jueves, 13 de noviembre de 2008

CECI N’EST PAS UN PAYS

59 PROPUESTAS PARA EL PRÓXIMO MILENIO
Orlando Luis Pardo Lazo

1. En ocasiones, sueño que vivo rodeado de una jauría enjaulada. Se trata de una pesadilla etimológicamente imposible, porque jauría implica el concepto de libertad.

2. En ocasiones, sueño con una de esas lunas nonas de René Magritte: una hoz descolgada sobre el mapita inverso de Cuba. No reconozco el cuadro en absoluto. Y despierto con la ilusión transitoria de poder definir qué es lo apócrifo en literatura: la pintura es sin duda un género pintorescamente literario.

3. En otras ocasiones no sueño ni pinga. O tal vez sueño en realidad con la palabra pinga pendiendo como una espadamocles sobre el mapita inverso de Cuba. La sensación es una cita nada apócrifa del chileno Bolaño: Soñé que estaba soñando, habíamos perdido la revolución antes de hacerla y decidía volver a casa.

4. Y aún en otras ocasiones son sólo retazos de sueños desbordados del sistema mártir-miamense del Boarding Home: pesadillas de Guillermo Rosales. Sueños políticos, por supuesto. Paranoias con el Premier llevadas hasta el paroxismo en pleno Primer Mundo. La apoteosis de la memoria, en una noveleta cuya veleta argumental apunta hacia hechos ocurridos en ningún sitio y en una era prehistórica: La Habana, La Revolución.

5. ¿Qué es escribir hoy en Cuba?, digo mientras clavo en mi pupila mi pupila azul (el negro come melocotón, autista más que artista).

6. ¿Qué es escribir hoy en Cuba? Si tú me lo preguntas, espejismo mágico: ¿en dónde encontrar sentido? (el negro toca violín en la medianoche insular, invisible e indivisible: totalitárida).

7. Un amigo escritor soñó con un oráculo negro (¿un nigromante?). Mi amigo le preguntaba sobre La Enfermedad del Premier (en agosto de 2006 todos los narradores en Cuba se preguntaron lo mismo): ¿Le duele mucho…? Respuesta 1: No, Él no siente dolor. Entre el morbo y la curiosidad: ¿Pero se va a morir…? Respuesta 2: No, ahora Él no se va a morir. Y ya con el riesgo de aventurar augurios, incluso en un sueño sumario: ¿Y cuándo entonces…? Respuesta 3: En cualquier otro cumpleaños.

8. Mientras mi amigo me contaba este sueño prefunerario, se me aguaron los ojos. De pronto caí en la cuenta de que ya habitábamos en el futuro. Sentí entonces que yo amaba a mi amigo por ser mi contemporáneo y haber escrito en Cuba el libro menos cubano del mundo.

9. Narrar en Jauja. Con magnificencia lunática de lunes post-post: lunas magras de Magritte sobre el faro del Morro o el Falo de la Plaza de la Revolución (aguja hipodérmica endémica). Narrar naditas cubanas ampulosa y pustulosamente, desde lo póstumo de nuestros cuerpos en Cuba. Jau-ja: del ladrido goloso a la carcajada gozosa.

10. Y, sin embargo, narrar autótrofamente al margen, pero dentro de la misma jauría enjaulada. Se trata de una pesadilla perfectamente pensable como panóptico provinciano: jauría implica la acepción aséptica de vigilancia/castigo zoocial.

11. En un campus literario donde el placer ha sido abolido en función del deber, toda línea de fuga cubana es una chispa suicida con vocación de vacío (voz/acción de vacío).

12. Tiro tres tristes monedas al aire y le pregunto por e-mail al I-Ching: ¿No será el fin al fin…? Respuesta 1: No, no será el fin. Respuesta 2: Al menos, no será el fin al fin. Respuesta 3: En cualquier otro cumpleaños.

13. Allí donde la tradición funge como una máquina que finge ser dios, el fascismo aflora entre flatulento y feliz: ya no en La Casa del Ser repusblicana, sino en El Callejón de las Ratas revoilusionario.

14. ¿Es La Casa del Ser mejor o peor título que El Callejón de las Ratas para una novela cubana?

15. ¿Qué es un título? ¿Qué es una novela cubana? ¿Cómo titulan los escritores en Cuba? En los laboratorios de química universitaria de los años noventa, titular era evaluar una solución: la fuerza de un ácido, por ejemplo.

16. ¿Cómo independizar un texto narrativo en medio de la cochambre fofa institucional? ¿Cómo radicalizar la escritura hasta hacerla antológica y, con suerte, ontológicamente intolerable: inútil e ininstrumentalizable desde ninguna herramienta oficial (intoolerable)?

17. ¿Cómo hubiera sido la newrrativa cubana de los años cero en Cuba: ceros extravagantes boqueando por aire freesco en la atmósfera asfixiante de nuestra Casa o Callejón que nunca existió?

18. Nunca existió. Es un frase sin excepciones.

19. Lo excepcional sería sólo la autoridad autorial de este prontuario compartido ahora clandestinamente entre tú y yo.

20. A un poeta psiquiatra le preocupaba, además de las cuestiones de las cabezas en Cuba, no tanto el título sino cómo subtitular. Ahí radicaba, según sus prédicas estéticas en Rev-Menor, la etiología tiránica de nuestra analfabetosis simbólica: una tara tétrica, contagiosa antes que congénita (la barbarie hipertensa a pulso).

21. Una vez casi le propongo pagarle una suerte de cursillo anti-délfico para así plagiar mejor todas sus teorías (Delfi se llamaba el diamante loco que de tantas presiones terminó por pisotear a Piñera). Lo cierto es que mi magister cubensis se exilió dejando pendiente esa asignatura o espada que bien hubiera podido (sub)titularse: No sé leer.

22. Porque a la postre, ¿qué será leer? ¿Cuál testigo es el que sabe leer? ¿El poeta o el policía? (En Cuba estas tres respuestas pueden ser muy porosas: los peritos políticos prestan mucha más atención que los estetiacadémicos). ¿El que sobrevive primolevíticamente es el testigo o lo es quien se consume en el peorformance del holocausto? Supongo que tampoco haya que prestar demasiada atención a la pose o posología de un psiquiatra poeta.

23. Cuando el negro come melocotón, el cubano común confunde cómplicemente la escritura con su acción. Se penaliza gastronómica y hasta jurídicamente al texto, porque estamos hechizados (esclavizados) décimotontamente por el palenque retrógrado de la retórica (el amago de la imago): la versión vernácula de Vitier en definitiva devino verdad. (¿No será el fin al fin…?)

24. Así que al negro siempre podrán mandarlo de cabeza o de culo al cepo por paladear promiscuamente la palabra melocotón.

25. En cambio, cuando el negro toca el violín a medianoche, lo más práctico es silenciarlo con un cubazo de meao más heces fecales.

26. Nadie debe confiarse con el punto anterior: en términos técnicos, a todo cubano que escriba en Cuba tarde o temprano le toca gramasticar su propio melocotón. O tocar melosamente su violín en medio de la medianoche.

27. Lo repito por si no ha quedado claro (es una táctica tácita del chileno Bolaño, en su dodecálogo sobre el arte de escribir historias): Nadie debe confiarse con el penúltimo punto. En términos técnicos, a todo cubano que escriba en Cuba tarde o temprano le toca gramasticar su propio melocotón. O tocar melosamente su violín en medio de la medianoche.

28. De lo que se trata, sobre todo, es de la obligación. ¿Qué obliga a un escritor cubano a escribir en tales circunstancias tal o más cual cosa en Cuba?

29. Diáspora(s) dixit, ahora desde la diáspora no tan literaria como literal: Debe sentirse alguna presión sobre la nuca.

30. Acaso ello(s) lo aprendieron de Pasolini, con aquel panfleto de que en poesía esta libertad tiene las mismas características que la lucha política (se impone inspirando terror, redescubriendo el Deber).

31. Acaso ellos se inspiraron en la intrigante politicidad de Italo Calvino, ese pionero poscubano que narró truncamente un siglo XXI que ninguna cabecita caliente hoy en Cuba se cree capaz de coagular.

32. Lo repito por si no ha quedado bolañoñamente claro: hay excepciones excepcionales (este texto, por ejemplo), pero esto ya lo sabemos desde hace una docena inadocenable de puntos.

33. Cito y autofagocito de memoria: acaso el terror literario —sobre todo en los medios de representación— sí le haga daño a la nación, a la nación entendida como el lugar de las letras (ese Canon Nacional de las Letras, siempre inflacionario —hasta el ridículo— en cualesquiera de sus aspectos).

34. Supongo que por eso ante cada terror literario privado en Cuba se reaccione instintiva e institucionalmente con un terror culturaliciaco: el género noir parece ser el preferido por los misterios ministerio-municipales de nuestro mapita inverso necional.

35. (Sub)titulares de la prensa plana cubana, plagiados de la www y de mi libro de cuentos Boring Home, todavía en proceso editorial por Letras Cubanas (un Proceso kafkiano, se sobreentienede): Combustible para avanzar hacia el futuro. Vuelo terrestre nacional. Isla perfecta para el arte. Un país enteramente pedagógico. Una ciudad para ciegos. ¿Y los cubanos dónde están? En Cuba la mayor manada de leones en cautiverio del mundo. Inclinación positiva de la Copa Cuba. Un monumento para el rascacielos pinareño. El récord de lo absurdo está vencido. Cuba, firme y de completo uniforme. Teatro para todos los tiempos. (El verdadero nuevo arte de narrar ruinas queda implícito dentro de este otro dodecálogo.)

36. Pregón: ¡Vaya, vaya, cómo denigraron al negro que no encontraba sentido…! (Cuando la banderola se alza / en sentido contrario a las agujas / de un reloj, torcemos el rostro.)

37. Soñé que yo eras tú (sin rimbombancias de Rimbaud, sino de Roberto Bolaño). Y, en efecto, los dos habíamos perdido la revolución antes de hacerla y decidíamos volver a casa.

38. You cannot return to your home. Si lo lees a priori como poesía, pasa. Si no te avisa el editor en carátula, entonces suena como una seguidilla sosa de repentista pop (en los laboratorios de química universitaria de los años noventa, también se titulaban soluciones babosas a base de potasa).

39. Algunas gargantas cubanas se atragantan con un argot de combate: anomia, anemia, abulia, afasia, apatía, ipatría y demás vocubalario. Al tener toda la razón, estamos racionalmente locos: las utopías tupidas engendran monstruos goyescos (es la gaya ciencia de la modernidad). Y en semejante mar de equívocos malintencionados no será muy rentable arar, pero sí narrar.

40. A otras gargantas cubanas se les practica, de manera obligatoriamente gratuita, una traqueotomía profiláctica antes de que puedan atragantarse con nada: el poro que le perforaron a Piñera, por ejemplo, tenía el diámetro de una Isla (por cierto, no mayor que una moneda de a peso).

41. El sema cubano se escurre limpiamente hacia afuera si el pinchazo rebasa los 59 puntos de psicatriz. El semen cubano, en cambio, escapa hasta con 59 veces menos esa medida: quirúrgicamente, es un fluido 59 veces más asignificante.

42. ¿Es posible punzar, de manera revoluntariamente gratuita, la glotis grotesca de una escritura cubana en Cuba? ¿Hay escalpelo y sangre fría para disectar ciertas momias prehistóricas o disertar sobre ciertas manías paleopolíticas?

43. Sospecho que, en efecto, deberá sentirse alguna presión diaspórica sobre la nuca. Algún barbarismo verbal habrá de cometerse o comerse por el camino. De lo contrario, la escritura cubana de Cuba se nos escapa en esta historia de capa y espada.

44. El canibalismo podría ser un recurso infantil para entretenernos dentro de la panza del pabellón. Ya luego, decúbitos en el corral de Cubita, todavía nos queda la coprofagia como resistencia, divertimiento o subversión.

45. De adultos, lo menos adulterado sería ejercer la hezcritura como adyacencia liberadora contra los agenciamientos anquilosados no tanto del poder (ese puñetazo plausible) como del saber (esa sentencia sutil).

46. Sería una liberatura como colchón de espinas donde el pene de Pasolini le pueda partir la ingle a Calvino sin escandalizar: colofun antifundamentalista para un corpus texti patrio de hitos hilarantes y padres genealógicos arborescentes y maromas teloméricas demasiado teleológicas para soportar la lectura ni de medio sopapo.

47. Sería también, por supuesto, una excritura excentricínica: quod scripsi is crisis.

48. ¿En Cuba habrá lectores cubanos excentricínicos o al menos lectores excubanos excentricínicos o al menos exlectores excubanos excentricínicos?

49. Jum… Pero ni en Jauja narraríamos jovial y rabiosamente así. Es sintomática nuestra insignificancia lunar post-post. Nuestros jaujaujáus golosos y jajajás gozosos terminan siendo un eco hueco pendejo entre el mausoleo y el manicomio.

50. Y dice el chileno Bolaño que la nueva literatura latinoamericana viene de ese miedo, de un horrible-y-en-cierta-forma-bastante-comprensible-miedo camuflado bajo cierto deseo de respetabilidad. Así, los nuevos literatos latinoamericanos patalean hasta obtener el reconocimiento de lo-que-se-suele-llamar-instancias-políticas, camufladas bajo uno u otro signo ideológico, y al parecer el único atajo remanente para acceder al gran público de manera legal.

51. Toda vez muerto el chileno Bolaño, ¿no habrá nuevas maneras literamericanas para acceder desde Cuba a un pequeño público de manera ilegal?

52. Ceci n´est pas un pays, con su mapita inverso travestido de pipa o pipeta de laboratorio de química universitaria de los años cero en Cuba.

53. Ceci n´est pas una paja posproletaria sobre un pendón, un buitre cínico y odioso / que exhibe las carroñas de su ruina (Poveda dixit).

54. Ceci n´est pas paredón.

55. Ceci n´est pas tampoco una petición de perdón.

56. Ceci n´est pas la pinga del pintor de un cuadro oleoso cubano (firmado por una mujer cubana, por lo demás): aceite asesino de la imagen como prueba penal, ¿peneal?

57. Ceci n´est pas el placer precoz de un payaso (como repetirá el cotilleo cotidiota de la nada comentariada desde Cuba en la www), sino la mueca muerta de nosotros-los-protagonistas, prosistas procaces a los que tarde o temprano un poder pétreo les doblará las cabezas / moribundos de tedio y horror (¿las cursivas son ahora un apócrifo, un apósito, o son sólo una cita?).

58. Ceci n´est pas Pardo, por supuesto.

59. Eppur si muove! (captions: ¡Pero se viene!).