martes, 27 de octubre de 2009

S.O.S. 60´s


Imágen: Obra del artista cubano Rolando Pulido (NY)

MCMLXII, ODISEA DEL CARIBE
Orlando Luis Pardo Lazo

Jesús Díaz, en “Las iniciales de la tierra”, la narró como la imposibilidad de templar en paz durante una luna de miel en hotel, y después como un torpe accidente arriba de un jeep casi fatal.

Edmundo Desnoes se enfoca, entre otras reflexiones más o menos osadas para la época y el lugar, en una mano medio demoniaca que lo saluda desde las rastras encapuchadas que cruzan las avenidas de “Memorias del subdesarrollo” (¿cargan cohetes o combustible nuclear?).

Raúl Martínez en “Yo, Publio” fue más pragmático que apocalíptico, y salió a engatusar guajiritos con uniformes que lo apuntaban desde una anti-aérea tan fidelísima como fálica.

El Papa se arrodilló toda la noche a rezar (¡y funcionó!).

El Ché se fugó hacia nuestro futuro inmediato en Octubre de 1962, que eran las cuevas jurásicas de Pinar del Río: si se desataba una guerra atómica, desde allí él organizaría una post-guerrilla con los sobrevivientes (y mutantes) de la debacle.

Mis padres no se conocían.

Muchos poetas cubanos escribieron pésimos poemas pesimistas para la ocasión.

Más de un Kennedy firmó su sentencia de muerte.

Fidel aparece eufórico en las imágenes documentales de la época.

Cuba por fin llamaba en serio la atención del planeta (y en parte era ninguneada por sus dos súper-potencias en pugna): Habaniroshima, mon amour.
La Habana ya nunca luego fue igual. La advertencia de aquel War Games la traumatizó (la tanatizó). La ciudad descubrió el cielo cósmico de las noches del trópico, y en esa profundidad estelar descubrió de paso la eutanasia histórica de su hedonismo.

La Habana sería de ahora en adelante pasto exclusivo del heroísmo. Hacía rato que Cuba quería una revancha así contra su capital demasiado cosmopolita para ser además cubana.

La Habana se ruralizó, en campamentizó, se inurbanizó hasta expiar sus últimas consecuencias y culpas patrias. Se lo merecía. Por puta, por pendeja, por póstuma, y encima por creerse eterna en una postal Printed in Paramount.

Cárceles minadas, el parte de guerra como el único género periodístico de valor (todavía es preponderante), milicianos en lobbys, marines a la vista desde el malecón, materia prima para los fotógrafos épicos, discursos como despedidas de duelo y titulares del tamaño de la primera plana. Boom mediático antes del boom de la masa crítica nuclear. Misiles misioneros del diálogo entre las dos K (si Castro se deletreara con K, tal vez Cuba no hubiera sido trampeada en aquella lotería horrorgráfica).

Como habitante tonto de este insulso siglo XXI, no puedo negar que me quedé con ganas de hojear en fotos la resolución bélica de aquel tic-tac-toe. Mostrarle a mis hijos el dolor genético de una urbe arrasada por el viento atómico (ojalá que el patriotismo de mis padres no les impidiera protegerse a tiempo en un búnker). Y aún después decirle a mis nietos: “Mira lo que el mundo le hizo a la Cuba querida de tus bisabuelos. Nuestra nación cada medio siglo parece condenada a resucitar”.

Pero no.

Todo fue un poco menos dramático (Hollywood sin bomba de Hidrógeno), y las bravuconadas de cada parte en conflicto no suplen la verdad majestuosa y terrible de una sola acción terminal.

Desde entonces se suceden esos bostezos abominables de La Habana (están hasta en una película de Fernando Pérez) que los turistas confunden con aburrimiento. Desde entonces la ciudad se ha empeñado en maquillarse con un escenario de hecatombe radiactiva bajo el sol a plomo. Tal vez ésa sea su revancha de megápolis mutilada en Octubre de 1962 por el resto o los restos de nuestro país.

2 comentarios:

RP dijo...

Duro, real, triste.
"Nuestra nación cada medio siglo parece condenada a resucitar".
¡Cuba...levantate y anda!
Amen

RolandoPulido dijo...

Gracias OLPL, sois el Caballero sin H, de La Ciudad con H.
Hugs,
RP