domingo, 25 de octubre de 2009

O LORD, BUY ME A MERCEDES SPAINZ


ESPAÑA, APURA EN MÍ ESTE CÁLIZ
Orlando Luis Pardo Lazo

Siempre simpaticé con el General Resoplez, o cualquiera fueran sus grados de militar mediocre y comediante carismático. Elpidio Valdés, sin embargo, era un bodrio de biografía, excepto por su sensual María Silvia, a quien durante años de infancia célibe en vano esperé ver desnuda en algún capítulo de este comics cubano.

En los mundiales de fútbol mi corazón queda enterrado en la cancha de los perdedores. Por eso soy un fans formidable de España.

Mis abuelos paternos eran de Andalucía. Mis eritrocitos habanémicos no me permitirían mentir en una cuestión tan seria. Estoy dispuesto a una prueba de ADN con observadores de rango internacional, e incluso a someterme a un interrogatorio del Doctor House.

Sólo le estoy exigiendo al Estado lo que es mío por carambola de la genética molecular.

Compañeros y compañeras, en el marco de esta columna pido un minuto de silencio para mi pasaporte ausente español.

A llegar a la Madrastra Patria, me declararía ipso facto en Paro y mi vida durante esos primeros meses de becario de la lejanía se reduciría sólo a leer. Fotosíntesis y celulosa. Tedio y tinta. Un poco de internet wireless en algún paseo, tal vez. No necesito ningún otro lujo para conquistar la Europa profunda de mis ancestros.

Ganaría varios concursos de novela y sería el columnista estelar del país (no de El País, por favor, que eso en Cuba es pecado criminal).

Toda una panacea que depende apenas de un turno y una cola en la embajada de España en La Habana. Todo un paraíso lectivo de vacaciones que pende ahora de mi propia imposibilidad inercial.

No me muevo. No saco ni sonsaco papeles. No me conecto con la catapulta ibérica para proyectarme fuera de la catacumba cubana. Al final, soy una especie de Maceo masoquista y manso.

También me daban lástima las felonías del “traidor” Mediacara, tan embrutecido por esta Isla, tal vez porque Juan Padrón no le diseñó un familiar radicado en la Península que lo reclamase al carajo de aquella guerrita de cartoon con octosílabos bobos y machetines mártires. Y de Palmiche lo más perturbante es el póster donde el caballo penetra pornopararicardiacamente a su jinete Elpidio Valdés.

Por otra parte, amé el boom local de Almodóvar avant Rufo Caballero: un Satán Pedro prístino que leí como una pedrada política de primera, aunque hoy ya esté un tanto envejecido porque, como generación, aprendimos a portarnos muchos más perversos que sus personajes (si bien no tan entrañables).

Para colmo, tarareo el himno de España de la Encarta, que ignoro si es una versión tecno o la inagotable partitura original. Y hasta podría leerme los Tomos Completos de Benito Pérez Galdós (“Marianela” fue el primer filme que vi a los 5 o 6 años), sin descartar que yo bien podría ser un pariente perdido de Doña Emilia Pardo Bazán (no aspiro a ningún share de la herencia de sus copyrights).

En fin, como pudiera haber rematado Miguel Bosé tras al aullido cándido del colombiano Juanes: “¡Una sola familia españocubana y olé...!

A ratos me animo a buscar el escudo genealógico de mis apellidos en mi internet paleolítica. A ratos toreo un poco con mi gato usando dos tenedores. A ratos le doy Play a un capítulo de “Aquí no hay quien viva” o rehojeo mis caricaturas de la revista Pionero para oponerme pacíficamente al coronel Elpidio Valdés, o cualquiera fueran sus grados de militar carismático y comediante mediocre.

Tanto va el cántaro hasta la Embajada, hasta que se le otorga la Schengen. Así que España, cáspitas y rediez, visa blanca de mi desesperanza de cara al sol solo poscolonial, por favor, tú no apartes de mí este cáliz en medio de nuestro escalofriante calor.

2 comentarios:

osloduele dijo...

Trágate tus palabrotas sucias d fango extrangero q tu lengua pendenciero lame a los pachos las botas. Jajajajajaja.Saludos d un adoctrinado infantil

RolandoPulido dijo...

Pues vale tio...si es que sos Español, pues levantate y anda.
RP