sábado, 19 de diciembre de 2009

UN DÍA DE DICIEMBRE


GATITO
Orlando Luis Pardo Lazo

Cuando las ciudades se ponen cínicas y carroñeras, la muerte es tan fácil como salir a la calle y que te tiren un carro encima. Conozco historias así. Me las cuentan con frecuencia cada vez más preocupante. Y, por supuesto, ahora las he protagonizado.

Salí a la escalinata de Bouza y Rafael de Cárdenas, allí donde una fila de tanques prehistóricos de basura alimentan a una manada de gatos sin patria pero sin amo (y sin amor). Entonces, una patrulla de la estación de Aguilera le dio un toque mínimo al minino que cruzaba como un loco la calle. Gatito.

La patrulla ni se enteró. Y continuó rumbo a Calle 11 en alguna secreta o sucia misión. El gatito tampoco pareció inmutarse. Sólo se metió entre la hierba guinea que se come ese trozo de acera (decirle “acera” es una exageración), y allí se tendió a esperar con sus dos o tres meses de vida gatuna, acaso para entender de qué se trataba aquel golpetazo que un vehículo con seres uniformados le había propinado al azar.

Gatito no se quejó. Tenía la mirada vivísima. Era blanco y negro, como mi gato Xotreum (que por estos días ya está a punto de abrirse su propio blog). Me acerqué. Intentó huir. No lo culpo. Tampoco pudo lograrlo. Tenía paralizadas las patas de atrás. Se arrastraba como un majá o un pez claria. Un escalofrío me recorrió el esternón. De tanto vivirla en carne ajena, yo sí me sabía el resto de esta historia necrocubana.

Lo cargué. Hacía frialdad, no tanto por la estación como por la altura de esa colina de Lawton. Seguí con él en mis brazos. Con Gatito rumbo a ninguna parte. No quería mirarlo. No quería tocarlo. No quería encariñarme con la muerte crónica de esta ciudad. Demasiados conocidos muertos o desaparecidos tras un telón de acero o de exilio. Por favor, está bueno ya. Pero tampoco quería dejarlo botado allí, reptando su suplicio cruento y tal vez lentísimo.

Gatito. Te pido perdón.

En la Clínica Veterinaria de Carlos III y Ayestarán, ese nichito paramédico donde converge toda la gente triste y solitaria de La Habanada, me cobraron 25 pesos por una placa. Barato. Además, con muy buena voluntad de ayudarme en mi desasosiego. Además, a falta de cepo, tuve que sostener yo mismo al gatito durante los dos disparos de radiación, tragándome a bocajarro los rayos X de aquel cañón obsoleto.

El primero en leer la placa fui yo. Gatito, tenías la columna picada en dos, la médula cortada con una tijera indolora: la paraplejia y la no-respuesta de tus instintos estaban garantizadas por el resto de la historia nacional. Eso es lo que pasa cuando nadie te cuida al cruzar la calle, ni te advierten tener la máxima desconfianza contra cualquier carro estatal.

“Gatito, ¿por qué no te moriste tú mismo?”, pensé. Y enseguida pensé: “No te moriste para que yo te diera un poco de amor, para que te hablara llorando en un banco percudido de aquella cliniquita propiedad zoocial, para que te acariciara y te diera un pedacito de jamón y queso que oliste con miedo y apenas intentaste lamer. Lambucear.

Gatito, yo te maté. Pregunté sin derecho si dolía y me dijeron que el animalito ni cuenta se iba a dar: la segunda persona te excluía de la escena, como si tú no fueras capaz de comprender nuestro argot cubano de la pena mínima a la hora sin hora de aplicar la pena máxima.

Me juraron que el sacrificio era la decisión más humana que cualquiera de ellos, como especialistas, tomarían con una mascota en ese estado (parece que la muerte es lo único humano en semejante estado decrépito a priori, pero tú ni siquiera eras aún mi mascota, Gatito). Como bonus-track, me liberaron de pagar tu dosis letal, porque a ellos también les daba mucha pena “ponerlo a dormir”.

Y era verdad. Al muchacho de delantal verde le brillaban opacamente los ojos. Y entonces mi llanto mudo comenzó a caer en cámara lenta sobre la camilla fría untada con aromatizante barato.

Algunas lágrimas le dieron a Gatito en la cara y entonces sí reaccionó con apetito. Quería beber. Tenía sed. La sed infinita que nos mata a todos de soledad por más que nos insertemos en nuestra mediocre multitud. Bebió. Casi le grité al muchacho: “Por favor, dale ya”.

Le cogió una vena. Inyectó algo así como dipental. Gatito se inmovilizó. Seguí acariciándolo como hacía ya casi dos horas. Lo envolví y salí, bajo el manto fuera de foco de las miradas piadosas de la cola.

Me paré en la esquina de Infanta y Carlos III. En La Habana, Cuba, América, un martes 16 de diciembre de 2009 (para los gramáticos oficiales, sepan que hubo y habrá todavía muchos otros martes 16 de diciembre de 2009: la realidad es estéreo y no monopartidista). Con mis amigos artistas aterrillados por la inquina institucional de la Inteligencia, con noticias truculentas de que el 2010 será el año de la encerrazón o sin-razón absoluta, con nuestra esperanza ya parapléjica y sin siquiera una dosis definitiva de rayos X o dipental, caminé hasta otra fila fétida de tanques plásticos de donación, y allí te dejé, a kilómetros de tu basurero original.

La brisa fría y el sol somero enseguida me secaron la cara. Sentí alivio por mi crimen.

Gatito. Gatito lindo. Gatito lindo y moribundo que te puse indolentemente a dormir sin dolor. Aún no sé si me arrepiento. Creo que tal vez no tanto. Por lo menos tu último día del mundo fue con un tipo tocándote con amor la barbilla y ronroneándote boberías en un bus estatal. Un tipo noble que devino verdugo bioquímico voluntario.

Gatito. Mejor no me perdones. Gatito, adiós.

UN CORAZON CON RAZON


UN CORAZON CON RAZON, originally uploaded by orlandoluispardolazo.

Ciudad Deportiva, jueves 17 de diciembre 2009, 12 del mediodia cubano...

viernes, 18 de diciembre de 2009

PROTESTO


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Omni zona franca on the loose...

RING-KONG









FOTOS: SILVIA CORBELLE BATISTA

¿ARRINCONADOS?
Orlando Luis Pardo Lazo

Nadie en Cuba conoce a San Lázaro. Tampoco importa demasiado. La gente le tiene fe, aunque lo confunden entre pasajes bíblicos y pasillos brujeros de barrio. Así que al Rincón nos fuimos, iluminados e ignorantes, con body-painting y soul-preaching. Casi un centenar de orates con un garabato de palo a cuestas. Como cada año, desde hace ya más de una década de fundado el fenómeno Omni-Zona Franca: hoy 100% free-lance, empujando hacia al futuro el carretón underground de su Festival de Poesía Sin Fin 2009 (un hito histórico que la prensa en Cuba debiera narrar en todo su esplendor).

Desde las 12 del día, al piquete se sumaron tres jóvenes desconocidos (dos ellas y un él), y enseguida las patrullas con cámaras en el techo fueron documentando nuestras caras acaso en stop-motion. Hacía sol fuerte, pero no desesperante. Babalú Nube ayudó. Avanzamos rapidísimo hasta Fontanar, cantando y dando brincos como niños escapados de sus aulas (jaulas): “un garabato pá que abra los caminos...” Allí nos telefoteó a su gusto un señor sonriente y calvo, paparazi parapolicial. Sólo entonces desapareció nuestro trío de joviales escoltas (o se pusieron un traje de invisibilidad parcial, al estilo de los videojuegos en 3-D).

El garabato pesaba muchísimo, como corresponde a un año muy heavy o jodido. Arrastrarlo desde 100 y Boyeros hasta el semáforo del Reloj Club fue un privilegio que me dejó en estado de postración. Igual seguí para alante. Necesitaba sentirme vivo en esta veleidosa y a ratos vitriólica ciudad.

Pasaron muchisísimas cosas. Pasó la amistad, súbita o recuperada a la vuelta de años (alguien acabado de aterrizar del avión y ya estaba peregrinando). Pasó el amor, siempre OMNIsciente y OMNímodo: desde una bebé hasta un septuagenario, sin distinción de sexos ni pieles ni credos religiosos o políticos. Pasó la palabra, cómica y verdadera. Pasó el pánico, según nos internábamos en aquella ratonera que anochecía al galope.

No quiero dar detalles. No voy a compartir esta magia todavía. Temo que se me diluya. Me aterra vulgarizarla sin querer, al meterla en la camisa de fuerza de mis rearreglos de sílabas y silencios. Baste decir que la tensión fue en aumento. Y también los aplausos y gritos y estribillos y el paso exhausto que no dudó nunca en avanzar hasta ver qué nos podría suceder en aquel camping minado.

Nada, por suerte. Sólo un atentísimo operativo parapolítico. Y la coincidencia cósmica de meter el garabato en la Iglesia justo cuando un padre daba una homilía preciosa, ya pasadas las 7 PM.

Después de la respiración AOM y de colgar el garabato en el árbol ritual de Omni-Zona Franca, Luis Eligio pronunció un microdiscurso maravilloso. Lo escuchamos con las manos tomadas, en la penumbra del traspatio clerical, ya a punto de los abrazos y lágrimas que estallarían después. Yo nunca lo había visto transformarse así. Vehemente y humilde. Amable y arrebatado. Eligio el Elegido, en verdad. Un icono para nada improvisado. Un cubano que se ha pensado a sí mismo en privado y ahora confía en su mensaje público de paz. Un tipo que merece todo el respeto ministerial o, de lo contrario, habrá que vaciar ese rimbombante adjetivo en el fondo del Recycle-Bin.

Afuera, su voz se mezclaba con la del padre católico adentro. En un instante dado, la frase de Luis Eligio no tuvo necesidad de concluir: la voz en off del púlpito completó su sentido. Un diálogo nada distante entre dos antípodas. Amor. Amor. Amor. No hay ser humano sin amor. No hay ser nacional sin amor. Mirarse las caras con la verdad. Ascender el alma, no los objetos. Sobrevivir en el espíritu, no en las ideas y mucho menos en las ideologías.

Gracias, Luis Eligio. Gracias, Omni-Zona Franca. Ojalá este mensaje fuera leído en toda su justa lucidez por los agentosos que llenaron sus tarjetas digitales registrando nuestras imágenes y voz. Ojalá que llegara también a todos esos rostros ajados de vecinos y guaguaúntes que nos miraron entre el escepticismo y el espanto, incapaces ni de sonreír ante la diferencia. Ojalá que, mañana viernes 18 de diciembre de 2009, el Ministerio de Cultura cubano cumpla con su palabra de una semana atrás y acepte reunirse (¿rectificar?) con esta avanzadilla pacífica de genios innatos de Habanalamar.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

PATRIOT TEARS


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Eskuadron Patriota en vivo en casa...!

ALAS DE ALAMAR










DÍA 2: ELECTROSPEAKING RICO PA´ TI
Orlando Luis Pardo Lazo

Esta nochemartes fue la hecatombe. Música remix con un DJ, y luego media Cuba underground en vivo, en un apartamento de emergencia, pues el garaje-taller de Omni-Zona Franca también fue censurado a pesar de ser particular (ayer lunes 14, hombres incógnitos entrevistaron uno por uno a los vecinos del edificio y sólo 3 cubanos no se sumaron al boicot cultural contra Poesía Sin Fin 2009: el resto prefirió no buscarle la quinta pata al Estado).

Pero Poesía Sin Fin 2009 es un meteoro. Tras una parada de la ruta P-11, surgió un tercer piso listo para el concierto. De 7 a 11 PM la música reventó la sordera post-proletaria de Alamar, pero nadie aquí se prestó para la protestica policial. Al contrario, fue una noche diferente para este barrido barrio. ¡Bravo entonces por ese espíritu de tea de la Zona 5 y una rechifla para la mortandad amoscada de la Zona 19!

Perdí la cuenta de los intérpretes de esta segunda jornada del Freestival Poesía Sin Fin. Todos la pusieron bien candente. Crisis y crítica y catarsis. Todos con una rabia respetuosa contra el país y el mundo, y todos agradeciendo la invitación a pesar del chismorreteo ministerial que aspira a estigmatizar a esta gente sin etiquetas.

Pero el poder burocrático este diciembre de 2009 no lo va a lograr. Su papeleo político es un pataleo patético que no tiene cara para parar tanto corazón sin coraza, tanta vocación de verdad, tanto amor en el ambiente, tantas lágrimas lindas en los rostros sin apartheid lo mismo de la blogger de Octavo Cerco que del líder de Eskuadrón Patriota (que se ahogó de emoción y cortó su antológica “Decadencia” por la mitad, bajo una ovación que casi mete en resonancia a aquel palomar de arquitectura o acaso arqueotectura de los 70´s).

Fue apoteósico. La casa convertida en estadio. En un templo ecuménico. En fe de futuro.

Cuando regresaba a Lawton de medianoche, vi la Casa de Cultura de Alamar. Parecía un mogote jurásico. Todavía con los baffles de vida resonando con magia en mi estómago, en esa mole prefabricada sólo vi una lucecita mortecina calando los bostezos de los custodios o cuadros. En 3 o 4 días ya se había convertido en una casa fantasma. Por supuesto, la imagen no me deprimió en absoluto. Antes bien, ya era hora de que se hiciera justicia. Una cultura fantasma se merece un nichito municipal así. ¡Buen provecho, Procurador!

martes, 15 de diciembre de 2009

David


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David on un tem de su disco en la inauguracion del festival poesia sin
fin en alamar, la habana, lunes 14 de diciembre 2009

POESIA SIN FIN


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waldemar guerra y luis eligio, alamar, la habana, cuba, lunes 14 de
diciembre 2009, inauguracion del festival poesia sin fin...

¡Y SE HIZO EL FESTIVAL...!









DÍA UNO: INAUGURACIÓN
Orlando Luis Pardo Lazo

Con el “AOM...” místico-materialista de Amaury Pacheco y el tintineo de sus campanillas zen-lezamianas, rompió, por encima de la necia nuca del funcionariado cultural cubano, el 11no Festival Poesía Sin Fin de Alamar, Cuba y América.

“¡Oye, sí, que ya estamos conectaos...!”, un grito único y un aplauso que frisó con las lágrimas después de tantas advertencias violentas Made In MININT-MINCULT.

Bah, ¡no coman tanto pan con presiones, comediantes, que eso les empina la panza! Primero, un jaque al descubierto en los parques pacifistas de El Vedado, del Día de los Derechos Inhumados (10 de diciembre). Después, un jaque a lo descarado en la Casa de Cultura de la Habana del Este (donde Fernando Rojas dijo “para el enemigo no puede existir amor”). Y, este mismo lunes 14, un jaque doble en el vecindario del edificio de David: en un claro cársico de La Siberia (Micro 10), allí donde el diablo no dio ni siquiera un tercio de voz.

Entre ignorar o insultarse, uno no puede menos que intuir la pobreza persistente en que patalea dentro de este país: una cuba cochambre. Así y todo, hay esperanza en el fondo de tanta enfermedad infantil. Y, a la hora de la insegura inauguración, cuando parecía que la mala leche de repudio envenenaba el Festival Poesía Sin Fin de OMNI-Zona Franca, estos monstruos de la buena vibra han dado una lección de madurez al resto de nuestra zoociedad: la pelea está ganada, porque no hay pelea sino belleza; los ministros pasan, la cultura queda; cuando hay muchos hombres empobrecidos o embrutecidos o emputecidos, basta un destello de luz pura para iluminarles el camino secuestrado (una cuba crisálida donde incubar un futuro no fósil).

OMNI-Zona Franca no para: sigue, sigue...

Fue la locura. 3 horas que se fueron en 3 minutos. Un segundo piso que parecía un mirador planetario. Gente linda hasta en las escaleras. Extraños lúcidos y juguetones, extranjeros que conocen mejor el alma humana que el represor de la acera de enfrente (qué afronta). Ganas y goces en las miradas. Abrazos y besos después de un año o un minuto sin verse. Colores y colgalejos. Tatuajes y té. Coqueteos y toqueteos. Es el reino del cuerpo y de la verdad: nadie miente, tampoco nadie habla de más. No hay promesas perdidas. Prima el silencio o el grito de alegría salvaje. Retumba el verso, el acorde, la puesta en movimiento de un lenguaje que fuera de allí luce anquilosado y estático y se llama “habla popular” o “discurso oficial”.

Cerca de las 5 PM aquello explotó. Una caldera de vapor performático. Llegué con cierta paranoia patria, por los comentarios de los vecinos. Sobreoí frases fúnebres al estilo de “no paso pallá pa´ no coger yo una lluvia´e piedra”. No sé de qué hablaban. Seguí de largo. Antes, ya había visto el típico tríptico de guardias de verdes convoyados con varios policías a la salida del reparto, casi en la Vía Blanca. A lo mejor fue una cómica coincidencia (reincidencia). Pero a la familia de David los dirigentes del CDR le estuvieron maleando la atmósfera todos estos días.
Waldemar Guerra rasgó su guitarra. Cantó. Cantamos todos, sin saber la letra en absoluto. Cada palabra era un aleluya guerrero de paz. Todos devinimos poetas por contaminación o acaso combustión espontánea. Yanier Hechavarría (28 años, Holguín) se bajó con unos poemas selectos de su libro “Peces en bolsas de nylon” (Ediciones Ávila 2009), leídos con un talante sobrecogedor y encima con sus facciones cautivadoras:

Hay olor a cadáveres.
En las calles hay olor a carne que se pudre.
Tengo hambre.
Hay basura en las calles,
basura de productos importados:
cajas de cigarros,
botellas plásticas,
vasos desechables,
una postal con la imagen de la rosa búlgara;
la dedicatoria “A Mamá”,
la misma,
la de casi todos.

Y también:

No puedo creer en las fotos de las postales, el diagnóstico, las conversaciones, la gente a pie tratando de llegar, la violencia en los rostros, los graffiti de noche, el escape hacia la luz del horror, la demanda de los restaurantes, las tiendas, los suicidas, las risas en las escasas bocas, las sábanas de los hospitales, el peso de los cuerpos que hoy son cadáveres.

Y cosas así. Ni buenas ni malas, pero pronunciadas con una vehemencia digna muy poco cubana, acaso ya post-cubana.

En ninguna lectura pública he visto a la audiencia atender al poeta. Normalmente son espacios para socializar y beber de gratis. En la sala de David, sin embargo, hasta la garganta de quien leía se escuchaba tragar, traquear, trepidar.

Leyó entonces Francis Sánchez, de Ciego de Ávila, que es hermano del Félix Sánchez que polemizó con Julia Osendi (contra el borrado de la historia beisbolística nacional) y con Eduardo Torres Cuevas (por su política depauperadora de fondos bibliotecarios) —el mismo Félix Sánchez a quien le están escamoteando por clandestinaje su Premio Guillermo Vidal 2009—, y soltó unos textos de raras rimas en esta epoquita tan prosaica. En su poemario “Epitafios de nadie” (Editorial Oriente 2008), Francis perdió un par de poemas por la censura y el volumen casi no se promocionó, pero allí estaba orgulloso su autor, recapitulando, por ejemplo, la muerte manipulada de un ícaro cubano que, una década atrás, quiso escapar del laberinto insular en un tren de aterrizaje de la British Airlines.

También estuvo el espirituano Manuel González Busto, y un joven que al final se me esfumó entre las manos sin dejarme saber su nombre, que creo asociar ahora con Heriberto (acaso un anagrama de Heberto de poética parecida a la de Padilla): “un país que perdió las fronteras con el dolor y huye como un tigre moribundo”, “el pretexto de estas horas sucias y suicidas”, “en este minúsculo cuarto respiramos, aquí se acuchillan nuestro sueños de vivir en el país que nos hiere”, “a pesar de todo el día vuelve a empezar y la excusa de ayer sirve para hoy”, “vengan a mí las ilusiones que escaparon por el lavabo junto a partículas de jabón y el semen incontenible”.

Maikel Iglesias, miembro del consejo redactor de la revista digital Convivencia que dirige desde Pinar del Río Dagoberto Valdés (“Vade Reto, vicioso”, subrayaría aquí un viceministro), leyó un poema tan extenso como intenso de “El libro de Griet”:

Pego mocos contra el muro de lamentaciones que hoy rodea mi país para bloquearme el tuyo. / No creo que sean los buitres del Estado en esta madrugada, / ni palomas mensajeras del Sistema, / ni tiñosas blancas. / O tal vez sí. / Es de otro asunto mi onanismo cósmico. / Otra estirpe mi vejada hombría. / Por eso me rebelo ante el color de las tiñosas como un yonqui. / Son tan blancas que nos pintan raras. / Y le ensucian el rostro a mi bandera.

Llegó el tam-tam de la música y todo el mundo saltó del piso y caímos felinamente sobre nuestros pies. Una rapera conductora de TV en Venezuela la puso caliente o cool a favor de un diálogo que se escuchara a todo nivel. En este punto David adelantó dos temas de su disco, donde la intolerancia aún no parece ser un ángel olvidado, sino un demonio por olvidar. Nuevamente contorsiones y gritos, cruzados por momentos de reflexión a capella o de un casi rezo a cargo de Waldemar Guerra sin guitarra. Y entonces llegó la noticia de que había “algo fula armándose allá abajo”.

Igual ya había terminado triunfalmente el programa de inauguración. Cesó la música. Cruzó un flashazo de ira y lo excomulgaron del apartamento. Se habló de paz, de armonía, de respiración, del camino recto y transparente, de que este Onceno Festival sin paternalismos tendría que ser, sin proponérselos, el mejor.

Muchos bajaron y fueron hasta la plazoleta de la intriga inquisitorial, donde una lastimosa presidenta o delegada intentaba, desde la disciplina de su analfabeticidad, arengar a los becarios de una facultad cercana para ir a molestar a los invitados de David: escándalo público, sería el cargo común esta vez.

Sólo que los muchachos en este caso sí eran muchachos. Oyeron a la mayorala mala con respeto e incredulidad, pero nadie le hizo mayor caso. No se movieron. Hasta David mismo tomó la palabra, en una suerte de democracia directa con la que quizá no contaban los agentes que planearon semejante intervención (léase, invención). El pueblo cubano real no está para esa “trova bizca”: si quieren acto de repudio espontáneo, lo tienen que traer rápido en brigaditas pret-a-porter desde alguna cárcel o cuartel.

Nos fuimos en masa. Tras otro tsunami de abrazos y besos y teléfonos intercambiados que muy pocos discaremos hasta el próximo Festival. Es decir, hasta mañana, cuando en un lugar de Alamar de cuyo nombre aún no quiero acordarme, resuene el micro-conciertazo Elektrospeaking en la cuerda del hip-hop.

Deséenles suerte y amor a este piquete de cubanos y cubanas, por favor, que están caminando por el pétalo histórico de una navaja.