sábado, 31 de octubre de 2009

CASA DE LA HIDROPESÍA



PAM PIN FUERA:
¡VIVA LA CENSURADERA!

Orlando Luis Pardo Lazo

Raúl Flores es un muchacho bueno. La frase es muy naïve, pero su literatura en parte también lo es (si bien en su decena de libros de cuentos publicados en Cuba, yo siempre detecto síntomas de una soledad no por infantilizada menos infernal: instinto más que intelecto).

Raúl Flores, a su vez, prefiere los best-sellers y la música de los sesenta (mentira, mentira: su máster en melomanía lo obliga a leer y oír todo de todas las épocas).

Lizi también me gusta, por supuesto, en este caso por demasiados motivos indespejables. No ha publicado ningún libro en Cuba y, al paso que va, por suerte, estará años sin publicar ninguno.

Cuando yo sacaba fricción con ella, la atacaba diciéndole Su Majestad El Concepto. Y lo es. Una conceptualidad del mismo rigor (mortis) de un cacharro: todo lo pondera, todo lo pone donde mejor encaja o más daño hace (cuando menos uno se lo espera de ella), taxidermista en serie, en serio, cerebrito súper-star del código da wwwince.html (la competencia clandestina y sin hits de Generación Y).

Supongo que eso se llame ser una autora autista y artera. Para mí, es sólo otro indicio de su genialidad, siempre un poco apocada por la gastronomía des/ganada y la canícula criminal de su Luyanó en los tiempos del post. Porque Lizi no come. Su piel es blanca como una página en blanco. Sus venas le brillan con un azul bluetooth de alta conectividad. Tal vez por eso el blog de su hermana Lia se llama Habanemia (Lizi ha tenido creo casi una decena de blogs: más otros tantos que asesora y protege de trolls).

El jueves 29 de octubre último, Raúl Flores y Lizabel Mónica iban a presentar en público, por no sé cuantísima vez, sus revistas digitales individuales. Revistas, sí. Digitales, definitivamente. Individuales inevitablemente, porque la insolidaridad del campo literario cubano es de espanto (de la espada que pende sobre tu cabeza al pantano que se perfora bajo tus pies).

El lanzamiento virtual sería en el patio de La Casa de la Poesía, en la calle Muralla (o en la muralla Calle), institución que muchas veces los ha acogido para sus lecturas y performances. En el programa oficial de este mes deben estar todavía sus dos nombres, a menos que el pánico haya desdibujado la decencia de los agentes culturales que laboran allí.

Bastó una llamada telefónica de alto nivel (en realidad, de nivel medio, que es el máximo aspirable hoy en Cuba, cuando el poder ya tiene forma de pirámide trunca). Un tal Pampín despampanante y don pomposamente le puso coto a la cosa. Y, no bastándole su eficaz gestión de co-acción inter-institucional, habló por teléfono entonces con Raúl Flores.

Un funcionario, confeso de no ser lector de las revistas 33 y 1/3 (de Raúl Flores) y DesLiz (de Lizi), y orgulloso de proclamar su indolencia acerca de qué publicaban ambas, interroga y arrincona a un escritor multipremiado a nivel nacional (mentira, mentira: el escritor multipremiado a nivel nacional es un muchacho tan noble que se deja interrogar y arrinconar por el funcionario).

El evangelio de la política cultural cubana según Pampín no admite otra exégesis que la de él mismo (en la unión está la fuerza y el forro): mover textos al margen del Estado es pronóstico de contra-revolución, e-ditar un documento en este país viola al menos 3 artículos de nuestra vigente Constitución. Y, para colmo, los tenía ahí a mano para leérselos como advertencia a Raúl Flores (porque eso sí lee muy bien Pampín: la Constitución como Código Penal Pre-delictivo).

Después de la discordia a ras de la disidencia, llega la manzanahoria de vuena boluntad: el implicado R. F. (el expediente clínico de L. M. es de salud mucho más delicada) podría ponerse bajo la sombra de una institución como la Asociación Hermanos Saíz, y a través de ella canalizar el papeleo para registrar su revista. Es lo más normal en el mundo civilizado: así que Cuba no tendría por qué ser la excepción en estos trámites. Poética poliética de Pampín: ser un dios Pan malo al inicio y un Pin manso al final.

Pero para un pedazo de pan impúber como Raúl Flores (a sus 32 años ya es obvio que él nunca va a madurar), imponerle la parafernalia palabrera de Pampín ha sido un acto vil de violencia verbal que todavía lo tiene físicamente de un lado para otro, con la sensación de haber metido la pata o tener el fango hasta el cuello. Mea Cuba.

Si alguna instancia insiste en que Raúl Flores, Lizi, y la discreta decena de revisteros individuales de Cuba han violado alguna ley, lo más natural debiera ser dirimir esa disputa de cara al mundo legal. Sin terror a los tribunales. Como una polémica de política literaria más, que postule de paso un protocolo sobre el uso de Microsoft Word (33 y 1/3) y de Power Point (DesLiz) en el socialismo local (y locuaz: para ser un parte de guerra, la llamada o llamarada de Pampín no fue nada corta, y chamuscó la voluntad sin poder de réplica de mi amigo).

Si lo más creativo de nuestra revistería e-mergente tiene las puertas cerradas en el Ministerio de Cultura, que Pampín martille su moralina de Anti-Lutero en el mural, para que esa nueva Lista de WRITTENberg rija las viejas reglas del juego. Pero que no acose en secreto a personas indefensas, excepto para pensar otro tipo de literatura hasta hace no tanto imposible dentro de nuestras fronteras fronterizas.

Con un poco de práctica y acaso un par de copistas (con todo respeto propongo a los ghost-busters cubanos Ernesto Pérez Chang y Jorge Ángel Hernández Pérez), Pampín podría aprovechar este sábado 31 de octubre para su acting, justo cuando se cumple otro aniversario de aquellos 95 puntos retóricos de la Reforma.

En cuanto a mí: sé que el silencio del insilio insidioso no será tan duro como lo pintan los promotores sesudos de la censura. Hubo, hay y habrá letras cubanas después de Letras Cubanas.

En cuando a Raúl Flores y Lizabel Mónica: desmiéntanme sin líos si la presión arterial arrecia, que igual yo a los dos los amo mucho y de ustedes nunca me voy a defender (ni ofender).

En cuanto a mi compatriota Pampín (cito este apellido sin verificar su ortografía auditiva): desmentidme, no importa, la Wikipedia me absolverá.

2 comentarios:

RolandoPulido dijo...

Jah...increhible que haya que vivir asi, despues de que TODOS saben que es un gran error.
Que enorme daño le han hecho a la sociedad.

JAAD dijo...

Genial defensa.

A moverse como rizomas que la mediocridad, el miedo, la censura, y la represión no podrán con los valientes, los verdaderos creadores, y mucho menos con el futuro.

Que sea ellos los que se mueran de miedo; nosotros no.

Un abrazo.