jueves, 22 de enero de 2009

Borin´ G


APUNTES EN EL PUNTO G

Orlando Luis Pardo Lazo


Mal tipo que soy, leo con fruición la andanada de carticas abiertas que rebotan de la blogosfera cubana a mi orlandoluispardolazo@gmail.com.


Ya no se trata de anónimos, como en las películas de nuestro siglo XX Made In ICAIC. Los autores ahora son vecinos que recogen públicamente sus firmas, una práctica bastante peligrosa dentro de los límites geopolíticos de nuestra Constitución. Al parecer, son habaneros hastiados de habitar en la Calle G del Vedado, aquella fastuosa Avenida de los Presidentes devenida a la postre Avenida de los Ex Presidentes (casi ninguna estatua es de un nacional, porque desde José Martí aquí se asume que Patria es Humanidad).


La sección CARTAS A LA DIRECCIÓN del periódico Granma del viernes pasado (18 de enero) se hace eco de este clamor popular y publica la protesta de un(a) tal J de Diego contra estos "grupos de muchachos, vestidos la mayoría de negro", que orinan o algo más sobre la hierba, tocan tambores y redoblantes (el rumor es que también guitarras y ¡gaitas!), consumen alcohol y otras exquisiteces ("jeringuillas desechables, tiritas de pastillas como el Parkisonil, etc."), nada menos que en una avenida que "rinde homenaje a luchadores y presidentes latinoamericanos" (incluida la cita arquetípica del bendito Benito Juárez).


Mal tipo que soy, como si la zona no estuviera ya sobrepoblada, me fui para G este sábado 19 (después de una chubascada de invierno que me gustaría adjetivar de escocés), con cámaras y micrófonos de baja resolución, y dispuesto a robarme una señal wireless de algún hotel para postear enseguida todo aquel guirigay noctífugo (por momentos, mejor decir Weirdy Gay).


Debería dejar este reporte aquí. Aprovechar el efecto de suspense en el punto que más promete (precisamente en el Punto G). Porque lo cierto es que cada vez Cuba me desconcierta más.

Nada, que me aburrí (nos aburrimos, nuestro pequeño team amateur de mi novia y yo). Y eso que hablé con varios tipos de looks y hasta grabé a algunos en mp3, supongo que como souvenir. Y eso que vi rostros sensacionales de adolescentes que harían carátula en cualquier revista glam europea, maquillados y hasta tiznados de brillo, con maguas o calvos o con el pelo planchado a lo lengua de vaca sobre los ojos ("el bistec", le dicen ellos), con hebillitas rosadas y biberones fosforescentes de bebé, lo que me pareció un teatro espontáneo espectacular (casi mejor escenografía que la del grupo El Público del teatro Trianón).


Pero nada. Saqué muy poco en limpio para pasar por escrito (yo tampoco quería manipularlos con pregunticas insidiosas de periodista in-the-pendiente). Salvo los de aspecto guaposo, el resto parece de acuerdo en estudiar en una Escuela de Arte de nivel medio, o en un Tecnológico desmotivado, o en aprender algún instrumento de música pagándole a un profesor particular. Por supuesto, escriben diarios con sus poesías y con suerte hasta una novela en preparación. Caminan arrastrando los pies o dando saltos como conejitos: los varones en especial, ellas más bien sentadas sobre el concreto (les ponen multas nocturnas por acariciar el césped con sus underwears siempre visibles, o por pisarlo con sus botas fashion o sus tenis de 100 CUC). Hay miquis y repas y frikis y emos y, muchos tipos silentes uniformados de civil (con bigotones copiosos y pinta de masturbadores). En G se bebe a pico de botella o en latas reciclables o en canequitas cool (según cuál sea tu clan). En G se besan endiablada y envidiablemente en la boca, sin que por suerte sea posible distinguir entre cuáles sexos se besan: en ningún caso habrá sólo dos opciones, más bien cada individuo parece inventarse su propio menú.


En resumen, gente linda y solitaria: náufragos en masa a lo largo y estrecho de la madrugada cubana. Tonteando. Enajenándose (tienen razón sus críticos) de cualquier noción de nación.


Así mismo se hacen fotos con flash todo el tiempo (yo no les hice ninguna, busquen ustedes en la intranet oficial). Cuando no susurran, chillan para llamarse y luego se dan sonoras palmadas de Hi, man, pero la sensación no es de escándalo sino de un contenido carnaval (un poquito de vida impúdica en el sementerio zoocial). En efecto, el parque G luce deplorable de medianoche, pero igual de día las estatuas patrias lo maquillan mucho peor. No vi gaitas, desafortunadamente, pero sí una pandereta que la policía inmediatamente insonorizó (la advertencia por primera vez fue, para deleite de los vecinos cenicientos: cero música después de las doce o de cabeza para el camión). De hecho, además de las patrullas (tres o cuatro, para satisfacer el pedido de Ricardo Espinoza [sic], otro de esos "ojerosos y nerviosos" ciudadanos del vecindario), había un par de camiones de recogida, uno parqueado a la sombra de Calle 15 o 17, y el otro altaneramente a plena luz del semáforo de 23. Una redada virtual, con walkie-talkies y men in black pero sin perros: una recogida que revisó incontables carnés de identidad y cacheó hasta los zapatos, si bien a casi todos se les permitía seguir perdiendo el tiempo en su spot original. A propósito, sobreoí extraños diálogos confianzudos entre emos y policías, amaneradas súplicas de porfavor-porfavor en las que capté cierto matiz erótico (¿ser poseídos por el poder como leitmotiv deprexistencial?).


"Es triste pensar esto, pero si en vez de jóvenes alborotadores se reuniera un grupo de contrarrevolucionarios, el problema se solucionaría en menos de 24 horas", alega el tal Ricardo Espinoza [sic], ya al borde de un ataque de nervios o tal vez de emos. Su solución digital para salvar a nuestros jóvenes emoticonos es bien sencilla: "brindarles zonas de tolerancia" a la europea, sea a ras de los arrecifes o en el corazón infartado del Bosque de La Habana :-(. Por lo demás, es justo reconocer que su texto no hace referencia a implementar en Cuba nuevos campos de rockoncentración.

Nada, que a las dos y tanto de la madrugada me fui (nos fuimos). Simpatizo, pero me cansa muy rápido la gente que desaprovecha sus oportunidades para narrar, incluso narrar en el mar. En G, a muy pocos les decía algo la colaboración de J de Diego en el periódico Granma. Ricardo Espinoza [sick] allí era un fantasma ignorado, por más que seguramente nos estuviera vigilando con sus prismáticos (no como el Sergio de Memorias del Subdesarrollo, sino como la Jefa de Correos del filme Nada). Nadie en G se inmutaba demasiado por el pasa-pasa de patrullas y policías. Unos pocos me tomaron por extranjero y me llamaron energúmenamente amici. Sin embargo, la mayoría, que vestía de todos los colores del arco iris (los militares con tonfas y boinas sí iban exclusivamente de negro), me pareció lúcida y vacía, capaz de dejar para mañana (y mejor aún para pasado mañana) cualquier tarea de choque que el país necesitase con carácter urgente. Resistencia no tanto pasiva como lasciva. Apolínea antes que apolítica. Tampoco está mal para comenzar.

Para terminar, me apuesto lo que ustedes quieran que ellos nunca nunca nunca recogerán firmas para un presunto plebiscito en contra de la vecindad. Son ingobernables, pero inorganizables. Un aire freesco y efímero posnacional. Más temprano que tarde los cogerá la tara del Servicio Militar o tendrán abortos múltiples antes de salir sigilosamente del país. Igual yo quería retirarme a mi casa sin presenciar el final del acting. De manera que, si a las tres y tanto de la madrugada, hubo "violación de los derechos humanos" por parte de la "policía castrista" (permítanme este mínimo gag plagiado acaso de Cubanet), a esa hora ya cabeceábamos de sueño en una ruta P-9 que regresa a Lawton por la vía más larga.


…And that´s all fucks!