viernes, 14 de agosto de 2009


EN EL PANFILO DE LA NAVAJA
Orlando Luis Pardo Lazo

Soñé con Pánfilo.
Sin simbolismos ni comemierdurías poéticas.
Simplemente esta madrugada soñé con Pánfilo.
Lo veía deformado, como un feto en ángulo ancho desde un plano cenital. Tenía una cabeza enorme, grandísima, ovoide más que negroide.
Un pequeño monstruo de animación digital.
Un poco eso ha sido toda esta historia sin histología: una caricatura criminal.
Me desperté con un cansancio del coño de su madre.
Hacía un calor de tres pares de cojones en mi casa de tablas, en Lawton.
Hacía 24 horas que Pánfilo cargaba con una condena de 24 meses por no hacer nada.
Literalmente, preso un pobre prieto dipsomaniaco por no hacer nada durante la década más decadente cubana: los años cero o dos mil.
YouTube como fuente probatoria en complicidad con nuestro Código Penal.
El Estado paranoico que lo lee todo con lupa y lo fiscaliza con sus botazas analógicas o anacrónicas.
El inestimable público que ya se retira del circo, lavándonos las manos como Pánfilo Pilatos tan pronto la policía interviene para abortarnos la última función.
¿Qué decir ahora y no parecer un niñato?
¿Para qué sirve el lenguaje cuando basta un acto atroz para trocar un mero juego mpg en toda una tragedia de abogados gagos y cárceles cársicas?
Me niego a hablar de Pánfilo.
Es casi inmoral cualquier comentario.
Habría que estar allí ahora con él.
Habría que autofilmarse ahora y colgarnos (por el cuello) en YouTube, cada uno de nosotros repitiendo ese guión de “aquí lo que hace falta es jama” y “asere, graba ahí, que yo no digo mentira...”
Habría que hacer declaraciones pro-comunistas al Canal 41 y zumbarle un carta abierta C.R. al Fiscal General de nuestra República, y acaso también abrirle a Pánfilo un vídeo-blog: por ejemplo, http://www.enelpanfilodelanavaja.blogspot.com/.
Habría que hacerse condenar por los mismos motivos: no una década de vagancia, por supuesto, sino un minuto de voluble volatilidad (yo no bebo, pero podría emborracharme ante Haza o Escalona o quienquiera que prometa pagarme treinta tristes monedas).
Pánfilo ha quedado por fin solo.
Se lo merecía hacía rato.
Cuba es en buena medida esa zooledad.
En su dialoguito autista con las autoridades, lo hemos dejado caerse de culo en el abismo analfabeto de su pésima suerte.
Pánfilo querido, lo siento: simpaticé con el carisma, pero nunca creí ni en una sola de tus palabras (tú tampoco y lo sabes y está bien así: la verosimilitud no es más que una fascista imbecilidad).
Es importante que nuestras palabras no estén diseñadas para cargar con el peso muerto de la ley y la verdad.
Al menos en el delirio siempre seremos libres.
Soñarte como el patico feo de los ex-marinos mercantes, por ejemplo, y no poder dormir más por el resto de la madrugada.
Has devenido insomnio infranacional, Pánfilo: por favor, trata sólo de resistir la resaca.
Tu arrebato es el síntoma de otra cosa innombrable, mucho más triste que un plato vacío a la hora del noticiero.
Creo que en Cuba no hace falta jama en absoluto, aunque muchos puedan padecer hambre (siendo bastante pobres, en mi casa nunca faltó el ingenio gastronómico de mi madre, ni siquiera cuando el Período Especial).
Creo que tú estás expiando una culpa cubana mucho mayor: el delito no legislado de cargar y compartir eventos en internet (Operación Patíbulo para los Protagonistas).
Creo que eres, Pánfilo, la primera víctima cubana de la Revolución Verde (¿oliva?) iraní.
Nos vemos en el 2011 (sin camarita digital, lo prometo), siempre y cuando tú te atrevas ahora a sobrevivir.