lunes, 1 de diciembre de 2008

UN TABLAZO



CROMOLOGÍA DE LA DEVOCIÓN

Orlando Luis Pardo Lazo

El Trianón estaba a punto de autofagocitarse.

Se retorcía, sin aire, perdiendo ristras de lunetas con sus coletazos.

El público de El Público se veía diezmado a la fuerza, castigados con un abanico-programa: disciplinados sobremurientes en corro sobre el escenario, devenido teatro-arena por la falta de presupuesto o el exceso de imaginación.

Calurosos días de La Habana post-post de los años cero.

Arte del desastre.

Glamour en los tiempos del coolera.

Sigloveintiumnidad a pulso: XXI, nuevas siglas para rematar al siglo XX que sólo fue una prórroga del XIX.

Guiños pusmodernos que beben del manantial patrio pero nunca pétreo de la memoria.

¿Traición a la tradición?

¿Barbarie versus bucolismo?

¿Idiotez o idilio?

¿La Hanada contra La Habana?

Habilidades de un Abilio Estévez que, más que escribir monólogos, los relee dialógicamente de nuestro canon y contracanon no sólo teatral.

Con mi cámara Canon en ristre, dinosaurio analógico finisecular, Tomás Piard me invita a cronicar lo que Carlos Díaz ha hecho que Osvaldo Doimeadiós haga de lo que Abilio Estévez, a su vez, ha hecho con nuestra Santa Cecilia.

Cañón de encuadres iluminados por alguien con siglos de experiencia en Cecilias: Livio Delgado.

Inventario de esquirlas que, por suerte, ningún Villaverde de ambientación se atreve a reverdecer.

Texto atroz y entrañable.

Epos político al pecho.

Pathos potable por lo digno de su personalidad.

Telos de fondo que nunca se descorre para aislar a El Público de su público.

Putería provinciana versus hímnica nacional a capella.

Ñoñería edipicoide con ínfulas de subversión.

Cronología de una devoción más artera que patriotera.

Fui por fotos y terminé fotografiado, trocado en todos los Abilios que, por esos días de Díaz, se dieron a dios a través de Osvaldo sólo para que Piard los filmara.

Chas: es el corte de guillotina de un fotograma del espectáculo.

Espectacular.

La silla tejida de historias que no sé cómo poner en palabras.

La vista fugando hacia un cielo de utilería donde habitan las divinidades ambiguas del Trianón: palacio de vísceras arruinadas como las de quién recuerda cuál clase ilusoria o social.

Chas, chas: disparo en picada.

El pavor de un abanico de coral con perfume a petróleo derretido por el demasiado calor.

O por un verso lírico donde se escurre la muerte de lo cubano en la poesía.

O por el sexo-bandera de una hembra con hambre del sexo-asta de un hombre que le hace señas.

Chas, chas, chas: la mano crispada en el corazón.

Tragedia silente dominical, donde la semana trae siete domingos y el año 365.

Excepto en bisiesto, cuando sobra un domingo libre para asistir al teatro y descubrimos que allí dentro se representa una semana de siete domingos y un año de 365.

Excepto en bisiesto, cuando sobra un domingo libre para asistir al teatro dentro del teatro y descubrimos que allí dentro el tedium vitae cubensis es entretenido hasta lo infinitesimal.

Ciclos de chaschaschás al aire preso de un reino autónomo llamado el Cineteatro Trianón.

Con musiquita republicana, postres antediluvianos, y el rodaje de un reality show que no me concierne a mí: transitorio testigo.

Con cortes por sonido, por luces, por almuerzo obrero y por la mala memoria o la demasiada dicción.

Por mí nunca hay cortes, por supuesto.

Allí dentro nadie repara en mí.

Yo soy sólo un fantasma ladrón.

Cumplo con mi crimen y me retiro sudando, sin el castigo de un abanico-programa para disciplinarme de función en función.

Mejor así.

Mi cruz siempre ha sido la de ejercer al límite la ficción (sea fricción o fracción).

Y de esa cruxificción no me libra ninguna imagen y mucho menos su imposibilidad.

Sólo así suelo ser limítrofemente el mejor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

eres un poeta
me encantan tus comentarios
dime algo eres pariente de Angel Pardo, preso politico, que vive en Miami?
tengo sus libros y somos amigos
escribeme a vivianglez2003@yahoo.com