miércoles, 31 de marzo de 2010

MARTÍ DE PÉREZ





LA PAJA EN EL OJO AJENO (DEL CANARIO)
Orlando Luis Pardo Lazo

Lanza por fin Fernando Pérez su película por encargo sobre el niño y adolescente Martí. Una edad de oro que, como mente creativa de impacto, el autor de “Madagascar” y “Suite Habana” sabía que de algún modo tendría que desmontar, desenmarañar, desmitificar, para no terminar filmando otro de esos pésimos poemas patrios que antaño producía el ICAIC (en uno de ellos, a la hora del cuasi-suicidio en Dos Ríos, el caballo blanco de Martí fue censurado porque ningún caballo podía verse cayendo en la Cuba socialista de los setenta).

Y la verdad es que no sé si Fernando Pérez logra o no salir airoso de este lance lírico tras el estreno (por invitación) en el cine Chaplin de “José Martí, el ojo del canario”, fotografiada como de costumbre por Raúl Pérez Ureta y un equipo (pero no un presupuesto) integrado por all-stars.

Tampoco viene al caso hablar de cine a estas alturas del cinismo. Basta con hablar del placer. El placer de practicar la lectura límite con un film cuya crítica en Cuba seguro será pacata; el placer de reparar en aquello que los medios mediocres ningunearán; el placer incluso de una insulsa iniciación sexual por imitación, masturbatoria orate de quien luego sería un as de la oratoria y un rompecorazones —y entrepiernas— de rango mundial: así en la Metrópoli como en el Monstruo, las mujeres le reprocharían de todo en cartas al promiscuo “Ay, Pepe de mi alma”, “monstruo de frialdad”, “todo el mal que me haces”, y un epistolarísimo etcétera.

En efecto, el púber Martí se masturba en vivo sobre la sábana en blanco de alta resolución y sonido surround. El ángel digitalizado de Fernando Pérez se viene, y no se viene sólo una vez: los píxeles de su semen fecundo sobre las lunetas donde los exhibicionistas se afanan a oscuras en su propia fruición o fricción, que es otro tipo no menos respetable de ficción. De hecho, no conozco a una sola hembra cubana que se arriesgue hoy a ir sola a los cines de la capital (tengo fotos del vinil generosamente enchumbado con el genoma espermático de un “tirador”).

Este Marticito precoz bien podría propinarle un infarto al ideal enteco que día a día propaga por Radio Progreso el comentarista Julio Batista. Este niño que se deleita con una teta rotunda de negra, mangoneado por los guapetones del colegio o el jau-jau de un perro de utilería, parece insinuar hasta un temita homo-erótico con su amigo más próximo, reescribiendo sin proponérselo la infancia más evangelizada de nuestra Historia según los libros escolares de la Repúsblica y la Revoilusión.

Pienso en los intérpretes de “José Martí, el ojo del canario” (como sus actuaciones, por el momento no dicen mucho sus apellidos): Rolando como Mariano, Broselianda como Leonor, Damián y Daniel en los roles respectivos de Martí y Martí. Pienso en sus esfuerzos para encarnar estos momentos manidos de nuestra hagiografía como nación. Con semejante presión populista supongo sea muy difícil concentrarse en devengar sus propios salarios.

Pienso también en la opinión de un Magister Marti como lo fue el poeta y ensayista Cintio Vitier. ¿Hubiera quedado satisfecho con este Martícaic o, como ocurrió con otras exégesis heréticas del Apóstol, se distanciaría en silencio de otra mancha en nuestro “sol del mundo moral”? ¿Cuánto del Martí abrigado de aire de Antonio José Ponte se respira en esta libre versión? ¿Cuánto inventario y cuánta invención sacarán, cada cual por su cuenta, los ensayistas antípodas Rafael y Fernando Rojas?

La verdad es que tal vez nada de esto le interese a nadie excepto a mí, que tampoco me importa, pero sí atiza mi curiosidad de cliente excluido del cine Chaplin por las hordas políticas de Hugo Pavón (creo que él afronta ahora el octavo cerco de una demanda jurídica por su actitud anti-constitucional).

La verdad es que tal vez todo sea un pretexto para arrojar luz sobre un par de escenitas extremas resueltas sin mucho arte, donde el ego del que sería el “más grande de los políticos cubanos”, al menos durante algunos planos, borra de su cuerpo mártir el deber y prioriza homonanistamente el placer.

Me gustó este Martí de Pérez (por motivos insospechados a la estética), aún siendo un Martí por gusto, entre tarado y tardío, con trazas alegóricas que pretenden ser muy críticas en el contexto cubano, como ese discursito sobre el déficit de democracia...

Al final, “José Martí, el ojo del canario” tampoco escapa de la pura representación simbolista del prohombre de la próxima película: la pasión del patriota. Fernando se esforzó desesperadamente, pero no es fácil rebajar la estatua de mármol del canario al nivel de nuestros cubanitos de a pie (y pene).

3 comentarios:

Lazaro Gonzalez dijo...

no votar en las elecciones para delegados del poder popular. anular el voto, dejar en blanco la boleta

Wesbri dijo...

Excelente idea decir en silencio que ya no creen en la parodia de Asamblea Castrista.

Marianeli dijo...

Muy bueno