martes, 15 de septiembre de 2009

DECADENCE DANCE

LA DANZA DE LA DECADENCIA
Orlando Luis Pardo Lazo

Pathos político a pulso. Patogenicidad que cura (qué Cuba).

Una bomba digital de 100 Megapánfilos en YouTube: esa otra isla imposible que los cubanos vamos subiendo, clip a clip, a un servidor radicado acaso en Nowwwhereland.

Un gesto límite desde el inicio que, desde el inicio, renuncia a cualquier mueca estética. Es imposible hablar de calidades aquí. Sencillamente, esto no es un audiovisual. Es una ráfaga y su energía transgresora desborda toda clasificación. Y también, aunque nadie se atreva a nombrarlo así, su naif candidez es lo que nos sobrecoge al final: su desvalimiento absoluto, botella rota que un náufrago lanza al Mal (más como rito que como revolución).

Nos cogió fuera de base, reconozcámoslo. Cuando parecía que el apóstol Pánfilo iba a morir, la “Decadencia” de Eskuadrón Patriota nos propina una paliza para recuperar en parte nuestra decencia. Un bofetón suave y bajito de sal, que nos descoloca y despierta en tanto lectores. Estos 6 minutos anulan los millones de bits mierderos de una supuesta cultura underground cubana (el reguetón hace siglos que se rajó), hoy por hoy con demasiados cultores con carnets y hasta revistas de imprimátur oficial.

De predicador a evangelista sin texto sagrado. Hombre joven cuya salud se infecta de mendigantes ancianos sin amo pero también sin amor. De padre de familia a cimarrón urbano: herido pero siempre huyuyo, nunca en el cepo. Piel negra bella, dientes de envidia, movimientos mínimos en escena. Capo a cojones de un tiempo mejor que nunca será (aunque, buscando en el baúl de las barbaries, cualquier tiempo pasado nos parezca peor).

Del susurro rapeado al grito que se quiebra por la emoción o el miedo o la emoción del miedo: ensayo de desafinación, afectos de un desafecto que no se opone a nada (él sólo pone las masas sobre la mesa). Esto tampoco es un cantante. Es un reto. Es imposible hablar de composición o de arreglos aquí. Ceci n´est pas “Decadencia”, el tema de Eskuadrón Patriota: estos son los síntomas súbitos que ningún sismógrafo Made In Cuba se atrevería a captar ahora. Estos 360 segundos son otra vuelta de tuerca de 360 grados.

Como cubanos estamos condenados a sub-habitar una realidad verdaderamente virtual, a pesar de (o precisamente por) no disponer de una prensa crítica capaz de encajarse las espinas más preciadas de nuestra cultura nacional. Nuestra historia de hoy mismo ya se perdió: rescatarla en el futuro será sólo otra forma de ejecutarla a sangre fría. Y Eskuadrón Patriota supura esa gloria apócrifa, esa luminiscencia histórica, ese vaho victorioso de los perdedores: pésele al peje en el poder que le pese.

Eskuadrón Patriota es más Cuba que la propia Cuba, a pesar del propio Eskuadrón Patriota.

Suicidio sincero. Limpieza interior de aguacero de mayo contra la carroñita zoocial. Catarsis que convoca al cataclismo. Cruz a cuesta, gárgaras de un gólgota güinero. Coz contra la hoz y mensaje a golpes de martillo: mesianismo a ras del martirio.

Cuba estatal estalla súper-star. Este sonsonete zoquete está de pinga, queridos compañeritos.

Ganas de nombrar como a muy pocos en Cuba le quedan ya ganas: los narradores dirán que esto es mero realismo ramplán; los poetas vomitarán de asco ante esta oda a lo obvio; los videastas tienen tela por donde editar este cut & paste tan lineal y con efectos especiales de risa; las damitas de academia, para no variar, se masturbarán perversamente en secreto cada cual en su baño (daño en silencio).

Amabilis insania tal vez instantánea: locura con cuerda. Escuadrón de auto-fusilamiento. Esto contagia. Es la peste post-post.

Esto contamina al punto de que yo quisiera estar ahora en su pellejo. Ver qué represalias posibles le tienden en su pueblecito enclenque como un güin. Sobreoír los interrogatorios beligerantes con que intentarán contrarrestar su impulso de paz. Sufrir los improperios a solas en algún solar habanero de este siglo XXI que cancanea entre la jama y la libertad (en “Decadencia” sería entre Jara y la libertad).

Rufo Caballero debería añadir algo sabio en este párrafo que se me atraganta sin que saber cómo decir mal lo que quiero maldecir:









Amor huérfano de un prófugo de la justicia, pastel para pitbulls, teoría de la conspiración constitucional, carne de carneros, respuestas rapadas por la cuchilla de la costumbre, legado de león, papilla de periódicos como pegatinas, títeres sin titiriteros, inventario de esquirlas, monocromía de crematorio, filmar en plena calle (en primerísimo plano de la policía), con la mirada diáfana como hace décadas nunca veo a mi alrededor (¡paranoia, apártate!), entre gente desvaída como hace décadas siempre veo a mi alrededor (abandonados por el demonio y por dios), fiesta o fiasco en familia (con la bandera como sudario por la fiebre de dos lámparas anti-profesionales de filmación, sombras cubanescas): me mata el morbo fascinante de asistir a un patíbulo de bajo costo amateur.

Esta suite es el soundtrack tardío de Suite Habana.

Por un instante de 6 minutos fue como si no estuviéramos congelados en el tiempo. Durante 360 segundos no parecía que no nos interesara nada. El terror y la tristeza no son tales después del YouTube cubano. Existe la resistencia, sí, pero tampoco hay venganza más hermosa que la de una nación cuando decide delirantemente jamás despertar.

Ni siquiera vamos a entrever el final de esta historieta mitad disfraz y mitad decadencia: nuestra libertad está tendida entretenidamente sobre los cables de la cerca.

Igual muchas gracias por el fuego fatuo, Eskuadrón Apátrida.

En el nombre de nadie.