sábado, 21 de noviembre de 2009

NANA DE MADRUGADA



APUNTES AL PIE DE LA HORA
Orlando Luis Pardo Lazo

La Pasión de Cristo, a pesar del Evangelio según Mel Gibson, también pudo ser así. Ser eso. Un carnaval de carneros con cuerda.

Acaso sólo Cristo creyó en Cristo. El resto fue una pésima puesta en escena. Precaria apuesta de apóstoles pacatos. Gritería de fieles sin fe. Ensañamiento de verdugos sin ninguna verdad que vencer o vengar. Más el llanto humillante de los seres queribles. En fin, un guión a guisa de eternidad, que podría rodarse con el mismo éxito así en Jerusalén como en Hollywood como en la calle G de La Habana (G de Gibson, se sobreentiende).

1980 es hoy y siempre.

Mariel es aquí y en todas partes (y puertos).

Los actos de repudio, en tanto autoparodia, han devenido acto de reposición. Repostería post-nacional. Apocalipsis de tramoya que mata, pero ya no crea ningún mito. Sospecho que no mana mucho de las fuentes fundacionales que narraron durante medio siglo o dos milenios el vía crucis de la Revolución en la Tierra.

Y lo más decepcionante no es la pataleta sin otro propósito que propagar el pánico: lo intolerable es la persistente pobreza de nuestra imaginación popular.

Este viernes veinte de noviembre he oído en clips digitales aquellas consignas analógicas con que nos desgañitamos hace tres o doscientas décadas (apenas un pestañazo del universo). Sea en la patria de los padres o en el gólgota con que los hombres renegaron del hijo de dios, nuestras gargantas aguerridas no tiene mucho más agregar a estas arengas con gangrena: pin pon fuera..., la calle es de..., aprieta que a Cuba..., viva la..., dame la letra..., ¿qué dice...? ¡no se oye...!, y un tedioso etcétera.

Nadie se insulte. Nadie se interese. Nadie se inmiscuya. Esta Biblia boba entre cubanos de Cuba tiene bastante de juego de rol. Mortal Combat 19.59 inminente, inmanente, por suerte hoy sólo en su perversa versión beta.

Nadie le dé demasiado crédito tampoco. Acaso sólo Cristo creerá en Cristo. El resto es un teatro de la tranquilidad, cuya etimología se entronca con “trancazo”. Mentiras mascadas. Mascarada del miedo. Mierda militante y amnésica que ahora, a escasas horas de su comparsita vacumbanchera, ha de estar tan rendida de sueño como yo.

Sin distinción de berridos o lucidez, represión o risa, hipocresía o histeria, irresponsabilidad o imbecilismo, crimen o caridad: muy buenas noches a todos por igual y nos vemos en el próximo versículo de este inventario invernal de viernes.

Felices y falaces sueños, proyecto siempre pospuesto de mi putativo país.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Feria del Libro Habana Febrero 2009




WWWORDS



OTRA PALABRA SOBRE LA PALABRA
Orlando Luis Pardo Lazo

Para los cubanos, el año 1989 marcó no tanto el fin sin fondo del Sistema Socialista Mundial, como el inicio de la más absoluta crisis de nuestra sociedad: el llamado “Período Especial de Guerra en Tiempos de Paz”, incluida la amenaza de una “Opción Cero” donde sobrevivir en condiciones similares a las del hombre primitivo.

Las noticias de la URSS y Europa del Este nos llegaron deformes y muy filtradas, levantando más paranoia que entusiasmo popular. La fiesta fue narrada como un fiasco por nuestros periódicos. Se habló incluso de “maniobras de la CIA” y “triunfo de las fuerzas reaccionarias”. La prueba de la presunta traición de la que habíamos sido víctimas era nuestra economía abandonada a su suerte. Cuba se encerró en un escenario apocalíptico donde saborear su claustrofobia, sin necesidad de cambiar al ritmo de los nuevos tiempos, y la segunda mitad del siglo XX cubano se hizo así eterna.

Paradójicamente, el campo literario local fue entonces que se atrevió a salir de su ostracismo provinciano. La descentralización del Estado dejó muchas grietas libres del control gubernamental y, por esos túneles de respiración, nuestra literatura emergió al aire libre del “mercado internacional”, con todas sus maravillas y mediocridades.

Nunca como en la década de los noventa los cubanos publicaron tanto (y viajaron y residieron) en otros países. Nunca como en esa década decadente entraron tantos libros prohibidos de contrabando a la Isla. Entre nosotros, la liberalización post-comunista se anunció perversamente gracias al empobrecimiento material y moral del país.

Por primera vez en la Revolución se aprobaron reformas económicas de corte capitalista, incluida la circulación del dólar como moneda paralela. Las Iglesias se volvieron a llenar y las vírgenes pasearon otra vez por las calles. La cultura bebió enseguida de todo ese collage que pujaba por hacerse de un público: solidaridad y despotismo, corrupción y caridad, amor rentado y fidelidad, emigración ilegal y crimen, barroco y realismo sucio, perversión y poema, entre otros cortocircuitos.

En cualquier caso, nuestro idilio ideológico terminó para siempre en 1989, quedando en su lugar apenas la inercia partidista de la hipocresía.

Ahora, a punto de concluir la primera década del supuesto siglo XXI, las instituciones cubanas se recuperan poco a poco de la debacle, y, como en una guerra, pretenden re-ocupar el territorio perdido. En el “frente de batalla” de la cultura, los escritores y periodistas independientes son mirados oficialmente como una plaga (ojalá lo fueran). La disidencia se asume como sinónimo de deserción y la oposición como sinónimo de oprobio. Publicar un blog personal crítico se interpreta como un acto mercenario. Y en esta cuerda floja se compromete la salud futura de la blogosfera insular.

Precisamente por jugar a la libertad de expresión en internet (en mi blog LUNES DE POST-REVOLUCIÓN y en el e-zine THE REVOLUTION EVENING POST), mi libro BORING HOME fue expulsado hace exactamente un año de la Editorial Letras Cubanas, cuando ya casi estaba en imprenta, para luego ser lanzado en la Feria Internacional del Libro de La Habana, en febrero de 2009.

Nunca se me comunicó de manera oficial tan grave prohibición: simplemente los funcionarios del Instituto Cubano del Libro me retiraron (literalmente) la palabra. Al parecer, yo era culpable por mis columnas digitales y los editores estaban muy ofendidos conmigo. También se me azocó en portales virtuales como Kaos en la Red. Sin embargo, nadie nunca polemizó políticamente conmigo. La táctica era borrarme como intelectual y meterme en la camisa de fuerza de un enemigo de clase (voCUBAlario obsoleto de nuestros zoociólogos).

Aunque contó con apoyo ministerial, policial, y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el censor de BORING HOME era apenas un burócrata más que, a su vez, hoy ya ha sido expulsado de su cargo por el propio Ministro de Cultura. A la ira de ese soldado anónimo o verdugo de la verdad debería estar dedicada la edición príncipe de BORING HOME.

De todas formas, soportando una presión psicológica de guerra sucia, un grupo de blogueros, músicos, fotógrafos, performers, periodistas, poetas y narradores cubanos lanzamos independientemente una versión digital de BORING HOME durante la propia Feria Internacional del Libro de La Habana, el lunes 16 de febrero de 2009, inevitablemente a las 3 PM.

En simultáneo, se liberó el libro en internet. Lo hicimos no como un acto heroico de beligerancia, sino como una mínima justicia con un libro prohibido no por su contenido sino por su autor. De hecho, varios de los relatos de BORING HOME ya habían ganado premios literarios nacionales y aparecen en antologías institucionales que resumen los 50 años literarios de la Revolución.

A esa solidaridad de los colegas presentes allí, ante los muros del Castillo kafkiano de La Cabaña, sí dedico ahora la edición en papel del sello Garamond, gracias a los jurados y editores del Premio de Novelas de Gaveta “Franz Kafka” 2009.

Recientemente, el pasado viernes 6 de noviembre, los blogueros Yoani Sánchez de Generación Y, Claudia Cadelo de Octavo Cerco, y yo, sufrimos en carne propia una intervención rápida a plena luz del día, cuando fuimos montados a la fuerza en un auto no identificado y, tras varios minutos de amenazas y forcejeo, a Yoani y a mí nos deyectaron en las calles de La Habana sin ninguna explicación oficial (por suerte).

Fue un gesto irracional de alguna instancia del poder. Pero, a pesar de este pésimo síntoma de la Realpolitik o acaso la Raúlpolitik, mi mensaje en tanto autor sigue siendo un aullido de armonía y un reto de reconciliación. Mi literatura, no: mi literatura ojalá sea un latigazo de locura y un repique de arrebato.

La libertad de las letras cubanas no depende de ninguna editorial Letras Cubanas. La censura en el mundo es hoy por hoy un fenómeno obsceno (sólo la literatura se ha ganado el derecho a la obscenidad). Con o sin libros de papel, con o sin revistas digitales por correo electrónico, con o sin internet, incluso con o sin lectores cubanos, la escritura de la Isla ya nunca será aquella que pedía permiso para paladear cada página, cada párrafo y cada palabra.

Como lectores, somos un pueblo sin fronteras. Un pueblo fantasma del futuro que, a finales de este año 2009, ya va siendo hora de que bostece su tardío despertar posnacional.

Buenas noches, lectores de hoy, y muchas gracias desde La Habana de pasado mañana.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

MISS CUBAS


VISIÓN
Orlando Luis Pardo Lazo

Los vi sentados en el parquecito de 25 y O, en uno de esos bancos decorados con losetas de colores vivos y sentido imposible.

Él le sacaba las flemas, más con las manos que con el percudido pañuelo. El hombre se veía ya sesentón, muy flaco y de rostro depauperado, como en las fotos de prisioneros de campo. Ella tendría por lo menos 90. Blanca en cana, mucho más digna y tan desvalida como él.

Eran madre e hijo, probablemente. Consumidos al solecito amable de noviembre en una esquina de Cuba. Olvidados por todos y todavía misericordiosos entre sí. Tratando de no tirarse a morir en un asilo o un hospital del Estado (acaso él primero que ella).

Estuve tentado de retratarlos. Les apunté con mi tele. La imagen se hizo sola, una visión terrible y hermosa. Me pareció criminal hacerles un disparo a escondidas. No soy un fotógrafo de raza, supongo: apenas un imitador amateur. Bajé la cámara. Pensé en mi madre. Bajé la cabeza. Pensé en Orlando Luis. Me retiré sin acercarme a aquella pareja no fotografiada.

¿Qué pasaría con esa anciana si su hijo cae preso por robar un poco de algo para alimentarla? ¿Qué será de mi madre si la policía política se empeña definitivamente en sacarme de su jugarreta oficial? ¿Cuántas madres de Cuba se han muerto y todavía se volverán a morir sin entender patéticamente qué nos pasó?

¿Y la tristeza? ¿Cómo se detiene esa avalancha posfamiliar? ¿Y la memoria del esplendor personal devenido decadencia colectiva acaso por ley natural?

¿Qué líder político, dentro o fuera de la Isla, sabrá pensar alguna vez en términos humanos antes que históricos? ¿Cuál de ellos se sentará en un banco varado de El Vedado con todas esas cubanas envejecidas hasta de patria, para sacarles sus flemas huérfanas de manera manual?

martes, 17 de noviembre de 2009

LAS 500 MENOS 10 NOCHES


FAHRENHEIT 16 / 11
Orlando Luis Pardo Lazo

La Habana se asoma ya a su medio milenio. Esta oración es, por supuesto, un acto de fe. Primero, porque La Habana no existe. Segundo, porque si existe será por millones. Incontables habanas mudas y minúsculas que, a cuentagotas, van empujando, hacia y desde la nada, a nuestra única ciudad (incluido el exilio que se fue de una vez para quedarse y el que permaneció para nunca dejarse de ir).

Habanada nuestra que estás en lo incierto, nacionalizado no sea siempre tu nombre...

Nací en 1971. He vivido siempre en la misma esquina redondeada de un barrio de las afueras que, a golpes de subdesarrollo planificado, devino barrio de los adentros: Lawton.

Como un patético personaje de aires hemingwayanos, quisiera escaparme del set antes que concluya este rodaje a ritmo de revolución, pero ya es un poco tarde para cualquier fuga. La fatiga es ahora lo fundamental. Estoy condenado a la tara de los testigos: ser yo, estar aquí, leer los actos y después dar una fe efímera que dure todo un medio minuto o tan sólo medio milenio.

La ciudad de la desesperanza es también el antro de las ilusiones. El vacío en América reconforta después de tanta retórica de retorta ideológica. Hay ómnibus de tardenoche donde capto sonrisas de Nuevo Mundo. Gente joven y limpia, exhausta y apiñada, que parecen paliar perfectamente su desasosiego.

También colecciono ancianos, tembleques al margen del Estado y de Dios, sus huesitos cobijados contra una pared de intemperie familiar.

Y también reparo, por supuesto, en los silencios. Cloqueamos sin atrevernos a articular una simple sílaba. Es tal vez la sabiduría sórdida de los sordos.

La ciudad del horror practica una especie de hedonismo que tampoco es nada. La Habana ya no sabe ni jugar a divertirse. Su anarquía aparente es ingeniosa ingenuidad. La ciudad adolescente súbitamente adulteció, mitad adúltera y mitad adulterada, mientras nosotros, sus deshabitantes de última generación, mirábamos hacia ninguna parte y narrábamos en tercera persona nuestro naufragio natal.

Así, sus ritos de megápolis enana se nos disolvieron en el hábito hipócrita del deber. Sus hombres y mujeres nos fuimos quedando a solas con unas hilachas de marioneta que muy pronto ningún titiritero querrá manipular. Por suerte, supongo.

Mientras tanto, con el semi-milenio o acaso el semi-minuto al doblar de otra esquina no tan roma como filosa, La Habana en mayúsculas tiende a ignorar todo intento de poesía urbana. La ciudad es fáctica y bosteza con cada nueva metáfora que no es más que un plagio de la anterior. La ciudad apuesta entonces por lo prosaico, por el relato concreto y no por la abstracta emotividad del lugar común.

Habana, si no existiéramos, tendrías que inventarnos...

Con tus presos repatriados al campo, con tus cabecitas huecas al punto de lo criminal, con tu recontra-inteligencia clandestina incluso de ti, con tu alta densidad de aulas donde un televisor intenta suplir la ignorancia o el miedo del maestrado, con tu solidaridad a falta de misterios, con tus hospitales inhóspitos y gratuitos, con tu dinero como barajas trucadas, con tus loquitos tristes que inofensivamente se ofuscan y ofenden, con tus mendigos percudidos, con tus uniformes lustrosos, con tus cuerpos que de vez en cuando recuperan el brillo libérrimo del placer, con el amor que se nos hizo crac sin querer (vidrio volátil del veintiuno), conmigo que soy el mejor y bien lo sabes, contigo que eres único y bien lo sé, con todos y para el invierno de todos: Habana, debieras felicitarte de contar con semejante tropita post-ciudadana en este penúltimo lunes 16.

Cubansummatum est!