lunes, 27 de octubre de 2008

The Charge of the 400

400 años en el Cardoso

Orlando Luis Pardo Lazo

(plagiado del e-zine de escritura irregular THE REVOLUTION EVENING POST, episodio 1)


Los orígenes de la tragedia

Un antiguo amigo de universidad, escritor amateur y recientemente "quedado" en el extranjero durante una "misión oficial", me dice que ha logrado contactos de alto nivel con el campus editorial académico de Canadá. En consecuencia, me pide cosas. En específico, me pide armar una antología cubana de textos raros y/o excluidos de autores menores y/o marginados. Da igual poesía, novela, cuento, ensayo, que cualquier especimen endémico de escritura intergenérica y/o transgenital. En Canadá lo quieren Todo-Sobre-Cuba, y lo quieren ya. Right off: NOW is the moment. Justo ahora, a finales del 2008: al borde mismo del Posible Cambio Cubano (PCC). De hecho, no querían nada "hasta hace muy poco" y nada querrán "dentro de muy poco después" (me alerta mi ex-colega bioquímico): así que es una oportunidad única de esas que se dan once in a lifetime. Con buena paga para los dos, por supuesto of course: más de lo que yo he ganado durante una década fungiendo y/o fingiendo como "escritor cubano de Cuba" (valga no tanto la redundancia como el oxímoron). Tal vez hasta me "resuelvan" un viajecito free gratis para dar un par de speeches literarios en Canadá: "el público canadiense es polite, pero demasiado politically correct con corrimiento hacia el rojo", me advierte porque me conoce. A cambio del paraíso, sólo me pide compilar una "historia de bolsillo por los 400 años de literatura cubana": algo que se in$erte rápido en el mercado de la pocket-bookeratura mundial. Allá el tema Cuba está de moda aunque no se conoce nada de aquí, me dice: "aquí el tema Cuba está de moda aunque no se conoce nada de allá". De manera que si no lanzamos el proyecto enseguida, cualquier improvisado nos robará la primicia y la patente en Canadá. "Pero ni pinga, Landy", me pincha en su último e-mail, "ya es hora de sacar algo no tan jodido del subdesarrollo". Y ése mismo fue el primer título que se me ocurrió proponer (Algo no tan jodido del subdesarrollo: historia portátil de los 400 años de literatura cubana). Y ya. Esto fue todo para empezar. Reconozcamos, con humildad más que con humillación, que se trataba de un pacto diabólico so very much tentador.


Ecce homo

Las únicas Obras Completas cubanas que me he leído del pí al pá son las de Onelio Jorge Cardoso (1914-1986): un buen narrador nacional, pero demasiado ruralinfantilizado. Los únicos estudios litécniterarios que poseo los adquirí coincidentemente en el Centro de Formación Literaria "Onelio Jorge Cardoso In Memoriam" (en Miramar). Moraleja de mural: si sólo dispones de un martillo, todos tus problemas te remiten a un clavo (¿fue Nietzsche el que habló de escribir a mandarriazos?). ¿Qué más podía hacer yo, triste y aislado, con todos mis amigos al otro lado del charco y cada cual con su nick en el chat, en medio de mis lúgubres noches de una Habana inisecular regida de súbito por Raúl?

No sé. Tal vez sí hubiera podido intentar "lo más difícil", como le encarga Rialta a su hijo José Cemí, en una página perdida de nuestro Paradiso. "Pero ni pinga, Landy". Al final hice lo contrario. Lejos de someterme al sermón lezamiano, y ponerme a investigar mierdangas polillosas en las bibliotecas sin aire acondicionado de La Habana, agarré unos pocos dólares canadienses (un adelanto de mi partner en esta joint-venture) y logré copiar para mi memoria flash la base de datos Excel de los diez cursos del Cardoso. Si bien le juré silencio eterno a mi cómplice, ahora les juro a ustedes que no he podido evitar contarlo: "vivir para contarla", me protege el epitafio de un amigo del ex-líder máximo de mi garcíamarquiano país.

Había medio millar de textos inéditos en aquellos pocos megas. Una fortuna, una máquina de narrar. Una joya en bruto, en brutísimo. El fichero era una caja de caudales sin necesidad de copyright ni password: un alef totipotente de relatos, un do-it-yourself pero ya listo pret-à-porter. Allí dentro latía el desafío de la ficción explicado a los niños o el evangelio según Scheherasade. Y realmente tenían madera de narradores los muy cabrones (así fuera ácana con ácaro: lo cierto es que el gérmen de un régimen nacioficcional ya se incubaba allí). De manera que me fue muy fácil establecer filias y nexos con cada estereotipo histórico de realismo cubano: única cepa literárida que prospera bajo el cepo de nuestro clima. Elegí 40 ejemplos ejemplares (a una velocidad moderada de 10 plagios/siglo) y les pasé la mano para forzarlos en sus respectivos contextos. Un arcaísmo por aquí y un costumbrismo por allá. Y listo. Me sentía un Alí Babá posmoderno. Así, con cambios menores, los 40 textos parecían hallazgos arqueológicos míos de los clásicos locales de nuestros aburridos siglos XVII, XVIII, XIX y XX (lo que va del XXI asumí que, con cambios mayores, bien podría impostarlo yo a partir de mi impropia excritura).

Y ya. Esto fue todo para continuar. El resto fue hacerme de un Diccionario de la Literatura Cubana (edición cariada de 1980, con más omisiones que menciones) y de los dos tomos truncos de Historia de la Literatura Cubana ("1492-1898" y "1899-1958": el de "1959-????" aún no tiene imprimátur por subversivo), editados ambos oficialmente por instituciones culturales del patio. De esos mamotretos extraje ciertas maneras de nombrar dentro de la atmósfera editorial de cada período: la calumnia calcinada de la Colonia, la resaca resabiosa de la Repúsblica, y el revolico rebobo de la Revoilusión.

El ocaso de los dioses

El libro se publicó en un nuevo sello editorial fundado por mi amigo "quedado" en Montreal, Quebec: Cubaquois Books. Mi antología apócrifa (con nadie nunca antes compartí la verdad) fue un suceso no sólo en el reino políglota de Canadá, sino también en los United States. Por suerte, nunca se publicaron los originales en español: así, un team de traductores profesionales ayudó, sin saberlo, a enmascarar aún más mis 40 reescrituras robadas. El título finalmente fue el mío: Something not so fucking from underdevelopment: portable history of 400 years of Cuban literature / Quelque chose pas donc pis de sous-développement: histoire portative des 400 années de littérature cubaine (edición bilingüe con un anexo de cada cuento resumido en inuit).

Comercialmente, más que un suceso fue todo un success y/o succès. Un éxito, un exit: incluido mi primer permiso de salida para viajar (la suerte de escapar por una sortie), concedido en tiempo y forma por un ministerio que misteriosamente no era el de Cultura sino el del Interior (aún cuando yo me dirigía justo en sentido contrario: hacia el exterior).

Viajé. Vi. Viré.

Cobré mejor de lo que pensaba, excepto por un pleito judicial perdido que me impuso mi ex-colega bioquímico por un asunto de royalties. Di no un par, sino pila de speeches literarios entre lo polite y lo politically correct. Conocí en persona a Barbara Gowdy, una mente imponente a sus más de 50 años, y logré disimular con chistes ambiguos que nunca la había leído y menos aún visto la película de sus Falling Angels (era algo de construirse un búnker doméstico contra la bomba atómica). Hablé en inglés hasta en la televisión de Toronto. Caí bien: mostrarme "levemente levoliberal" era mi triunfal carta de presentación. Conocí a Gloria Beatty (así lo escribió en una servilleta), una aeromoza virgen y cosmopolita que me pidió la matase en pleno vuelo de regreso Toronto-Montreal: acaso lo único no falso ni literario de mi experiencia expatriada. No la maté, pero ese fin de año, tras una borrachera de whiskey y bolas de nieve (ya era primero de enero), terminé desnudo y gritando "viva la literatura cubana" mientras me venía en el tracto anal de la hija del embajador: intentarlo por delante hubiera sido una ofensa con ella, pues era una chica gay que fue el objeto más caliente/canadiense que conocí en todo aquel mes sabático (de hecho, apenas 21 días de aire freesco).

And the rest is silence. Y ya. Esto fue todo para terminar. De vuelta a Cuba no traje conmigo ni un solo ejemplar de mi plagio antológico o, mejor aún: autológico. No me arriesgué a pasar semejante bomba nuclear doméstica por la Aduana, ni ante los perritos groseros del Ministerio del Interior ni ante los peritos golosos del de Cultura (aunque es probable que nadie reparara en mi búnker burlesque).

Allá la dejé: con su medio millar de páginas, con sus 40 000 ejemplares en primera tirada (a la velocidad menos moderada de 10 000 plagios/siglo), y con su carátula de Raúl Martínez que disimulé a mi nombre en Adobe Photoshop (era una de las imágenes de su serie de "fotomentiras"). Más mi prólogo. Más un epílogo de mi antiguo amigo escritor amateur. Más mis 40 papas podridas metabolizándose en su tripa por los siglos de los siglos, améen. Ya es hora de sacar algo no tan jodido del subdesarrollo. Allá se las dejé: que se comieran un cable académico con esos clásicos cubanos hechos de ejercicios de clases (etimológicamente, un clásico es lo que tiene clase), cuentos sin adjetivos, icebergs yanquis y matriushkas chinescas, largos diálogos de Asimov sin acotación, mudas justificadas, niveles naifs de una realidad más rala que realista, neotojosianismos de dato escondido, violencia de vodevil, flujos menstruales de pensamiento, vicios comunicantes, entre tantos tontos subgéneros apolíticos, y mil y un etcéteras técnicos y tours-de-force à-la-carte. Todo un alef maléfico.

En legítima defensa, supongo esta haya sido mi mínima contribución a la crisis general del capitalismo (CGC) en la era global: exponer la insultante ignorancia del continente americano de cara a nuestra insulsa hezcritura insular (ínsula insulated-isolée-aislada tras medio siglo y/o milenio de fatalismo geografiterario). Después de todo, ¿quién quita que, dentro de otros 400 años, Cuba no será recordada mejor por los resúmenes en inuit anexados a cada cuento de Something not so fucking from underdevelopment: portable history of 400 years of cuban literature / Quelque chose pas donc pis de sous-développement: histoire portative des 400 années de littérature cubaine?