jueves, 30 de octubre de 2008

CURADORES / CUBADORES

QUERIDA SANDRA:
Orlando Luis Pardo Lazo


Abrí el attachment con ilusión infantil. Pensé que me enviaban una invitación volante al estilo de EL SÁBADO 18 TODOS CON SANDRA. Pero no fue así. Qué fiasco. A mis 37 años por cumplir en diciembre supongo que ya sea hora de ñampiar las ñoñerías de mi niñez. Igual aquel attachment sonaba a treta o atentado. Su texto se travestía de cadáver exquisito o poema visual. Era el epitafio de una lagartija muerta en formato jpg, un reptil sin rabo y medio desinflado en tanto metáfora del globo desaglutinador que nunca flotó ese sábado 18:


QUEDA SUSPENDIDA, TEMPORALMENTE, LA

EXPOSICIÓN COLECTIVA.

¡¡CURADORES, GO HOME!!

aglutinador-laboratorio.


Lagartija, que en inglés es Lizard, que en cubano se retrotraduce Elizardo: recordar la carátula camaleónica del libro El Camaján, heterobiografía que la Seguridad del Estado cubana publicó a nombre de Elizardo Sánchez Santacruz, quien al parecer era la causa eficiens de este nuevo Caso Sandra (Ceballos), no muy diferente de aquel de a finales de los ochenta, cuando el staff de Somos Jóvenes se daba el lujito de contar con escritores como Luis Manuel García (hoy esa revista es apenas un epígono entre indecente y adolescente de la pioneril Zunzún y la universitárida Alma Mater).

Al inicio, un lapsus opticus me obligó a leer: ¡¡CABRONES, GO HOME!! Pero no. Había sido un artefacto de mi arcaica 486 o uno de esos fenómenos de feria llamados Artefímero. No sé. Igual el evento me dejó pensando en el poder desproporcionado que ya monopoliza en Cuba Elizardo Sánchez Santacruz, antes incluso de ostentar cargos públicos en nuestra sociedad. Basta su presunta presencia para intimidar a medio ministeriato y, lo que es peor, para paralizar un proyecto que persiste desde 1994: Espacio Aglutinador (fundado por Sandra Ceballos y Ezequiel Suárez, con sede en una casa particular de 25 y 6, El Vedado).

Un amigo en el exilio euskespañol me enviaba ipso facto un e-mail escueto con letra Comic (más la imagen de un perrito en short y con espejuelos): «Compañero, creo que los muy caballos se han cebado en la Ceballos». Yo le zumbé de vuelta un Reply no tan barroco como barrueco: «Cúmbiletarra, resulta que es retóricamente al revés. Sandra Ceballos la emprendió a e-pístolas apriorísticas contra el Consejo Nacional de las Artes Plastificadas, cuando lo que hacía falta era un par de pistolas para plantar en siete y media su proyecto de ex-posición».

Volví a mirar el attachment de clausura. Mi ignorancia no me permitía identificar ni la poética ni al autor de esa obra (si no fue concebida como tal, de súbito ya lo era: ¿Artespontáneo?). Lo que más me preocupaba era si el reptil había sido sacrificado especialmente para la ocasión (se puede comer carne pútrida, tatuarse un mojón alrededor del ano o pintar las paredes y el piso con sangre menstrual, pero me insultan las estupideces estéticas con los animales). Por supuesto, también me preocupaba un poco el destino o desatino zoocial de la Cuba artística del XXI, regida tan omnímodamente por el protagonista de El Camaján.

Supongo no haya mucho que hacer ya al respecto. Son los síntomas clínicos de una época apocada y por suerte sin épica. Eso es todo y San Seacabó. Por cierto, «Sandra acabó» fue el lamento una blogger en mi buzón.cu: y no es Yoani Sánchez ni nadie cuyo nombre incluya una Y. Yo le replico sin mucha convicción a lo Santiago Feliú: «No es Sandra, mi amor, son los demás». Y de paso le forwardeo la imagen del perrito en short y con espejuelos, que asumo sea una obra del proyecto de diseño Los Camaleones: ¡todo repta subrepticiamente a mi alrededor!

Resumiendo el caso o acaso el ocaso de Sandra Ceballos, lo menos que puedo es reconocer que las dos notas nítricas del Consejo Nacional de las Artes Plastificadas (organelo que ha llegará a muy viejo sin oír consejos de artista alguno), son los dos textos más creativos de todo este corre-corre de correos social-realistas que puso en jaque la precaria conectividad de la www (where-why-when) nacional. Paladeen con deleite esta prosa de impertinente transparencia:

1) «Show propagandístico con fines abiertamente políticos...» 2) «Representantes en La Habana del gobierno genocida de George W. Bush y mercenarios tan desprestigiados como...» (ver arriba los captions de la etimolagartija). 3) «Intento de dar cobertura artística a provocaciones de esta naturaleza...» 4) «Juego a los servidores del imperio...» 5) «El Nuevo Herald, Cubaencuentro y otros medios anticubanos...» 6) «Pone al descubierto quién manipula, agrede y ofende a los artistas cubanos...» 7) «Suspensión inesperada y voluntaria por parte de los organizadores de la inauguración de la exposición manifiesta las propias contradicciones internas del proyecto...» 8) «De la soberanía del país y del derecho inalienable de las instituciones a defenderla...» 9) «No pueden abrogarse el derecho a intentar silenciar las legítimas voces de las instituciones...» 10) «Ratifica su posición y nuestros directivos asumen toda la responsabilidad por sus criterios...»

Es un decálogo del peorfecto cuentista: una joya en bruto, en brutísimo. Una cámara de las maravillas medieval: bóveda vedada donde se atesora desde semen santo en un grial hasta el mil novecientos cincuentinoveno clavo con que los hombres crucificaron al hijo de dios. Y digo aún más: un ataque de sinceridad oficial así (Realpolitik) es de lo poco a agradecer en medio de la batahólica barahunda e-mailística (¿una spielbergiana Schandra´s List?) de este nuevo episodio de política cultural, que será amarga pero es nuestra cultura policial.

Por mi parte, le doy mis votos al blog medio bloqueado Hechizamiento Habanémico Hebdomanario, donde la escritora capitalina Lia Villares, siempre tan lúcida acaso por estar siempre tan al margen de todo, en su artículo ¿Hasta cuándo y hasta dónde la censura?, añade un par de apuntes puntiagudos al respecto, puro tequila tórrido en strike (como siempre debiera ser el diálogo pendenciero con el poder):

Aglutinador debería estar listo y ser más decisivo en sus acciones, más consecuente. ¿Por qué no ignorar –si de hecho la procedencia es de por sí dudosa– la nota recibida (apenas un párrafo insolente e indecente) y seguir adelante con el proyecto de la exposición ya preparada?... Si Aglutinador –"un espacio para nada oficial ni propagandístico"– se deja vencer por una nota insípida del más insípido aún Consejo Nacional –todo está dicho, ocridad y olor a muerte incluídos en el rótulo– de las Artes Plásticas, y que además como proyecto independiente ("una casa, no una galería, un espacio privado, no una institución o un museo") no tiene que rendirle cuentas a ningún Consejo decadente; si su trayectoria de años no está lo suficientemente afincada, entonces qué nos queda. Responder a este atropello al que no se le debería dar la más mínima importancia suspendiendo temporalmente la exposición es para mí cobardía injustificada...

Claro, pero Lia Villares está afuera incluso del modus operandi de nuestro alto arte cánonstitucional. Su voz será ninguneada, como corresponde, por ser la de un agent provocateur, y así tendrá cero repercusión en esta peleíta cubana contra los censores o curadores o ambos. Tal vez sus fotos desnudas sobre la bandera cubiche sí sean downloaded mucho más. Claro, sólo para vilipendiarla, como corresponde también, por ejemplo, en los comentarios no pendencieros sino pendejos del sitio caosmunista Kaos en la Red (otro lapsus opticus de mi 486 jurásica me obliga a leerlo analgramáticamente como Asko en la Red). Así son las cosas, los casos y acaso los ocasos. Con estos bueyes habrá que ir tirando (metáfora onanista): arando e incluso narrando en el mar. En fin, el mal.

Por último, un enemigo editor del más antiguo de los tabloides culturales o culturralos cubanos me llama por teléfono para advertirme: «Acere, el dado está duro de verdad». Y yo le zumbo de vuelta un silencio que él seguramente confunde con su propio pánico paranoico de que hay peritos golosos pinchando en nuestra línea digital. Entonces se pone patético, casi hace pucheros: «A mí no me importa que nadie me oiga», patalea on-line, «como artista revolucionario yo no tengo nada que ocultar». Clic, clic. Y colgamos al unísono los dos (o los dos mil ocho, en caso de que hubiera de verdad peritos goloso al escucha de nuestra conversación).

Vuelvo al teclado y a mi monitor monocromo. Siento la cabeza como una cebolla trademark Ceballos SA. Por supuesto, simpatizo con Sandraglutinadora y con su laboratorismo laborante de emergencia (hasta una foto mía participaba de esta muestra muerta por edicto dictatorial). Me gusta ese descaro sandremocrático de gestar «futuras acciones paraculturales» (Sandra dixit) en su Cuerpo de Guardia en 25 y 6, El Vedado. Pero de esta revolucioncita ninformática alrededor de ella creo que sacaremos todos muy poco en limpio. Creo que Sandra Ceballos subestimó su alta visibilidad legitimadora en tanto artista global y apostó precipitadamente por preservar un espacio que ya iba siendo hora de dinamitar.

Querida Sandra (comienzo a escribir otro de esos eones de e-mails abiertos de apoyo al que nunca le daré Send/Sandra):

Todo está bien. Por esta vez el futuro tendrá que esperar a que las autoridades paraculturales se desaglutinen a tu alrededor. No olvides que tú llevas la ventaja histórica de ser la acción y ellos la histérica reacción. Pero así y todo extraño las esquirlas de tu explote. Tu esquela necro en la prensa hubiera sido utilísima para resucitar todos el día después. Por favor, no te insultes por compartir contigo semejante imagen apocalítica en jpg. P.D. (Por lo Demás): ¿te parece simpática la función de cadáver exquisito para una medio desinflada y ya sin cola lagartija electrónica (e-lizard, en inglés)?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Das muchas vueltas, utilizas muchas palabras inventadas para decir tres o cuatro pendejadas.
Si escribieras la esencia en un solo parrafo no pasarias de 50 palabras.
Es tedioso leerte por eso nunca llego al final.