martes, 21 de abril de 2009

ROBERTO 2.0
Orlando Luis Pardo Lazo

Hace un quinquenio no tan gris como gracioso los habaneros me gritan al verme pasar por la calle: ¡Vaya, Robertooo...!

Se supone que me parezco a Roberto, un comediante estelar de nuestra estrambótica televisión. Un tipo desgarbado o desmañado, con el pelo largo y la barba a lo loco, ocurrente e híperkinético, con gafitas y canas y ganas de meter el dedo en la llaga, cuya pareja actoral para colmo también se hace llamar Roberto.

A veces reacciono de buen humor y hasta usurpo brevemente los estereotipos cómicos de mi Roberto. A veces La Habana me calcina el cráneo, y entonces pienso que el imaginario simbólico de esta ciudad es tan pobre y enfermo que da lástima. Todos aquí comparten el mismo referente audiovisual y nadie es capaz de salirse de semejante círculo de asociaciones pedestres. Hoy hasta el vocabulario (¿voCUBAlario?) depende exclusivamente de los neologismos traducidos de las novelas brasileras, de cierto argot de combate cuadrado y mesarredóndico y, por supuesto, de los eufemísticamente llamados “espacios humorísticos” de nuestra solemne televisión.

Esta semana por fin ha ocurrido lo inevitable. Me topé con mi doble y sobreviví. El Roberto real y yo coincidimos en el Boulevard de La Habana. Le hablé, aunque no lo conozco de la TVC, sino como un connotado conferencista de Literatura Latinoamericana (ese oxímoron). Y resultó que Roberto, que no se llama Roberto, es también un osado curador de artes plásticas. Le conté entonces de mis fotos, si bien lo inicié con cordura. Acaso pronto logre involucrarlo en algún proyecto de exposición, al menos para mis flagtografías de estilo naif.

Al final intercambiamos e-mails. La gente se daba gusto con nosotros parados en la esquina mezquina de Águila y San Rafael: ¡Vaya, Robertooos...!, nos gritaban y venían muy eufóricos a estrecharnos las manos. Éramos héroes por error. Los conquistadores caquécticos de esta Brave New Habanada del 2009. Como autor del cuentexto Cuban American Beauty, de la columnata Lunes de Post-Revoluciclón, y del libelo Boring Home, por primera vez me sentí una estrella consumiendo sus correspondientes 15 minutos de fauna.

Gracias, Roberto, por la catarsis. Y por la catástrofe. Ya puedo pelarme y afeitarme sin ningún complejo de culpa. Es como escribir, ese oficio de ofidio o acaso de ocioso occiso. Para sobremorir a nuestra propia excritura, hay que sentir los crótalos de la libertad con cada teclazo. Hay que joderse y aguantar la mediocridad del medio y de los medios: los teóricos literáridos llaman a esto “sentido histórico” (ojalá que el Roberto conferencista no crea demasiado en esa humorada). Hay que embalarse con la envidia de los demás para hacernos auto-inmunes a ella. Y hay que, por supuesto, embarrarse el culo en un contexto cubaniche que se comporta cómplice al punto de lo criminal.

Y olé.

PD: El pueblo cubano (para no hablar de los comentaristas de la www) también me ha gritado en plena calle ¡Caballero de París...! y, en el aparentemente mejor de los casos, ¡John Lennon...!

PD PD: En la foto decolorada, el Roberto de la izquierda es el contratado por el ICRT y el de la derecha como de costumbre sigo siendo yo.

domingo, 19 de abril de 2009