jueves, 22 de octubre de 2009

WIREFUL WIRELESS


TIRA TU CABLE A...
Orlando Luis Pardo Lazo

Michael Lane sería un bebé de teta en La Habana. Seattle puede ser un buen sitio para imaginar la empresa de un cable por donde circule un elevador hasta el cielo y más allá, pero La Habana hace mucho rato que ejecuta sin copyright ni guión un proyecto muy parecido.

Para esta boutade o bluff tecnológico no hemos necesitado, como de costumbre, ninguna inversión millonaria para Research & Development. Mucho menos para propaganda mercadotécnica, ese rezago retrógrado (y retórico) del capital.

Así, cuando Michael Lane y los profetas hi-tech de la Compañía Liftport hayan aceitado por fin su carril vertical, la novedad entre los cubanos resultará un poco insulsa (como el resto de nuestra rala irrealidad). Así, el futuro del 2018 en Seattle, en La Habana ya podría inventariarse o inventarse indolentemente hoy.

Porque el futuro del 2018 en La Habana es puro presente reconcentrado (como el resto de nuestra tediosa eternidad). Porque el futuro del 2018 en La Habana no existe (como tampoco nuestra inerte ilusión de ciudad).

Que nada nuevo acontece es un lugar común del canon cubensis. En la práctica, lo que hemos perdido es cualquier sensación de sensacionalismo. “Ninguna sorpresa es positiva”, podría ser el leit-no-motiv de esta cubanosofía acrítica como telón ya sin telos de una Revolución ácrata y acre.

De (mala) suerte que el maleable mañana será muy malo, pero el pesado pasado ha sido peor, pésimo. Todo tiempo presente por fuerza tiene que ser mejor: de un lado, los ayes del ayer aún repican en nuestra memoria mitad machacona y mitad mentirosa; del otro, al futuro fútil lo leemos como una fantasía funeraria sin siquiera una despedida decente de duelo.

Y no se trata en absoluto de bocetar un cuadro trágico aquí. Al contrario. Es un encuadre ligero, aseminal, sin la menor densidad. Una burbuja de baba sin forma definida que flota de maravillas en cualquier otro fluido. Un globo inflado incivilmente con H de Hidrógeno, con H del Helio estéril de una evaporada heroicidad.

Los hierros y chips y cables y contratos de la Michael Lane´s Liftport Hearts Club Band nos dan risa (tal como toda promesa solemne nos sabe a demagogia científica). Además, hace mucho rato que nos ejercitamos en la rutina a rajatabla de un proyecto muy parecido (parodia a priori): sobremurientes de todas las ideas e ideologías, incluidas las idioteces idiosincrásicas de ese idilio llamado identidad, los cubanos tiramos 24 hours-a-day un cable no a tierra (ni al cieno), sino al eco hueco del cielo. De ese mismo cielo en subjuntivo que se anuncia optimistamente para Seattle 2018.

En cierto sentido, nuestro revés convertido en venganza será justo esa década de adelanto que desde La Habana 2009 le hemos arrebatado al Estado de Washington.

En cierto sinsentido, nuestro escepticismo excepcional nos da un retoque de gloria prepóstuma al protagonizar este presente eterno sin copyright ni guión.

1 comentario:

RolandoPulido dijo...

Buenisimo Maestro...te escucho y te entiendo.
NO encuentro el salvavidas...no se que hacer...
Pero me tiro al mar para salvarte...no tengas la menor duda.
RP