viernes, 1 de enero de 2010

11uvia





LA PRIMERA LLUVIA DEL MUNDO
Orlando Luis Pardo Lazo

A las seis de la tarde ya se hace de noche. Noche cerrada, rojiza, capote de nubes que desciende por su propio peso sobre la ciudad virgen de primero de enero.

Entonces llueve. Olor a lluvia, a memoria, a eternidad. Apenas un chubasco es suficiente para enchumbar el alma, para sacar afuera lo olvidado mejor, para desenfocar a nuestra demasiada Cuba y sólo así recuperarla desde lo imaginario de cualquier amor.

Llueve a las seis de la tarde del último primero de enero cubano.

Llueve como siempre. Para siempre.

Llueve. Llueves. Llovemos.

La calle, de por sí desierta tras la resaca de la nada de fin de año, queda ahora desertada. Es hermosa, es higiénica, es humana tanta sensación de soledad.

La respiración se purifica con este olor ancestral, moléculas de lluvia que bien podrían bastar para construirlo todo de nuevo, una Cuba húmeda desde cero, una Habana única desde el año diez, una Revolución de humo de cara a nuestra historia inmediata.

Porque sale humo. No sé de dónde, pero creo ver hilos de humo borrosamente salir del asfalto. Humo hacia arriba como respuesta súbita ante la llovizna que cae. Humo en los ojos de un cubano que se azora de que aún llueva tan primerizamente en pleno 2010. Humo en la garganta de un cubano que grita silencios y no quiere seguir atorándose aquí. Humo en los corazones torturados por la belleza de lo que nos perteneció por designio diabólico o divino. Humo por lo que nunca volverá a ser nuestro toda vez que escampe enseguida.

Porque escampa enseguida, siempre es así.

La ilusión dura un instante, ni siquiera una instantánea.

Adiós, Cuba. Adiós, verdad enterrada en nuestros cuerpos. Adiós, poesía impronunciable de haber sido todos cubanos alguna recóndita vez. Adiós ahora. Adiós antes de que por estas mismas calles, que son nuestra carne efímera y elemental, corra en otra noche otra llovizna perversamente peor. Adiós.

jueves, 31 de diciembre de 2009

martes, 29 de diciembre de 2009

PLAY IT AGAINST, SAM!


TÓCALE EL CULO, SAM!
Orlando Luis Pardo Lazo

En pleno domingo de la Virgen del Camino, un tipo casi viejo se le encima y le mete la mano bajo la saya. La ofende sin previo aviso, escupiéndola con su aliento etílico de energúmeno nacional. Tras la maniobra de prestidigitador, la llama puta o algo muy parecido, le grita que no se haga la santa porque el toca-toca seguro que le gustó, y todavía le enseña los puños por si ella pretendía revelarse contra la agresión. Pero ella sólo comienza a llorar (de ira e impotencia, me dijo después, de ganas de matarlo o hacerse matar), mientras él ríe sin dientes, imponente e imbécil: un cubano clásico de esa barriada cársica en San Miguel del Padrón.

La gente de la cola de la ruta A-3 no se metió en absoluto. A nadie se le ocurrió montar un acto de repudio ante el abuso. Todo el mundo piensa que “entre marido y mujer nadie se debe meter” (excepto el Estado, que se supone sea omnisciente). Pero ella no era nada de él: nunca había visto a ese comemierda con carne de cárcel. Ella es M y la conozco hace 20 años exactos, desde un 1989 que se asumía como el primero de los últimos años de la ilusión. Me alegro de no haber estado cerca cuando te ocurrió esa vileza, le digo cuando termina de contármelo con el aliento entrecortado: te juro que yo también podría haber matado o hacerme matar por el violador. Porque justo eso es lo que son: violadores del ínfimo espacio que nos resta en tanto ciudadanía.

En los cochinos cafetines en CUC de noche, en las guaguas coaguladas, en las lunetas lácteas de las salas a oscuras, en los conciertos cómplices de no sé qué, con un desparpajo ruin y ruino, veo a los cubanos sobarse la huevera clueca y meterse con cualquier cubana con la misma calaña de un criminal. Les dicen de todo, hasta del mal que se van a venir. El piropo (que para mi idiosincrasia ya era una imbécil invasividad) ha devenido ahora puro pingón al pecho, procacidad pendejuda de pervertidos sin patria pero todavía con amo (sin amor).

Y, además, las tocan. Por el hombro, en un codo, con un tironcito de pelo (es cómico, no hay que dar el berro por tal bobería: no te me hagas la fisna, mira que tú nacites en un solar), por la espalda, en la barbilla, en la carita linda esa mami (anticipo de la crica rica esa mami), en el culo culpable de ser culo de M, por ejemplo: donde quiera ellos las tocan por cortesía, por caballerosidad penetaria, para que quede bien claro quién está aquí en control (como en las galeras).

Que se escandalicen conmigo los estetas estériles, igual ya estoy acostumbrado a su pánico pacato de profesional. Que no lean mis arrebatos. Yo sólo describo, con las palabras perfectas, los síntomas animales con que hasta muchos policías pululan alrededor de los perniles de las putas. Y las putas son todas ustedes, por supuesto. Todas nosotras. ¿Puta quién; y todavía me lo preguntas? La puta soy yo...

También está la modalidad tecnológica. Llaman y llaman y llaman al mismo número para soltarle sus masturbancias de mentecato a una voz femenina, sobre todo de madrugada, para que no quede duda de la alevosa libidia. Hasta que un mal día la jeba destinataria se aterra y cambia de número telefónico, sin siquiera intentar una denuncia que sólo le complicaría las cosas un poco más (como en un queso proceso kafkiano, nadie quiere ver la cara descarnada de la justicia).

Del acoso laboral, mejor ni tocar este tema tabú: son sólo gajes del oficio (o del orificio), situaciones que se solucionan dentro de los propios singuicatos.

Del descaro al coger botellas o “auto-stop” (traducción técnica: que te la paren en tu propio auto), tampoco vale la pena abundar. Las hembras mismas se buscan lo que no está pá ellas, por manilargas bajo la luz roja de los semáforos semeníferos de nuestra calentica ciudad. Allá los maridos que las dejan ejercer semejante práctica peatonal.

Al respecto pienso en las iglesias, en los casitos que se les han dado dentro de los templos (menuda palabra a esta hora). Pienso en que toda cofradía cubana debe estar signada por esta desesperación de partir al otro, de rozarlo con un dedo o un genital, de verternos afuera en fluidos que borren nuestra falta de libertad incluso biológica.

Y siento conmiseración y encojonamiento ante este estado de infantilismo medieval, donde ningún deseo es digno lo suficiente para nombrarse en voz alta, sin pedir permiso, sin escandalizarse, porque ningún deseo es capaz de respetar los deseos del otro (porque, de hecho, el Otro en Cuba no existe: por eso todavía viviremos otro medio siglo y milenio de insulso socialipsismo insular).

Lo siento por M y por el resto de las muchachas contemporáneas que me han contado escenitas excepcionales por el estilo. Me disculpo a nombre de la Cuba sana, la Cuba que sí ha experimentado la fuerza liberadora del placer, la Cuba que juega incluso a la violencia más vanguardista cuando de erotismo se trata, porque nunca se ha dejado castrar acumulando frustraciones familiares entre sus hormonas y gónadas.

La guerra civil no será política, sino priápica. Las tonfas que cuelgan de las cinturas de la autoridad son una excelente metáfora para comenzar, incluso comenzar a terminar.

lunes, 28 de diciembre de 2009

CON EL FORMATO DE FORMAN


ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DE CUBA
Orlando Luis Pardo Lazo

Y ya comienza la orgía de la locureta cubana de fin de año.

Gente que sale sin ropas para la calle, corriendo como niños fofos hasta resbalar y caer bajo el acoso curioso del vecindario (se lo llevan esposado en una fiana).

Un tipo con un palo que rompe a batazos los vidrios de una farmacia de Diez de Octubre (el resto de los establecimientos cierran por resolución y apenas se despachan las pastillas por una ventanilla).

Perros de pelea que desollan a una abuela y después reciben un balazo en su propio jardín (Altahabana como antesala de Bajohabana).

Turistas de la izquierda inmanente que vienen a someterme al sonsonete de su solidaridad, y a pedirme que deponga la bobería de los blogs y redacte una novela de ventas (no saben leer en cada columna un capítulo).

Disidentes borrachines que comparten su ira psico-rígida con el infantilismo del resto de nuestra pobre población (incluida nuestra profusa población penal).

La policía nerviosilla pidiendo sin cordura el carné (con cámaras panorámicas y laptops en sus modernísimos vans y camiones de importación chinesca).

Las noticias confusas del interior del país, de donde siempre llega un telefonazo prehistórico narrando cierta insólita situación: atracos de ninjas en las carreteras, trapicheo de baratijas en una tienda en divisas, intoxicación por irresponsabilidad en un policlínico provincial, destitución de un cuadro ontológico de la región... En fin, el mal.

Nada es cierto del todo y, sin embargo, nada deja de ser verdad. Es la locureta orgiástica del fin de año en la Cuba de la década cero que ya se apaga (comienzan los años diez).

¿Qué Milos Forman del ICAIC será capaz de resumir en imágenes todo este villancico de novedades sin navidad?

Suicidios de ex-militares en las iglesias, robos hollywoodenses en un almacén macronacional, fugas masivas por mar y cielo, copulaciones drogafílicas en las colinas y bosquecillos que coliman a esta ciudad: ayes y eyes-wide-fuck ante los siete pecados capitales que recapitulan la historieta trágica de nuestra Tebas post-tropical...

El Día de los Santos Inocentes devenido Diablo de los Suntuosos Inicuos.

Se acaba el mes, el año y acaso toda una época ya sin épica.

¿Qué escritor cubano tendrá el descaro de narrar todo este alef maléfico desde el estilo estólido de su impropio biopics? ¿Tienen biografía los escritores cubanos o antes deben solicitar por escrito un permiso para narrar? ¿Cómo elucubrar o tal vez lubricar los lunes lunáticos de post-revolución en el 2010? ¿Es el deleite de la ficción fulminante un delito de cara al Ministerio cubano de la Vicecultura?

Me hago el sordo. O el cínico. Al carajo. Ya conozco estos crótalos de la barbarie (yo estaba aquí a inicios de los noventa, ¿recuerdan?). No estoy para cronicarlos. Me salgo por la tangente. Mis textos tienden a no trucidar torpemente el presente: sospecho que el reino de mis demoliciones no es el fósil hoy, sino nuestro fútil futuro. Fascinación de la fustigación.

Mientras tanto, los rumores retrógrados siguen tocando con saña a mi puerta (incluso en un cruce telefónico oigo contar cuentos cruentos). Mientras tanto, mis dedos sienten corren las teclas de mi delirante Dell y el 2010 me sabe a wordzap, a sopa de palabras podridas, a zanahoria soez y espoleo estatal. Mientras tanto, pierdo cosas y cuerpos a mi alrededor. Me quedo solo después de tantos textos intentándolo intensamente.

Gracias, grotesco campo literárido cubano.

No los extraño en absoluto, no merecen ni un mendrugo de sílabas más.

Abro mis alas sin cordura y salto sobre el nido del cuco.

Soy un Nestbenmuchen natural.

Lo siento, mediocres máscaras mediáticas.

Y jódanse, porque ahora ya es mi momento (soy lo más locuaz de la locureta cubaniforme de fin de algo y comienzo de nada).