jueves, 5 de marzo de 2009

BYE BYE BLOGGY

La Habanada, 3 de marzo de 2009

Queridos Compañeros.com:

A partir de la discusión sostenida por el Buró Bloguítico, en la que participé con un link invitado, les informo mi decisión de renunciar a mi condición de columnista cubano en el Blogspot.

Reconozco plenamente las e-rratas cometidas, que fueron analizadas ampliamente en dicha reunión, y asumo mi total responsabilidad por los comentarios tras el justo y profundo análisis realizado en la pasada reunión del Bloguitburó.

Esta bitácora sin corazón se traslada, pues, con título y todo, a un dominio menos público que Blogger, en el portal www.cubaencuentro.com.

Pueden estar ustedes seguros que mi nueva URL será una oportunidad para continuar leyéndonos mutuamente. Les reitero mi fidelidad de proxy con banda estrecha y los invito a mutar conmigo a mi nueva @ddress.

Saludos fraternalmente,

Orlando Luis Pardo Lazo (pendiente de firma).

domingo, 1 de marzo de 2009

NOTICAIC LESSTINOAMERICANO


20 AÑOS SIN NOTICAIC
Orlando Luis Pardo Lazo

Carter corriendo en calzoncillos, su carota cándida en cámara lenta
con gestos de retrasado mental.
Un guerrillero urbano Made In Latinoamérica, pidiendo a gritos
"misericordia" mientras unos gorilas lo arrastran entre uniformes y
metralletas, tal vez sirenas y chorros de agua.
Una niña vietnamita desnuda hasta el fin de los tiempos, su boca
abierta en un cero rotundo de puro horror.
Himnos y música incidental, de thriller.
Tumbadoras y tumbas.
Banderas y bandas presidenciales.
Titulares de letronas despampanantes en zoom-in, traveling y zoom-out.
Doce caballos que emergen triunfales del Mar Caribe.
Gusanos retorciéndose y moscas de laboratorio.
Misiles y miseria al por mayor.
Llanto, mundo feo.
Cuba, qué linda es Cuba.
Y un Fidel que vibra en la montaña, jovencito y descomunal.
Y yo con ganas de huir del cine y abrazar por última vez a mis
amiguitos de la primaria Nguyen Van Troi: a eso se reducía mi
educación (gratuita) sentimental.
Y el águila imperialista, por supuesto, vigilando con su ojo de
espanto en un primerísimo plano contrapicado.
Ataúdes y soldados yanquis en portaviones.
Era el NOTICIERO ICAIC LATINOAMERICANO.
En pantalla grande, con acordes dodecafónicos de la izquierda
continental en sistema MONO de reproducción.
Todo proyectado en un blanco y negro neorrealista: ¿necrorrealista?
Todo en mi cabeza de 9 o 10 años en el cine Erie, de Lawton (esa
palabra me descubrió que la belleza del lenguaje es una fuga del
español: erie…).
No era el NOTICIERO ICAIC LATINOAMERICANO.
En mi cabeza de casi 40 años todavía lo es.
Y sospecho que ya por siempre lo será: de hecho, hasta la UNESCO ha
declarado a esos docudramas como "Memoria del Mundo".
Pero yo todavía tiemblo ante la tela impresionista de la pantalla.
Aunque el Erie hoy sea sólo una ruina disfuncional, todavía recuerdo
aquellos diez minutos que estremecían al mudo en que entonces me
convertía yo.
No sólo en el Erie, sino también en el Luyanó, el San Francisco, el
Florida, el Apolo, el Atlas, y otros cuyos nombres persisten en la
punta de mi lengua sin que los consiga del todo regurgitar.
Era (y es) la frontera brumosa de los setenta con los ochenta.
Mi padre me llevaba al cine (tandas para Todas las Edades, supongo) y
ya sólo recuerdo ahora el aura de los noticieros: una edición única,
infinita, donde se diluía de función en función cualquier diferencia
entre las películas; un sonido constante, cortante, como de patrón de
prueba, inaudible pero a la postre inmanente o acaso inmortal.
Todavía hoy en Santiago de Cuba se realiza el festival tocayo
"Santiago Álvarez" para estimular la mirada documental (este marzo de
2009 se cumple la primera década del evento).
Hace casi 20 años que en los cines no ponen más noticieros: un alivio
para mis nervios de universitario alimentado apenas con hamburguesas y
maltas (si es que Ana María Radaelli me permite esta frase
ideológicamente frágil o desinformada).
Los últimos NotICAIC que recuerdo, en la frontera suicida de los
ochenta con los noventa, se suponía que eran mejores: más críticos y
nacionales, menos cínicos y antiamericanos.
Pero igual no me gustaban.
Seguramente un gringo viejo como Coppola sí los consideraría una
masterpiece museable (si se consigue salvar algún rollo), lo mismo que
el filme ruso Soy Cuba, entre otros dinosaurios ortopédicos del cine
silente de la segunda mitad del siglo XX.
Aún así no me gustan (circulan copias masoquistas en digital).
En una de esas emisiones salió mi amigo Ulises vivo y sonriente,
estereotipado como depredador de playa (acampábamos en Mi Cayito),
ignorante de la doble odisea de su muerte pulmonar en un hospital
barriobajero.
En otra emisión hubo un cameo de Wendy Guerra: imitaba a una estatua
de mármol, pero era sólo una adolescente preciosa asustada por la
muerte nocturna de La Habana (con su pelo corto, su dentición
delirante y sus ojazos tan teatrales).
Después murió Santiago Álvarez y al cabo Carter vino a Cuba para
evitar una guerra biológica, lanzar la primera bola en el Estadio
Latinoamericano, y de paso publicitar el Proyecto Varela en el Aula
Magna de la Universidad (por suerte nadie le comentó de sus
calzoncillos cómicos Made In ICAIC).
Algunos más han muerto, como Ulises.
Casi todos se han ido, y el resto seguimos siendo una rara fauna de
estatuas terminales sin mausoleo.
Cuerpos que se hicieron adultos en la frontera fúnebre de los noventa
con los dos mil o años cero.
Hemos sobrevivido 20 años sin NOTICIERO ICAIC LATINOAMERICANO.
Por supuesto, a nadie en Cuba se le ocurriría extrañarlo antes de la
próxima película, sea cubana o mejor no tanto.
Sería un sinsentido extrañar imágenes que nadie nunca nos podrá
emborronar: la "Memoria del Mundo", más allá del canon de Coppola y la
UNESCO, es ahora un fantasma que corroe los restos de mi generación.