sábado, 5 de diciembre de 2009

LATINOMATUM


EL NO SÉ CUÁNTO FESTIVAL DE CINE
Orlando Luis Pardo Lazo

A la calle. A buscar líos. A leer subtítulos mal deletreados. A hacer colas ya no tan largas de tanda en tanda (Cuba se deforesta). A madrugar desde las 10 AM hasta las 11 PM (Cuba como estado de vacaciones involuntarias). A ver películas. Ave, películas. Llegó por no sé cuantísima vez el Festival de Cine de La Habana (ciudad cinéfila de cancaneante cinética civil).

Como lector perverso, casi nunca veo películas latinoamericanas. Me voy a los márgenes bizarros. Al cine de pronunciación nunca oída. Finlandés. Noruego. Iraní. Sudcoreano. Por ahí va la cosa. No importa la calidad. Importa el desmarque. El borrón de nuestro cansado lenguaje cubano. La fotografía foránea bajo otro sol de atrezo. La edición imprevisible al punto de lo inverosímil. Los rostros nuevos. Las actuaciones frías. Los argumentos sin pacatería subnacional. En definitiva, todo un refrescamiento político en plena pantalla pública.

Debo estar muy mal (por eso estoy súper-bien). Entro en el Acapulco y salgo sniffeando drogas duras con un brillo en la mirada de filosofía zen. Me muevo por las calles invernales de La Habana con un tumbao de cámara en mano. Y la bulla de Cuba me suena a banda sonora naturalista.

Durante el Festival, vivo el cine mundial como un descubrimiento de esta misma mañana (excepto por las paleo-palabras con que Alfredo Guevara los re-inaugura una y otra vez). Durante el Festival soy un mesías iluminado en 35 milímetros (el resto del año casi todo se proyecta desde los píxeles de un video-beam). Durante el Festival el futuro es hoy. Cuba se me acomoda entre las lunetas y el celuloide, y entonces me siento un ciudadano con pasaporte planetario (incluso me siento como tal, entre la flora efímera que fluctúa desde los adolescentes impúberes hasta los exhibicionistas impúdicos).

A la calle. A buscar el tema de cualquier columna comemierdamente contestataria. A escribir sandeces bien deletreadas. A comer pizzas pésimas y perros fríos post-proletarios (Cuba se desgastronomiza). A roncar en medio de la mejor película de culto (Cuba como estado de vigilia vencida por el ajetreo). A ver películas partidas por la mitad. A olvidar enseguida nombres y título. A trocar nacionalidades y fechas (Cuba como caos cómico más que cósmico). Y, sobre todo, a votar. A votar aunque sea en ese plebiscito de utilería que se llama Premio de la Popularidad.

A ver este collage macarrónico del séptimo o septuagésimo arte. Ave, pastiche. Llegó, como si fuera por primera vez, el Festival de Cine de La Habanada: coliseo cinestésico del subdesarrollo socialista del siglo XXI (¡todos somos Sergio!).

P.D.: Por cierto, más de una vez tuve credenciales para colarme. Casi siempre fueron falsas. Fotocopias hi-tech. Y casi siempre me las quitaron por mi cara de peligrosidad pre-delincuencial.

2 comentarios:

polar-gen dijo...

Hola Orlando,

Soy mai, ya te escribo desde España, quiero decirte que tengo el trabajo, por fin a salvo. Mañana empiezo a trabajar y espero tener el proyecto terminado en breve, a ver si con suerte lo puedo ver pronto expuesto en alguna pared.

Un beso muy fuerte y gracias por todo, ha sido un placer conoceros a todos.
mai y margot

estefan dijo...

est-ce qu'il y a quelque chose que t'a interdit voir des films ce matin?