martes, 15 de diciembre de 2009

¡Y SE HIZO EL FESTIVAL...!









DÍA UNO: INAUGURACIÓN
Orlando Luis Pardo Lazo

Con el “AOM...” místico-materialista de Amaury Pacheco y el tintineo de sus campanillas zen-lezamianas, rompió, por encima de la necia nuca del funcionariado cultural cubano, el 11no Festival Poesía Sin Fin de Alamar, Cuba y América.

“¡Oye, sí, que ya estamos conectaos...!”, un grito único y un aplauso que frisó con las lágrimas después de tantas advertencias violentas Made In MININT-MINCULT.

Bah, ¡no coman tanto pan con presiones, comediantes, que eso les empina la panza! Primero, un jaque al descubierto en los parques pacifistas de El Vedado, del Día de los Derechos Inhumados (10 de diciembre). Después, un jaque a lo descarado en la Casa de Cultura de la Habana del Este (donde Fernando Rojas dijo “para el enemigo no puede existir amor”). Y, este mismo lunes 14, un jaque doble en el vecindario del edificio de David: en un claro cársico de La Siberia (Micro 10), allí donde el diablo no dio ni siquiera un tercio de voz.

Entre ignorar o insultarse, uno no puede menos que intuir la pobreza persistente en que patalea dentro de este país: una cuba cochambre. Así y todo, hay esperanza en el fondo de tanta enfermedad infantil. Y, a la hora de la insegura inauguración, cuando parecía que la mala leche de repudio envenenaba el Festival Poesía Sin Fin de OMNI-Zona Franca, estos monstruos de la buena vibra han dado una lección de madurez al resto de nuestra zoociedad: la pelea está ganada, porque no hay pelea sino belleza; los ministros pasan, la cultura queda; cuando hay muchos hombres empobrecidos o embrutecidos o emputecidos, basta un destello de luz pura para iluminarles el camino secuestrado (una cuba crisálida donde incubar un futuro no fósil).

OMNI-Zona Franca no para: sigue, sigue...

Fue la locura. 3 horas que se fueron en 3 minutos. Un segundo piso que parecía un mirador planetario. Gente linda hasta en las escaleras. Extraños lúcidos y juguetones, extranjeros que conocen mejor el alma humana que el represor de la acera de enfrente (qué afronta). Ganas y goces en las miradas. Abrazos y besos después de un año o un minuto sin verse. Colores y colgalejos. Tatuajes y té. Coqueteos y toqueteos. Es el reino del cuerpo y de la verdad: nadie miente, tampoco nadie habla de más. No hay promesas perdidas. Prima el silencio o el grito de alegría salvaje. Retumba el verso, el acorde, la puesta en movimiento de un lenguaje que fuera de allí luce anquilosado y estático y se llama “habla popular” o “discurso oficial”.

Cerca de las 5 PM aquello explotó. Una caldera de vapor performático. Llegué con cierta paranoia patria, por los comentarios de los vecinos. Sobreoí frases fúnebres al estilo de “no paso pallá pa´ no coger yo una lluvia´e piedra”. No sé de qué hablaban. Seguí de largo. Antes, ya había visto el típico tríptico de guardias de verdes convoyados con varios policías a la salida del reparto, casi en la Vía Blanca. A lo mejor fue una cómica coincidencia (reincidencia). Pero a la familia de David los dirigentes del CDR le estuvieron maleando la atmósfera todos estos días.
Waldemar Guerra rasgó su guitarra. Cantó. Cantamos todos, sin saber la letra en absoluto. Cada palabra era un aleluya guerrero de paz. Todos devinimos poetas por contaminación o acaso combustión espontánea. Yanier Hechavarría (28 años, Holguín) se bajó con unos poemas selectos de su libro “Peces en bolsas de nylon” (Ediciones Ávila 2009), leídos con un talante sobrecogedor y encima con sus facciones cautivadoras:

Hay olor a cadáveres.
En las calles hay olor a carne que se pudre.
Tengo hambre.
Hay basura en las calles,
basura de productos importados:
cajas de cigarros,
botellas plásticas,
vasos desechables,
una postal con la imagen de la rosa búlgara;
la dedicatoria “A Mamá”,
la misma,
la de casi todos.

Y también:

No puedo creer en las fotos de las postales, el diagnóstico, las conversaciones, la gente a pie tratando de llegar, la violencia en los rostros, los graffiti de noche, el escape hacia la luz del horror, la demanda de los restaurantes, las tiendas, los suicidas, las risas en las escasas bocas, las sábanas de los hospitales, el peso de los cuerpos que hoy son cadáveres.

Y cosas así. Ni buenas ni malas, pero pronunciadas con una vehemencia digna muy poco cubana, acaso ya post-cubana.

En ninguna lectura pública he visto a la audiencia atender al poeta. Normalmente son espacios para socializar y beber de gratis. En la sala de David, sin embargo, hasta la garganta de quien leía se escuchaba tragar, traquear, trepidar.

Leyó entonces Francis Sánchez, de Ciego de Ávila, que es hermano del Félix Sánchez que polemizó con Julia Osendi (contra el borrado de la historia beisbolística nacional) y con Eduardo Torres Cuevas (por su política depauperadora de fondos bibliotecarios) —el mismo Félix Sánchez a quien le están escamoteando por clandestinaje su Premio Guillermo Vidal 2009—, y soltó unos textos de raras rimas en esta epoquita tan prosaica. En su poemario “Epitafios de nadie” (Editorial Oriente 2008), Francis perdió un par de poemas por la censura y el volumen casi no se promocionó, pero allí estaba orgulloso su autor, recapitulando, por ejemplo, la muerte manipulada de un ícaro cubano que, una década atrás, quiso escapar del laberinto insular en un tren de aterrizaje de la British Airlines.

También estuvo el espirituano Manuel González Busto, y un joven que al final se me esfumó entre las manos sin dejarme saber su nombre, que creo asociar ahora con Heriberto (acaso un anagrama de Heberto de poética parecida a la de Padilla): “un país que perdió las fronteras con el dolor y huye como un tigre moribundo”, “el pretexto de estas horas sucias y suicidas”, “en este minúsculo cuarto respiramos, aquí se acuchillan nuestro sueños de vivir en el país que nos hiere”, “a pesar de todo el día vuelve a empezar y la excusa de ayer sirve para hoy”, “vengan a mí las ilusiones que escaparon por el lavabo junto a partículas de jabón y el semen incontenible”.

Maikel Iglesias, miembro del consejo redactor de la revista digital Convivencia que dirige desde Pinar del Río Dagoberto Valdés (“Vade Reto, vicioso”, subrayaría aquí un viceministro), leyó un poema tan extenso como intenso de “El libro de Griet”:

Pego mocos contra el muro de lamentaciones que hoy rodea mi país para bloquearme el tuyo. / No creo que sean los buitres del Estado en esta madrugada, / ni palomas mensajeras del Sistema, / ni tiñosas blancas. / O tal vez sí. / Es de otro asunto mi onanismo cósmico. / Otra estirpe mi vejada hombría. / Por eso me rebelo ante el color de las tiñosas como un yonqui. / Son tan blancas que nos pintan raras. / Y le ensucian el rostro a mi bandera.

Llegó el tam-tam de la música y todo el mundo saltó del piso y caímos felinamente sobre nuestros pies. Una rapera conductora de TV en Venezuela la puso caliente o cool a favor de un diálogo que se escuchara a todo nivel. En este punto David adelantó dos temas de su disco, donde la intolerancia aún no parece ser un ángel olvidado, sino un demonio por olvidar. Nuevamente contorsiones y gritos, cruzados por momentos de reflexión a capella o de un casi rezo a cargo de Waldemar Guerra sin guitarra. Y entonces llegó la noticia de que había “algo fula armándose allá abajo”.

Igual ya había terminado triunfalmente el programa de inauguración. Cesó la música. Cruzó un flashazo de ira y lo excomulgaron del apartamento. Se habló de paz, de armonía, de respiración, del camino recto y transparente, de que este Onceno Festival sin paternalismos tendría que ser, sin proponérselos, el mejor.

Muchos bajaron y fueron hasta la plazoleta de la intriga inquisitorial, donde una lastimosa presidenta o delegada intentaba, desde la disciplina de su analfabeticidad, arengar a los becarios de una facultad cercana para ir a molestar a los invitados de David: escándalo público, sería el cargo común esta vez.

Sólo que los muchachos en este caso sí eran muchachos. Oyeron a la mayorala mala con respeto e incredulidad, pero nadie le hizo mayor caso. No se movieron. Hasta David mismo tomó la palabra, en una suerte de democracia directa con la que quizá no contaban los agentes que planearon semejante intervención (léase, invención). El pueblo cubano real no está para esa “trova bizca”: si quieren acto de repudio espontáneo, lo tienen que traer rápido en brigaditas pret-a-porter desde alguna cárcel o cuartel.

Nos fuimos en masa. Tras otro tsunami de abrazos y besos y teléfonos intercambiados que muy pocos discaremos hasta el próximo Festival. Es decir, hasta mañana, cuando en un lugar de Alamar de cuyo nombre aún no quiero acordarme, resuene el micro-conciertazo Elektrospeaking en la cuerda del hip-hop.

Deséenles suerte y amor a este piquete de cubanos y cubanas, por favor, que están caminando por el pétalo histórico de una navaja.

4 comentarios:

María Villares dijo...

Maravilla de las maravillas! Porque el amor omnipotente es capaz de atravesar cualquier muro!
Porque la Poesía es puro espíritu y pura libertad!

He puesto el enlace a este artículo en EL VIGÍA DE CUBA
http://www.elvigiadecuba.blogspot.com
Gracias, Orlando!

Anónimo dijo...

Pues sí, muchísima suerte. También para ti. Gracias por la crónica.

Rolando Pulido dijo...

Claro que les deseamos suerte a esos maravillosos y valientes hermanos.
Cuanto me alegro que hayas estado alli con ellos para el festival...ahhh, lo que daria por estar ahi con todos.
Y que siga el festival...bueno...es sin fin ¿correcto?
Suerte hermano OLPL

Anónimo dijo...

se te esta afilando la prosa compadre, me ha gustado cantidad tu reportaje, bueno todos los que has escrito sobre este festival. les deseo mucha suerte en todos sus proyectos.... el hacha.