jueves, 13 de noviembre de 2008

SHOEFITI

ZAPAFITI
Orlando Luis Pardo Lazo

Una ciudad muy vieja que de nuevo se va de viaje.

Nomadismo allí donde todo parecía estancado.

Los que votan con los pies son un porciento que no cabe en ninguna elección del Poder Popular, ni tampoco en un proyecto de recogida de firmas con fines constitucionales o de canonización (en ambos casos, del piesbítero Félix Varela).

Ingravidez grave, por suerte.

Huelga no de los brazos caídos, sino de las piernas en alto.

Éxodo intestino no de las espaldas mojadas, sino de los pies resecos.

Estado de flotabilidad terminal.

Zapatos inflables como globos en miniatura.

Un fantasma recorre La Habana: el fantasma descalzo de Matías Piérez.

Suspensión de la incredulidad.

Todo lo sólido se desvanece en el aire.

Todas las suelas también.

Es la clásica y facilona idea de una isla de corcho.

Elogio y choteo amañado.

Desmemorias de una república que lanzó cadenas a los cables para pasar por corte directo del apagón al cortocircuito a la revolución.

Las cabezas de los porristas colgadas del cablerío como colofón de otra revolución anterior.

Shoefiti o zapafiti local.

Eterna nación etérea de zapadores.

Espiritismo de cordón (de zapato).

Remix de medievalismo y posmodernidad.

Mensajes de peletería anónima (piedra roseta marginal): amenaza de asesinato mafioso, marcaje felino de la barriada, promoción comercial de estupefacientes, fiesta de borrachitos sin patria pero con amo, jolgorio de colegiales en fin de curso, matrimonio falso de gays, violación de la virginidad, objetos donde disimular los micrófonos chicotes del "aparato" (ortopedia de seguridad), pacto de salida clandestina entre balseros, victoria paralímpica del equipo local, punto de encuentro para una "asamblea de rendición de cuentas" o citación para una multitudinaria "marcha de protesta" a ras del mar (un leve mar de leva).

Los cubanos de a pie.

Ciencia, conciencia y piescencia.

Los habaneros del aire.

Tótem y tabú: colgar un fetiche de los cables con tal de no comerse uno el cable.

Capital simbólica de la energía potencial newtoniana: ¿la ecuación depende sólo de la masa y su altura?

Objetos volantes sí identificados (OVSI).

Zapatos colgantes de Hababilonia.

El zapafiti como novedad de los años 1990: la década más crítica y menos hipócrita desde los campos de concentración impuestos por España.

El shoefiti como slogan cooltural importado de USA: dentro de la Reeboklución, todo...

Conducta impropia por cuenta propia.

Leyenda urbana de un quiropedismo tercermundista.

Pedofilia entendida como estricta etimología: amor por los pies.

Inaccesible zapatería ambulante.

Repostería de postes adornados para el carnaval que siempre viene o el velorio que nunca se fue.

Telefonía a patadas.

Abundancia del ripio y el rastrojo.

Prohibido poner los pies en las paredes.

Pisar el cielo, pero no el césped.

El zapateo era el baile de los guajiros hasta que en 1959 el campesinado le propinó un puntapié al latifundio.

Quien calze un 59 es un caballo "pata de plancha", que lo mismo camina sobre las aguas que se duerme de pie: se trata del calzado más bien enorme de trademark Jesús del Monte.

Pietá del paredón: sólo los cristales se rajan, los hombres mueren de pie (arriba los pobres del mundo / de pie los esclavos sin pan).

Resistir al pie del cañón y encima creérnoslo a pie juntillas.

Zapatero a tus zapatos: no te dejes meter el pie.

Remedo de remendón no llega al cielo.

Por lo demás, caballo grande (ande o no ande): la talla del pie como garantía estadística de una falofisiología exitosa.

Zoociología elemental para plantígrados patrios en el archipiélago de los mil y un callos.

Los zapaticos me aprietan.

Los zapaticos de raso (guardados en un cristal craso).

Nemesia, flor carbonera, con sus zapaticos blancos sacando chispas a un transformador de alto voltaje (un "caballito" en llamas).

Zapafiti o shoefiti local.

Gravedad ingrávida, por suerte.

Incredulidad del suspense.

Estancamiento allí donde todo parecía nómada o no dar más.

Etérea nación eternamente a la zapa de los slogans: contra la Reeboklución, nada...

Una ciudad de viaje que de nuevo se ve muy vieja.

CECI N’EST PAS UN PAYS

59 PROPUESTAS PARA EL PRÓXIMO MILENIO
Orlando Luis Pardo Lazo

1. En ocasiones, sueño que vivo rodeado de una jauría enjaulada. Se trata de una pesadilla etimológicamente imposible, porque jauría implica el concepto de libertad.

2. En ocasiones, sueño con una de esas lunas nonas de René Magritte: una hoz descolgada sobre el mapita inverso de Cuba. No reconozco el cuadro en absoluto. Y despierto con la ilusión transitoria de poder definir qué es lo apócrifo en literatura: la pintura es sin duda un género pintorescamente literario.

3. En otras ocasiones no sueño ni pinga. O tal vez sueño en realidad con la palabra pinga pendiendo como una espadamocles sobre el mapita inverso de Cuba. La sensación es una cita nada apócrifa del chileno Bolaño: Soñé que estaba soñando, habíamos perdido la revolución antes de hacerla y decidía volver a casa.

4. Y aún en otras ocasiones son sólo retazos de sueños desbordados del sistema mártir-miamense del Boarding Home: pesadillas de Guillermo Rosales. Sueños políticos, por supuesto. Paranoias con el Premier llevadas hasta el paroxismo en pleno Primer Mundo. La apoteosis de la memoria, en una noveleta cuya veleta argumental apunta hacia hechos ocurridos en ningún sitio y en una era prehistórica: La Habana, La Revolución.

5. ¿Qué es escribir hoy en Cuba?, digo mientras clavo en mi pupila mi pupila azul (el negro come melocotón, autista más que artista).

6. ¿Qué es escribir hoy en Cuba? Si tú me lo preguntas, espejismo mágico: ¿en dónde encontrar sentido? (el negro toca violín en la medianoche insular, invisible e indivisible: totalitárida).

7. Un amigo escritor soñó con un oráculo negro (¿un nigromante?). Mi amigo le preguntaba sobre La Enfermedad del Premier (en agosto de 2006 todos los narradores en Cuba se preguntaron lo mismo): ¿Le duele mucho…? Respuesta 1: No, Él no siente dolor. Entre el morbo y la curiosidad: ¿Pero se va a morir…? Respuesta 2: No, ahora Él no se va a morir. Y ya con el riesgo de aventurar augurios, incluso en un sueño sumario: ¿Y cuándo entonces…? Respuesta 3: En cualquier otro cumpleaños.

8. Mientras mi amigo me contaba este sueño prefunerario, se me aguaron los ojos. De pronto caí en la cuenta de que ya habitábamos en el futuro. Sentí entonces que yo amaba a mi amigo por ser mi contemporáneo y haber escrito en Cuba el libro menos cubano del mundo.

9. Narrar en Jauja. Con magnificencia lunática de lunes post-post: lunas magras de Magritte sobre el faro del Morro o el Falo de la Plaza de la Revolución (aguja hipodérmica endémica). Narrar naditas cubanas ampulosa y pustulosamente, desde lo póstumo de nuestros cuerpos en Cuba. Jau-ja: del ladrido goloso a la carcajada gozosa.

10. Y, sin embargo, narrar autótrofamente al margen, pero dentro de la misma jauría enjaulada. Se trata de una pesadilla perfectamente pensable como panóptico provinciano: jauría implica la acepción aséptica de vigilancia/castigo zoocial.

11. En un campus literario donde el placer ha sido abolido en función del deber, toda línea de fuga cubana es una chispa suicida con vocación de vacío (voz/acción de vacío).

12. Tiro tres tristes monedas al aire y le pregunto por e-mail al I-Ching: ¿No será el fin al fin…? Respuesta 1: No, no será el fin. Respuesta 2: Al menos, no será el fin al fin. Respuesta 3: En cualquier otro cumpleaños.

13. Allí donde la tradición funge como una máquina que finge ser dios, el fascismo aflora entre flatulento y feliz: ya no en La Casa del Ser repusblicana, sino en El Callejón de las Ratas revoilusionario.

14. ¿Es La Casa del Ser mejor o peor título que El Callejón de las Ratas para una novela cubana?

15. ¿Qué es un título? ¿Qué es una novela cubana? ¿Cómo titulan los escritores en Cuba? En los laboratorios de química universitaria de los años noventa, titular era evaluar una solución: la fuerza de un ácido, por ejemplo.

16. ¿Cómo independizar un texto narrativo en medio de la cochambre fofa institucional? ¿Cómo radicalizar la escritura hasta hacerla antológica y, con suerte, ontológicamente intolerable: inútil e ininstrumentalizable desde ninguna herramienta oficial (intoolerable)?

17. ¿Cómo hubiera sido la newrrativa cubana de los años cero en Cuba: ceros extravagantes boqueando por aire freesco en la atmósfera asfixiante de nuestra Casa o Callejón que nunca existió?

18. Nunca existió. Es un frase sin excepciones.

19. Lo excepcional sería sólo la autoridad autorial de este prontuario compartido ahora clandestinamente entre tú y yo.

20. A un poeta psiquiatra le preocupaba, además de las cuestiones de las cabezas en Cuba, no tanto el título sino cómo subtitular. Ahí radicaba, según sus prédicas estéticas en Rev-Menor, la etiología tiránica de nuestra analfabetosis simbólica: una tara tétrica, contagiosa antes que congénita (la barbarie hipertensa a pulso).

21. Una vez casi le propongo pagarle una suerte de cursillo anti-délfico para así plagiar mejor todas sus teorías (Delfi se llamaba el diamante loco que de tantas presiones terminó por pisotear a Piñera). Lo cierto es que mi magister cubensis se exilió dejando pendiente esa asignatura o espada que bien hubiera podido (sub)titularse: No sé leer.

22. Porque a la postre, ¿qué será leer? ¿Cuál testigo es el que sabe leer? ¿El poeta o el policía? (En Cuba estas tres respuestas pueden ser muy porosas: los peritos políticos prestan mucha más atención que los estetiacadémicos). ¿El que sobrevive primolevíticamente es el testigo o lo es quien se consume en el peorformance del holocausto? Supongo que tampoco haya que prestar demasiada atención a la pose o posología de un psiquiatra poeta.

23. Cuando el negro come melocotón, el cubano común confunde cómplicemente la escritura con su acción. Se penaliza gastronómica y hasta jurídicamente al texto, porque estamos hechizados (esclavizados) décimotontamente por el palenque retrógrado de la retórica (el amago de la imago): la versión vernácula de Vitier en definitiva devino verdad. (¿No será el fin al fin…?)

24. Así que al negro siempre podrán mandarlo de cabeza o de culo al cepo por paladear promiscuamente la palabra melocotón.

25. En cambio, cuando el negro toca el violín a medianoche, lo más práctico es silenciarlo con un cubazo de meao más heces fecales.

26. Nadie debe confiarse con el punto anterior: en términos técnicos, a todo cubano que escriba en Cuba tarde o temprano le toca gramasticar su propio melocotón. O tocar melosamente su violín en medio de la medianoche.

27. Lo repito por si no ha quedado claro (es una táctica tácita del chileno Bolaño, en su dodecálogo sobre el arte de escribir historias): Nadie debe confiarse con el penúltimo punto. En términos técnicos, a todo cubano que escriba en Cuba tarde o temprano le toca gramasticar su propio melocotón. O tocar melosamente su violín en medio de la medianoche.

28. De lo que se trata, sobre todo, es de la obligación. ¿Qué obliga a un escritor cubano a escribir en tales circunstancias tal o más cual cosa en Cuba?

29. Diáspora(s) dixit, ahora desde la diáspora no tan literaria como literal: Debe sentirse alguna presión sobre la nuca.

30. Acaso ello(s) lo aprendieron de Pasolini, con aquel panfleto de que en poesía esta libertad tiene las mismas características que la lucha política (se impone inspirando terror, redescubriendo el Deber).

31. Acaso ellos se inspiraron en la intrigante politicidad de Italo Calvino, ese pionero poscubano que narró truncamente un siglo XXI que ninguna cabecita caliente hoy en Cuba se cree capaz de coagular.

32. Lo repito por si no ha quedado bolañoñamente claro: hay excepciones excepcionales (este texto, por ejemplo), pero esto ya lo sabemos desde hace una docena inadocenable de puntos.

33. Cito y autofagocito de memoria: acaso el terror literario —sobre todo en los medios de representación— sí le haga daño a la nación, a la nación entendida como el lugar de las letras (ese Canon Nacional de las Letras, siempre inflacionario —hasta el ridículo— en cualesquiera de sus aspectos).

34. Supongo que por eso ante cada terror literario privado en Cuba se reaccione instintiva e institucionalmente con un terror culturaliciaco: el género noir parece ser el preferido por los misterios ministerio-municipales de nuestro mapita inverso necional.

35. (Sub)titulares de la prensa plana cubana, plagiados de la www y de mi libro de cuentos Boring Home, todavía en proceso editorial por Letras Cubanas (un Proceso kafkiano, se sobreentienede): Combustible para avanzar hacia el futuro. Vuelo terrestre nacional. Isla perfecta para el arte. Un país enteramente pedagógico. Una ciudad para ciegos. ¿Y los cubanos dónde están? En Cuba la mayor manada de leones en cautiverio del mundo. Inclinación positiva de la Copa Cuba. Un monumento para el rascacielos pinareño. El récord de lo absurdo está vencido. Cuba, firme y de completo uniforme. Teatro para todos los tiempos. (El verdadero nuevo arte de narrar ruinas queda implícito dentro de este otro dodecálogo.)

36. Pregón: ¡Vaya, vaya, cómo denigraron al negro que no encontraba sentido…! (Cuando la banderola se alza / en sentido contrario a las agujas / de un reloj, torcemos el rostro.)

37. Soñé que yo eras tú (sin rimbombancias de Rimbaud, sino de Roberto Bolaño). Y, en efecto, los dos habíamos perdido la revolución antes de hacerla y decidíamos volver a casa.

38. You cannot return to your home. Si lo lees a priori como poesía, pasa. Si no te avisa el editor en carátula, entonces suena como una seguidilla sosa de repentista pop (en los laboratorios de química universitaria de los años noventa, también se titulaban soluciones babosas a base de potasa).

39. Algunas gargantas cubanas se atragantan con un argot de combate: anomia, anemia, abulia, afasia, apatía, ipatría y demás vocubalario. Al tener toda la razón, estamos racionalmente locos: las utopías tupidas engendran monstruos goyescos (es la gaya ciencia de la modernidad). Y en semejante mar de equívocos malintencionados no será muy rentable arar, pero sí narrar.

40. A otras gargantas cubanas se les practica, de manera obligatoriamente gratuita, una traqueotomía profiláctica antes de que puedan atragantarse con nada: el poro que le perforaron a Piñera, por ejemplo, tenía el diámetro de una Isla (por cierto, no mayor que una moneda de a peso).

41. El sema cubano se escurre limpiamente hacia afuera si el pinchazo rebasa los 59 puntos de psicatriz. El semen cubano, en cambio, escapa hasta con 59 veces menos esa medida: quirúrgicamente, es un fluido 59 veces más asignificante.

42. ¿Es posible punzar, de manera revoluntariamente gratuita, la glotis grotesca de una escritura cubana en Cuba? ¿Hay escalpelo y sangre fría para disectar ciertas momias prehistóricas o disertar sobre ciertas manías paleopolíticas?

43. Sospecho que, en efecto, deberá sentirse alguna presión diaspórica sobre la nuca. Algún barbarismo verbal habrá de cometerse o comerse por el camino. De lo contrario, la escritura cubana de Cuba se nos escapa en esta historia de capa y espada.

44. El canibalismo podría ser un recurso infantil para entretenernos dentro de la panza del pabellón. Ya luego, decúbitos en el corral de Cubita, todavía nos queda la coprofagia como resistencia, divertimiento o subversión.

45. De adultos, lo menos adulterado sería ejercer la hezcritura como adyacencia liberadora contra los agenciamientos anquilosados no tanto del poder (ese puñetazo plausible) como del saber (esa sentencia sutil).

46. Sería una liberatura como colchón de espinas donde el pene de Pasolini le pueda partir la ingle a Calvino sin escandalizar: colofun antifundamentalista para un corpus texti patrio de hitos hilarantes y padres genealógicos arborescentes y maromas teloméricas demasiado teleológicas para soportar la lectura ni de medio sopapo.

47. Sería también, por supuesto, una excritura excentricínica: quod scripsi is crisis.

48. ¿En Cuba habrá lectores cubanos excentricínicos o al menos lectores excubanos excentricínicos o al menos exlectores excubanos excentricínicos?

49. Jum… Pero ni en Jauja narraríamos jovial y rabiosamente así. Es sintomática nuestra insignificancia lunar post-post. Nuestros jaujaujáus golosos y jajajás gozosos terminan siendo un eco hueco pendejo entre el mausoleo y el manicomio.

50. Y dice el chileno Bolaño que la nueva literatura latinoamericana viene de ese miedo, de un horrible-y-en-cierta-forma-bastante-comprensible-miedo camuflado bajo cierto deseo de respetabilidad. Así, los nuevos literatos latinoamericanos patalean hasta obtener el reconocimiento de lo-que-se-suele-llamar-instancias-políticas, camufladas bajo uno u otro signo ideológico, y al parecer el único atajo remanente para acceder al gran público de manera legal.

51. Toda vez muerto el chileno Bolaño, ¿no habrá nuevas maneras literamericanas para acceder desde Cuba a un pequeño público de manera ilegal?

52. Ceci n´est pas un pays, con su mapita inverso travestido de pipa o pipeta de laboratorio de química universitaria de los años cero en Cuba.

53. Ceci n´est pas una paja posproletaria sobre un pendón, un buitre cínico y odioso / que exhibe las carroñas de su ruina (Poveda dixit).

54. Ceci n´est pas paredón.

55. Ceci n´est pas tampoco una petición de perdón.

56. Ceci n´est pas la pinga del pintor de un cuadro oleoso cubano (firmado por una mujer cubana, por lo demás): aceite asesino de la imagen como prueba penal, ¿peneal?

57. Ceci n´est pas el placer precoz de un payaso (como repetirá el cotilleo cotidiota de la nada comentariada desde Cuba en la www), sino la mueca muerta de nosotros-los-protagonistas, prosistas procaces a los que tarde o temprano un poder pétreo les doblará las cabezas / moribundos de tedio y horror (¿las cursivas son ahora un apócrifo, un apósito, o son sólo una cita?).

58. Ceci n´est pas Pardo, por supuesto.

59. Eppur si muove! (captions: ¡Pero se viene!).

FRIGIDAIRE O MUERTE

MI REINO POR UN REFRIGERADOR
Orlando Luis Paro Lazo

No son simples refrigeradores, trademark de una General Electric congelada en el Paleolítico de apenas medio siglo atrás. No son simples refrigeradores, sino sondas de nuestra memoria insondable: máquinas del tiempo, como los "almendrones" jurásicos con que la Chevrolet aún traza el mapa hecho trizas de esta Habana del XXI. No son simples refrigeradores, repito, sino fósiles fáciles a ras de tierra (en carretas de caña): ataúdes patrios para descongelar un pretérito preterido o el futuro precario que ya nunca será.

Mi madre estuvo como una semana llorosa. Desde los años 50s había vivido codo a codo con el mismo refrigerador (empezó en la casa como sirvienta: 15 pesos al mes, más comida y alojamiento gratis). Era (es) un rollizo y corajudo Frigidaire de lata eterna, con el motor como un corazón de toro desde que el proletariado yanqui se lo cronometró en pleno macartismo y paranoia nuclear.

Al igual que el resto de la cuadra y del barrio, mi madre se había metido por inercia en una lista para el cambio de aquellos equipos: una especie de update estatal de la refrigeración cubana, más 7 mil pesos MN que debíamos pagar a crédito ad infinitum (280 CUC). Uno de esos mediodías tarados de domingotoño en revolución, no resistí más su nostalgita republicana y exploté (lo siento, mi madre es una buena mujer que ya rebasa los 70 años). Puse a un lado la triste sopa de 100% fideos, di un puñetazo en la mesa y le grité: ¡No tenemos que cambiar ni cojones!

Y así fue. Una decisión por unanimidad personal. No abandonamos a nuestro Frigidaire en una morgue colectiva cubana, donde taxidermistas emergentes le extirparían sus vísceras eléctricas como a un androide de Philip K. Dick (acaso para revender la chatarra a un empresario manga nipón). Me pregunto si la llamada newrrativa de la Generación Año Cero sabrá lidiar de manera light con un argumento así: ¿Jorge Enrique Lage, Raúl Flores, Michel Encinosa o yo?

Recordé un minicuento de Enrisco publicado en Letras Cubanas: mover los muebles en secreto como un síntoma de resistencia política o dejarlos inmóviles en tanto complot clandestino de subversión. Esta situación límite sería más o menos lo mismo. Defenderíamos nuestro refrigerador al precio que fuera necesario. Hasta la escarcha siempre: Frigidaire o Haier o LG, ¡congelaremos!

Por supuesto, semejante osadía opositora puso a mi madre de nuevo a lloriquear, ahora por motivos cri(pt)opolíticos. El mensaje de cara al barrio no podía ser más tajante, un monosílabo en mayúsculas noire: NO. Los vecinos de Lawton nos miraban entre la cautela y la compasión. Nos observaban como aliens (mi madre daría un genial remake geriátrico de Sigourney Weaver). Se apartaban de nosotros como si recién hubiéramos firmado un pacto suicida o incestuoso: una especie de "Declaración Disidente de Lawton-Batista" o "Proyecto Varelawton", o acaso una parapastoral al estilo de "Lawton todo lo espera", o incluso una réplica anti-establishment titulada "Lawton es de Todos".

Pero ya no me importaba el aislamiento moral ni la presión psico-ideológica del populacho (allá mi madre con su cadena de lágrimas perpetuas). La decisión era un hecho: alea jacta est (según las páginas pink de la Edición Revolucionárida del Pequeño Larousse). Cambiará el universo, pero no nuestro congelador: hice mía la sabiduría conservadora del aleph borgiano. A una acción, una reacción. Y este gesto sería mi pequeño martirologio de incipiente miembro de nuestra insipiente zoociedad civil.

De hecho, la cosa no se quedó ahí. Imprimí un centenar de proclamas contra el cambio de los refrigeradores y las pegué por los postes del barrio. En ellas evocaba el cambio de los Mercenarios por Compotas (en los 60s), el de los Gusanos en Mariposas (en los 70s), y el de las joyas auténticas por tantas tontas baratijas (en los 80s). Incluso cité, aunque no viniera muy al caso, la reseña stalinista "Transgresiones al límite", firmada por Ada Oramas en el periódico más odioso de Hispanoamérica: Tribuna de la Habana (publicada ese mismo domingo, 11 de octubre, en que tuve mi revelación). Allí Ada Oramas, redactando con heroica dificultad sus ideas, propone al cabo la desmantelación de El frigidaire, una comedia de Copi que Juan Carlos Cremata dirige irreverentemente desde la sala de teatro Adolfo Llauradó:

"Actitudes absolutamente negativas" donde "se introducen alusiones con enfoques desacertados, relativas a nuestra realidad social". "Resulta totalmente inoportuna esta propuesta teatral" pues "representa la antítesis del sentido del momento histórico. Se impone una revisión de su discurso para continuar sus presentaciones, porque constituye lo más controvertido del panorama teatral cubano" (Ada dixit).

Un par de años atrás, el Jefe de Información de dicho peoriódico (Víctor Joaquín Ortega), a la cabeza de una comisión o coto de caza del Partido Comunista de Cuba, expulsaron por No-Idoneidad a la narradora capitalina Yusimí Rodríguez (al final, seguro le ofrecieron la tétrica tabla de surf de pedir ella misma su Baja Laboral). La causa: un cuento incruento titulado "Los invencibles" (yo no pude vencer su lectura) que había ganado el Concurso Nacional "Ernest Hemingway" 2006. "Los invencibles" fue acusado de difamar al staff estofado de Tribuna de la Habana, de manera que se bloqueó su publicación mientras duró el pánico comepingoide inicial, y hasta se presionó a los organizadores del Concurso para que le retirasen el Premio.

Yo tenía esta historia enquistada por dentro desde el mismo octubre de 2006, cuando Yusimí Rodríguez y yo hicimos una carta abierta de la que ella enseguida renegó tras los consejos pacificadores de Alberto Guerra, entre otros narradores de élite y hálito oficial (la autora reescribió su texto para destribunizarlo y obtener el imprimátur institucional). Lo cierto es que en mi proclama contra el cambio climático de los frigidaires cité como exergo una línea de aquel cuento premiado: no importa que haya que limpiar, llevar sábanas, que no haya refrigerador, que la cocina sea de luz brillante.

Ahora sólo me queda esperar. Los postes y paredones de Lawton ya están llenos de mi samizdat, trademark de una Underwood sin cinta pero con papel carbón. Mi madre llora en su cuarto todavía. Teme a esta nueva revolución refrigerada. Yo espero sentado en el comedor. El ronroneo rococó de Rocco (así se llama fresa-y-chocoláticamente nuestro aparato) es garantía jurada de que todo lo que he escrito, Señor Juez, es la pura y nada más que la puta verdad.