lunes, 6 de julio de 2009

JULIO ES EL MES MÁS CRASO

6 DE JULIO
Orlando Luis Pardo Lazo

Por estos días el calor es intolerable en La Habana.
Me monto en los ómnibus articulados temiendo un roce de sudores que culmine en una agresión.
Veo a la gente un poco fuera de sí.
Sé que son los mismos supuestos cubanos: solidarios y alegres y todo un estereotipado etcétera. Pero yo los noto más feos y menos humanos.
No es julio. Sé que soy yo.
Lo siento, no he podido evitarlo.
Huelo.
Hiede.
Alcohol en los alientos y aguas albañales en este o aquel salidero.
Nada del otro mundo.
Resisto.
Sonrío.
Soy feliz.
Soy un autor en campo minado.
Se supone que tengo suficiente material para hacer y deshacer lo mío.
Debiera escribir la enésima parte de TRILOGÍA SUCIA DE LA HABANA. Debiera buscarle la cuarta pata al Estado.
Sonrío.
Soy yo.
Un genio sin cuerda.
Hago mis fotos y las cuelgo (por el cuello) en BORING HOME UTOPICS, un blog que está cogiendo octanaje en el portal privado VOCES CUBANAS.
Por supuesto, lo último que he pretendido ser es una voz cubana.
Ni siquiera me gustaría tener una voz.
Una vez soñé con irme a vivir a Imías, Guantánamo.
Otra vez soñé despierto en Manguito, Matanzas.
En cualquiera de esos pueblos olvidados de la más bien provinciana blogosfera cubana yo podría ser libre y radical.
Pero en silencio.
Extraño el silencio.
En el Preuniversitario yo apenas hablaba.
No creo que fuera tímido (que lo era).
Sencillamente me la pasaba explotando por dentro.
Todos los días me enamoraba de ti.
Por los ventanales del Raúl Cepero Bonilla yo imaginaba una ciudad gris industrial de finales del XIX.
Cuando llovía era tan precioso.
Aquel sonido sensacional, silente y sinuoso, de los aguaceros cubanos.
La noche se adelantaba, el invierno se adelantaba. Daban ganas de llorar.
Yo era un adolescente virgen y tenía todo por dentro para llorar.
Nunca lo hice.
El ambiente era muy árido.
Odié aquellas aulas como si fueran jaulas.
Y después ya nunca he podido librarme del abrazo amable de sus barrotes baratos.
Las calles de La Víbora fueron mi reino autónomo a la siete y media de la tardenoche sin patria.
Unos árboles gigantescos levantaban las aceras.
Los edificios eran muy modernos, aunque tenían décadas de construidos: en el programa ESCRIBA Y LEA dirían que se trataba de un vecindario anterior a la revolución...
Había lomas con casi 45 grados de pendiente y a veces yo me escapaba sólo para sentarme allí.
Respiraba el futuro.
El futuro de aire que por entonces iba a ser yo.
Yo era un inmortal, indudablemente.
Te esperé mucho entonces, por si no lo sabes.
Todos los días de lluvia y calor y de tonos grises al estilo fabril del siglo XIX.
Apareciste, como todo, demasiado tarde en mi vida.
Esplendorosa y decadente.
Fuimos a una de esas colinas de asfalto y fue por gusto compartir el anochecer.
Nada olía a nada.
Ni los árboles.
Ni siquiera tu pelo.
Todo era una lamentable simulación.
Igual te lo agradezco, fue mejor que nada.
Mucho mejor que La Habana sin tu cansancio de no hacer nada, por ejemplo.
Mucho mejor que Cuba sin mi decepción de no haberlo hecho todo a tiempo, por ejemplo.
¿A tiempo de qué...?
A estas alturas, espero no se confunda mi prosa picada con una carta de amor.
En días de calor como estos la palabra AMOR es intolerable en esta ciudad.
Yo sólo me monto en los ómnibus desarticulados temiendo un roce de miradas que culmine en otra agresión.
Veo a la gente un poco fuera de ti.
Sé que son los mismos supuestos cubanos: choteítos y ajiacos y todo ese estereotipado mojón subnacional. Pero yo los noto más feos y menos humanos.
Y te extraño.
No es julio, no es el día 6. Tampoco eres tú, te lo juro.
Probablemente ni siquiera sea yo.
Lo siento, sé que pude evitarlo.
Supongo todo haya sido mejor así.

1 comentario:

Evidencias dijo...

Me sacaste una lagrima y no te mando un abrazo por el calor.
No estoy en voces cubanas, sin embargo me siento una voz cubana, tambien a mi pesar. Preferiria andar leyendo en cualquier sofa o debajo de cualquier mata alejada del superverano; o tal vez caminando por ahi sin tener que pensar en el problematico e injusto pais donde naci. A ver que tal unas vacaciones ya al doblar de la esquina.