jueves, 17 de septiembre de 2009

UNA DÉCADA DOBLE DESCASCARADA


DÍAS DE DELIRIO, DELEITE Y DELITO
DURANTE DIEZ DECADENTES AÑOS
Orlando Luis Pardo Lazo

Como Pánfilo, yo también llevo diez años suelto y sin bozal en la calle cubana.

En abril de 1999, tras cinco años de experiencia molecular en el Consejo de Estado, dejé de ser Licenciado en Bioquímica (por el momento). A partir de entonces he sido de nada un poco.

Jugué a ser promotor cultural del Centro Provincial del Libro y la Literatura de Ciudad de la Habana. Así me hice de una lista (aunque bastante desactualizada) de escritores y sus direcciones y teléfonos. Así pensaba yo confundirme con este gris gremio.

Fui editor y fotógrafo y es posible que estibador de la revista Extramuros, que todavía se imprime adscrita al CPLLCH, bajo la mirada paternal del Instituto Cubano del Libro o la Dirección Provincial de Cultura o del Poder Popular, ¿cómo distinguir a la vuelta del justo tiempo humano que nunca fue?

Fui still-man de cine y televisión y esa palabra me ha definido bastante bien: foto-fija, un tipo que permanece en el mismo lugar mientras la inercia no lo empuje un tilín más allá. Asomado a ras del abismo institucinuoso, sin carnet ni expediente laboral ni más seguro de vida que la certeza de no demorarme demasiado aquí.

Escribí perversa pero persistentemente, hasta embaucar con mi supuesto estilo a los jurados conjurados de incontables concursos nacionales, incluido un premio convocado en el 2004 por la Embajada de España en La Habana y el de La Gaceta de Cuba en el 2005: en ambos casos, supe la experiencia extrema de convertir un cuento mío en ca$h libremente convertible (suficiente para sobrevivir diez años más en la calle cubana).

Nunca me interesó la internet y no sería de extrañar que todavía no me interese. Lunes de Post-Revolución está por cumplir un año ahora, pero lo empecé más tarde que el resto de los blogs vecinos, y en parte fue por puro empecinamiento cuando mi columna en Fogonero Emergente su webmonster la suicidó.

Siento que llevo no diez sino diez millones de años en un callejón incesante, uno por cada deshabitante de mi propio paripé de país. He comprado y comparado y leído a medias el 150% de la literatura cubana dentro y fuera de Cuba. Y sé que puedo añadirle un coda cojonudo (a la par que ovárico) a ese engendro, pero aún no estoy seguro de que valga la pena el sacrificio de convertirme en un coche-bomba textual (acaso lo sea ya).

Cuba cansa.

La poesía es hoy por hoy lo más humillante: desde siempre lo ha sido, salvo rashes de rabia que se rebelan y revelan por aquí y por allá. La novela desapareció en busca de una bufonada perdida llamada Novelística de la Revolución. El cuento ha sido una exquisita quilla de resistencia. Pero el post tal vez sea la quintacolumna que apunte y apuntale nuestro futuro (remix de todo y para el mal de todo, incluido el ensayo), para escarnio de las no tan aburguesadas como abofadas letras cubanas de Cuba (el exilio como género es una exitosa especie en extinción expansiva).

Siento que llevo no diez millones sino diez milisegundos de pésima práctica hezcritural. Orlandogro. Ángeluis. Pardodio. Gentilazo.

No es natural ni estético vivir para contarla. Lo intenso es consumirse durante el proceso in progress.

Me gustaría escribir el libro de relatos que desde siempre me prometí no escribir. Me gustaría teclear un único poema y que funcione como esas vidas a medias que sobremorí al 150%. Me gustaría no/velar algo que de tan ilegible nadie pueda dejar de leer. Y, después, sólo el silencio y la astucia de desaparecer. Confundirme desnudo con las últimas heladas anoréxicas de un planeta sin mapa, donde a los niños ni siquiera se les enseñe a ubicar a Cuba en la escuela.

Cuba constipa. Su clima crítico conspira.

Sueño que es muy hermoso desvanecerse así. Mudo y muerto. Entre absolutos desconocidos. Sin vergüenza de enfermar o envejecer ante los seres queridos puntualmente esquilmados por mí. Sin dar cuentas a nadie de nada, casi sin darme cuenta. Sin la lápida o lapa de una biografía patria o, peor aún, de una carrera tétricamente triunfal.

La única carrera es esta maratónica fuga a ciegas. Trastabillar a tientas. No ahora mismo, por supuesto, sino siempre después. Después de haber demostrado la belleza banal de toda debacle, después de teclear en una hoja una lonja límite de mi locura, después de exponerme ante quienes quieran husmear en la huella deleble y deletérea de quien pudo pero democráticamente declinó ser yo.

Sueño que sería muy hermoso salir a la calle desierta y sublimarse así. Bajo una nevada nocturna de Vilnius, por ejemplo. No ser. Vapor. Vagido. Vahído. Vacío. Con V vengativa y salva de convertir la victoria en revés (y nunca nunca nunca al revés).

Como Pánfilo, yo también llevo diez años condenado y contento de callejear al aire preso de nuestra ciudad capital.

Pena mínima. Paredón de las satisfacciones. Cuba no cabe en una columna.

¿De cuántas décadas más dispondremos todavía antes de que Cuba acabe?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

me pone tibio leerte, me rio y me me apeno, me gusta q sabes q escribes, t descubrí hace un ratico, q bien describes las razones por las q vivo en Oslo

Eon Flux dijo...

Gorki Aguila arriba esta noche a Miami

http://www.miamiherald.com/1321/story/1238888.html

Gorki arribará procedente de México para iniciar la Gira por la Libertad, que incluye también las ciudades de Nueva York y Washington, D.C. El viaje lo patrocina la organización no gubernamental Movimiento Mundial de Solidaridad con Cuba, con sede en la capital estadounidense, y tiene como principal objetivo el lanzamiento de El disco rojo (desteñido), último álbum de la agrupación que él dirige.

El Niño Atómico dijo...

Si la empujamos, caerá,
es que no puede durar más,
seguro cae, cae, cae
porque bien podrida está.

Si yo la empujo por aquí
y tú la empujas por allá
claro que cae, cae, cae
y nos podremos librar