miércoles, 13 de enero de 2010

CUÉNTAME DE CUBA


CON “LA LLAMA EN LA BOCA”
(tomado de www.cubaencuentro.com)
Orlando Luis Pardo Lazo

La editorial Voland acaba de lanzar en italiano un antología de 150 páginas que se anuncia en portada como de “jóvenes narradores cubanos”. Se trata del volumen “La llama en la boca”, un compendio de 11 autores residentes en la Isla, antologado por el escritor y académico italiano Danilo Manera. El libro incluye, además, un simpático y sintomático “Decálogo más o menos serio para comprender la cuentística cubana” (de José Miguel Sánchez, YOSS) y el epílogo “Huérfanos y fantasmas”, donde Manera rinde cuentas de su peculiar manera de leer el contexto local más allá de lo literario. De hecho, estos dos textos resultan tan creativamente polémicos, que bien podrían leerse como las dos ficciones más experimentales de esta antología de Voland 2009.

Los jóvenes antologados ya no son, por supuesto, tan jóvenes: el promedio de edades es de 33 años. Pero eso en el campo literario de la Cuba contemporánea significa que sus carreras como escritores están todavía en la eterna fase de despegue (abrir las alas de una voz propia y cortar con el tren de aterrizaje de nuestra tradición). Es decir, se trata de autores que ya ganaron algún premio de importancia numismática, que publicaron algún volumen en una editorial nacional o en una antología foránea como “La llama en la boca”, y, por supuesto, que egresaron del Taller de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso” (ese atelier ecuménico de narrativa, dirigido con rigor y perfil ancho por el escritor Eduardo Heras León, hangar donde cada año aterrizan decenas de precisamente “jóvenes narradores” de todo el país).

Los once antologados, en orden escénico de aparición en esta nueva cena de la narrativa cubana fuera de Cuba, son: Yunier Riquenes (Granma, 1982), Michel Encinosa Fú (La Habana, 1974), Osdany Morales (La Habana, 1981), Mariela Varona (Holguín, 1964), Ahmel Echevarría Peré (La Habana, 1974), Delis Gamboa (Granma, 1976), Agnieska Hernández (Pinar del Río, 1977), Yordanka Almaguer (La Habana, 1975), Raúl Flores Iriarte (La Habana, 1977), Gleyvis Coro Montanet (Pinar del Río, 1974) y Jorge Enrique Lage (La Habana, 1979).

Desde el inicio de su proyecto, según declaró en una entrevista exclusiva, el antologador Danilo Manera decidió incluir sólo a narradores residentes en Cuba: “Como un observador desde afuera, que sabe que una parte imprescindible de la literatura cubana hoy se escribe fuera de Cuba (tal como ha pasado en muchos países y épocas), elegí la perspectiva de quienes viven y escriben desde Cuba, con todos los que elementos inconscientes de autocensura y demás que esto pueda implicar, aún cuando algunos de estos autores se declaren en un estado de exilio interior, concentrados en la página como un espacio de libertad”.

José Miguel Sánchez (YOSS) en su texto teórico parece apuntar en parte esta idea, cuando afirma que “salvo aquellas raras excepciones referenciales en sentido positivo o negativo [...], cuyas obras más famosas llegan y pasan de mano en mano, se supone que los narradores cubanos que han abandonado la isla de uno u otro modo no influyen mucho sobre el corpus cuentístico nacional. Lo mismo pasa con los escritores marielitos y Cuban-Americans, por exitosos que sean [...]”. “Es casi regla que cuando un autor se va, desaparece. Prácticamente se le deja de publicar en Cuba, y hasta de hablar de él”, mientras que “otros autores vivos y residentes en Cuba, pueden ser muy conocidos afuera mientras que adentro su fama es apenas un lejano eco”.

De cara a un lector extranjero, “La llama en la boca” supongo sea una novedad editorial en todos los sentidos. De cara a los pocos escritores cubanos de Cuba que accedan al libro (incluidos los propios antologados), muchos de estos relatos ya son demasiado conocidos por haber circulado aquí durante los últimos años. De un modo diaspórico y no monolítico, estos autores (entre otros nombres que brillan por su ausencia) constituyen la generación de los Dos Mil o Años Cero, cuyas obras, siempre que no crucen el límite de lo oficialmente ilegible, han ido venciendo la resistencia innata de las editoriales nacionales.

Según abunda Danilo Manera, estos “son textos que no tienen un cariz muy crítico y nunca son directos. La estética de esta generación me parece ecléctica e inclusivista. Tienen una gran bulimia, deseos de abastecerse glotona e irónicamente de muchos referentes: de los clásicos al pop, de la ciencia-ficción al splatter, de las súper-estrellas del cine a las de la canción; más zonas intergenéricas de cross-over, de fusión, de parodia, con gran habilidad en el montaje de todos estos materiales. Esta literatura pesca en un imaginario virtual y global, y un espacio típico de sus creadores es la dimensión de los e-zines (como Cacharro(s) primero y ahora los blogs), pero como autores ellos se expresan muy a menudo en primera persona, tal vez para darle una fuerte connotación de experiencia al texto como desahogo ante la desolación: sea un canto o un grito...”

En términos de YOSS en su irónico decálogo, se trata en parte de un fenómeno reactivo y “academicista” contra el “realismo sucio periodístico” ya agotado temáticamente tras tantos estereotipos de “jineteras, rockeros, gays, seropositivos, policías venales, funcionarios sobornados, faltantes (eufemismo cubano para los insumos robados) en casi todas las empresas, robo institucionalizado en las aduanas, y demás”. En ese “bandazo al lado contrario”, surgen entonces lo que él llama “cuentos extraños”: “sofisticados, juegos intelectuales de salón, lo más académicamente lejanos posible de esa vulgar y demasiado descrita realidad. Arabescos de lenguaje. Pura atmósfera, rara vez historias. Preciosistas masturbaciones mentales que arrasan los premios nacionales de cuento y vienen publicados sin ninguna objeción oficial… ni mayor respuesta de público, por desgracia”. Al punto de que “a menudo ni se sabe si son textos de ficción o ensayos”: “¿post-literatura” o “simple miedo a la realidad que cada vez se pone más complicada?”

Menos beligerante al respecto, acaso con la lucidez libre de censuras del profeta fuera de su tierra, también a Danilo Manera (lo mismo que al crítico cubano Jorge Fornet) le “llama la atención” esta suerte de “compromiso paradójico de ser lo menos cubanos posibles. Es decir: limar, filtrar, renunciar a cada señal toponímica o topográfica. En estas obras, la retórica oficialista o el discurso ideológico se perciben como el ruido lejano de un televisor en otra habitación, casi como un defecto de fábrica en el ambiente. Ni siquiera es un fastidio, sino una desconexión, rechazar voluntariamente todo compromiso testimonial: la sorpresa del actual contexto no tiene nada que ver con las sensaciones reales de la vida y sus formas de expresión en estos autores. Ya la Cuba del Período Especial, y mucho más la precedente, han sido enunciadas. De manera que, aún cuando puedan reconocerse rasgos de la realidad histórica, ahora se elaboran atmósferas de sensaciones alucinadas, y ya la anécdota no interesa tanto como una perspectiva muy particular, íntima y a la vez cósmica, donde importa más el estado de ánimo de un personaje en situación límite que sus coordenadas reales”.

Catalogado por él mismo como un “pequeño pirata intelectual, donde mi botín son las historias, emociones, sueños y capacidad de expresión”, Danilo Manera durante más de una década ha lanzado en Italia varias antologías de literatura cubana, en las que asegura nunca haber buscado “un sabor local en términos folclóricos”. Su esperanza es que estos libros funcionen como una “tarjeta de visita, un primer momento de encuentro” para los autores de este “grupo abigarrado, lo que da idea de vitalidad”. Aunque reconoce que “la literatura tiene espacios limitados”, él confía en que también tenga “un poder que a veces desconocemos, pues le habla a las mentes y los corazones”, lo que en el caso de Cuba podría ayudar “a tener una idea más rica y completa de este país” en Italia y en el resto de Europa, donde Cuba siempre “despierta tantos estereotipos y polarizaciones”.

Sin importar ahora el gusto o disgusto por sus autores y textos (los residuos no incluidos son también otra manera de narrar), “La llama en la boca” (Voland 2009) me parece ciertamente pensada más allá de nuestra tan común vocación de antologar como mero archivo temático o museíto generacional.

2 comentarios:

Reynoso dijo...

Orlando: Sólo para hacerte llegar un comentario. He leído "En tierras bajas", de Herta Müller (Premio Nobel 2009), y me ha recordado mucho tu forma de escribir. Si no has leído a esta escritora, te la recomiendo. Un saludo.

Yani Angulo Cano dijo...

Me ha interesado muchísimo este post. Gracias!