viernes, 29 de mayo de 2009

VASUMITRA SUPERSTAR


VASUMITRA SUPERSTAR, originally uploaded by orlandoluispardolazo.

VASUMITRA SUPERSTAR
Orlando Luis Pardo Lazo

La Habana del 2009 se caracteriza por:
1) hablar mal de los bloggers;
2) anunciar que vuelve el Período Especial;
3) botar para la calle a los animales.
Gracias al punto 3 nos encontramos a Vasumitra: Vasu, querida gatica
barcina de poco más de un mes.
Fue en el Cementerio Colón.
Un día de esos en los que no encuentras la punta del hilo de Ariadna
por donde colarte en el laberinto de nuestra www.
Atravesábamos el cementerio y la oímos maullar.
Buscamos varios minutos, pero no aparecía nada.
Los maullidos eran cada vez más fuertes.
Entonces miré hacia arriba y la vi, trepada muy alto en un laurel o un
ciprés o un álamo del bosque o un ácana con ácaro o un sauce llorón,
imposible distinguir (ser Licenciado en Bioquímica implica subsistir
en un mundo donde la palabra “molécula” no te deja ver el resto del
diccionario).
Trepé y la bajé.
Propuse un nombre para la gatica: “La novia CATdáver” (de acuerdo con
la escenografía).
Pero veníamos del Cine Chaplin y en un filme de Kim Ki Duk una
adolescente se prostituía bellamente invocando a Vasumitra (según los
captions).
Y así mismo se le quedó a nuestra Vasu, querida gatica barcina de poco
más de un mes.
Vasumitra resultó ser hiperkinética.
Corría a velocidades ingrávidas por toda la casa, hasta treparse a los
muebles más altos y por las cortinas.
Se comunicaba a la perfección conmigo (en especial a la hora de comer:
siempre tenía hambre), y recurría invariablemente al mismo escondrijo
bajo el escaparate para orinar y cagar.
Vasumitra pasó un par de semanas con visa de turista en mi casa.
Mi madre no la quería allí.
Ya tenemos tres perros y dos gatos en casa.
Amenazó con someterla a huelga de hambre (es el último grito de la
moda política latinoamericana) y, lo que es peor, insinuó que al
primer descuido también podría regalarla.
Una señora de armas tomar: 73 años de autoritarismo familiosocial no
se borran de un plumazo, supongo (ni de un plomazo tampoco).
Ya yo me había enamorado de Vasu, de su soledad felina, de su
flaquencia mal nutrida de cementerio, de su manera de hablar
maullando, de su tomadera de agua las 24 horas del día (alguien me
dijo que era a causa de los parásitos), de sus poses durante el sueño
o las pesadillas (muchas veces corría dormida haciendo muecas humanas
de horror), de su disciplina orinofecal, de sus dientecitos de alfiler
que te clavaba hasta sacarte una gotícula de sangre, de sus bigotes
recortados al parecer en un accidente o por su stress de homeless o
por pura cabronada del primero que la botó.
Ahora yo estaba a punto de ser el segundo hombre en el mundo en abandonarla.
La Habana del 2009 te puede penetrar por donde menos tú te lo esperas.
Nuestra crisis crasa funciona fulminantemente en el plano horizontal.
No quiero contar en definitiva qué le pasó.
Lo que importa es que la Vasu estará muy bien. En una (buena) suerte
de exilio de terciopelo, comiendo mejor que lo que nosotros jamás le
podríamos brindar.
Al fin y al cabo, la salvamos del cementerio estéril y logramos que la
adoptaran en un hogar.
Pero la extraño.
Demasiado.
Y estas son las pequeñas barbaries que aún no me acostumbro a
perdonarle a Cuba, empezando por mi madre cubana.
Un amigo escritor cubano se me queja de que su madre atesora decenas
de perros y gatos dentro del apartamento (y de que tanta fauna
doméstica no lo deja concentrarse para escribir).
Hoy lo entiendo y lo envidio (por los animales y por no poder escribir).
En fin, me perdí la infancia de Vasumitra.
Me perdí sus partos (no me gusta la idea de ligar ni castrar a ningún
animal: para empezar, nos es imposible obtener su autorización).
Me perdí una década de esplendor gatuno y, con suerte, algunos años de
decadencia, vejez y muerte felinas, mientras yo cumpliría para
entonces unos 50 años (la edad actual de la Revolución).
Hubiera sido más cruel condenarla a vivir encerrada en mi cuarto o
cargar con ella bajo el sol a plomo de esta ciudad protoecuatorial.
Como catarsis después de la derrota, me dan ganas de sumarme al
consenso de la nada habanera del 2009:
1) hablar mal de los bloggers (empezando por mí);
2) anunciar que vuelve el Período Especial (un acto que podría ser
punible si se interpreta judicialmente como alarmismo);
3) botar para la calle a los animales (es lo único a lo que aún me
resisto, si bien no estoy seguro de qué pasará cuando me tope al
próximo bebé de gato o perrito en la calle: y esto ya es algo más que
rutinario en mi cementérica ciudad).
Logré incluso que le respetaran el nombre: Vasu o Vasuma (a los nuevos
dueños les escribí el chiqueo en un papel, junto a la palabra
original: Vasumitra).
He decidido no pasar a verla hasta por lo menos dentro de un año. Sé
que ella está muy feliz y me dolería un poco constatar esa alegría
ajena a mí.
Vasumitra por suerte no nos va a extrañar (es sólo un animalito lleno
de vida y la nostalgia es una enfermedad humana que se exacerba en
epoquitas de tristeza zoocial).
Nosotros a ella, sí.
Demasiado.
Sé que pronto va a llegar a ser una súper-estrella de gata barcina.
Sé que los gatos de su otro barrio se van a morir por ella (como el
arrabalero Tomás O´Malley por la aristogata Princesa).
Sé que sus nuevos dueños (también) se van a enamorar de sus rayas de
tigresa para nada CATdáver.
Sé que sobrevivió a su destino de Colón y que ya no regresa y eso es todo.
Misión cumplida, Vasumitra.
Hasta la Vasuma siempre.
Patria o Vasu: ¡no te veremos...!