martes, 13 de octubre de 2009

CCCPost


BACK IN THE US(SR)
Orlando Luis Pardo Lazo

En los años ochenta, entre los estudiantes de nivel medio y pre-universitario, era habitual repetir de memoria los nombres de las repúblicas soviéticas, aún sin conocer nada de sus respectivas culturas. Así me aprendí las palabras “rusas”: Estonia, Letonia, Lituania, Georgia, Armenia, Ucrania, Kazajastán, Uzbekistán, entre otras etceteristán.

La revista Sputnik, entre muchas importaciones masivas de la URSS, eran nuestra única fuente foránea fidedigna de la verdad. En tanto lectores, no teníamos otra opción: un “mercado cautivo”, se diría hoy en el argot comercial.

Entonces llegó el año 1989 y aquellos adolescentes nos hicimos adultos en apenas un verano editorial.

Mijaíl Gorbachov visitó nuestra “Isla de la Libertad”, tal como se le llamaba entonces lo mismo en política que en poesía rusa. Pero trajo leyes y versos nada pegajosos de cara a nuestra prosaica sensibilidad gubernamental.

No sé si como causa o consecuencia del PCUS-tour, Cuba desmanteló entonces su totipotente Ministerio del Interior, encarcelando a muchos oficiales y fusilando a cuatro de sus jerarcas por alta traición a la patria. Ese fue el inicio y el fin de la pesadilla de la perestroika en el Mar Caribe. Si no los días del Sistema Socialista Mundial, al menos sí su idilio ya agonizaba entre los cubanos (desde la top-Nomenklatura hasta los de Comunales).

Había que irse de inmediato o resistir hasta la eternidad. Por ahí más o menos emerge el sentido secreto de la consigna “Socialismo o Muerte”, que no constituye en absoluto una reiteración.

Nuestro siglo XX murió ese año. Desde 1989 hemos sobrevivido en un “Período Especial de Guerra en Tiempos de Paz”, aunque hoy nadie insista demasiado en semejante denominación oficial para referirse a nuestra crisis crasa: desde la política hasta lo moral, desde un Ministro iracundo en la ONU hasta la sonrisa televisada del Cardenal.

La prensa cubana nunca ha dejado de ser un panfleto partidista triunfal (no es una crítica, sino sólo su descripción técnica para una posible Wikipedia criolla). Esa misma prensa nos privó de entender en tiempo real lo sucedido en los países comunistas de Europa del Este y la cosmonáutica evaporación de la URSS.

La caída del Muro de Berlín, por ejemplo, la entendimos mucho mejor en una canción de Joaquín Sabina (aunque ese tema en específico luego él no se atrevió a cantarlo en el teatro Karl Marx de La Habana). Muchas declaraciones de independencia de las repúblicas ex-soviéticas, por ejemplo, serían narradas como otro triunfo de las fuerzas reaccionarias afines al imperialismo yanqui y, por supuesto, al agente-CIA Mijaíl Gorbachov.

Así, la era de la democracia poscomunista, con sus luces demenciales y sombras demacradas, para mi generación no significó absolutamente nada. Un tono de discar que dará ocupado a la hora de redactar nuestras memorias: hemos habitado en una ucronía tan feliz como falaz. No sé ni de qué ni por qué yo sigo ahora tecleando aquí.

Desde entonces han pasado 20 años. El Estado Socialista en Cuba resistió, a pesar de la abolición de los subsidios de la URSS y el CAME y demás siglas del siglo. Por suerte, Cuba no se Coreadelnortizó pues, paradójicamente, se emplearon resortes económicos del capitalismo para oxigenar nuestra economía, incluida la dolarización en paralelo de la devaluadísima moneda nacional: un ALCA local de avanzada que ningún cubanólogo notó (nos falta imaginación para narrar).

Por otra parte, la válvula de escape para la presión social espontánea ha sido, como siempre, la masiva migración del pueblo cubano: nuestra nación tiene casi un quinto de su población en el extranjero.

Así tuve que rehacer a mis amigos una y otra vez, pues una y otra vez abandonaron con visas irreversibles la Isla. Así tuve que reinventarme el amor de temporada en temporada, pues un pasaporte profesional no compite en la liga amateur del corazón. Y así fue que siendo Licenciado en Bioquímica me convertí finalmente en este engendro ingenioso de escritor.

Yo quería ser mi propia fuente fidedigna de la verdad, para no depender de la mentira consensuada que sostiene a esta y a todas las sociedades, sean obsoletas o modernas. Yo quería ser un individuo libre en medio de nuestra miopía colectivizada de gratis. Yo quería ser más “yo” y menos “nosotros”, y serlo en voz alta en la vía pública, no en un susurro de alcoba o escalerilla de avión.

Puedo asegurar ahora que el precio ha sido perfectamente pagable. Después de ganar varios premios nacionales de literatura y publicar cuatro libros de cuentos en mi país, mi actividad como columnista en varios blogs locos y portales serios dictó mi condena a no publicar ni presentar más nada dentro de Cuba. Devine excritor maldito y me alegro, pues, a pesar del miedo y la sensación de injusticia, he recuperado o inventado mi propia voz.

La mía, como tantas otras, fue una condena oral: un expediente pre-delictivo que mañana no existirá para nuestra memoria histórica. Una sanción informal del Instituto Cubano del Libro o acaso del Ministerio de Cultura (más el silencio ha tenido que ser de la UNEAC): en cualquier caso, este es el alimento que nutre a esa paranoia patria que paraliza a otros autores que piensan parecido a mí, pero prefieren escapar hacia temas ajenos de nuestro contexto.

En realidad, todo asunto me suena bastante tonto. Por eso prefiero usar el estilo como un estilete: una micro-revolución que horade nuevos significados y espacios inauditos en nuestro imaginario, donde se mezclen al azar desde lo onírico hasta lo obsceno, desde lo patrio hasta lo porno, desde la utopía tupida hasta una Brave New Cuba que nadie se atreve a teatralizar.

La ética de mi escritura se basa en desinflar el globo de una literatura demasiado atrapada en el “buen decir” y en el canon de “una y solo una” tradición nacional. Es una estética que, supongo, me convertiría en un escritor maldito lo mismo en La Habana que en cualquier capital de las ex-repúblicas soviéticas incluso hoy. Por suerte.

En tanto escritor, no clamo inocencia. Desconfío lo mismo de los aplausos que del rechazo de un público anquilosado por leer periódicos y ver televisión (los medios masivos nos mediocrizan impunemente).

En última instancia, no me asusta la perspectiva de ser un autor autista. Escribir para estar en una “guerra en tiempos de paz” conmigo mismo. Escribir para llenar un vacío de opinión a contracorriente. Escribir para quedarme solo en la cúspide y entonces volver a escribir para destarrarme en un foso. Aunque bien sé que ahora me leen muchísimos más cubanos desde impensables puntos del post-planisferio.

Por eso simbólicamente renuncio a mi ciudadanía para obtener un Pasaporte Blogger que no necesita visa de ningún Estado. Hoy, con la tímida llegada de internet al país (aún no podemos contratar una cuenta privada), ningún creador está aislado dentro de esta misma “Isla de la Libertad” que aún no quiere saber nada de aquellas vacaciones cubanas de Mijaíl Gorbachov.

En la Cuba de 1989, todo esto me hubiera sonado a ciencia-ficción futurista. En muchos sentidos, mi generación ha quedado atrapada en un relato de onda retro. Día a día, tenemos el póstumo privilegio de protagonizar un museo MOMA donde acaso se conserve hasta la momia de la URSS bajo la línea socialipsista del trópico.

“Ven y mira”, si vives en algunas de aquellas repúblicas si no memorables al menos sí memorizables por mí.

Ven y mira nuestra Gran Paz Patria local: no creas ni media palabra de los captions post-soviéticos de esta columna heterodoxa.

Ven y mira las exequias exquisitas del pasado de Estonia, Letonia, Lituania, Georgia, Armenia, Ucrania, Kazajastán, Uzbekistán, entre otras etceteristán en argot cubano.

Ven y mira que es probable que pronto no quede ya mucho que mirar.

4 comentarios:

RolandoPulido dijo...

Wow Orlando...aplausos aplausos aplausos.
Aunque se que no crees ni en aplausos, pero no puedo escribir de otra manera lo que me has hecho sentir con tu post.
Aunque me parece que las cosas estan cambiando poco a poco...puesto que YA no es un secreto la situacion de alla (gracias a ustedes, los bloggers), como lo era antes de la Era Internet. Lo que mas temor me da(del futuro) es...lograr la Libertad pero sin Patria...me refiero a que hay muchisimos tiburones bordeando la isla...prestos a jamar.
Me parece que la necesidad, la URGENCIA de Libertad, nos esta llevando a hacer ciertas concesiones que...pueden ser una trampa. Yo no quisiera que a Cuba, la volvieran a "dirigir" extranjeros OTRAVEZ(si me explico). Ya bastante hemos tenido con los Españoles, Los Americanos, Los Sovieticos, Los Venezolanos...what's next my friend?.
Ojo....mucho ojo. Cuba es nuestra y solo nosotros debemos dirigirla hacia el futuro.
Acerca de los aplausos...jodete si no te gustan, aplausos aplausos Y MAS aplausos...
Hugs...y un apreton de mano,
RP

Agustín dijo...

"Es una estética que, supongo, me convertiría en un escritor maldito lo mismo en La Habana que en cualquier capital de las ex-repúblicas soviéticas incluso hoy. Por suerte." En mi humilde opinión, es una estética que te traerá problemas en cualquier parte del mundo. No hay paraísos de libertad expresiva en ningún punto geográfico.

Anónimo dijo...

De regreso a octubre
Desde octubre
Sin un estandarte
De mi parte
Te prefiero igual
Internacional

Redonditos - 1985

Evidencias dijo...

Me encanta siempre lo que escribes, pero además debo decir que esta serie de las banderas está volaísima.
Daría un buen libro.