martes, 30 de marzo de 2010

THE LAST OF MICHAEL LEAST


SOCIALISM: A LOVE STORY
Orlando Luis Pardo Lazo

Michael Moore es un periodista con suerte. Navega a contracorriente y gana millones con sus manipulaciones mediáticas anti-sistema. Su prosa de comentarista apenas parece norteamericana: es un apátrida que nadie patea al pasear y un intelectual jodedor a la par que un inversionista nada ingenuo. Está gordo y feo y usa una gorrita de borracho o imbécil, pero en el American Way of Lift eso implica que para subir ha empleado a fondo su ingenio.

Michael Moore es un periodista cuyos Audiovisuales Completos se han proyectado del pí al pá por la televisión cubana (ningún joven realizador local ha logrado ese récord). Y la semana pasada le tocó el turno a la premier nacional de Capitalism: A Love Story.

Por más que lo intento, nunca logro perderme los panfletos fílmicos de este autor. Son geniales de tan groseros. Son un indicio de la idiotez ideológica que bien podría comerse por una pata a su imperialista país. Pero, paradójicamente, son también la mayor defensa de la democracia tan demonizada en ese “absurdo Primer Mundo” a su vez tan demonizado aquí.

Por alguna angustiosa o anexionista razón, el EUAngelio según Michael Moore siempre me deja con ganas de habitar una nación donde sea posible criticar así, sin que oponerse oportunistamente a la voz del Estado sea causa de cárcel o crimen a costa del criticador.

Y es que hay muchísima libertad residual a la hora de interpretar entrelíneas a Mr. Michael Moore. Sus detalladas descripciones de defectos traídos por los pelos son una minucia para nuestro humor negro entrenado en totalitarismos y tonfas. Sus quejas quijotescas ya no causan ni cosquillas en Cuba: con las décadas, nos hemos acostumbrado a que las cosas son como son, y es preferible no revolver demasiado la mierda delante del ventilador, mucho menos delante del micrófono y la cámara digital (el silencio es ahora nuestro salvoconducto).

Tras medio siglo o medio milenio de incultura del diálogo, los cubanos hemos matado a ese mini Michael Moore que alguna vez todos llevamos por dentro. El guión de sus jugarretas nos sabe a payasada de performer que muy pronto terminaría preso de este lado del paraíso politcial. Su obsesión de meter sus obesos dedos en la llaga nos resulta un tanto obscena (técnicamente, tonta). Como ciudadanos paraciviles, se nos hace inverosímil que un hombre se gane la vida haciendo leña del árbol si no caído ya a punto de caer.

Para colmo, Capitalism: A Love Story peca de traer por los pelos su trama: en el documental no hay trauma tragable, al menos en el trópico. La decadencia de su Cupido post-Cuppy no es más que pura capitalofobia, complicada con rashes jazzísticos de La Internacional. Michael Moore se erige en cantor de un Mío Cid contra la demacrada democracia Made in USA, y en este film él patentiza que la palabra perfecta para su paladar es Socialism, acaso por aquello de “que es fácil ser el número uno cuando no tienes competencia” (las citas son de él).

No sin un tufillo apocalíptico de 2012, nuestro Estúpido Hombre Blanco en la Mesa Redonda (donde se transmitió dos veces en un día esta obra) abusa de la confianza de obreros, gendarmes, gerentes, sacerdotes y gente dolida al punto del resentimiento, así como apabulla la crasa credulidad de sus espectadores tercermundistamente desinformados (excluidos los cubanos, por supuesto, que lo tildan de cheo y tecoso: aún no logro entrevistar a un vecino que viera completa la primera hora).

Pero justo esa libertad de acción y creación es el ejemplo más peligroso de cómo hay que hacer para provocar al poder, jalándole jirones a la justicia, mordiendo sus márgenes, escandalizando en público de cara a la eternidad o internet: toda una leonina lección para la blogosfera cubana más intranquila (“me niego a vivir en un país así, y yo no me voy a ir”, Michael Moore dixit).

Por lo demás, tampoco es nada nuevo en aquel otro mundo (Woody Allen le saca noventa millas de ventaja a la hora de ser cáustico). Odio a los ciclos eleccionistas. Rumiar las ruinas del reino. Vender el dolor ajeno como sinónimo de sinceridad. Flirtear con la flatulenta falta de fe que le da por culo al siglo XXI en pleno. Putear presidentes a cambio de ciertas patrañas de predicador (a ratos oscurantismos de casino o bolera). Un retoque hollywoodense de Teoría de la Conspiración y un esputo a la plutocracia a nombre de la primera o la póstuma Enmienda de la Constitución. Montajes paralelos proselitistas. Ojeriza del tipo ojo-de-camello contra los ricos. Izquierdismo infantil en fase no tan incipiente como insipiente. Y un etcétera populista que culmina con la calumnia de que “el capitalismo es un mal y no se puede regular el mal: hay que sustituirlo por otra cosa, por la democracia...” (sin especificar adjetivos).

Esos mismos componentes michaelmooreanos son los cartuchos con los que la escritura cubana no sabe remar a contracontexto (menos aún rematar a contratexto). Esas mismas balas de bilis son las que nuestros autores rehuyen para no verse como apestados de cara a la institucionalidad.

Claro, con tal de desmentir mi “mercenarismo” in-the-pendiente, es posible que algún Varela burdo o un ubicuo Ubieta se sacrifiquen ante la pantalla para teclear una reseña filocubana de Capitalism: A Love Story. Ni se tiren, por favor, que se estrallan contra mi estilo estrella: si no se han dado cuenta, esta reseña con saña supura cubanofilia por sus doce apóstatas párrafos.

9 comentarios:

Cuba dijo...

Muy bueno tu articulo.

Lo pegue en Cuba Enlace, espero que no te importe.

Saludos.

Noticias dijo...

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Yosi dijo...

Este tipo me recuerda a unos cuantos cubanos que hay por ahi viviendo en el capitalismo criticando y defendiendo lo indefendible, basofia igual. Excelente articulo.

Rolando Pulido dijo...

Te la comistes brother, esta empin.
Me lo llevo a pasear por Internet, gracias

Anónimo dijo...

Michael Moore desde su trinchera busca adecentar su país.

Este hombre recibe críticas de un lado y de otro; algunos lo critican por no ser más contundente y ácido en sus críticas, otros por ser un "apátrida".

Lo cierto es que Michael Moore se mueve en la cuerda floja de la moderación. Una radicalización de su parte le cerraría las puertas y las ventanas por las cuales accede a millones de estadounidenses engañados por las cadenas de noticias, y todas las corporaciones de falsimedia capitalistas. Ya ha tenido encontronazos con CNN por su último documental Sicko.

En un excelente documental llamado Bowling of Columbine, Moore intenta establecer las razones por las cuales los estadounidenses son tan violentos y resuelven sus problemas con armas.

Es un hombre que se dedica a denunciar lo que muchos desde sus cómodos butacones ni siquiera se atreven a ver.

Normal que tú desde tu cálida islita lo veas de este modo, pero también bastante cínico de tu parte. Se podría decir que tú también te dedicas a criticar el sistema y que se sepa preso no estás, así que te podríamos llamar también oportunista por hacer leña del árbol caído y muchas otras cosas...
En fin, que es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno y no laviga en el propio.
Cuando yo lo digo, lo que este mundo necesita es amor y no tanto cinismo, compadre!

Anónimo dijo...

Es curioso como vosotros los cubanos os pensais que lo único digno de criticar es la dictablanda cubana. Como recibís una información tan parcializada tendéis a creer más en la propaganda capitalista que tenemos que bebernos a pulso por acá afuera que a la contrainformación de los que luchan por desenmascararla. Que sepais que Michael Moore tiene muchos muchos detractores y no tiene para nada una amplia aceptación entre el pueblo estaunidense, porque esos que están sentados en sus sofas consumiendo delante de la tele lo que les insuflan los medios de comunicación controlados por el aparato de poder, no tienen tiempo ni neuronas para cuestionarse nada. Este ser entraña la rara y difícil mezcla de un hombre que se cuestiona todo e indaga lo suficiente como sacar la mierda a la luz. ¿Haces ascos a eso? Pues podría yo decirte que es lo mismo que hacéis vosotros, los tres o cuatro bloggers cubanos que han alcanzado fama mundial mientras muchos otros desde tu propia isla o desde otros países donde se sufren vejaciones mucho más graves que unos cuantos tirones de pelo, están hundidos en el anonimato. Al igual que le tienes tú envidia al Michael por vivir de lo que le gusta hacer, de su activismo social incómodo para el gobierno y poco tolerado por otros incómodos para su gobierno como tú, esos anónimos pondrán en descrédito tu actitud y haciéndole un iluso juego al gobierno cubano podrán hasta afirmar que eres pagado por USA. Cuando la gente hace lo que cree justo por convicción, se arriesga mucho, esté donde esté, así que tendrías que saber respetar un poco y no ser tan descarnado, porque siempre se recibe lo que se da...y al hacer este tipo de análisis eres tú el que caes bajo la misma tabla rasa por la que has medido. Por supuesto, siempre tendrás esos halagueños fans que apenas sin leer lo que has dicho exclaman: "¡Eres un genio, Orlandito!" Y esos mismos se sentirán incluso ofendidos ante mis palabras, porque no hay nada peor para un devoto fan que se le cuestione a su dios....En fin, que la culpa la tendrá papá fidel por no dejarles salir de casa y conocer el mundo. Ya les tocará darse cuenta de cómo está el planeta y de cuánta fuerza y convicción y profundidad hacen falta para intentar mejorarlo antes de que desaparezcamos de este universo.
LUZ.

Anónimo dijo...

PARA LOS DOS ANONIMOS ANTERIORES:

No puede decirse que sea un fan de Orlando, como puedo decir que para nada lo soy de Michael Moore. Si pudieses (pudieseis en vuestra idioma que al parecer habeis olvidado un poco aqui ) releer el articulo, lo mas que lamenta Orlando es que Michael Moore pueda hacer lo que hace, mientras que de el lado de el (por suerte o por desgracia no estoy en cuba) , hacer algo asi puede costarte mas de 20 anos de carcel (por si no conoceis lo que es la primavera negra), ademas de como el sistema utiliza todo los vomitos de vuestro adorado mr. Moore. Si has visitado cuba (espero que al menos hayais tenido ese plaZer, y hayas caminado y vivido sin el dinero y el pasaporte que certifica que eres de otro mundo, y lejos tambien de la paternalidad del sistema con ciertos visitantes que le muestran los avanZes de la dictaDURA) pues convendras que no hay patraña mas grande que Sicko, por lo menos la parte cubana del documental.
Ademas, tambien, que bueno vivir en un sistema donde tienes opciones personales, donde no solo puedes criticar tan acidamente el sistema y vivir en un penthouse a costa de tu talento, y no sufrir la opinion fundamentalista con que te alimentan dia y noche: de eso estan cansados los cubanos, de que te repitan tantas mentiras, que cuando hay verdades mezcladas, simplemente no las crees. Es dificil ver un programa noticioso en cuba donde se hable de algo interesante y novedoso del mundo exterior, que no sean desgracias. es dificil de creer,y por eso orlando dice que la gente no ve el documental completo.
Es cierto, como ya se dijo una vez, que el capitalismo es brutal, y nadie lo esconde: lo que si no acepto es que me regalen una mentira, sin opciones de escoger.
Tu, ustedes dos, tienen opciones, cosa que no tenemos la mayoria de los cubanos (repito, no estoy en cuba): Vayan a cuba, rompan el pasaporte, traten de perder su acento "privilegiado" e integrense a la poblacion, esto es, libreta de racionamiento, salario acorde a los estandares (20 dolares promedio al mes, no menos de diez que es el minimo), para ser magnanimo te concedo un apartamento que nunca sera tuyo, pero no tienes que pagar renta, y nos vemos de aqui a un año, a ver si pudiste soportar sin protestar, sin hacer nada ilegal, sin hacer valer tu condicion de ciudadano de otro pais. Buena suerte en el empeño.
Charly

Anónimo dijo...

Ja, ja, ja. Estos tipejos españoles, aburridos nunca entenderan lo que ha escrito Orlando,ellos noson cubanos, me he reido tanto, porque solo les falto decirnos a los cubanos que deberiamos agradecer a quien utiliza a Moore y a ellos para mantenerse por mas de 50 anos en un tiranico poder que nos ha mantenido lejos del infierno imperialista haciendonos ciegos y sordomudos. Gracias Fidel por amputarme 3 de mis 5 sentidos!!

María Villares dijo...
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