sábado, 17 de octubre de 2009

AUTOGRAFILIA, SA


MANUAL MATERIALISTA DE AUTOGRÁFOS PARA GRAFÓMANOS
Orlando Luis Pardo Lazo

Colecciono mis propios libros editados en Cuba. Los compro al por mayor cuando salen (cuando salían) y después los busco por las librerías de uso.

Esa parte es la mejor.

Allí me los encuentro inevitablemente dedicados por mí. Dedicados a desconocidos y a amigos cercanos y también, por supuesto, a figuras archi-reconocidas.

Toda mi labor como autor auto-promotor de mi obra, se amarilla llena de polvo en esos estantes. Incluso llevo las estadísticas (soy un maniático de estos flujos y reflujos del texto). Conclusión: casi la mitad de los libros autografiados que regalo (que regalaba) van a morir mansamente allí, rematados por un pesito cubano en los anaqueles “de viejo” por liquidación.

Se lo merecen. Son muy muy malos. Pero yo les tengo cariño y los vuelvo a comprar. En ocasiones, se los he devuelto con sorna a sus dueños originales, que invariablemente se justifican con que le habían prestado ese ejemplar a alguien que después nunca se los devolvió.

También atesoro poemarios de Zoé Valdés y plaquettes de María Elena Cruz Varela, novelas de Jesús Díaz y José Soler Puig y Carlos Victoria, cuentos de Onelio Jorge Cardoso y de otros narradores no tan famosos pero sí más efectivos. No les doy ningún valor fetichista a estos ejemplares: simplemente atizan mi curiosidad y cierta capacidad para fabular contactos.

El tiempo pasa enseguida. Te amarras los zapatos y te los desabrochas y ya han pasado 20 años desde finales de los ochenta, cuando Cuba iba a hacer crash-boom-bang y abrirse al mundo en menudos pedazos una década antes del consejo del Papa en plena Plaza de la Revolución.

La mayoría de nuestros autores han muerto aquí o allá, aún sin haberse muerto biológicamente (sus biografías abofadas ya no aguantan ni un globo más). Si bien hicieron bastante para resistir rabiosamente un par de añitos de pugilato, el resultado overall es muy pobre en general. Nos crackeamos.

Hemos envejecido (overold) antes de merecer la madurez. Demasiada aceleración a tope del día a día post-patrio (allá) o el desasido ralentizamiento del tedio a tedio infranacional (aquí). Casi todos cansados y decididos a triunfar en una soledad selvática de sálvese-quien-sepa. Conseguimos un concurso capicúa o un contrato cortés y, ahora, caballerescamente lo tenemos que cumplir a cabalidad.

No los critico. Simplemente se comieron lo que pudo ser su propia literatura límite. No me critico. Simplemente trataré de vomitar la mía antes de empacar o empacharme.

Por el momento, hojeo las mil y una portadillas autografiadas por escritores cubanos, muchas dedicadas autótrofamente a otros escritores cubanos. Bien podría editarse ahora un volumen de “Dedicatorias Completas” por la Editorial Letras Cubanas.

Sospecho que en esa historia íntima de coqueteos cómicos y metáforas espontáneas podría residir una buena parte del perfume perdido de los noventa: esa década decadente de un crash-boom-bang silencioso al punto de lo criminal (donde paradójicamente la escritura cubana pudo hacerse libre para siempre, pero se arrepintió).

Por el momento, acaricio la celulosa en combustión bajo la tinta coagulada del viejo siglo y milenio. ¿Qué le habremos dicho a quién por escrito, y dónde y cuándo? ¿Cómo confiamos en alguien alguna vez para convertirlo en nuestro destinatario? ¿Qué se hizo de esa fe efímera del contacto cara a cara entre dos lectores/escritores cubanos? ¿Estaríamos dispuestos a volver a dedicarnos algo? ¿Con qué carencia de palabras y bajo qué culpas o complicidades o cargos?

Sospecho que en esa historia infernal de galanteos como garfios de interrogación reside, también, una mala parte de la historieta cubana que ningún cubano tendrá el carisma distante o el delirio cercano de autografiar por adelantado.

2 comentarios:

Evidencias dijo...

Hasta aquí tengo yo algunos de esos... Deja que llegue eBay a Cuba ;-)

RolandoPulido dijo...

Es cierto, nos vamos a dar gusto con eBay.
RP