jueves, 19 de febrero de 2009

EUCARISTIA DE EDUARDO






EUCARISTÍA DE EDUARDO
Orlando Luis Pardo Lazo

Un oficial del DTI se apareció este sábado casi dentro de nuestra sala.
Venía en moto, casco de tráfico bajo el brazo.
Jovial, pelado bajito, formal pero nada elocuente con su camisita a cuadros.
No venía por mí sino por mi madre, ese fin de semana hecha un ovillo de pastillas y padrenuestros.
De (mala) suerte que la noticia que trajo aquel "uniformado de civil" fue la pedrada que hizo añicos la pecera de sus lágrimas: mi madre debía presentarse en la parroquia Santa Clara de Asís a la mayor brevedad.
Esa madrugada había muerto el sacerdote español que tantos cafés y pudines le agradecía a ella con un abrazo de gourmet.
El lenguaje del perito no permitía ni pizca de piedad.
Habían apuñalado al Padre Eduardo, un hombre aún joven a sus sesenta.
El cadáver apareció tirado. No averigüé los detalles geográficos porque tampoco quiero que La Habana me estreche el nudo corredizo aún más.
Tirado como una cosa. Peor que como se sacrifica a una bestia en cualquier Plaza de España. Con una violencia que gramaticalmente se me escapa en cubano.
A su automóvil le dieron candela muy lejos del cuerpo. Tal vez para borrar evidencias, tal vez por burda venganza contra quién podría imaginar qué.
La entrevista de mi madre con el DTI fue breve y amable (no me dejaron asistirla en el trance).
De vuelta a casa, bajando las escalinatas de Lawton, entre su asma y mi angustia (teníamos otros horrores en la cabeza), la interrogué sutilmente yo.
Los rumores eran santos. Dios siempre consuela contra el infierno azaroso de lo terrenal. El Padre pudo haberle dado "botella" a alguien que lo confundiría con un extranjero podrido en euros, por ejemplo. Ni una sospecha más.
Yo lo conocí una medianoche del verano bizarro de 2007.
Mi novia y yo huíamos de Cuba y nos dio por saltar la reja de la parroquia (la "Iglesia de la Camilo", la llamábamos de niños, pues el convento aledaño terminó siendo una escuela con ese nombre: Camilo Cienfuegos, icono natal de Lawton).
El lugar estaba vacío y húmedo y hacía una luna orate que invitaba a desnudarse y aullar.
No nos desnudamos ni aullamos, por supuesto (la realidad es muy pobre respecto al discurso), pero el brillo de nuestros ojos era la locura futurista de dos desconocidos al borde de un planeta sin pasado.
La escalinata de la Calle 10 nos dejaba ver grúas y chimeneas hasta la Bahía.
También lechuzas.
Cuba se pone habitable en sus noches más muertas.
El amor pudo dejar de ser una consigna colectiva si no hubiera existido entonces el Padre Eduardo, que se apareció de la nada en su vehículo y enseguida nos vio.
El señor se acercó osado, con autoridad y un retintín de ira. No preguntó nada. Asumió que estábamos apretando, supongo, porque nos ordenó que "para eso" mejor buscáramos un parque.
Mi novia y yo estábamos muy tristes ese verano.
Con gusto se lo hubiéramos contado todo al sacerdote español.
Le hubiéramos hablado de las frustraciones de una familia despótica y del tedio de un país ortopédico. O al revés.
Le hubiéramos dicho que la reja de su Iglesia nos protegía de Cuba incluso en la ausencia de Dios.
Lo hubiéramos invitado a sentarse con nosotros a dejar correr sus zetas y nuestra mudez de patria.
Pero nos venció la disciplina institucional y no hubo ni una chispa de diálogo.
Éramos culpables de un prohibido paraíso de "para eso".
Y ya.
Fuera.
De hecho, entonces sí nos fuimos al Parque B a apretar (aunque sin lograrlo, pues la luz era mortecina y saltaban sombras sospechosas entre los bancos).
Nunca más estuve cerca del pobre Eduardo de la Fuente Serrano, aunque varias veces volví con mi madre a misa.
Acaso una de esas sombras sospechosas lo degolló.
Hoy casi me doblo sobre su cadáver.
Un ataúd de lujo, a punto de volar por última vez a España.
Preferí no retratarlo cara a cara en su muerte bárbara, medieval.
La multitud de fieles se me hacía asfixiante, el incienso casi me desmaya.
Pero resistí: sobrevivir es un don que se atrofia de no practicarlo.
Y le hice una foto a mi madre llorando.
Y pensé en mi novia cuando alguien tropezó ante mí y se golpeó
durísimo contra los escaños (después pensé en Fidel Castro).
Y escribo ahora este Adiós, Padre que mi madre no supo decirte doblada
decrépitamente sobre el cristal.

domingo, 15 de febrero de 2009

THE WILD DETECTIVES

LOS DETECTIVES DOMÉSTICOS

Orlando Luis Pardo Lazo


Pudo haber sido un título de Roberto Bolaño, el chileno muerto y universal. Un tipo que no encajaría del todo en el staff de la XVIII Feria Internacional del Libro de La Habana, dentro de las murallas "morales" y los reciclados fosos de fusilamiento de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña (del 12 al 22 de febrero, sede principal del evento).


Y, en efecto, nuestros detectives domésticos, no menos salvajes que los de Bolaño, me llaman por teléfono a cada hora para aterrorizar a mi madre septuagenaria y con enfisema. Son jóvenes, varones, y se escudan tras un teléfono público para practicar la sintaxis profiláctica del paredón: si tu hijo viene el lunes a la feria, te lo vamos a despingar, dicen y le cuelgan.


Horas antes, Michelle Bachelet dejaba inaugurada la referida Feria. Fue un discurso levo y levemente democrático con su vestidito de azul. La presidenta chilena habló de una "cultura de la muerte" que devoró a su patria a lo largo-y-estrecho de "17 años de "autoritarismo" (la geografía parece que predispone).


Apenas 17 horas después, mi teléfono recibía los anónimos telefónicos y mi gmail desbordaba violencia revolucionaria contra el Enemigo del Pueblo. Léase, yo.


Son correos individuales con ID apócrifos. Golpes, ganas de deformarme la cara, patadas en el culo si me atrevo a asistir el lunes 16 de febrero a la Feria del Libro, y allí lanzar free-lance (en voz de la filóloga Yoani Sánchez, blogger de Generación Y) una e-dición autorial de mi libro de cuentos Boring Home: obra expulsada a gritos de la editora estatal Letras Cubanas, acaso por tampoco encajar del todo en el programa.


La presentación tendría lugar, como lo anuncia su promoción jpg, en la explanada exterior de La Cabaña. Sería una suerte de graffiti al otro lado del Muro. Nada de intervención o interferencia pública. Nada de acting civil en pleno zoo ferial. Sólo un grupo de amigos y una audiencia volante, sentados sobre el césped público para hablar de escritura y censura en Cuba. Con suerte, también para complotar estrategias de dinamización y dinamitación de la modorra cultural del canon cubensis de los dos mil o años cero (mi generación ha jugado a llamarse así: Año Cero).

Pero no way. "La Feria no tiene Afuera", podría ser ahora la sentencia judicial de algún provinciano derrideano de apellido Sánchez o Rojas o Prieto. Tétrica teoría de la deconstrucción.


Así, el pasado sábado 14 de febrero, después de tirarme encima a dos policías que, gracias a las fotos que por azar tomaba Lia Villares (blogger de Hechizamiento Habanémico Hebdomanario) se alejaron de mí con socarronería, un vicepresidente del Instituto Cubano del Libro vino y me habló bien claro. Habría gente iracunda por mi presentación. La frontera de La Cabaña llegaba hasta el Túnel de la Bahía. Dentro de esos límites la presentación sería abortada a priori. A él se le "escapaban de las manos" las consecuencias físicas del asunto. Y ya. Bien, gracias por escucharme, Orlando Luis.


Poco después supe que tampoco se me invitaría, en mi condición de Jurado de todos los géneros, a la premiación del concurso de Becas de Creación "Sigifredo Álvarez Conesa (martes 17, 5:30 PM, Sala José Lezama Lima), convocado por el Centro Nacional de Cultura Comunitaria, cuyo director debió rendir cuentas políticas por mi selección. ¿Cuándo volveré a traspasar como simple ciudadano los puentes levadizos de la fortaleza?


El resto de este week-end en La Habana ha sido una exquisitez de calmantes, cartomancia y cartopriles para los nervios y la presión de mi madre de 72: de viernes a domingo fueron justo 72 horas de invasión telefónica y del e-mail en los tiempos del cólera.


Mientras poetas extranjeros leen mapundungún en una sala con aire acondicionado, bajo el sol casi veraniego de Cuba (un país con ínfulas de hemisferio sur), yo, en tanto narrador local, no puedo ni paladear mi prosa al margen del propio bastión colonial. Para mí, es suficiente elocuencia.


Esto tal vez me pasa por ser un narrador locuaz que no elogia, sino que elije la locura. Un autor con cuatro libros de cuentos ya premiados y publicados legalmente en Cuba. Colaborador de blogs al límite y portales bloqueados. Y, para colmo de equívocos, un nombre incluido en La ínsula fabulante. El cuento cubano en la Revolución (1959-2008), la flamante antología oficial de donde Alberto Garrandés no me sacó a pesar de la batahola http://www.anti-orlandoluispardolazo.cu/. Who´s afraid of Orlando Woolf?


Estos son los hechos. El resto es una atmósfera de fiesta importada desde la biblio-izquierda chilena. Algo así como los finales de los 60´s en versión chamamé remix. Tararear Michelle Ma Belle en una discotemba straight de esta Brave New Habana inisecular. Utopía tupida y disciplinárida.


Estos son los hechos. El resto es ese Chile imaginario que, desde las páginas de nuestro e-zine de escritura irregular The Revolution Evening Post, siempre leímos como irreverente e incendiario. Otra isla continental que no debería lavarse las manos ahora, en tanto protagonista de esta novelita titulable Archipiélago Cubag.


Estos son los hechos. Mañana, lunes de post-revolución 16 de febrero de 2009, a las tres de la tarde en La Habana, "inevitablemente" Cuba podrá meterse a la cañona su Cabaña por donde quiera (falo del Morro incluido). A riesgo de repetir la fábula fósil de la zorra y las uvas (o mangos bajitos), no nos interesa exponer más la barbarie. Somos gente limpia y útil a nosotros mismos que no se dejarán meter en un pugilato putativo con la dictadura del proletariado o de la policía.


Nadie en la editorial Letras Cubanas me ha contactado desde que mi libro Boring Home ya estaba casi listo para impresión (hace medio año): la institución premia o castiga a sus infantes difuntos. Bien, gracias por escucharme, Letras Cubanas. Tal vez todavía me asista el derecho de asilo literario en la Embajada de Chile en Santiago de La Habana.


Por lo demás, del lanzamiento del un poco aburrido caso de Boring Home, no estimulo a asistir a los convocados a la explanada de entrada o camping de concentración en las afueras de La Cabaña (excepto a los peritos de la policía política). El libro igual circulará. No sería de extrañar que los ejemplares ya estuvieran colocados en los recovecos de extramuros en una suerte de jugarreta al estilo del "Tesoro Escondido". Nuestra Cuba imaginaria seguirá siendo irreverente e incendiaria. Un país más potable en medio del permanente paraíso parapoliciaco Made in Latinoamerica.