lunes, 12 de octubre de 2009

¡VAYA, TU NÓBEL AQUÍ!


SAN OBAMA DE LA PAZ
Orlando Luis Pardo Lazo

Alguna vez todos hemos soñado con ganar el Premio Nóbel de Algo, aún sin conocer dónde y por qué se da y quiénes ya se nos han adelantado.

Muchos hombres de guerra se han ganado un Nóbel de La Paz a la hora de intentar terminar alguno de esos conflictos que diezman maltusanistamente a la humanidad.

Lo han ganado desde la Madre Teresa y el Dalai Lama, hasta Henry Kissinger y Yaser Arafat.

Ahora le tocó a la promesa pre-presidencial de Obama y, excepto los editorialistas norteamericanos (acaso cansados de capitalismo), nadie parece demasiado molesto por este lauro que de pronto no es sólo legitimación, sino también esperanza de otro legado.

En cualquier caso, a estas alturas el Nóbel no debería ser tanta novedad. Es un proceso humano, político y polisémico, sujeto a retrocesos y también a anticipación.

Recuerdo que a finales de los ochenta, a finales de nuestras guerras africanas (y a finales de tantas cosas que ni imaginábamos), un amigo del Preuniversitario, cuyo padre se suponía fuera un personaje dentro del MINREX, me sopló que Fidel Castro podía fácilmente obtener un Nóbel por evitar la conquista de Angola por los sudafricanos y, de paso, por poner en jaque al descubierto al Apartheid.

Debo confesar que, aún sin interesarme mucho en los detalles novelísticos de esta versión, la asumí no del todo descabellada. De hecho, fueron Mandela y De Klerk los afortunados en este affaire policromático de paz.

Si nos ponemos un poquitín cubacéntricos (¿será tan importante como dicen el resto del planeta allá afuera?), Obama ha movido sus piezas negras con energía y elegancia. La prensa oficial cubana ha hecho de tripas corazón para ningunearlo ante la, digamos, “ingobernable monstruosidad blanca del establisment norteamericano” (la comillas paródicas son mías).

Pero nuestro hombre en La Casa Mulata de Washington ya sabe que la prensa oficial da pena de oficio. Así que, a lo largo de su primer año como premier no para de emitir mensajes que llegan a la isla sobredimensionados por la ilusión popular y la desgana del funcionariado.

El eje político de influencias en Cuba diríase que oscila ahora entre Chávez y Obama. En mi opinión, no hay una tercera opción carismática cubana (un administrador sin discurso propio nunca será un líder). El híper-nacionalismo, como de costumbre, genera muchos patriotas pero muy poca patria.

Lo más cerca que estuvo Cuba de un Nóbel (dicen) fue a costa de Carpentier, que bastante alejado cultural e incluso lingüísticamente se hallaba de los cubanos. Pero nuestra Enciclopedia Francocriolla murió por desgracia poco antes de la esperada llamada telefónica internacional, y ese año se salvó literariamente un lituano de origen polaco con nacionalidad norteamericana.

Respeto a Rigorberta Menchú a pesar de Rigoberta Menchú. Respeto a la disidencia pacífica ex-socialista o post-birmana. Respeto a las mil y una organizaciones médicas o militares que se han ganado también su Nóbel de la Paz. Estadísticamente, no puedo menos que respetar a Barack Obama por esta sorpresa que él mismo se ha dado.

El mito del impacto de la noticia entre la población cubana, digan lo que digan los reporteros profesionales acreditados, es casi nulo (o, por lo menos, un túnel subterráneo). La moda Obama local se agota si no se agita.

Entre los debates y la debacle, entre la televisión y el transporte, entre misiones y mártires, entre procesiones y prisiones, entre un octubre con clima de agosto y un fin de año que se pinta no tan triste como intrascendente, no tenemos nada que añadir al respecto.

No habrá una Carta Abierta de Cuba para Obama.

En todo caso, alguna que otra carta bajo la manga.

4 comentarios:

Pepin 2000 dijo...

MUY BUEN POST MUY BUENO UN SALUDO LUIS

RolandoPulido dijo...

Interesante tu punto de vista.
RP

The Atomic Boy dijo...

A los que preguntan por que Obama les preguntaria yo, si no Obama, quien.

Anónimo dijo...

Ya habian sacado un post con este titulo mas o menos.