domingo, 12 de junio de 2016

Ya puedes comprar mi libro de columnas de este blog








"Si Cabrera Infante escribió en “los distintos dialectos del español que se hablan en Cuba”, Orlando Luis Pardo Lazo introduce en el cubano las palabras de un himno tocado en reversa. El castrismo como expletivo y cochinada subliminal. Debido a que el escritor es también un biólogo, su contrarrevolución pretende afectar la gramática del ADN, la estructura semántica. El acrónimo deviene organización para la liberación de una Palestina interior: OLPL es el Malleus Castrorum, el antídoto del Castro que llevamos adentro. Así Orlando Luis Pardo Lazo ha llegado a ser un evento de masas, un acto de repudio antitético, peripatético y unipersonal. Su desaforado Work in Progress parte de Lawton, La Habana, y avanza sobre Rhode Island, New York, Alaska, Miami y Reikiavik. El discurso anticastrista, para cobrar sentido, debe reconquistar el mundo, y los ensayos que integran este libro están escritos en lenguaje evangélico, en los distintos dialectos de la esperanza. Es la maldita buena nueva de una época límite que encontró en OLPL su expresión más acabada".
 

Néstor Díaz de Villegas
 

viernes, 10 de junio de 2016

OLPL en LA 4TA COLUMNA

El opositor cubano publica en La Cuarta Columna la reseña de su último alegato: 'Del clarín escuchad el silencio'

Del clarín escuchad el silencio: el álbum blanco de la disidencia cubana

"los cubanos, dentro y fuera de Cuba, ya estamos cansados de tanto cadalso en clave de Socialismo Sostenido Mayor, por lo que en el siglo XXI todos tenemos unas ganas groseras de que vivir por la patria sea por fin eso: vivir"

La Habana es una ciudad inhabitable, excepto para la izquierda internacional. Desde un hueco blanco de esa Habana inhumada ―inhumana― se han escrito a patadas, medio idiota a ciegas por la ideología y medio mesías iluminado por la ira, las 60 crónicas de mi libro de Hypermedia “Del clarín escuchad el silencio: 59 poemas de amor y una canción contrarrevolucionaria”.
El himno nacional cubano, el primer poema épico de nuestro fundamentalismo insular, fue escrito también sobre un caballo blanco, pero en 1868. De aquella égloga contra España, escrita por un español en Cuba, hoy se conservan sólo dos estrofas estéticamente estériles, donde se convoca a la muerte como garantía de la gloria eterna: no temáis una muerte gloriosa que morir por la patria es vivir; del clarín escuchad el sonido: a las armas, valientes, corred.
Como en un poema de Ramón Fernández-Larrea, las 60 ráfagas nacionales incluidas en “Del clarín escuchad el silencio…” parten de la fe en que morir por la patria nunca ha sido sino justo eso: morir por la patria. Y que los cubanos, dentro y fuera de Cuba, ya estamos cansados de tanto cadalso en clave de Socialismo Sostenido Mayor, por lo que en el siglo XXI todos tenemos unas ganas groseras de que vivir por la patria sea por fin eso: vivir.
delclarinescuchaelsilencioPortada del libro ‘Del clarín escuchad el silencio: 59 poemas de amor y una canción contrarrevolucionaria’, de DEINÓS CRÓNICA
Bajo la opresión del monólogo castrista, hay que resistir con la violencia de una escritura subversiva ―excritura, hezcritura― y hay que escaparse con el as bajo la manga de un arma de destrucción lectiva. Ante la incontinencia continental de la Revolución como medida de todas las causas, tuvimos que regurgitar libros como éste que, a golpes de una varita no mágica sino de Marx, conviertan a su autor en un enemigo de clase: preferiblemente, en un enemigo del pueblo. En Cuba el “yo” siempre ha puesto en jaque al descubierto al “nosotros”.
Se trata de un pugilato entre el autor y la autoridad. En una tiranía totalitaria como la cubana ―que tantas simpatías despierta entre la socialistada ibérica― si la censura no viene por nosotros, tenemos el deber moral de ir a por la censura. Los cubanos también podemos indignarnos en tanto ciudadanos. ¿O es que en la Utopía proletaria somos menos que en la debacle europea?
Que el apestado sea nuestra primera fase del apátrida. Que el desclasado sea el síntoma de la decadencia despótica de una casta castrante y dinástica: los Castros y los post-Castros anquilosados más de medio siglo en un poder inconsulto.
La libertad como categoría lingüística. Lo lenguaraz como garantía de liberación. Lo literario es demasiado importante para dejarlo en manos de los literatos. En una Isla donde los intelectuales se rehúsan a ejercer como tales porque, pobrecitos, “ellos no saben nada de política”.

“El horror orwelliano en la Isla mata inmisericordemente a los cuerpos, pero la voz de los cubanos nosotros mismos nos la hemos matado”

En este sentido, “Del clarín escuchad el silencio…” es una cura de caballos. Una cura contra El Caballo, como le decían al primero de los Castros antes de llamarlo ahora El Caguairán, acaso porque su ataúd está siendo carpinteado en esa madera que no se comen los “gusanos” (como el Líder Máximo ha llamado a nuestro pueblo durante décadas).
Pero si Orlando Luis Pardo Lazo pudo decirlo en voz alta, tú también hubieras podido. El horror orwelliano en la Isla mata inmisericordemente a los cuerpos ―y ahí están los asesinatos el 22 de julio de 2012 de Harold Cepero y Oswaldo Payá para trágicamente demostrarlo―, pero la voz de los cubanos nosotros mismos nos la hemos matado. Suicidio consuetudinario y olé.
Por eso “Del clarín escuchad el silencio…” es un grito, un alarido, el chillido quebrantadientes de un lobo estepario en medio de la Latinoamérica más árida. No hay lectores para semejante rabia radical. Tampoco los habrá después de su lectura al límite: ni tú, ni tú, ni tú, ya sé que todos ustedes se harán sensacionalmente los sordos.
Esa es nuestra vil victoria en tanto pueblo en trance terminal: que nadie oiga nuestra desesperada mudez. Así tendremos las manos libres para actuar. A las almas, valientes, corred.
Cubansummatum est.

viernes, 3 de junio de 2016

DEL CLARIN ESCUCHAD EL SILENCIO


Amig@s, en breve todos contaremos con un libro escrito por mí y por todos ustedes también, que siempre han estado tan cerquita de mí, en Cuba y fuera de Cuba, que ni ustedes mismos se imaginan cuánto.

Mi libro de crónicas se llama "DEL CLARÍN ESCUCHAD EL SILENCIO" y fue editado por Ladislao Aguado en su https://editorialhypermedia.com y tiene una carátula delicada y violenta de Rolando Pulido.

Amo este libro. Amo lo que he escrito y desescrito en sus 300 páginas. Los amo a ustedes. No me dejen solo. No nos dejemos solos ahora que ya falta poquito.

Me encantan estas 60 columnas/calumnias, estos 60 delirios al borde del delito. Ojalá que alguien le lea este libro a los dictadores decadentes de Cuba. Ojalá que los déspotas del Caribe no se mueran sin saber que la verdad brilla bárbaramente en mí y también en todos sus ustedes.

Los invito a leerme, a desleírme. En silencio. En complicidad libre de una vida en la verdad. Los invito a que se descubran a ustedes mismos en mí.

Escríbeme a mi e-mail si quieres que yo te avise personalmente cuando salga a la luz pública este libro en digital y en papel:

OrlandoLuisPardoLazo@gmail.com

jueves, 2 de junio de 2016

LAS MIL Y 959 NOCHES



1. Me fui de Cuba porque en Cuba era imposible decir te quiero.

2. Me fui de Cuba porque por ninguna parte encontraba un destornillador de estrías.

3. Me fui de Cuba porque Fidel era eterno como la muerte.

4. Me fui de Cuba porque Fidel hacía una eternidad que se estaba a punto de morir.

5. Me fui de Cuba para que los sobres de correo tuvieran olor. Y para que llegaran, con o sin olor, al correo que lo mandaba.

6. Me fui de Cuba por motivos estrictamente económicos, no por nada que tuviera que ver con política. Ni yo ni nadie que yo haya conocido nunca en Cuba sabíamos estrictamente nada de política.

7. Me fui de Cuba sin decírselo a nadie. De todas formas nadie hubiera notado la diferencia de quién se fue y quién se quedó (irse del país en cubano se dice «quedarse» y para quedarse dentro hay que estar un poco ido de la cabeza).

8. Me fui de Cuba porque Orlando Hernández se fue antes de Cuba. Y sin un Duque en el diamante azul del terreno ya nada en Cuba era igual. Ni la patria ni la pelota.

9. Me fui de Cuba para mirar por un telescopio, sin tener que sacar un permiso de la policía y del ejército de la provincia desde donde mirar.

10. Me fui de Cuba para no templar más en cubano, para templar con el silencio de lo legítimo y no como si fuera un robo o una violación.

11. Me fui de Cuba para traspasar la puerta de entrada de una sex-shop. Y para leer, sin caer preso, las dos entrevistas de Fidel Castro en sendas revistas Playboy (unos dicen que le pagaron un millón de dólares al hombre que ilegalizó los desnudos en Cuba; otros dicen que fue por amor al arte).

12. Me fui de Cuba para que los videos corrieran como Jobs manda en YouTube.

13. Me fui de Cuba para nunca más tener que rendirle cuentas de nada a otro cubano.

14. Me fui de Cuba porque la coriza me estaba literalmente matando.

15. Me fui de Cuba para comprar libros que parecieran libros por fuera, aunque por dentro los libros en ninguna parte se me parecen a nada.

16. Me fui de Cuba para aprender a bailar bien, salsa y lo que no es salsa.

17. Me fui de Cuba para suscribirme a un periódico cualquiera, incluso de la izquierda más infantil en cuestiones de Isla.

18. Me fui de Cuba para viajar sentado en un bus.

19. Me fui de Cuba para ir a un zoológico con animales.

20. Me fui de Cuba porque mi padre en el 2000 o año cero sin avisar se murió (una metástasis misericorde que nunca lo obligó a ver a un médico).

21. Me fui de Cuba para que nadie me llore cuando llegue mi año cero o 2000.

22. Me fui de Cuba para usar un teléfono móvil con naturalidad (es mucho peor de lo que pensaba).

23. Me fui de Cuba para no comer tanto arroz (es lo único que se extraña).

24. Me fui de Cuba para poder subir de peso al punto de poder emprender una dieta radical.

25. Me fui de Cuba para publicar la única novela cubana que no tendrá nada que ver con nada (Cuba, Castro, los cubanos, entre otras cacas clásicas de la literatura local).

26. Me fui de Cuba para no publicar esa novela única cubana que tendrá todo que ver con todo (Cuba, Castro, los cubanos…), sino para engavetarla hasta que nuestra raza de lectores se merezca cruzar ciertos límites contrarrevolucionarios.

27. Me fui de Cuba para filmar la segunda parte de Memorias del Subdesarrollo (desde el 2010 ya está filmada por Miguel Coyula, pero le falta una escena donde yo hago un cameo descojonante como Orlando Luis Pardo Lazo recibiendo el Nobel de Literatura en mi cumpleaños número 100: 10 de diciembre de 2071).

28. Me fui de Cuba porque la música del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano es tan triste como aquel primer amor que nunca voy a olvidar (el resto de mis primeros amores sí son pasto para la desmemoria).

29. Me fui de Cuba porque Eslinda Núñez envejeció, pero conservó sin días el noviembre que anida en sus ojos de alto contraste.

30. Me fui de Cuba para darle la mano a Milan Kundera, antes de que se nos muera a los cubanos en un continente que lo ignora, como corresponde a la incultura de Europa (en la incultura de Cuba, lo leí convencido de que Milan Kundera era una mujer).

31. Me fui de Cuba para cortarme un traje a la medida y pagar por adelantado o endeudarme o ambos.

32. Me fui de Cuba para tener una tarjeta de banco y comprar, digamos, un lápiz de diseño personalizado por internet.

33. Me fui de Cuba para que el printer-laser fuera un objeto doméstico y no un lujito más o menos gubernamental.

34. Me fui de Cuba para conectarme wi-fi en un parque (de pronto esto es lo único que es posible hacer ya en Cuba, pagando por horas para ser monitoreado amablemente por el Ministerio del Interior).

35. Me fui de Cuba para ver unas Navidades de verdad.

36. Me fui de Cuba para ver si la nieve era verdad.

37. Me fui de Cuba para que las auroras boreales me revelaran cuál iba a ser mi verdad (ni en Alaska ni en Islandia me lo han revelado todavía).

38. Me fui de Cuba para comprar billetes de lotería (con la Revolución cubana no se permitían juegos, ni azar, ni juegos de azar).

39. Me fui de Cuba para inyectarme un litro de silicona en cada culo.

40. Me fui de Cuba para tener conceptualmente dos culos (no pregunten cuáles).

41. Me fui de Cuba para curarme una enfermedad degenerativa que no tiene cura excepto en Cuba.

42. Me fui de Cuba para hacer una huelga (y descubrir que en la práctica son casi ilegales).

43. Me fui de Cuba para jugar golf o billar (preferiblemente, golf y billar).

44. Me fui de Cuba para fundar una ONG que no tenga ninguna «misión social», pero que sea 100% sufragada con dinero privado.

45. Me fui de Cuba para ver comerciales y comerciales, hasta extrañar la carencia de comerciales en Cuba.

46. Me fui de Cuba para que mis hijos nazcan con otra nacionalidad, para anclarlos automáticamente en las antípodas de Cuba (solo así no odiarán a su patria según vayan creciendo).

47. Me fui de Cuba para travestirme sin llamar la atención (en términos de corrección política ha sido imposible).

48. Me fui de Cuba para escuchar sin odio los primeros discos de Silvio (sin reconciliación sonora no habrá reconciliación social).

49. Me fui de Cuba para no votar nunca más en unas elecciones democráticas, mucho menos si son libres, justas y plurales.

50. Me fui de Cuba para votar a propósito por el partido contrario (disculpen mi doble contradicción).

51. Me fui de Cuba para postularme como presidente de Cuba, cuando los déspotas se hayan despingado contra los déspotas (la nación cubana se ha fundado siempre desde el extranjero, lejos de nuestro patíbulo de país).

52. Me fui de Cuba para no oír hablar de comunismo en cien años (en Cuba habrá que ilegalizar de por vida a unas cuantas «organizaciones de masa»).

53. Me fui de Cuba para conocer a marxistas que crean en el marxismo y que puedan citar con conciencia a Marx.

54. Me fui de Cuba por incompatibilidad de caracteres.

55. Me fui de Cuba para ser el último de los niños de la Operación Peter Pan, medio siglo después de la Operación Peter Pan.

56. Me fui de Cuba para del clarín escuchar no el bullicio bárbaro del himno, sino su silencio sentimental.

57. Me fui de Cuba para no tener que responder por qué hoy me iría de nuevo de Cuba.

58. Me fui de Cuba para tener que responderme por qué hoy me iría de nuevo de Cuba.

59.

jueves, 19 de mayo de 2016

LA PALABRA PERFECTA

LA PALABRA PERFECTA
Orlando Luis Pardo Lazo

 
tenía una metástasis misericorde
que no le daba dolor
tenía 81 años
y
había vivido siempre en el mismo cuarto

se llamaba dionsio manuel
asturiano precioso
ojos de azul mar de los mares del norte
voz noble de otro país
mente adelantada a su época

una época mala
como toda época que ya se vivió

pero no era español este asturiano
él era sólo mi papá
prácticamente mi abuelo
y
yo era su hijo de viejo
su único hijo
porque el otro
de otro matrimonio
de otra vida
se le fue en 1961
de otra cuba
ese año de simetrías suicidas
y ya nunca se volvieron a ver

huérfanos en vida
huérfanos de biografía
como tantos cubanos de cuba
y
como tantos cubanos sin cuba

gramática grosera 
al punto de la crueldad
ambos 
deben de estar muertos ahora
a la vuelta de un nuevo siglo y milenio

el hijo, en el exilio
esa especie de muerte
mi padre, en un cementerio cubano
esa especie de exilio

a la vuelta del mismo siglo y milenio
nada es nuevo bajo el sol

dionisio manuel envejeció bellísimo
mis novias de adolescencia 
se enamoraban de él

la cuadra entera
nuestro barrio barrido por la barbarie
media habana de las afueras
en una isla de las afueras
en una revolución sin afuera
todos amaban todo de dionisio manuel

el odio cotidiano no se ensañaba con él
ni siquiera el cáncer

mi padre se enroló como burócrata
en mil y una empresas estatales
por un salario de miseria
y
una estabilidad de letras

su mundo era de papel
me decía que tuviera cuidado
con lo que yo decía en la escuela
pero 
que nunca dejara de decir algo parecido a la verdad
que si perdía eso lo perdería todo y a todos
que la verdad era
nuestro último síntoma de humanidad

todo esto dicho en una casita de madera
en una habana vecinal
donde nadie era vecino de nadie

todo esto dicho a un niño
que estudiaba en sucesivas escuelas
llamadas puntualmente nguyen van troi

cuando se retiró yo tenía once años
y
ya me sentía muy anciano
como él

yo quería envejecer junto a él
no dejarlo tan solo según su cuerpo se consumía

como dionisio manuel tenía tiempo de sobra
una tarde de tedio 
se puso por fin a escribir

cuentecitos de antes de nuestra era
poemas a muchachas enamoradas en otra época
una buena época
como toda época que nunca del todo vivimos

me daba curiosidad su tecleo altisonante
el tatatá de la underwood que él mismo engrasaba

con una aguja le destupía las vocales
sobre todo la a
sobre todo la e
sobre todo la o
el tiempo se acumula en los agujeros
el tiempo es una boronilla
como sus vómitos al final
que los médicos llamaban del tipo “borra de café”

dionisio manuel doblado sobre una palangana cubana
vomitando con incredulidad
pensaba que sin dolor no debía de estar tan mal

pensábamos que sin dolor no debía de estar tan mal
y no lo estaba
sólo se estaba muriendo
en su cuarto de toda la vida

un día le pregunté
cuál era la palabra que más le gustaba usar
en sus cuentecitos 
convencionalmente pasados de moda
y
en sus poemas de amor 
entrañablemente republicanos

dionisio manuel se quedó callado
sus ojos de mar azul
se hicieron agua de verdad
me miró como no me había mirado
desde el comienzo de sus desmayos
de su insomnio
de sus arqueadas
de sus vómitos de nombre doméstico
y
me dijo
la palabra que más me gusta
nunca me atreví a teclearla junto a las otras
la palabra que más me gusta
es el nombre de tu mamá

tenía 81 años
y un nombre doble precioso
que se trajo de asturias como grumete
pero no era español este asturiano
mucho menos era cubano este habanero polizón

él sólo era mi papá
prácticamente mi abuelo
y
yo fui su hijo de viejo
casi su único nieto
el nieto que nunca le di
que nunca le dimos

lo dejamos ser el último de su raza extinta
los cubanos de verdad
los de la cuba que no caduca
la de una época pasada que aún está por llegar
que siempre estará por llegar
esa cuba del corazón 
que es incapaz de poner junto a otras
la palabra que es el nombre común
y
exclusivo del amor