viernes, 11 de septiembre de 2009

11-Shit


TORRE 2 REY
Orlando Luis Pardo Lazo

Vi las torres caer, con majestuosidad mefistofélica, en el canal Cubavisión, esa mañanita en cadenas con el resto de los canales de Cuba: primer territorio libre o lóbrego de América (territórrido: primer país que se desprendió de la plataforma continental americana para irse a orbitar, desorbitado, a otras galaxias ignotas).

Vi las torres caer en la televisión cubana, ese oxímoron obsolescente. Ya no recuerdo ni la fecha (pura fachada), pero fue hace muy poco. No me extrañaría que el año pasado. Tal vez todo no ha sido más que una pesadilla de peos pixelados que, hasta el próximo septiembre de 2109, no tiene riesgo real de ocurrir. Qué ocurrencia tan secular.

Las torres caían descomunalmente y comenzaron a entrar llamadas en mi teléfono analógico. No sé por qué la gente que me quiere temía entonces por mí. Como si las torres fueran sólo el pretexto para mi tortura en tanto preso político imposible. Como si yo hubiese sido el autor intelectual de ese macro-moncada montado en Boeings. Como si yo estuviese planificando planear un aeroplano contra la mismísima Plaza Gemela de la Revolución. Qué ingenio. (De verdad, nunca entendí por qué me telefoneaban a mí en La Habanada y no a sus familiares en fuga en wwwashington o Brave New York.)

Aquel 11 de septiembre mortífero fue un martes, por supuesto (dios con garrafas de guerra, acualones criminales). Eso sí lo recuerdo bien. Memorias de la desmemoria. Sobrevivo a las semanas de día en día y de detalle en detonación (por suerte, nunca detención). La caída doble de las torres era sólo un indicio del inicio. El crepúsculo de una era tan errática como democrática. Después, a la sombra de un televisor Panda en flor, nos esperaba toda una década súper-intensa pasada por el tamiz tétrico de nuestra triunfal televisión (muchas veces en retransmisión en cadena).

TVC: significativas siglas para un nuevo siglo en sigilo (un signo, un sino).

Después, los años cero en diferido desde una mesa redonda como la cifra 0 (acaso una vocal O) en el corazón descascarado del ICRT: 0 de horror, O de obnubilado, 0 de odio, O de obcecado, 0 de obstinación, O de who’s afraid of Orlando Woolf?

Y aún después y aún después, el don divino y diabólico de la escritura: vino de los vencidos.

¿Qué será ser un escritor cubano de Cuba, cuando se han visto caer las torres de un imperio imponente en la voz bobalicona del locutor insigne de la TVC?

¿Qué será hacerse un escritor cubano de Cuba, cuando el mundo te manda sus mensajes de mierda y muerte a una catacumba donde ningún cataclismo te podría alcanzar, porque sobremueres parapetado en una póstuma pax cubensis?

Pozo ciego, agujero negro, desacelerador de partículas elementales (quarks o cubarks rojo, blanco y azul) con las que desarmar un discurso impropio (monotonía policromática)?

Me fascinan los martes. El mes de septiembre, no. September mournings.

Era la época del raquítico retorno post-vacacional a mi escepticismo de escuelas. A una disciplina decúbito supimos. Al tedio del claustro y la tara de los castigos clásicos de cara contra la pizarra. La Lista, apuntar a quien se porte mal: apuntarle a quien no se soporte. Aulas como jaulas donde regurgitar nuestra propia ignorancia y, llegado el caso (o el acoso), paladear el vómito vil de nuestra aburrida abulia. (Tú me entiendes, ¿verdad?, muchacha mágica de las migrañas migratorias de un mirador sincarlos en la cima de una colina decrépita de esta o cualquier o ninguna otra ciudad: te amo mucho.)

Un martes del dos mil nada (dos mil nalgas o nalgadas para quien meta la pata o, peor, la mano: pudo ser una cita del Ché).

Un martes mefítico de después salir a la calle a coger un camello coagulado de comentarios sobre el apocalipsis de esa mañanita 11 en Cubavisión (espías de todos los países, huíos).

Pero hoy es viernes. Se agotó agosto. Septiembre sobra.

La amnesia en un antídoto inmemorial, anestesia estética. Viernes 11. Elévense, que estamos a salvo.

(¿Qué será ser cubanos de Cuba tú y yo ahora? ¿Qué será hacernos cubanos de Cuba como una institución inercial? De verdad, todavía no entiendo por qué siempre trato de telefonearte cuando la patria se empecina en patearme orgullosa a mí?)

1 comentario:

Rolando Pulido dijo...

Jah...who’s afraid of Orlando Woolf? que bueno esta eso. Creeme, hay muchos que te temen porque tienes una voz muy alta y ya se escucha en todas partes.
¡Bravo OLPL!