sábado, 26 de diciembre de 2009

BULLET-IN 3 DE VOCES CUBANAS












ANIMAL DE AL-CANTAR-REJAS


EL OTRO ROJAS
Orlando Luis Pardo Lazo

“Animal de alcantarilla”, que ningún cubano recuerda que fue un poema antes de ser un blog (y me alegro, nuestra poesía se merece semejante borrón): el blog volatilizado de Luis Felipe Rojas en el portal http://www.cubaencuentro.com/.

De aquel poema en prosa (flujo de pensamiento que ahora flota en prisión), publicado hace más de un quinquenio por la entonces mejorcita revista UNIÓN (dirigida intelectual y no ideológicamente por Jorge Luis Arcos y Enrique Saínz), saco estas líneas al azar que tecleo ahora a falta de otra solidaridad mejor:

...extraño que no sepas ponerte a tono con la saliva nacional el escupitajo provinciano calor para despotricarse sobre el alcohol verano cuando digan estamos aquí no se sorprenda nadie juro estábamos aquí mi madre jura éste era todo el condimento mi padre jura nunca estuve ahí señora no es mi hijo golpeo con más furia que un condenado a exilio si me agazapo quién me salva si la cicuta o la escalera grande de ángel escobar el veneno manufacturado en las unidades policiales o la prensa entonces quién podrá besar a la muchacha de los dedos largos quién va a lamerle la herida el cordón artificial de la cabeza quién para reírse llamarme el convidado las letras dirán un nombre una balanza el ritmo que me lleve de las tuberías a los fosos del poder la silla hace ademán el pueblo tiembla como el osito de la revista me extraño a mí me extraño tanto digo punto me voy a los tragantes empujado entre la yerba el alcohol los restos de comida soy hediondo empujado vertido hecho de ti de mí de todos vivo en esta alcantarilla soy comida nacional...

Luis Felipe Rojas: ¡a la reja...! Casi un sainete de humor soez. Yo lo recuerdo del año 2006 (desde la distancia doblemente muda de La Habana a Holguín), fajado junto a Michael H. Miranda por sacar adelante una tal organización de escritores al margen de la UNEAC, además de la revista independiente “Bifronte”: que se imprimieron sólo dos números y, después, a muchos de sus colaboradores vivos, los funcionarios de Cultura les advirtieron que había sido un error publicar sus respectivas literaturas en esas páginas (el admonitorio ministerio que todo lo quiere administrar).

Luis Felipe Rojas y olé... Acaso el campo literario cubano sea una lidia de toros contra los lectores políticos de la Secreta. El pugilato del poeta como médium de los Órganos de Seguridad. Pero Luis Felipe Rojas lo intuía desde el inicio en este cut-up caótico que rearmo ahora con trizas de sus poemas “Animálica” y “Circulación del país”:

...este es un país de ferias y holocaustos
donde los amigos esconden la pobreza
para entrar al paraíso
una feria de animales sorprendidos
con el sexo entre las piedras
un país culpable de tanto frío en las praderas...
...soy el que cuenta las noches del país
bajo la piedra
detrás del alcohol que sobra
allá cuando la patria tiembla
bajo el limo de la historia...
...prohibido está asomarse al mediodía
de este siglo que expira con luces y pancartas
y el señor exige banderitas
para las misas del enero milagroso
día de reyes qué regalos...
...pienso que mi país no es de verdad
esta isla es otro sueño
este no es un país sangrado en el espejo...
...a mí la vida a mí la muerte a mí la luna
qué me importan la muerte la vida la luna
si Dios me ha echado de la feria
y mis amigos no aceptan mis muchachas
mis piernas ni mi sexo convertido en aguas turbias
este es un país de ferias y holocaustos
y animales que lucen el descuido...

¿Seguirá escribiendo poesía Luis Felipe Rojas en el 2010? ¿O la política pedestre cubana (lo chiquitico de nuestro décimotercermundista color local) ya se lo tragó? ¿Qué ensayista cubano en activo lo volverá a antologar? ¿Cuándo un jurado pagado por una institución estatal tendrá las tripas de premiarlo otra vez? Allá, en la Cuba no tan hastiada como haitianizada de Oriente, ¿quién recordará su título de Poeta por encima del sambenito de ser un disimercenario? ¿Qué escritor cubano escribirá sobre este escritor cubano sin caer en pánico?

En la esquina roja, Rojas (tras un viceburó del MINCULT). En la esquina azul, Rojas (delante del politburó del MININT).

Mucha suerte a ambos en el interrogatorio, sin ironías. La lucha es discontinua: la victoria, incierta.

jueves, 24 de diciembre de 2009

ESTO NO ES UN DISCURSO


LA NADA BUENA
Orlando Luis Pardo Lazo

No sé si los cubanos alguna vez se lleguen a amar. Lo cierto es que sí les sobra el aliento para difundir un amor ajeno, al menos sobre-humano: el de Jesucristo para con nuestra pecadora nación.

Y allá van, una miríada de cubanos conversos del materialismo a la trinidad. Por esta Habana del XXI pululan impolutos, con sus vestimentas de género republicano, solos o en rebaños tristísimos después del culto aleluya y la sanación a manos de un pastor o impostor. Allá salen, con sus salmos de traducciones baratas, casi siempre de noche (la luz del día es nefanda para la fe), caminando o en buses de bombillos ahorradores, con una sonrisa falaz de felicidad y una precaria salud bucal. Allá van, como almas que se las lleva dios, a repartir papelitos de pertinaz propaganda pastoral.

Tengo sangre para que me caiga del cielo este tipo de información, en Cuba casi clandestina (no se vende ni edita de manera oficial). Mis ojos claros, color sin tiempo. Mi pose de tipo tiposo y desvalido (un Goliat con ínfulas de David). Mis pelos de personaje perdido con síntomas de una cándida curiosidad. En fin, un ángel desangelado a ras de La Babiloniabana poscomunista de los años cero (una res descarriada entre la nada y el cielo). De manera que siempre me toca la gracia de uno de esos panfletos naif. Y no me molesta en absoluto. Al contrario, yo soy el único cubano que todavía los lee del pí al pá.

“Hoy puedes empezar una vida nueva si dejas que Jesucristo te transforme”, aseguran estos impresos sin imprimátur: una tsunami subterránea que funciona como una conspiración evangélica explicada al proletariado (un Cristo patrio in crescendo). “Si crees que Jesús murió por ti y obedeces sus mandamientos, podrás empezar una vida nueva cuyos frutos irás viendo poco a poco” (la cautela cubana de la política del PCC contamina incluso estas prédicas).

Así que cada noche yo acepto mis papelitos y un desconocido me bendice mascullando salves sin saber si soy un suicida o un serial-killer de clase C. El diseño editorial es más bien kitsch: flores que retoñan sobre la roca de un abismo o en la arena del desierto, mariposas de colores retocados sobre dichas flores, nubes impresionistas con halos de photoshop, puestas de sol turísticas: en fin, un reavivamiento espiritual del lugar común.

En casos extremos, quien reparte estas primicias de prensa independiente se pone de pie en medio del improvisado auditorio y deviene predicador. Empiezan advirtiendo (y divirtiendo a la audiencia analfabeta de fe) y terminan con un aura de admonición: “Atiendan, hermanos, es muy importante, y esto no es un discurso” (nunca especifican qué es): “el pecado es tu perdición porque impide que el hombre conozca a su verdadero dios (tampoco especifican cuál es)”.

No sé si los cubanos alguna vez se lleguen a amar. Lo cierto es que tales gritos de tribuno sancto (las mujeres nunca se lanzan, tal vez para evitar ser confundidas con una Dama de Blanco), tales diatribas entre la amenaza y el amor, la mayoría ya al borde de la medianoche cubana, son lo más parecido que mis nervios de punta pueden asociar con el chillido del diablo.

Lo peor es el aire de superioridad con que muchos de estos voceros te radiografían al soltar su monserga de monseñor. Es obvio que ellos ya están salvados a la hora del apocalipsis: sus nombres parecen ya confirmados en la lista divina de la hora final de Cuba y el mundo (Cristo los legitima contra Castro). De (mala) suerte que el que ha sido cogido en falta eres tú, todavía indeciso entre virarles la cara o abrirles tu corazón. El que está jodido por no creer en semejante jolgorio eres tú. Más te vale arrepentirte y asistir mañana mismo al templo con puntualidad, a éste cuya dirección se anuncia al pie de la tarjetica promocional.

Sin embargo, ayer en la madrugada un muchacho escuálido me extendió con pena un papel. Era evidente que lo hacía por cumplir su tarea en la secta o al menos en el sectorial. Me lo dio por disciplina de buen pupilo protestante y no por fervor: de hecho, casi me pide por favor que yo le quitara de sus manos aquel cargamento de hojitas de contrabando. Su misión era tal vez un castigo por haber llegado tarde al culto una noche o acaso como cuota diaria de auto-mortificación.

Me pareció débil y nada sincero, como yo cuando me descubrí dando tumbos en la década decadente de los noventa: un jovencito dolido apostando apenas por una segunda o vigésimo-segunda oportunidad para su alma. Acepté su san zamisdat sin dudarlo, como de costumbre, pero esta vez el pastor era técnicamente yo. “¡Qué solos estamos!”, le solté sin pensarlo: “¿Te puedo dar un abrazo?”

Él me miró atónito, tal vez temiendo otra trampa de nuestra rala realidad. Yo le repetí mi propuesta un tanto embarazosa y le abrí no mi alma pero sí mis brazos de par en par.

El muchacho dio un par de pasos hasta mí. Se me enganchó del cuello y estuvimos no menos de medio minuto en esa posición: un tiempo infinito entre desconocidos, un lapso infinitesimal entre bestias civiles, toda una Era antropoilógica naufragada en nuestro indolente dolor de nacionales ya sin noción de nación.

Nos separamos. Nos estrechamos las manos. Las teníamos sudadas y frías. Nos espetamos algunas felicitaciones por navidad y el nuevo año que ninguno quería del todo inaugurar, y entonces él bajó la vista y se confesó: “Gracias, hacía mucho que nadie me tocaba ni se fijaba en mí”.

Y cada cual se perdió en silencio en la penumbra pésima o póstuma de Porvenir, bajo el semáforo decrépito donde esta avenida sin futuro funge o finge como frontera frágil entre Lawton y Luyanó. Seguro que cada cual pensando en lo excepcional de nuestro encuentro lejano de segunda o vigésimo-segunda especie al alba de la Nochebuena del 2009. Amén.