viernes, 11 de septiembre de 2009

JJ-2


JORNADA J
Orlando Luis Pardo Lazo

1.

J me explica sus teorías sobre la música de la sardina y los hatos de amapola en Hatia y la disidencia como un voltaireano voltear blasfemias hacia la llaga: acaso como tener otros padres, otra podrida mueca al levantarnos, otra tierra en circunstancia, otra suerte de muerte...

Yo la escucho con la parsimonia pedante de un padre apenas diez años mayor. Y después de todas sus estupefacientes teorías yo sólo estúpidamente le pido:

“Tengo sueño, J”, ella bate sus pestañas de vate como si fueran un peine de penes, “mucho sueño: mejor cántame una de esas nanas truncas sobre la sed de belleza en los tiempos tétricos de la Revolución”.

2.

Valkiria. Valhal. Valhina. Vagidos o vahídos vagos de una vertiginosa vagina que pare parónimos sin parar.

J jamás gime sola. Está demasiado acompañada durante su biografía in progress. Sólo la escritura la aísla, la muta en isla que mata y que ella se mete sin misterio otra vez ahí: en su ministerio de entrepiernas.

Estrecho en tajo. Clítoristmo.

Ur-utero. Lenguas cunningformes, de saliva presta a saborear las runas de su propia ruina. Vaginalef.

La peor enfermedad venérea sobreviene. Sobreorgasmia sin órganos.

Piel. Plagio. Plaga.

J jamás juega acompañada. Está demasiado sola, antes y después de sus lápidas sin biografía. Sólo la escritura la inserta: mitos de ínsula barata que todo aprendiz de poeta patéticamente manipula.

Coño cognado, consigna incognoscible. Cabos de ovario.

Cuba al cubo, cabrona. Jamisla.

3.

En la Manzana de Ex-Gómez Mena.

En la vicaria Beca Extudiantil de 25 y G (Avenida de los Ex-Presidentes).

En una azotea catapulta sobre una ciudad catacumba.

En la posada de buena muerte del callejón Maloja (almohadas con olor a alfalfa).

En un doceplantas yugoslesvos de la ciudad de Hedolguín.

En La Vana o Habaguaní.

En una emulación de embajadas que emigran a lo ancho y ajeno de un futuro que pertenece por entierro al futuro.

En una foto amateur (se parece a Frida Kahlo con unas kafkianas tetas teutonas).

En las cartas tecleadas de un Calvert casi suicida, casi clavel.

En los ecos ya sin eros de quien busca una cizalladura por donde dinamitar el discreto encanto de la filología: ese logos loco.

Algo que asir. Nada que hacer.

Hasta una araña se aburre menos que J, muchacha entretejida en el horrible hueco de una página en negro: paja en el ojo propio.

Tachón. T-shirt como una tarja.

Teacher ludens entre el té de Tanatos y una tos terminal (la coz y el martirio).

4.

“Los hijos del MININT también van al cielo, mi cielo”, me canta J cansada a la sombra de una Yutong en flor.

J tiende a la rima roma, remolona. Rupturas de reptil ríspido.

De ella es plausible cualquier síntoma o significado. Cualquier holocausto textual.

Leyendo espero. Leer es pero: objeción y no aplauso.

Y la miro pasar las páginas con su uniforme de camuflaje, flejes lectivos con los que cautiva a un público que se olvidó del delirio a la hora de leer: demasiado deber en bota, embobece (bostezos de bosta ilustrada con su respectivo carnet cultural).

5.

¿Has visto apendejarse a un pez peleador? ¿Te has martillado el dedo pulgar tú mismo? ¿Has sentido en la nuca el frío displacer de un cañón cargado? ¿Tu boca masticó mierda, tus dientes se limaron con limallas? ¿Has vomitado una lombriz tan larga como una lamprea? Puaf.

Por esos páramos resuena la tesitura de toda escritura. No hay colchón de flores bucólicas ni marinas mentecatas ni realismo rasante ni ideología idiota que sobreviva a un sólo gesto estético radical.

Es como una presión. Una pulsión. Un peso pésimo que J no quiere enterarse de que tiene que enterarse enseguida porque justo esa es la tara tantálica que debe cargar (o colgar los guantes antes).
6.

(not to be continued...)

1 comentario:

El Niño Atómico dijo...

La primera y única vez que he oído eso de "hueco de araña" fue en inglés (spider hole) y describía el lugar donde encontraron a Saddam Hussein.