lunes, 5 de octubre de 2009

EL ÚLTIMO DISCURSO



DONDE DIJE DIE60 DIGO 6 DÉCADAS
Orlando Luis Pardo Lazo

En la calzada más bien descalza de Diez de Octubre, donde la desasida luz forma otros emparedados con el polvo, cansa mi peor costumbre de pronunciar un nombre.

Los lunes al sol. Entre la tropelía de metrobuses Yutong. Entre tenderetes y mercanchifles. Iglesias protestantes que dan culto a toda hora (y a toda voz). Negocitos en CUC venidos a nada, aún con cierto hálito (más que hábito) del aire acondicionado.

A la sombra cenital del insoportable sopor de los soportales, cuyas columnas cariadas dejaron de existir hace medio siglo, pero el arquitrabe todavía flota en el aire por puro instinto inercial de conservación. Al sol de lunes.

Artera arteria de piedras, esófago incivil sin infancia republicana. Reino en ruinas retóricas. Rumor reumático retrovolucionario. Rostros sin rastros de urbanidad. State of Unknowledge. Síndrome de la Ucronía Distópica. Abismo abierto en una cuña con forma de letra A. Hachazo de leñador incivil que no dejó árboles a ras de la acera, apenas postes muertos de alambres maquiavélicos por donde fluyen desde los apagones hasta internet.

A la vuelta de cinco párrafos, todavía queda esperanza. Una chispa, un fulgor, una fuga. Párpados como péndulos, brillo demencial de las retinas, un olor a piel de persona que no pertenece aquí. Hay que estar atentos, desentenderse de los lugares comunes, y aguzar los cinco mil quinientos cincuenticinco sentidos de lo extraordinario.

Detrás de cualquier tarima te lo topas, asomado a cualquier taquilla de cine convertido en comedor proletario, barriendo la cuneta encharcada de esta calle larga y estrecha como una isla insolada.

Es el tigre de William Saroyan.

La sonora palabra, la espuma eufórica de su furia eufónica.

Tigre, que para William Saroyan se traduce sin eufemismos como el amor.

Hay que estar atentos, desentontarse de tantas toneladas de estupidez estadística. Y gritar. Howllido de lobo estepario. Música octotonal de octubre. Hay que pegar un alarido que alarme a nuestro sinsentido para lo extraordinario. Y saltar, soltarse. Run, Tiger, run. Cortar amarres con una tijera. Run, Forrest, run. Correr al margen de este bosque de fachadas abofadas. Desatino sin destino.

Y todo por gusto, por supuesto. Todo por el gusto no tanto de la esperanza, sino de la ilusión de otra ilusión. Círculos no concéntricos, ciclos de muerte y resurrección en la calzada más bien deforme de Jesús del Páramo.

1949-2009

4 comentarios:

RolandoPulido dijo...

Hola OLPL,
Cuando leo tus posts, me elevo hasta las nubes...y mas, doy un paseito entre las estrellas.
Luego me cago de la risa con..."En la calzada más bien descalza" y "Howllido de lobo estepario".

¿hasta donde vas a llevar a tus lectores?

Visualizo todo lo que escribes...seria interesante una descarga entre oleo y pluma...en una "tragotertulia" cercana.

"Run, Forrest, run"...
Un saludo,
RP

Anónimo dijo...

Que hermosa entrada. Cómo puede ser hermoso el DESENCUENTRO. Y lo es.

Anónimo dijo...

Got it!!!

osloduele dijo...

Q cruel oir el grito d mi ciudad q agoniza. Q talentoso eres, me he reido como un comemierda. saludos