martes, 16 de diciembre de 2008

THE CUBAN MILKY WAY

CELECTINO ANTES DEL ALBA


Y sigue corriendo la leche, ahora en el 30 Festival Internacional del Nuevo Cine Lácteamericano: el XXX como cifra en clave de la pornografía.


La Habana, primer territórrido libre de América, pero no de leche.


En cualquier tanda nocturna ocurre lo mismo.


Los exhibicionistas son una secta que ya van siendo legión.


Yo mismo los he narrado deliciosa y delirantemente en el e-zine de escritura irregular The Revolution Evening Post (episodio 3).


Se trata, por mil y onanésima vez, del extraño caso y acoso de los masturbadores de cine.


Los tiradores más cultos del mundo (nunca ocultos).


Con la pinga en alto.


Pinga o Leche: ¡Pajearemos!


La actriz y directora cubana Marilyn Solaya, por ejemplo, hace más de un quinquenio que los filmó en el documental Mírame, mi amor (2002).


¡Solavaya Solaya!, le dijeron los peritos censores del ICAIC a los semensores del CENESEX.


Pero la fiesta continúa frente a la tela blanca como diana e invitación seminal.


Este fin de semana, es otro ejemplo, en pleno cine Riviera de la calle 23 entre G y H (El Vedado), un negro magnífico derramó su maná blanco a medio metro de mí.


Arroz con leche casi hecha cuadritos.


El humilde hombrón se vino sin moverse ni un milímetro: ¿cuántos megalitros de semen Cuba no puede exportar por actitudes indolentes así?


El tipo era un eyacumagister seminis a la par que un perfecto prestidigitador.


Un hombre de la era silente del semenmatógrafo.


Yo lo dejé hacer, entre la codicia y la duda: sabía que podía ganarme un foto perversa (y me la gané estoicamente, incluso a riesgo de salpicación).


Cuando por fin prendieron las luces, llamé a una acomodadora como testigo.


Nuestro hombre había partido cuando intuyó correctamente cuál era el plano final del film.


La acomodadora era una blanquita caquéctica.


Fingí una queja formal.


Blad-blad-blad: baba de ciudadano ofendido con ínfulas de llamar al administrador.


Señalé la sayita mínima de mi novia (estaba como hechizada por el performance a metro y medio de ella).


Argumenté que cualquier día una cubana iba a quedar preñada por un espermatozoide fósil de la patria.


Hice fotos delante de aquella funcionaria de uniforme raído y linterna de baterías anémicas.


Entonces la delgada dama se escandalizó.


¿Para dónde eran esas fotos?


¿A qué agencia de prensa pertenecía yo?


¿Publicaba en uno de esos "blogs independientes" o era "reportero de IPS, como Padura, o aún peor, de AskoEnLaRed"?


La tipa casi me compele a hacerme la prueba del ADN, por si acaso aquella leche era una autoprovocación.


Por supuesto, nos fuimos tan rápido como pudimos del cine Riviera.


A mis espaldas los gritos nada gratos de la acomodadora incomodada por mí.


Salimos como ratas.


Como perros weberos o gusanos www.


Huímos hacia la noche cubana de un diciembre sin sentido ni sema, pero por suerte con copioso semen en los testículos de mi Canon digital.


Podían meterse ahora toda su retórica prolactina por donde mejor les cupiera.


Me daba orgásmicamente igual.


Mi novia me recordó los grafitis del monumento en memoria a José Miguel Gómez, en la rotonda de mármol muerto que inaugura la calle G: la Ah-venida de los Ex-Presidentes.


Subimos hasta allí, son sólo un par de cuadras.


Los grafitis hace años que fueron borrados de la historia paradójicamente por la Oficina del Historiador de la Ciudad: Don Eusebio Leal Spengler y olé.


Tratamos de citar textualmente los grafitis que representaban a los exhibicionistas (toda esa área es una zona franca para su acción), pero apenas coincidimos en dos o tres:


No tenemo SIDA.


La paja no hase daño.


No la cojan con nosotro.


Ha pasado el tiempo.


A estas alturas de una historieta sin histología, tal vez tengan razón los masturbadores ambulantes de La Habana.


Tal vez sea ya hora de descoagular un poco la lectis publica de esta zoociedad incivil.


Tal vez se deban desemantizar y resementizar buena parte de los diez millones de vocablos que conforman nuestro vocubalario político.


Digo yo.

1 comentario:

papelbit dijo...

Muy bueno Orlando¡ Increíble¡ Esto de las pajas en los cines parece un deporte¡
Un abrazo¡