martes, 22 de septiembre de 2009

NO HAY LIBERPAZ SIN PAZBERTAD









LUNES DE POST-JUANEVOLUCIÓN
Orlando Luis Pardo Lazo

Fui con un pantalón negro, que se me rajó en la entrepierna al brincar una barrera metálica, y con una chaqueta de fotógrafo de nylon negro, que me tuve que quitar enseguida para no desmayarme por el calor. Quería restarme al color uniforme del conciertazo, pero al final me quedé con un pulóver blanco para poder mínimamente respirar, y medio desnudo de la cintura para abajo. Entre millones de caballeros y damas de blanco, yo quería marcar el spot de la diferencia. Pero todo es paradoja cuando de la Plaza se trata.

Avancé frontalmente hacia el escenario. A la una de la tarde tal vez ya era muy tarde para una estrategia suicida así. No pude llegar. Demasiada gente. Rostros chorreando agua. Vaho de la respiración: H1N1 al por mayor. Gente linda por zonas (desde bebés hasta fisiculturistas emos y top-models pop), y en otras áreas una tralla plebe de lo peor (alcohol de reverbero en la saliva de sus alaridos y alardes).

Sentí más de un vahído. El aire caliente se hizo sólido en mis pulmones. Sentí ganas de vomitar: ¿un reflejo vago? El sol rebotaba en mi cráneo y en el concreto. Cuba calcina. Me quise ir. Sólo el update de mis dos blogs me mantuvo en pie de guerra allí (rodilla en tierra realmente). Mientras más me acercaba a la tribuna, menos veía la escena: las sombrillas y tarimas bloqueaban cualquier conato de visibilidad.

Fue desesperante al inicio. “Menuda mierda de música”: con gusto hubiera pensado. Parado allí, sobre los ladrillos refractarios de la caldera del diablo (sin connotaciones políticas por el momento), con una sensación térmica de más de 60 grados (lo sé porque casi no podía tocar el plástico Canon de mi cámara sin quemarme) me era técnicamente impensable pensar.

Para colmo, en una de las calles de acceso me pareció ver un arresto con todas las de la ley. Fue a una pareja de jovencitos o tal vez no tanto, porque en Cuba no nos hacemos adultos hasta cumplidos más de cuarenta. Él llevaba un T-shirt de NO HAY PAZ SIN LIBERTAD y terminó montado a la fuerza en un camión policial. De verdad, sólo pude considerar que tal vez a la sombra de un interrogatorio de estación, él la pasaría mucho mejor que nosotros al descampado radiactivo del sol. Después seguro lo soltarían toda vez terminado el Juanes´ Jolgorio y, como gesto de buena voluntad, ni siquiera le impondrían un acta de advertencia pre-delincuencial.

(Igual el T-shirt pudo decir NO HAY LIBERTAD SIN PAZ o NO SIN LIBERTAD PAZ HAY: en este punto debo aclarar que todo slogan me parece un bodrio, sólo que nadie se merece una lectura tan atenta por parte del poder, mucho menos unos minutos antes de las pacíficas predicaciones de Juanes.)

“Hasta aquí he llegado”, recordé la fábula fácil del Noble Saramago. Me agaché. Una muchacha con la sonrisa más hermosa en 50 años de desfiles y concentraciones me dio un caramelo de chocolate. Sabía a rayo. Igual lo mastiqué al tiempo que le cogí una mano y supongo le dije “gracias”. Su mano resbalaba ríos de sudor. Los cuerpos olían a acetona, aceite catabólico de los que van a morir en la habanarena del circo.

Los desmayados pasaban de dos en dos por mi lado. Me sostuve por pura inercia imaginaria de fotorreportero profesional: asumí la fantasía erótica de que la National Geographics me pagaría mil euros por cada instantánea. Así reviví. Y ahora acepto los cargos de metalizado, lo advierto: pero no de mercenario (como tanto le gusta predicar a nuestra pobre prensa).

Vi una especie de ecuatoriano pintado como un demonio rojo (me disculpo por mi incultura étnica, pero no logré distinguir mucho más). Vi adolescentes histéricas y no es nada agradable la pataleta: casi llegan a la epiléptica espuma por la boca. Vi un niñito llorando alzado en alto por sus padres en retirada. Todavía no eran ni las dos. Dios. El “espectáculo del siglo” (según oí después por los micrófonos) a esa hora ya nunca iba a empezar. Me rendí y yo también decidí dar marcha atrás.

Al carajo, queridos lectores. Vengan ustedes a narrar esta paz programada en un horario inhumano para inaugurar el amable otoño de la televisión europea (o para que la autoridad caribeña viera bien las caras de quienes nos desgastamos allí).

En resumen, esta no es la crónica de ningún concierto.

Buscando noticias sobre Juanes y Compañía, me decepciona lo repetitivo que pueden ser los sitios oficiales de internet en el mundo entero. No les pagan por redactar y mucho menos por sentir o al menos inferir. Les pagan por estar en el sitio y a la hora correctos, con sus credenciales listas para plagiar, y lo digo sin sentido peyorativo (el plagio entendido como una de las bellas artes).

Todo el mundo cita los mismos bocadillos de este o aquel actor. Todo el mundo acuña la misma única cifra de participantes (el tercer récord de no sé qué). Todo es un palimpsesto digital que bien podría prescindir del show físico como tal: no sería descabellado creer que las noticias ya estaban a medio redactar desde la jornada anterior.

Uno se queda con cierto amargo sabor a escrituranada. El periodismo del siglo XXI apunta a ser el arte de simular que algo pasó, aunque el discurso sea siempre con la misma quisquillosa corrección de escolar. Esto sí lo digo con todo el tono peyorativo, incluso ofensivo. Me disculpan, por favor, pero entiendan mi desesperación al no poder leer en ninguna parte un estilo como el que escribiría yo (ni siquiera un plagio parecido).

Cerca de las 6 PM (con nubes y hasta con una lloviznita indetectable que bautizó o circuncidó al monolito de la Plaza de la Revolución), vi un corretaje de miedo al costado derecho del MINFAR. Pensé paranoicamente lo peor. Busqué con el lente telescópico y vi a muchos empinándose hacia la acera con las cámaras en alto, intentando guardar una imagen de lo ocurrido.

Desde mi posición en la explanada a los pies de Martí (nos colamos ahí después de un descanso y de resistir todo un rodeo de kilómetros sin alejarnos del lugar), me fue imposible acercarme rápido al raro evento. Así que nunca supe lo que pasó. Tampoco hay noticias virtuales al respecto, por supuesto. Tal vez fue sólo que abrieron una pipa de agua para refrescar el molote. Lo cierto es que la avalancha se fue dispersando y muchos ya no regresaron para ver el final del concierto con el toque o teque de los Van Van, sino que seguían hacia Ayestarán para irse antes de que se soltaran las masas.

Me sentí libre en la molotera, lo confieso sin complejos. Estuve mirado por muchos, es cierto: por presuntos delincuenticos de barrio y por tipos que me pedían una foto sin importarles que nunca me volverían a ver. Todo el tiempo intuí que me iban a carterear, pero igual fui libre en plena Plaza de la Revolución, sin hacerle caso a los camiones de Tropas Especiales al acecho.

Tal vez fue por mi pinta foránea (barba escandinava incluida), no lo podría asegurar. Tal vez fue porque no solté un solo comentario en cubano candente en las horas que merodeé y a ratos me mareé por allí. Lo cierto es que en otros sitios menos conflictivos yo me he sentido mucho más atrapado que ayer allí.

Apenas reconocí a nadie entre el público, excepto a Alpidio Alonso o a alguien muy parecido con una gorrita (lo semisaludé en una de mis fatigas de inauguración). Apenas me interesó nada de lo que dijo nadie por los micrófonos, aunque sí pude leer en entrelíneas a qué se refería cada cual con cada pullita, quién tanteaba sus límites y quién no llegó. Era como si las estrellas musicales hablaran en un código Morse únicamente para mí (asomado en la explanada de la Plaza, espero que nadie me acuse ahora de megalomanía por una simple oración).

Me alegró que no hubiera ningún presentador de los medios locales, eso sí, pues en Cuba siempre han sido súper-patéticos para mi gusto (antes de la época de los Goar y Pumarejo), y ninguno logra desmarcarse de sus sonsonetes rimbombantes que lo menos que dan es risa.

Como venganza espontánea contra Formell y sus estigmatizaciones contra el piquete punk Porno Para Ricardo, el audio sólo falló justo cuando ellos salieron a escena. La mitad de su popurrí salsero no lo oyeron ni ellos, pero después ya fue la apoteosis, para rematar con broche de lágrimas toda aquella matiné vespertina: el primer domingo entretenido de la patria en más de diez años (y este record sí es verosímil, pueden confiar en mí).

El llanto de los artistas extranjeros me resultó por interno un coda lindo y emocionante (no sé si alguien más lo tomó tan tontamente como yo). Es el llanto de los protagonistas, de los vivos que hacen que las cosas pasen en vivo para todo el planeta, por donde ellos se mueven vivazmente, sin quedarse a la espera (como nosotros) de que venga el próximo concierto de alguien a publicitar una paz de palabras con fronteras.

Es el llanto de quien viene a visitar a un enfermo entrañable o a una audiencia presa (paradójicamente libre de la “tiranía del mercado”) y, apenas saludan y nos desean salud, enseguida ya se tienen que despedir. Y ese adiós súbito, como el del papa Juan Pablo II otro domingo pero de 1998, desconsuela y duele.

Nadie lo dude: a mí me dolió.

El “duélale a quien le duela” del aguaje que formó Formell me lo cogí creo que muy personal.

4 comentarios:

Rolando Pulido dijo...

Luis Orlando, genial tu articulo man...GENIAL, GENIAL, GENIAL.
Te aseguro que "tus fans" preferimos que te quedaras en las afueras del tumulto, alli donde no habian camaras Internacionales y solo lo que tu cuentes, es testimonio de lo ocurrido...y creo que todos los que siguen este blog, siempre te lo agradeceran y te creemos.
El arte que llevas contigo...en todas las formas, es muestra de tu calidad como persona.
Gracias por las fotos y fantastico articulo, tiene tu hueya por todas parte...solo tu puedes escribir asi.
Este es un momento muy interesante para Cuba, desgraciadamente ustedes alla en la isla, no tienen la informacion libre (y me refiero al cubano de a pie). La propaganda que se le dio alla en Cuba a "Los que se oponian" al concierto fue exagerada y desbordante, "manejada" y "editada" a la conveniencia del gobierno.
En el Exilio Cubano, habemos mas de dos millones...y NO todos viven en Miami...lo que pasa es que "Crea fama y acuestate a dormir", Ahora hay que virarles la fama a los Castro y Cia.
Los que vivimos fuera y seguimos este concierto de cerca...claro por TV o Internet, sentimos que fue la primera vez que desde esa Plaza alguien se paro y dijo cosas que NUNCA antes alguien haya dicho, alguien con tanta influencia en la juventud como Juanes, porque la gente habla de la visita del Papa...pero todos sabemos que la Cuba religiosa que HOY conocemos no es mas que la falta de otras entidades publicas que alivien las necesidades del pueblo.
La visita del Papa fue un evento MUY serio...solemne, ¿Que cultura religiosa puede existir en un pais donde se persiguieron las religiones por decadas?.
La visita de este cantante, tuvo un impacto diferente...mucho mas conectado con el pueblo joven y habló de Libertad y de Paz entre Una Sola Familia Cubana...ese mensaje no vino del cielo...vino de un Colombiano que se encapricho con ir a Cuba a dar un concierto y...como hombre LIBRE que es, lo hizo, a pesar de todas la trabas de aqui y de alla...fue y lo hizo, eso es La Libertad.
Acerca del audio...bueno eso SI que esta jodido...lo mas importante del concierto fueron sus palabras de Cambio y Libertad y de perder el miedo...la musica...bah, the same old thing, con algunas excepciones, como fue el duo de Juanes y Bose, o el tan oportuno Rosas en el Mar de Aute...o...porque no, el Ojala de Silvio.
En mi opinion el concierto trajo "Atencion" mundial y ahora esta en nuestras manos que NO se vuelva a escapar una oportunidad como esta...que NO se nos vuelva a ir el tren, recordemos que la Libertad es Derecho de La Humanidad y que "en verdad" es mas facil encontrar rosas en el mar, hay que aprovechar cada oportunidad en que los "Enormes" ojos del planeta estan mirando hacia alli.
Tus fotos, tus textos...los de Claudia, los de Yoani...son una columna muy fuerte que sostiene la Patria, NUNCA SE CALLEN, sigan hasta que se haga realidad el sueño de todos...para todos.
Caminar por La Ciudad de La Habana, con un T-Shirt rojo con el logo de PPR en amarillo y que cuando mires hacia al lado...alli en la vidriera de una tienda, este a la venta, junto a otros como de Chirino y...porque no, de Silvio...esa es la Cuba que yo quiero.
RP

Evidencias dijo...

Gracias por esta crónica.
Abrazos.

osloduele dijo...

Amo tus textos d manumiso irrevererente y me uno a RP en su comentario, un abrazo d otoño nórdico para ti y todos los q no se intimidan ante la pezuña enveneneda d los Castro.

Anónimo dijo...

muy bueno, muy bueno, tal y como lo imagine y lo senti.