domingo, 26 de julio de 2009

SIC SEMPRE XXVI



SIEMPRE FUE 26
Orlando Luis Pardo Lazo

Lo recuerdo como si fuera hoy, aunque por entonces me faltaban tres años para nacer.

Fue hace cuatro claustrofóbicas décadas, el sábado 26 de julio de 1969.

No teníamos televisor, pero las palabras de Fidel galvanizaban todas las tablas de mi casita en Lawton, en el mismo nicho patrio que habito aún hoy.

Fidel hablaba del 26. De los años sesenta que ya se iban. De Checoslovaquia y del Ché. De la Revolución del 68 (de 1868, se entiende). Del Moncada y el Granma. De los 10 millones que ya venían. De contraofensivas y microfacciones. Del imperialismo y de incontables Vietnams. Hasta que se hizo de noche y en casa se nos olvidó encender la luz, tan hechizados estábamos por aquel timbre de prestidigitador y su paternal aliento de Edipo Rev.

Un Fidel eterno.

Incluso tres años antes de nacer, supongo fuera muy emocionante protagonizar una mínima tajada de su inmortalidad.

Fidel hablaba y hablaba mientras oscurecía en el resto de Cuba y mi familia permanecía disciplinadamente sentada alrededor de nuestro viejo aparato de radio, propiedad fósil de la General Electric (funcionó hasta hace muy poco, por cierto, el viejo gladiador de bombillos).

Fue en el patio, bajo la mata de ciruelas, refugiados del calor consuetudinario que calcina y acaso calviniza a esta isla. Entonces, todavía me erizo de recordarlo, mi padre miró al cielo apagado de La Habana y dijo: “Hay un hombre en la luna y no fue cubano”.

Para mí, ese fue el inicio del fin.

¿Qué hacíamos todos allí? ¿Para qué nacer en un país cuyos ciudadanos podrán ser excelentes radioaficionados, pero son incapaces de caminar libremente por el cosmos y fotografiar al planeta desde la altura? ¿Por qué Fidel excluía a la luna llena entre vocablos tan vacíos como Patria o Muerte? ¿Quién sería en realidad mi familia? ¿Quién le confió a mi padre semejante noticia mitad derrotista y mitad clandestina?

Finalmente nací, en el invierno gris de 1971.

Han pasado cuatro claustrofóbicas décadas.

Hoy, como siempre, vuelve a ser 26 de julio pero de 2009.

Treinta y tantos tristes años después, supongo siga siendo muy emocionante protagonizar una mínima tajada de nuestra ya no recuerdo bien qué.