jueves, 29 de octubre de 2009

FUCKSALÓN


UPSALÓN: PORNO PARA FILÓLOGOS
Orlando Luis Pardo Lazo

Según el ángulo desde donde mire el voyeur, la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana se yergue o se invagina bajo la penumbra urbana más exhibicionanista de Cuba.

En efecto, en la boca o bacanal de la calle G (hoy Venida de los Ex-Presidentes), se concentra el mayor número de masturbadores amateurs de nuestro pequeño y pingocéntrico país.

Metidos en hoyos de roca caliza (túneles anti-bombardeos) y encaramados en los ramajes y raíces aéreas, estos homúnculos nuevos del proletariado se pasan las 24 horas pajeándose (sobando las páginas de sus genitales), silbando para ser vistos por la hembra fuera de la manada (y de la mamada), derramando su savia no vegetal sobre las aceras tatuadas de boliches caídos de los árboles (frutos podridos de nuestra patria priápica).

Ahora Upsalón (dirigida por Jamila Medina y Arlén Llanio), el órgano oficial cuasi-alternativo de esa facultad filológica (cuyo título es una pedrada leezamiana en los tiempos de la post-littleratura), dedica su más reciente número a la formidable etimología de lo fornicaticio y a la estética porno sin más ni más.

Upsalón, como toda revista invisible y menor, tiene el don dudoso de la libertad editorial y, en consecuencia, aunque ya el Instituto Cubano del Libro amenaza jacobinamente con supervisarla a cambio de tinta y papel, por el momento sigue siendo uno de los mejores mamotretos que se imprimen en la Cuba decúbito actual. Mejor incluso que La Gaceta de Cuba, que brilla por su puntualidad de impresión y su ecumenismo autorial. Y mucho mejor que Unión, por supuesto, que es pasto políticamente perfecto para las polillas de un mañana que nunca vendrá (en la unión está la fuerza, pero no el futuro).

No importa el índice de esta testicuterina Upsalón de más de un centenar de páginas. El documento ni siquiera está colgado en la web, así que para qué desgastarse ahora con una lista que pretende pasarse de lista ante la cantaleta de los centinelas de la censura. Basta mencionar que, entre los cubanos, Severo Sarduy, Calvert Casey y Guillermo Cabrera Infante (a pesar de los propios Severo Sarduy, Calvert Casey y Guillermo Cabrera Infante) están incluidos en este dossier del deseo, donde imagen y escritura logran un clímax de placer semiótico al borde de lo seminal, para orgullo de estudiantes y exhibicionistas de este recodo lúcido-lúdico-lúbrico de la universidad.

Hasta donde yo recuerdo Upsalón se reparte gratis. Ignoro si paga o no derecho de autor. Su distribución sí es un bluff. Pero igual ya existe como fenómeno efímero en la memoria amnésica de esta epoquita pacata de años ceros que nada añaden a la historiografía de nuestra noción de nación literárida.

Tampoco sé si Upsalón estará registrada (como el Estado manda) en todas las instancias parapoliciales que debe sortear un papelito cubano para no cometer el delito de “clandestinaje de impreso”. Lo cierto es que sus textos de élite circulan de mano en mano (¿en ano?) con avidez pornofílica, dinamizando o acaso dinamitando los barrotes más barruecos que barrocos de esa misma ciudad cínica que, justo hoy jueves 29 de octubre (a última hora, después de haberlas incluido en su programa mensual), vetó a dos revistas blogueras independientes de ser presentadas en público en La Casa de la Poesía (Muralla # 65) de La Habana Vieja (obsoleta): DesLiz y 33 y 1/3; ¡todo porque ninguna dispone de un mecanismo ciudadano para su registro legal!

(Muchos años atrás, frente al paredón de escarmiento, los editores de Diáspora(s) fueron hasta el Ministerio de Justicia y luego los acusaron de todo, pero nunca les acusaron recibo a su solicitud de inscripción).

No importa.

Diáspora(s) no se merecía menos que ese destino de diasporización.

No importa. Sin pataletas ni patetismos edípicos.

Un desatino que se merecen ahora DesLiz y 33 y 1/3, al tantear tantálicamente los límites de la expresión nacional (Upsalón más temprano que tarde también se lo merecerá).

No importa. Mejor así.

El respeto a la izquierda ajena es la paz póstuma. Y las instituciones culturales cubanas están en su sacrosantísimo derecho de suicidarse así.

Améen.