sábado, 14 de noviembre de 2009

1 WEEK FOR BORING HOME!



En una semana a lo sumo los relatos latos de Boring Home podrán leerse por fin en una casa entretenida de papel: libro o ataúd, ¿cómo distinguir?

Lunes de Post-Revolución invita a los lectores de este blog y de Boring Home Utopics a estar al tanto al respecto. Con suerte, el autor autista de estos cuentos incruentos podrá enviarle a cada lector un ejemplar de papel, según lo soliciten en el buzón aburrido orlandoluispardolazo@gmail.com.

Blogueando espero.

Ah, ¡y no habrá Libreta de Ablogstecimiento...!

jueves, 12 de noviembre de 2009

ICONOWCUBA





PALOMAS, PELUCAS, MULETAS:
ICONOGRAFÍA ICONOCLASTA DE POST-REVOLUCIÓN
Orlando Luis Pardo Lazo

El 2009 se acaba ya. La primera década del siglo y milenio, también. Rebasadas la épica y la utopía, rebanados el desacato y el desencanto, Cuba entra ahora en la segunda fase o afasia de la Revolución.

El 2009 se acaba sin apenas comenzar. Hemos perdido la noción del tiempo dentro de esta nación. Habitamos en las márgenes amargas de un amago de Historia. No podemos aferrarnos a ningún hito ni rito ni objeto, porque no hay secuencia de acontecimientos. Enumeramos apuntes para apuntalar la memoria, pero nada sucede del todo. No hay símbolos, apenas síntomas. No hay afuera ni adentro tampoco. Cuba es una criba por donde todos fugamos y sin embargo nadie se escapa.

Nada coagula entre nosotros: el Eterno Retorno ha devenido un Efímero Retorcimiento. Puede ser incluso una especie de micro-inmortalidad. Una Cuba cósmica de tanto consumir comics. Sospecho que somos un pueblo con suerte para la poesía política y la caricatura experimental.

Una paloma puta, en celo, desplumada. Del más promiscuo y sucio color: blanco. También del menos puro: es el remix de todos los tintes. Una paloma en el hombro de un militar barbudo con la máxima graduación. Una paloma en la clavícula lampiña de una ciudadana de la mínima casta. Otra paloma picassiana para sustituir al águila que una grúa proletaria tumbó, al ritmo de las anti-aéreas y los ataúdes y los tambores batás en traje de batalla. Una paloma como permiso para emplear la palabra: como pasaporte de la libertad de expresión, como salvoconducto para no perecer en medio de nuestros mil y un discursos sin despedida. Yoani y Fidel. A cincuenta años y cincuenta mil lenguas de distancia. Fidel y Yoani.

Una peluca rubia, no menos puta, señuelo foráneo, oropel despeinado. La peluca como protección contra las videopantallas venéreas que cuelgan de los cielos clínicos de esta ciudad. La peluca como password civil para pervertir los versículos sagrados del despotismo, para aliviar las aleyas sin ley de un Estado Total. La peluca como predelictiva peligrosidad. También como tótem o tabú o, mejor, como un demo en versión beta de la demacrada democracia Made In Cuba que aún venderá mucho pero nunca vendrá. La peluca como imagen e imposibilidad. Como la reencarnación teleológica de una uña unitaria e inútil. La peluca como otra manera de evacuar nuestro vacío vocacional. Prótesis de pelo por si nos contagiamos de cáncer o por si algún verdugo de la verdad nos arranca las greñas. La peluca como talismán para el rejuvenecimiento de una rala Revolución: icono no tanto contra la calvicie como contra el cansancio constitucional. Cabellos prêt-à-porter, lo mismo por los líderes arqueohistóricos que por la más enclenque post-oposición. Ministros alopécicos de pésimo humor patrio y una bloguera casi encuera, escarranchada patas arriba (la Era está abortando su sinrazón; no puede más, se muere de indolencia): Lady Blogdiva cabalgando a la cañona en un carrito carroñero de la Seguridad Estatal.

La muleta como memorándum de la muerte. Como ensañamiento y enfermedad. Por accidente o atraco, por azar público o por secreta resolución: la muleta muta y mata, en tanto báculo envejecido del poder y como slogan estúpido de una adolescencia adormecida. La muleta tiene para colmo prestigio de prensa. El Premier y La Peor de Todas la han legitimado al usarla, al apoyar sus biologías al límite sobre una rama de caguairán o sobre una varilla acaso alquilada de un policlínico popular. Hay algo de pacto mefistofélico en la multitud de muletas que emergen en nuestros mass-media.

El 2009 se acabó ya. Yo fui testigo de ese 31 de diciembre adelantado en un otoño de vil no violencia. Réstenme, por favor (parónimo de arréstenme por fervor). A centímetros de mi nuca en knuck-out se cocinó el pastel de pasas podridas de la próxima década decadente. Yoani y Cuba. Un par de partículas materia versus anti-materia. Cuba y Yoani. Sospecho que ambas energías incuantificables no caben en el mismo modelo momificado del universo. Yoani o Cuba. Me temo que una de estas dos teorías ya va sobrando. Cuba o Yoani. Relativolución versus Revolutividad: revoltijo revulsivo de la fase o afasia segundona que inauguramos ahora.

El 2009 se acaba en un acabose de cabezas y caderas con cabestrillos. Calabaza, calabaza: cada letra para su calabozo. El argot cubano tampoco pare ya mucho más.

Nada es consistente entre nosotros: el Efímero Retorcimiento se diluye en una Fútil Retórica (reto retrógrado). Puede ser incluso una especie de macro-inmaterialidad. Una Cuba ingrávida de tanto aspirar gases ideales. Sospecho que somos un pueblo con suerte para la poesía caricaturesca y la política experimental.

martes, 10 de noviembre de 2009

A BRAVE NEW BHU...?





SICKBONEY



LUCHA TU NUCA, TAÍNO
Orlando Luis Pardo Lazo

Los amigos me llaman por teléfono. Otros prefieren no dejar grabadas sus voces en los mp3 policiales y entonces nos vamos a conversar un poco por ahí.

Todos mis amigos coinciden en que debo emplear algún analgésico para los músculos de mi nuca, untarme uno de esos ungüentos aromáticos con olor a abuelas aún vivas durante nuestra infancia.

Yo me niego. Quiero oír los avatares dolorosos de mi cuerpo. Quiero ver cómo se recupera mi cuello del daño gratuito estatal. Sería un poco incoherente usar la medicina cubana para curar lo que la misma Cuba escachó.

Además, hace muchas semanas que en Lawton sobrevivimos dentro de una burbuja aromática albañal. Por la mañana, moléculas de mojones. Por la noche, un tufo infernal que se respira incluso en el patio, incluidas bacterias volátiles.

Con ese halo odorífico me conformo. Esa indolencia institucional para hacer el bien me anestesia cualquier duda o dolor. Me cura la nuca ese río imparable de ineficacia y desidia de los funcionarios a la hora de reparar: esa cagástrofe que el poder cubano no puede limpiar ni con sus autos anónimos ni con sus bíceps de vapulear ciudadanos.

Salud, cloaca. Los que nos asfixiamos en lo propio sumido te congratulamos. Se trata de un hedor hedonista que elimina cualquier huella hegemónica del horror.

lunes, 9 de noviembre de 2009

HAWKINABANA


OTRO DÍA DE NOVIEMBRE
Orlando Luis Pardo Lazo

Hacer el amor después de hacer la muerte.

La ciudad es el mal. En la ciudad se concentra la lujuria criminal del poder. Y contra ese daño en la biografía de cada ciudadano no hay salvación.

Estás solo. Tú y tu cuerpo, en ese orden antigramático. La ciudad allá afuera es como una mole monstruosa, llena de hombres que quieren borrarte no de un plumazo, sino de un puñetazo. La ciudad comienza donde termina tu cuerpo. La Habana es como una cárcel de consonantes mudas al aire preso de la ciudad.

¿Es posible hacer el amor después de hacer la muerte?

Tecleo como un paralítico. Recuerdo a un Stephen Hawking de más ingenio que genio. Me duele el cuello con apenas fijar la vista en la pantalla. Tortura de teclear. La huella urbana de la arquitectura revolucionaria incluye, a partir de esta columna vertebral, también a este dolor. A esta duda de si estoy o no dañado en mi biología incivil: en mi cuerpo o cadáver exquisito que ha perdido las ganas de hacer el amor.

Un día de noviembre, como en un filme casi desheredado por su director Humberto Solás. Una película en blanco y negro que el ICAIC censuró durante uno o dos quinquenios en gris y gris. Monocromía de la censura. Un día de noviembre. Y que después ha resultado ser una joya de la tristeza cubana en los tiempos joviales de la revolución. Un día de noviembre. Un hombre recuerda que clínicamente puede morir. Pero se empeña en revivir cada cuerpo dentro de su cabeza (que le duele tanto como a mí ahora) y, para colmo, se enamora de otra Lucía y le hace democráticamente el amor, aunque la escena sería podada por los tijeretazos pacatos de un pervertido censor. Un día de noviembre. 1972 es hoy.

Otro domingo de noviembre. El cielo de La Habana se colorea de un gris amable y, por primera vez desde el pugilato que puso en anoxia mi mente, pensamos en la imposibilidad de hacer el amor. Hipoxiabana nuestra que estás en celo...

No se puede amar humillado.

No se puede amar con la libertad en silla de ruedas: ¿sobrevive el deseo a la enfermedad (a la esclerosis lateral amiotrófica, por ejemplo, o a un simple estrallón de kárate descarado)?

No se puede amar desde la venganza.

¿Es posible amar después de amagar la muerte?

¿Cuándo recupero a mi cuerpo? ¿Cuándo lo retiro de este cementerio?

Las imágenes se suceden. Veo la calle tomada. Entumida, y no es por la llovizna de otoño. Like tears in the rain. Como lágrimas en las ruinas. Veo al hombre de bogotín y camisa de cuadros que me entrevistó hace nueve meses bajo el nombre de Ariel, duende juguetón de Shakespeare o pesadilla utópica de José Enrique Rodó. Veo gritos. Veo cuerpos en cinética cínica. Veo frenazos y la manía intimidante del teléfono móvil (SMS del Servicio Militar). Veo pancartas. Veo la soledad insondable de un parque de la calle Paseo, las luces mortecinas anunciando el calambre muscular. Veo rostros amigos de cartón. Todo corre ralentizado. Cláxones con scratch. Años de atrezo. La verdad no habita en nosotros, los subciudadanos de esta urbe o ubre reseca excepto de represión. Presión en el pecho. Latidos de látigo en la sien. Cielos encapotados de hollín rubicundo y rabioso. Abajo también sobran los capotes. Lluvia de utilería. Marchas. Marcas. Dan grima tantos hombres de gris. Veo fotogramas en blanco y negro. ¿Cuándo se corporiza mi recuperación? ¿Cuándo termina este filme fantasma y cuándo comienza nuestra vida irreal? Las imágenes suceden.

Cuba, mátame. Cuba, mentirosa de mierda. Cuba, cubo cabrón de mártires: ideologizada por unos e idealizada por mí. Cuba, tu madre. Cuba, te amo. Cuba, no te mueras en mí. Cuba, no mutiles a los mejores. Cuba, no mutes en matarife. Cuba, no te mates sin mí. Cuba, cadáver o cuerpo o corpiño exquisito que me has quitado las ganas de hacer en noviembre el amor.

Y al revés: ¿será posible hacer la muerte después de hacer el amor?