martes, 6 de enero de 2009

FALAZ 2009!

PENÚLTIMOS POSTS
Orlando Luis Pardo Lazo

Se acaba el año.

Se acaba una década.
Se acaba otro amargo amago de la escritura cubana como resistencia, ya que no redención.
Se acaba nuestra primera y tal vez única temporada de posts.
Se acaba diciembre.
Se acaba el invierno sin haber empezado del todo.
Se acaban las ganas de un cambio de clima en Cuba.
Se acaba el jueguito de la tolerancia bajo vigilancia y ese otro infantilismo insomne que se llamaba soñar.
Sueños cubanos, ¿para qué?
En todo caso, señuelos.
Carnadas cubanas para seguir adelante como individuos.
Sin darle demasiado cranque y mucho menos crédito a nuestro país, posciudadanos globales desde provincia.
Se acaban las penúltimas fuentes de energías, empezando por las renovables o alternativas.
Se acaban los fetichismos patrios de la memoria, efemérides fúnebres sin excepción.
Se acaba el caos despótico de las cronologías.
Se acaba la tara de una tradición disciplinaria y lineal, aunque aún no hayamos provocado la primera ruptura estética del siglo XXI cubano.
Se acaban los populismos, cuyos aplausos a nivel de continente apenas acaban de recomenzar.
Se acaban las ideologías, pero la idiotez increíblemente se viste con visos de cadena perpetua en el pueblo.
Se acaba la fe.
Se acaban los discursos hechizantes como trampa emotiva o combustible simbólico de la identidad.
Se acaba el futuro.
Y el hueco es rellenado, como si fuera una caries o una fosforera, con el pragmatismo inercial de toda historia devenida historieta sin histología ni ilación.
Se acaba una vieja guardia sólo fiel a sí misma.
Se acaba la teoría tétrica de la dictadura del consenso.
Se acaba el concepto mismo de sujeto político (por suerte) y nadie parece en condiciones de encarnar la noción obsoleta de gobernabilidad.
Se acaba Cuba en más de un sentido, pero no es ni remotamente una catástrofe ni tampoco las trompetas del Apocubalipsis.
Se acaba una larga y estrecha guerra de desgaste, sólo para que comience otra corta y muy ancha guerra de desgano.
Se acaban ciertas grietas legales por donde se escurre y corroe el lenguaje cubano al límite de su libertad.
Se acaba el salvoconducto de los silencios.
Se acaban las máscaras oficiales de una tolerancia tan torpe como teatral.
Se acaban las fuerzas centrípetas que son un tópico típico cualquiera sea el estilo de la revolución.
Se acaba todo conato cobarde de reacción.
Se acaba la esperanza entendida como enfermedad.
Se acaba una serie inmanente de complejos, traumas, paternalismos y síndromes que a la postre nunca se acabarán de acabar.
Se acaban muchos síntomas significativos que tendían asintóticamente hacia ninguna parte.
Se acaba la crisis para que la crisis se eleve a rango de acápite constitucional.
Se acaba el 2008 cubano, en realidad.
Pero el 2008 aún no acaba con los cubanos, en irrealidad.
De manera que nuestro año nueve suena a nuevo (si no ética, por lo menos etimológicamente).
Será, con suerte, un acabar sin caer más en el acabóse.