domingo, 23 de agosto de 2009

MÍRAME, MADRE, Y POR TU HORROR NO LLORES


MI MADRE DECLARA QUE
Orlando Luis Pardo Lazo

Este viernes 28 de agosto, a las 8:45 AM, en la Sala Octava Penal del Tribunal Provincial Popular de Ciudad Habana, en Prado y Teniente Rey, será el juicio oral de la Causa 376 de 2009.

Lo dice una Cédula a nombre de mi madre María, que está compelida a asistir en calidad de Testigo (“su falta de asistencia sin motivo justificado previamente alegado dará lugar a que se ordene su conducción y presentación por la fuerza pública y a imponerle una multa de cincuenta pesos o que dé cuenta al Tribunal competente para que sea juzgado por el delito de Desobediencia, artículo 147, Código Penal”; “se le apercibe que debe presentarse correctamente vestido, se prohíbe el uso de pantalones cortos, blusas cortas o de tirantes, chancletas, licras o camisetas”).

Por supuesto, no imagino a mi madre luciendo ninguna de esas prendas. Ojalá se entusiasmara con la idea de ir vestida así: a ver si su vejez se destiñe un poco de ese gris ratón que nerviosillamente la invade.

Tampoco la imagino declarando entre abogados ante un fiscal y las víctimas de un condenado. En sus 73 abriles nunca antes lo ha hecho (y no es una frase hecha, sino literal: ella nació un primero de abril, en la miseria atroz de las afueras de San Nicolás de Bari).

La Causa 376 del 2009 tampoco es un jueguito de abuelos: se trata del asesinato en febrero pasado de Eduardo de la Fuente Serrano, el padre español de la parroquia de Lawton.

Mi madre María nunca ha leído el diario El País (el Granma lo hojea sin ojearlo): es una virgen santa respecto a Mauricio Vicent. La he tanteado un par de veces con la palabra “homosexualidad” sobre el caso de este sacerdote (ella lo conocía lo suficiente como para declarar ahora en el juicio) y me ha mirado casi con odio. “¿Esas son las basuras que tú buscas en internet?” (y en un sentido no le falta razón).

Me da pena que a estas alturas ella deba presentarse en una sala penal. No sé si pueda concentrarse en lo suyo o si enredará aún más las cosas o soltará una pista contraproducente o hará un ridículo risible hasta para el o la o los acusados de esta causa criminal. Si alguien le pregunta sobre la sexualidad de Eduardo de la Fuente Serrano bien podría insultarlo (¿constituye delito de desacato?) y enseguida echarse a llorar.

Me preocupa su protagonismo forzado en semejante vorágine seguramente multimediática (este mismo post a priori contribuye aún sin querer).

María me ha pedido que la acompañe el viernes 28 y yo la he mirado desde una extrañeza de eones, pero no he sabido negarme al final. Como un personaje de Kafka, no me gusta tentar los procesos impersonales de la justicia. En cualquier variante, tengo cinco días para cambiar de opinión y convencerla de que es mejor que otro familiar la acompañe (el lío es que casi no nos queda familia en esta ciudad).

La Causa 376 del 2009 formalmente reúne los condimentos para concluir con una condena capital o pena máxima o comoquiera que se poetice la ejecución estatal. No puedo olvidar las primeras palabras de Juan Pablo II en riesgo de morir tras un atentado, asegurándose de que su verdugo supiera que el Papa ya lo había perdonado. También recuerdo imágenes del Sumo Pontífice en la cárcel junto al fallido autor de su muerte.

Tampoco olvido que la muerte legal lejos de disuadir, termina siendo una maquinaria indetenible de más muerte ilegal (se ha documentado que muchos violadores asesinan sólo para evitar un testigo clave que podría costarles la vida). La muerte institucionalizada, desde los sacrificios aztecas hasta Saddam Hussein en un teléfono celular, deviene venganza étnica o de clase social o revanchismo político o peor: nada, puro sadismo morboso de ver qué hace alguien cuando se entera de que lo van a matar.

Los corredores de la muerte son el infierno que ni Dios ni el Diablo se atrevieron a consignar por escrito en la Tierra. Estados Unidos y Cuba (así en la pelota como en la pelona, es importante reincidir en esta comparación) comparten todavía esta tara. Muchos de sus gobernantes pueden sentirse henchidos de poder sobre las vidas que no crearon: se convierten en monstruosos Creadores y Terminators de toda la ciudadanía, divinidades humanas que manipulan (y no parcamente) los hilos del resto de la realidad.

Muchos años después, frente al pelotón de defenestramiento, cuando aquí o allá procesan por corrupción a uno de esos jerarcas, ¿qué queda de las sentencias de muerte que allá o aquí ese jerarca ratificó? Otra vez nada: apenas papelitos pendejos de un Poncio Pilatos del que nadie quiere volver a saber. Pero el daño en carne y espíritu ya ha sido consumado para siempre jamás, si me perdonan este tono tanático tomado prestado acaso de El Libro.

Mi madre, por lo demás, me pide que no escriba en internet sobre el juicio oral del próximo viernes 28. María ni siquiera sabe bien a lo que se expone, pero por instinto de conservación insiste en ser una testigo anónima. Y yo se lo prometo, por supuesto.

¡Madre mía, tan joven, no sabes atestiguar! (nuestra vida es un absurdo refrito de Virgilio Piñera).

Yo te lo prometo, mamá, como el médico que no desea desquiciar aún más a un paciente desahuciado tanto por el exceso como por la carencia crónica de Dios.

4 comentarios:

JAAD dijo...

Cada dia, escribes mejor.

Me asusto el comienzo, pense que te habian citado a ti. Buen golpe de efecto (para no olvidar las tecnicas narrativas) en el comienzo de tu cronica-relato.

Cuidate; no arriesgues demasiado. No me cansare de decirlo. A tu escritura, zapatero remendon, a tu escritura.

Abrazos.

El Niño Atómico dijo...

No puedes poner a los EEUU junto a Cuba en lo de la pena de muerte. Enb Cuba no solamente te fusilan al sentenciado inmediatamente, sino que el juicio puede ser a la carrera, como en el caso de los 3 que se quisieron llevar la lancha, mientras que acá el proceso judicial se toma su tiempo, a veces años antes de celebrarse el juicio, y después de la sentencia existen procesos de apelación que pueden demorar otros 10 a 15 años. Es solamente entonces, cuando todas las apelaciones han sido agotadas, que se aplica la sentencia. No hay comparación, mucho menos similitudes.

Anónimo dijo...

Este post tuyo me conmovio hasta los huesos. Me recordo demasiado a mi "Maria", que no nacio en Abril, pero que sigue teniendo esa ingenuidad de cristal que tienen algunas madres, incluso aunque se sumen (hoy, precisamente) 53 Agostos en su cuenta.

Gracias por traerla. Por compartir tu Maria conmigo.

Lila.

guadalix dijo...

Hola Orlando, me gustaria ponerme en contacto contigo, para habalr de este caso. Dime como puede hacerlo. Un saludo.