domingo, 18 de octubre de 2009

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INVENTARSE UN INVIERNO
Orlando Luis Pardo Lazo

Eso. Inventarse un invierno. Una estación nueva y desconocida. Un prodigio climático. Un cambio de luz. Un filtro de temperatura. Una revolución glacial.

Con frío no hay patria despótica que sea efectiva. Los rostros cambian. La piel se tensa. Los sentidos se excitan. El ser humano recuerda ser justo eso: un ser humano y no una maquinaria social.

El frío es el fin de toda beligerancia. La negación de la invasión. Un estado antípoda de la revolución tropical.

Hoy, domingo 18 de octubre, La Habana vive dentro de esa burbuja de casco azul. Colchón libertario de nubes. Liberales ráfagas meteorológicas importadas del norte. Silencio y recogimiento de la propiedad colectiva. Introspección de las armas a la sombra del alma. Imposible concebir un discurso o un desfile bajo esta efímera ecología de algodón.

Durante algunos días podremos jugar al delirio democratizante del Primer Mundo desarrollado. Durante algunas noches podremos hacer el amor entre cubanos como si fuéramos gélidos extranjeros. Y esa extrañeza es también un alivio para nuestra idiosincrasia. Un aroma de irrealidad introvertida. Vértigo atávico de la primera criatura pensante que se paró sobre sus dos pies sobre este planeta o país.

Sueños líquidos. Respiración fumante. Córneas resecas. Cero cerilla ni sudor. Placer higiénico. Ganas de gritar. Hambre de gente en futuro. Deseos de toparse a un abrigo no identificable en la intemperie de la próxima esquina, e invitar a ese semejante a penetrar en el cálido interior de nuestro cuerpo u hogar. Humanidad a pulso. Latinoamericanidad hecha leña para alimentar la chimenea imaginaria del nórdico hall.

Eso. Inventarse un invierno. Inventariar los objetos invernales que cada año nos faltan para completar nuestra templada noción de nación.

Siempre me enamoro en invierno. Siempre escribo. Siempre me sobrecubro de ropas elegantes que potencian el secreto súbito de mi persona. Siempre renazco en la Cuba iconoclasta de invierno. Podría estar horas de bus en bus. Robando miradas, reptando entre los alientos y la radiación que emite la sangre y que, en el resto del año, se capta sólo como agresión. La belleza siempre me sublima en invierno. Soy bueno, soy mejor. Ahora ningún cubano podría herirme ni hacerme daño con su cubaneo residual.

Además, en invierno recuerdo cosas que no viví. Me voy de cabeza a ese siglo XIX utópico que nunca existió. Veo fachadas con moho. Grises telas. Ríos y rocas. Muchachas tosiendo. Candor de candiles. Puentes y adoquines mojados. Un mar neurasténico y sin embargo noble. Risas de hombres tozudos en una taberna (ninguno es más fuerte ni lúcido que yo). Trenes que se hunden en la noche nívea de nuestra historia. Libros libérrimos que compiten codo a codo con la prosa de dios. Realismo pulcro de una Habana habitable por fin.

Y otra vez veo a esa mujer tan joven que se parece a mi madre (que era mi madre hace cincuenta años, que será mañana la mentira mimosa de mi madre), regañándome sin voz por mi obsoleto nombre de niño: “Landy, todavía tú no te gobiernas...”

Y otra vez oír al milagro de mi padre leer, protegiéndome las pestañas del resplandor literario de aquellos bombillos incandescentes, hoy prohibidos tras la debacle económica de este planeta o país. Mi padre en invierno era una visión única. Fumaba y olía a néctar de picadura, miel amable de los que van a morir en casa. Era obeso y felpudo y por eso apenas se forraba de abrigos, como yo. Leía hasta un punto y luego comenzaba a inventar. Inventarios inverosímiles de un mismo libro que muta bajo la almohada.

Con cinco años yo sabía que semejante maravilla no podía durar demasiado. Lo sabía, pero era tan grande la pena póstuma de esa pérdida por adelantado, que decidí nunca decírselo por si acaso él no lo sabía. Así, desde los cinco años, invierno tras invierno protegí a mi padre del veneno de la verdad.

Hoy, domingo 18 de octubre, La Habana revive en medio de su barbarie de rabia rubicunda. Hay una paz paradisíaca que podría contagiar por igual a presidentes y presidiarios, y hasta conminar a los policías para que se entreguen a esta orgía de paz. Hielo entre hermanos. Fraternidad frapé. La guerra se acaba, Cuba, sólo si tú y yo lo queremos (nosotros, los sobremurientes, que nos queremos tanto).

Dentro de mi cabeza y bajo mi esternón se incuban once millones de cubanos que aún desconocen esta terapia invernal. Son los personajes de una novela imposible que cada invierno yo atizo a teclazos hasta que cambia el año y, entonces, enero es definitivamente una decepción.

Hormonas que no hibernan, sino implosionan. Ingravidez. Alucinación. Libertad.

Cuba septentrional. Chubasco y neblina donde cristalice una vida privada de puertas adentro: la alcoba como altar. Habanaurora boreal donde se congele cualquier aburrido atisbo de totalitarismo. Individualismo inocuo post-constitucional. Icebergs titánicos contra los que ninguna empresa endémica naufrague. Círculo de Cáncer Polar. Pluripartidismo de boletas en blanco como copos de escarcha. La política no cabe en nuestra repentina nevera.

Inventarse un invierno infinito, incorruptible por más que a la postre se nos comporte infinitesimal. Eso.

9 comentarios:

Fernando dijo...

Antes de leer tu artículo he visitado "Octavo Cerco" y he escuchado a Paneque desde la prisión.
Luego, al pasar la mirada por tu escrito las palabras se iban transformando en sensaciones, me ha recorrido un escalofrío y se han querido asomar lágrimas a mis ojos.

El Niño Atómico dijo...

Toda mi vida he asociade el frío con las navidades, y las navidades con felicidad. Tal vez sea un gene cubano, o tropical, en Miami parecemos sentirlo todavía y se ve en las vidrieras y ventanas adornadas con falsa nieve y vegetación norteña. Una fantasía muy bonita que nunca abandonaré. Sabías que en las navidades de 1959 sacaron un villancico revolucionario? Aunque yo solamente tenía 2 años de edad, nunca lo he olvidado. Lo cantaba Ramón Veloz:

"Alza cubano la frente y grita ¡felicidades!,
celebra tus navidades revolucionariamente.
Ten lo cubano presente, haz que lo cunao vibre,
que por el alto calibre de las obras verdaderas,
serán las pascuas primeras, las pascuas de Cuba libre.

Muy bienvenido Cristo bendito,
ahora verás todo alegre, más repartido y bonito"

Nunca más volví a oir eso en los once años que viví allá después de eso. ¿Qué pasó?

El eslabon perdido dijo...

Seres Humanos, todos ansiamos lo que no tenemos. Que bien estarias en England, con este frio de tres pares de patas. Aliviado con un tecito caliente mientras escribes, frente al fuego. Debo decir que me quedo con el calor de Cuba, aunque a veces no hay como aliviarse y se sufre mucho en un lugar como Cuba, pero de este lado del planeta se siente el frio en cuerpo y alma. Nunca he sentido el calor asi.

Armienne dijo...

A mi no me den frío. Que va. Playa y sol.

Alina. dijo...

Que bellisimo!!!. Me siento explicada. Ayer caminé durante toda la mañana por el vedado y sentí que me curaba, que me reponía de todos los dias, semanas, meses, años anteriores.

RolandoPulido dijo...

Si... recuerdo los dias de Invierno en Cuba, eran como un cambio de piel. Se sentia uno mas calmado y contento. Donde vivo el Invierno es muy largo...bueno le llamo Invierno a la temporada de frio, pues oficialmente va de Dec. 21 a Marzo 21 aprox., pero en realidad el frio comienza desde Oct. hasta principios de Junio, ES demasiado largo, oscuro y triste.
Pero menos soporto el Verano, para mi la estacion ideal es el Otoño y la Primavera...al menos en el Noreste de USA,es como un cuento de adas.
Buen articulo OLPL,
RP

RolandoPulido dijo...

BLOGACCIÓN ¡Mañana!
http://desarraigos.blogspot.com/

Vale que todos participemos en este importantisimo ciber-evento de mañana.
RP

Anónimo dijo...

Un invierno que dolía el frío
mi cuerpo ya no era el mío
iba en el ómnibus resfríado
mirando por el vidrio empañado

era linda aunque con mal aliento
pero le cedí la mitad de mi asiento
lo lamento, me dijo con acento
al lado de un degenerado no me siento
ah, rubia te hizo mal la lluvia
o tenés la mente turbia
soñás que te sigue un papparazi
con lentes negros de noche pareces un nazi
no te acompaño en sentimiento
vas a morir en un ataque de pensamiento
y le grité en la cara congelada
otra rubia tarada

wooo woooo
alguien que de calor
wooo woooo
le pido por favor
wooo woooo
maldito invierno del 92

me noté un ganglio inflamado
y un auto no frenó porque estaba mojado
atropelló a un niño sin piedad
lo que mata es la humedad

como hermano menor había heredado
sólo este buzo agujereado
y sabía que al tipo de al lado
le sobraba un acolchado

cuando lo vi caminando
por la acera de enfrente lo fui llamando
primero hizo como pilar miró
después como robinson crusoe

pero me dijo el señorito
que en el acolchado dormía su conejito
qué sabrás lo que es un ghetto
otro ecologista cheto

wooo woooo
alguien que de calor
wooo woooo
le pido por favor
wooo woooo
maldito invierno del 92

iba en la niebla con mi dilema
en el pulmón me salió un edema
y con mi aspecto de calavera
fui a que me viera una enfermera

parecía que yo deliraba
decía que era porque de fiebre volaba
volar, dije mirando un termo
el sueño de los hombres y los pájaros enfermos
esa curandera rea
que en una asamblea de la oea
el hígado me dejó como paté
porque me contagió con hepatitis b
le descubrí a esa rastrera
un muñeco vudú mío en la heladera
le llene de flema la caldera
otra perra traicionera

wooo woooo
alguien que de calor
wooo woooo
le pido por favor
wooo woooo
maldito invierno del 92

va a ser una larga espera
hasta que llegue la primavera
aunque de frío voy tiritando
yo me sigo calentando

wooo woooo
alguien que de calor
wooo woooo
le pido por favor
wooo woooo
maldito invierno del 92

Cuarteto de Nos - Raro (2006)

Evidencias dijo...

A mi también se me salieron dos lagrimones.