martes, 12 de mayo de 2015

DECRÉPITA CUBA





El sol de Cuba lo golpea todo. Achicando los ojos. Estrujando la piel. Deshidratándonos, haciéndonos parecer más viejos de lo que siempre hemos sido. 

Y no es sólo el sol de Cuba. Es también el sol de Miami. Que es indistinguible en tanto barbarie incivil.

Bajo esa luz continua, sin grietas, que achata la formas y apaga los colores, los cubanos tenemos muy poco que hacer. Esa luminosidad excesiva se llama castrismo, y existió antes y existirá después de Castro. 

No hay matices, no hay textura ni contexto. Nada es sutil ni misterioso. Todo es cuerpo y cadáver. Cuba como un gran caimán castrense de San Antonio a Maisí (es decir, entre Maceo y Martí: la violencia que decapita y la violencia del demagogo).

De ese país sin sombras es que los cubanos nos escapamos. De su historia de día eterno, sin noches donde ser uno mismo. Sin espacio para el placer, entendido como libertad y no como animalismo. Por eso no hay regreso posible a una isla sin imaginación, donde todo es fáctico a la vez que ficticio, donde se nos pasa la vida en una especie de duermevela a la vez que es imposible soñar.

Cuba no tiene Estado ni tiene Dios. En el medio, no existe todavía el primer hombre cubano que sobrevivirá a esa ausencia sobresaturada de luz. (Cuando nace alguno, lo asesinan a plena de luz del día.) Hablar de esperanza en Cuba es escupir sobre nuestros restos de inteligencia e incluso sobre ese instinto de conservación que disfraza de dignidad a nuestra cobardía.

Quien respete a su amor, se irá de Cuba de inmediato. Amar en Cuba es traicionar al amor. 

Vete, cubano. Vete, cubana. Por ti. Por él, por ella, por el amor. 

No perpetúes con tu patetismo a esa Cuba que es sólo cuerpo y cadáver sin corazón.


lunes, 11 de mayo de 2015

Rosa María regresa a la Revolución de la muerte


ROSA MARÍA Y LA MUERTE
Orlando Luis Pardo Lazo


Desde niña, la muerte fue una invitada en su casa. Una invitada que nadie invitó en medio de la alegría familiar, sino que era una intrusa impuesta por un Estado fascista llamado Revolución. Un Estado totalitario que empezó asesinando antes de asaltar el poder, que prevaleció asesinando durante décadas, y que terminará asesinando más temprano que tarde. Es la única lógica de gobernabilidad en que son eficaces los Castros, una dinastía de varias generaciones que jamás fueron electos en Cuba. Desde niña, la muerte se le asomaba entre las persianas y le revelaba el más verosímil terror: ella siempre supo que los cubanos querían matar a su papá.

Rosa María Payá, tras un año y medio de residir temporalmente fuera de Cuba, retorna hoy a la Isla donde reposan los restos de Harold Cepero —su amigo del alma— y los de Oswaldo Payá. Les lleva una flor. Una florecita del Miami más comercial y cobarde. Donde miles de “mulas” viajan a diario como cómplices del castrismo. Donde todos los empresarios son Castros con corbata de cubanólogos, pero en definitiva sólo están sedientos de dólares y poder. Una casta que, con el cuento del empoderamiento económico de la sociedad civil, aspiran a esclavizar a Cuba en función de sus ganancias y de su corrupción. No son otra mafia de mierda, sino que son la misma y del mismo signo ideológico que los mafiosos de mierda de la Plaza de la Revolución.

Cepero y Payá fueron asesinados en Cuba por una orden del alto mando del Ministerio del Interior, el domingo 22 de julio de 2012. Fue una venganza personal de los hermanos genocidas. Un crimen de lesa humanidad cuya atroz culpabilidad no expira nunca, y por el que tendrán que rendir cuentas ante la justicia incluso los descendientes de los dos tiranos: en especial, Alejandro Castro Espín, que ya estaba en funciones cuando asesinaron a Cepero y Payá.

Este crimen jamás se hubiera realizado a ciegas. Antes de ejecutarlo, el castrismo consultó el doble homicidio con las altas esferas del poder en la Unión Europea y en los Estados Unidos. También con la insultante jerarquía católica insular y es posible que con la vaticana (la renuncia de Ratzinger alguna vez será del todo explicada). Los tycoons cubanoamericanos aportaron, por supuesto, su parte, con la promesa perversa de que pronto los dejarán volver.

Semejante complot no se lanza de manera directa, sino con pregunticas de pasillo y chantajes de inestabilización social. Con rehenes y promesas de apaciguamiento. Diplomacia del asco. Y todos estuvieron de acuerdo en que no habría ninguna penalización para los Castros por la muerte de un sesentón que a la mayoría le caía tan pesado, cuya superioridad moral no se toleraba en Cuba ni en nuestro ex-exilio. Había que sacrificar al santurrón de la democracia. Había que hundir a Cuba aún más en la desesperanza. Harold Cepero fue ese mediodía de verano apenas un daño colateral. Y si Rosa María hubiera viajado en el carro Hyundai de alquiler, como era su idea unas horas antes, Rosa María estuviera hace tres años enterrada junto a su papá.

Pero hoy Rosa María Payá retorna como cubana de Cuba a Cuba. El mundo entero, en especial los agentes castristas de la prensa de Miami, la llamaron con sorna desde el día cero una “refugiada” y la última de las “exiliadas”. Como si todos los cubanos, vivamos donde vivamos, no fuéramos refugiados y exiliados bajo la bota de nuestra barbarie de verde oliva. Ahora le dirán a Rosa María cualquier otra cosa vil, tan pronto sus oficiales en El Habana Herald les envíen por e-mail la estrategia de estigmatización a seguir con ella.

Pero Rosa María Payá va de cara a los verdugos que de niña ella sabía estaban cazando para desnucar a su papá. Ni siquiera le han dado a la familia la autopsia de cómo murió Oswaldo Payá. Sólo Fernando Ravsberg, un terrorista uruguayo devenido periodista privilegiado en la Isla, escribió que el cuerpo de Payá había sido destruido con un detallismo demoniaco: cráneo dividido en 5 partes, casi decapitado, el corazón atravesado y los riñones convertidos en “papilla”.

Rosa María Payá se enfrenta hoy lunes 11 de mayo de 2015 en Cuba con esa papilla de nación. Detritos de un país sin ciudadanos. Sin valores. Sin visión de futuro. Aberración en el tiempo. Fealdad constitucional. El odio a flor de piel y de lengua como pasatiempo a perpetuidad. Cultura de la simulación y vocación de matar o de hacerse matar. Daño desantropológico, humanidad inhumada. Carencia doble del Estado y de Dios.

Del régimen castrista puede esperarse ahora cualquier cosa contra aquella niña a la que la muerte la visitaba en sueños en El Cerro de pleno Periodo Especial. Porque hoy los asesinos ya no necesitan consultar sus crímenes de antemano. Las manos del Presidente Obama y las del Papa Francisco han estrechado con exquisitez las del dictador cubano, el octogenario que las tiene manchadas y remanchadas con la sangre inocente de los cubanos.

Recen por Rosa María, por favor, al menos aquellos a los que aún les quede un rezago de qué es rezar tras más de medio siglo de Revolución a rajatabla. A rajacráneos, en el caso de su papá.




viernes, 8 de mayo de 2015

EX EXILIO






ELOGIO DEL EXILIO CUBANO
Orlando Luis Pardo Lazo


¿Cuánto mandan a Cuba los ex-exiliados? ¿Mil millones de dólares cada año? ¿O un poquitico más?

Cada ex-exiliado defiende a capa y espada su derecho a perpetuar, a golpe de dólares, la indigencia de sus familiares en Cuba, los que serán muy industriosos para montar un restaurant fancy con dinero regalado, pero igual son mendigos sin derechos ante el Estado totalitario que los trata como rehenes (que es, por cierto, como mismo los tratan sus familiares de afuera, al mandarles a la Isla una propina para que se adapten a sobrevivir allá y no vengan a rebosar el ex-exilio).

Si por cada cien dólares mandados a engrosar las arcas del castrismo, los ex-exiliados pusieran sólo un centavo en una especie de Fondo por la Libertad, cada año se recaudarían limpios diez millones de dólares para hacer trizas a la dictadura del clan Castro, para sofocarla no con los dólares cómplices del bisneo cubanoamericano sino con los dólares indomables de la liberación.

Se podría hacer de todo, al margen de las migajas del Departamento de Estado y sus demacradas ONGs pro-democracia. Pero tú como ex-exiliado ya no tienes ni imaginación para esa inversión. Estás demasiado aterrado y, antes de donar un centavo por cada cien dólares a Cuba, prefieres asumir el precio de ser servil, de ser vil.

Como me da un tin de pena tu caso, te daré una última oportunidad. Dime, por favor, ¿cómo impactarían diez millones de dólares cada año contantes y sonantes para virar la Isla al revés? ¿qué proyectos podrían ponerse a funcionar para que los cubanos no se fuguen sino que esfumen su cárcel cerrada a cal y Castro?

Pero tú y tú y tú son incapaces. Lo siento. Todo el dinero que mandan va de cabeza a apoyar el despotismo y la impunidad en Cuba. A mantener a sus familiares como si fueran la gran familia de Fidel. A sufragar la finca fascista como si fueran los agentes de bolsa que han convertido al castrismo funerario en un castrismo financieramente feliz.

Por eso es que, desde hace muchísimo tiempo, ya todos ustedes son ex-exiliados. Porque no quieren retornar y mucho menos refundar un país. Lo demás es demagogia.

El ex-exilio es castrismo por otros medios. En el ex-exilio los cubanos lo han perdido todo otra vez, excepto la prisión apátrida de su billetaje. La única diferencia es que del ex-exilio ya no hay a dónde escapar de los Castros. Por eso es más sabio —y sano— cooperar con ellos en el poder.