martes, 16 de diciembre de 2008

FUERA DE LIGA Y DE LÓGICA








FUERA DE LIGA
Orlando Luis Pardo Lazo


Hay que tener mucha vergüenza para ir de provincia en provincia

durante años en los que el equipo se ganó el descrédito de muchos,

y para soportar los insultos de la gente.

Mucho amor y mucha vergüenza hacen falta

para ir detrás de un equipo que no te reconoce.

Gerardo Víctor Salas, 40 años,

Ex-León de los Industriales.

El equipo Industriales por dentro y por fuera. La pelota es redonda y viene en caja cuadrada, escoltada por los cuadros y comisionados profesionales del PCC: Rebeisbolución o muerte, ¡venceremos!


Viernes 5 de diciembre de 2008, tanda de las 5:30 PM. Se estrena por fin en pantalla grande Fuera de Liga (2003), el documental de Ian Padrón sobre esa fábrica de ilusiones llamada Industriales, los leones de la capital (no confundir con los recolectores de basura). 70 minutos de video: la hora más larga y tortuosa del cine o acaso del cinismo oficial cubano.


El cine 23 y 12 lleno del todo, pero sin matazón. Algunas estrellas de Industriales sonríen casi anónimamente desde las butacas. Sólo un perito podría reconocer esas caras sin uniforme. The show must stop: la orientación del Premier del Festival parece ser que no se haga un escandalito de esta première. De hecho, en su speech inaugural, Ian Padrón empezó diciendo que no se trataba de una première [¿?]. Supongo que todo poder sea eminentemente etimológico.

Fuera de Liga tardó un quinquenio grosso en obtener su firmita infame de aprobación. Primero se transmitió de súbito por un canal fantasma de una televisión fantasmal. Si bien nunca pudo inscribirse en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Lo ignoraron ignominiosamente, a pesar de los performances de su director (quizá porque de la epístola no pasó a la pistola). Pero igual el público ya aplaude el desagravio de Ian Padrón:


—Creo que no hacía falta esperar tanto tiempo –concluyó desde su humilde puesto en el escenario.


Pero sí. Tal vez sí hacía falta la espera. Digo yo.


Industriales, el equipo grande. La enferma esperanza azul de la capital. El coco metemiedo y la envidia del resto de Cuba. El team más yuma del mundo, con sus tics protoprofesionales y su agresividad sin jonrones, con su hospital rodante de lesiones y deserciones, con su jueguito civil que apuesta por el bluff y el robo de bases y una tanda de zurdos y el toque de bola y la velocidad (quiz-show del squeeze-play), tan amarillos a la hora del cuajo (y así y todo multicampeones), con un pitcheo desangrado de serie en serie por los millones democráticamente demacrados de la Serie Mundial, con su logotipo gótico que hinca iconoclásicamente como una i.


Industriales, campeón, ruge el León también exiliado y Armandito el Tintorero que ya se partió (En Pelota Descansa). Locura en el Latino. Apuestas y marihuana. El estadio donde en 1999 jugaron los Orioles en Cuba por primerúnica vez (por el momento). Pizzas y peste a mea´o. El box desde donde pitchearon Carter y Chávez y Camilo y Castro (contra Fidel, ni en la pelota). Elogio del souvenir ausente. Ya acolchonaron las cercas, así que hay que pagar la entrada a cambio de las pelotas de foul. En el banco de tercera, Pillo Chocolate se gana su vida de perro salchicha a favor del Home Club. Gritería en el graderío infectado de policías santiagueros (palestinos pa´l latón) y algún que otro ampaya-cuchillero-hijoeputa en vivo y en directo por la C.O.C.O., pues los locutores de la TVC suenan como zombis a medio fosilizar (La Habana de Héctor y Eddy era un eructo erudito).


Industriales de pinga, siempre fuera de liga (aunque los acusen de vender una temporada: ese es el riesgo de ser el mejor). Dentro de los Industriales, todo; contra los Industriales, todo también. Industriales es Industriales, nagüe. Industriales es una palabra tan repetida que ya no significa nada en cubano. Una inspiración que es la pura modernidad en medio de un tiempo histórico que da pena de modernidad.


Fuera de Liga, el documental de Ian Padrón: un virus autoejecutable que circuló por los discos duros de la nación y su exilio. Julita Osendi osó hacer una réplica para desmentirlo. Por favor. (¿Constitucionalmente podrían recogerse 10 000 firmas para expatriarla por tiempo indefinido a Beijing?)


Fuera de Liga: la cosa humana al duro y sin guante. El acoso humano. Ganas de jugar pelota por un salario en moneda nacional. Lágrimas de cojonú, desmemoria del dolor. Estadísticas al margen de los estadistas que hacen del Estado un estadio o, peor aún, un establo. Ganas de gloria, la humildad de ser grandes en el corazón infartado de la ciudad. Ganas de saltar al terreno y correr como caballos salvajes sobre la grama. Medio lunáticos sobre la medialuna. Ganas de sacar un cartel sin que la policía te lo revise primero y te lo requise después (me pasó a mí en el play-off del 2004: era una bandera de dos franjas blancas y tres azules, con un triángulo azul con una i irreverente en lugar de estrella). La esquina caliente del Parque Central como parlamento más efectivo que el Parlamento: un plebiscito que pincha las 24-hours-Habana. En plano medio, la cara de catcher del escritor Leonardo Padura no es un poema, sino la novela de nuestra sobrevida: pelotero frustrado al que, desde la revista Extramuros, como editor frustrado no pude publicarle su artículo sobre el béisbol (La pelota en la sangre).


Pero no importa. Digo yo. Lo mejor del juego será justo ahora, ya en extra-innings.


En su speech tardío de post-première, Ian Padrón se equivoca sin perder la razón. Tal vez sí valió la pena esperar. 70 minutos o un quinquenio grosso: 2 630 880 minutos, contando los años bisiestos. Todo el tiempo titubeando en 3 y 2 para por fin ahora tartamudear en 23 y 12. Igual lo aplaudimos aplastantemente. Como público impúdico, este es nuestro momento de salir del banco y entrar a la caja de bateo. Por encima de malanga y de cualquier censura amateur.


—Creo que en el 2009 no habrá recta de 90 millas que nos pueda ponchar –concluyo desde mi humilde puesto de cuartobate (¿o cargabates?) cronicador.


Ni tampoco nos iremos delante con ninguna slider sinuosa. Y mucho menos nos intimida la knuckle que nos propine knock-out al golpearnos la cabeza con un dead-ball. Este es nuestro momento y no nos vamos a ir con la bola mala. No por gusto llevamos ya medio siglo seguido de consuetudinario béisbol.


Play ball!