza temporal, desplazada a la hora de los hornos y de la asunción de nuestro verdadero hogar.

Dad a Cuba, hermanos y hermanas, lo que de Cuba es. Y dadlo sin miedos ni miserias, pues, como rezan los cánticos de restitución de esta campaña con todos y para el bien de todos: a Cuba va, quien de Cuba vino. Lo que honra a su vez a la carta pastoral del Episcopado Americano:

Juntos en el camino de la esperanza: ya no somos extranjeros.

Consummatum est.

viernes, 3 de julio de 2015

Por la libertad de una Cuba sin Castros


http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/03/actualidad/1435956130_492450.html

ENTREVISTA | 
ROSA MARÍA PAYÁ
líder del Movimiento Cristiano Liberación y Cuba Decide.


“Estados Unidos está negociando
  con la casta cubana”

La opositora cubana, hija de Oswaldo Payá, señala las carencias del deshielo
ALBA CASAS 
Madrid 3 JUL 2015 - 23:03 CEST

A Rosa María Payá (enero de 1989, La Habana), hija del fallecido opositor cubano Oswaldo Payá y miembro del Movimiento Cubano de Liberación —que fundó su padre—, no le tiembla la voz al afirmar que el deshielo no va a acabar con “el embargo de las libertades” que el Ejecutivo cubano impone a sus habitantes. “Estados Unidos está conversando con el Gobierno y los que le rodean. Pero la sociedad civil queda fuera. Es un privilegio reservado para la casta cubana. Para el resto, la situación es de exclusión”, sentencia.

Aunque ve con buenos ojos el avance en las relaciones de estos dos países —en sus propias palabras: “Cualquier intento de inclusión de Cuba por parte de la comunidad internacional está bien, siempre y cuando la inclusión sea de todo el estado cubano y no solo del Gobierno”—, Payá considera que el restablecimiento de las conversaciones otorga un “halo de legitimidad a un Gobierno que viola cada día los derechos de sus ciudadanos”, y defiende, vez tras otra, la necesidad de que este progreso conlleve un cambio para la sociedad: “La confrontación con Estados Unidos es la excusa que el Gobierno ha usado para justificar algunas de sus medidas represivas. Ahora la excusa ha caído pero la situación sigue igual, lo que demuestra que no era Estados Unidos lo que oprimía a los cubanos, sino el propio Gobierno”.

Entre los motivos por los que el gigante norteamericano debería, según Payá, defender “la apertura de Cuba a los propios cubanos” se encuentra el de ofrecer una seguridad jurídica a los empresarios que quieran embarcarse en nuevas actividades comerciales en la isla. “El totalitarismo es una amenaza tácita para ellos como puede serlo negociar con la mafia. No espero un altruismo de los inversores extranjeros, pero negociar sin las garantías de la democracia es aceptar las reglas del Gobierno cubano”, asegura esta joven de 26 años con unas tablas propias de un político que llevara ese mismo tiempo dando mítines frente a las cámaras.

Al hacer un paralelismo de ese “juego que sigue las normas del Gobierno cubano” con la actual situación del deshielo en la que Estados Unidos, pese a su exigencia inicial de asegurar los derechos de los cubanos, ha finalizado el embargo y sacado a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo sin un avance real en libertades para la sociedad, Payá afirma: “Es terrible cuando conversar pasa a ser más importante que el objetivo de las conversaciones. Cuando eso pasa, la impunidad es total y el Gobierno se siente libre para asesinar a un premio Sajarov y que no pase nada”. Se refiere a su padre, Oswaldo Payá, quien murió en 2012 en extrañas circunstancias en un accidente de tráfico. “Hablar de accidente es utilizar las palabras del Gobierno”, sostiene.

La crítica de Payá contra los Ejecutivos que prefieren “ignorar las violaciones de los derechos humanos” no se dirige tan solo al gigante norteamericano. La joven llega incluso a vincular “los 15 años de recesión que han experimentado las democracias de la región” con la dictadura cubana. “No digo que sea el único motivo, pero sí un denominador común. Y se puede observar en el silencio cómplice de la alta política latinoamericana con todos los crímenes de la región, ya no solo los de Cuba”, afirma.

El instrumento que el Movimiento Cubano de Liberación propone para conseguir ese avance en derechos e iniciar un proceso de transición democrática es hacer un plebiscito para preguntar a los ciudadanos de la isla si quieren participar en unas elecciones libres, en las que cualquier ciudadano pueda presentarse como candidato a la oposición, una plena cobertura mediática y, ante todo, “con garantías para los votantes de que no habrá consecuencias por parte del poder”.

Al situarse en ese escenario utópico, no puede sin embargo asegurar que el llevar a los cubanos a las urnas se vaya a traducir en el fin del mandato castrista. “Yo creo que si los cubanos pudieran votar, votarían por la libertad. Pero si no lo hacen, nosotros todo lo que podemos hacer es darles la herramienta. Los cubanos serán libres cuando quieran serlo”.

miércoles, 3 de junio de 2015

FIDELOMA





F con F, Fidel
Orlando Luis Pardo Lazo

Dame la F.

La única literatura del castrismo que sobrevivirá al castrismo es la literatura anti-castrista. Parece un trabalenguas, pero es algo peor.

En efecto, en Cuba no se publica nada en serio sobre Fidel. No circulan sus fotos ni información documental. Apenas se repiten las viejas poses icónicas en cada aniversario o cumpleaños: dos fechas que ya se confunden a fuerza de efemérides y eufemismos.

Dame la I.

El oficialismo está tomando distancia de Fidel. Y aún más, están traicionando a Fidel cada vez que lo exhiben en público como una momia, con sus manos de melanoma, su sombrero de yarey, sus ojos de ídolo ya ido, y su voz de ultratumba que ya no asusta ni a los bebés, a la hora de darles la papita o ponerlos a mimir.

En este teatro de títeres sin titiritero, en esta Cuba decrépita del día a día, es como si Fidel fuera un dictador, digamos, del Cuerno Africano. O del Cono Sur. Un Videla con su piyamita Adidas y una corona criminal de moringa. O un Pinochet en su clínica anglófona, intraducible en sus bisbiseos de viejo milico (como su argot de guerrillero hecho un guiñapo es ya intraducible, la TV cubana le impone subtítulos en español a Fidel: apócrifos, en su mayoría). O un Arafat tropicalosamente marica (como lo soñó el suicida Reinaldo Arenas). Porque, aunque nadie se atreva a pronunciarlo, su hermano Raúl Castro cada vez luce más macho en público, mientras Fidel se nos mariconea entre pioneritos y espías.

Dame la D.

La arqueología no se da bien en nuestra Isla. La ingravidez, sí. En el Archipiélago Cubag el ambiente es muy blando bajo la demasiada luz, la memoria se blanquea a la primera oportunidad y tras el último horror. Por eso Fidel flota tan fácil. Todo lo socialista se desvanece en el aire. El futuro será fósilmente feliz, después de decadentes décadas de Fidelidad. En tanto zombis de un país-páramo-patíbulo, ahora corroemos a ese fantasma entre afeminado y fascistoide del Compañero Fidel.

El legado de toda gerontocracia es ese: desvalijarnos del derecho de un cadáver donde escupir. Nuestro Matusalén marxista no terminará mancillado como Mussolini, sino canonizado por la tétrica Trinidad de un Big Mac en la punta del Pico Turquino, y un Mall martiano en el lobby de la Plaza de la Revolución y, el Comité Central del Partido Comunista en el pent-house de la Torre de la Libertad (Miami como una Habana del Norte mucho más castrista que la original).

No sólo no hay justicia en la Cuba de la auto-transición de la dictadura a la dictacracia, sino que tampoco habrá ni injusticia. El desierto atenaza a los cubanos, y únicamente Disneylandia puede redimirnos de semejante tragedia. Desde mucho antes del capitalismo —si es que hubo un “antes” del capitalismo—, a nuestro pueblo le encantan los muñequitos (como lo soñó el suicida Guillermo Rosales). Por eso nuestra historia es una historieta. Carecemos crónicamente de biografía: en nuestro pueblo no hubo ni un solo Camilo, pero sobran millones de Elpidio Valdés. El castrismo como un cómic incorruptible.

Dame la E.

Ah, ¡que Fidel escape cuando ya había alcanzado su definición mejor…! Pero, precisamente para canonizar las dos tibias y la calavera de nuestro tirano, ahí están los académicos norteamericanos, esos gurús gays que a golpe de grants han creado y consagrado al Ur-castrismo más homofóbico. Nada es como un macho sabroso en clave de sadoculturalismo: en una mano el cañón de la AKM, en la otra el pocket-book de la última constitución comunista.

Semejante ejército de ensayistas no está solo en esta epopeya. Paradójicamente, en las bibliotecas de exilio y medio, en las ONG “terroristas” de la capital del Imperialismo yanqui y en las fundaciones “mafiosas” del Miami de “línea dura” más “radical”, en los anaqueles de la “derecha reaccionaria” cubana, allí, fulgurante como un alef maléfico o apencado como un vulgar guayabito, allí se incuba por los siglos de los siglos hasta el fin de los tiempos, la imagen magnetizante de Fidel. No hay ícono mejor representado por el exilio cubano. Nadie representa más a los exiliados que Él.

Dame la L.

Entonces, hasta la reconciliación de los cubanos será gracias a ese Fidel en sí, a su réquiem en Rev Mayor, donde el cardenal católico Jaime Ortega podría bendecir guardaespaldas en Su misa de capilla ardiente, mientras la nación reza el Cubansummatum-est del Sermón de la Sierra Maestra.

Dame la F. Dame la I. Dame la D. Dame la E. Dame la L. ¡¿Qué dice…?!

Dice eso mismo: F, I, D, E, L. Cinco letras sin conexión entre sí. Pero sin las cuales Cuba y su carroñita de cubanos sin Castro no sabríamos cómo sobremorir al Funeral en Jefe de nuestro Fidel O´Akbar.


Améen.