sábado, 3 de abril de 2010

LUNES DE MICHELENA


LUNES DE MICHELENA, originally uploaded by orlandoluispardolazo.

¿Por qué ganaron los Industriales?
Por José Antonio Michelena.

Yenier Flores, el segundo bate de Villa Clara hizo swing, la bola
siguió hacia la mascota de Frank Camilo y la tierra tembló en toda la
Isla sobre las dos de la madrugada del jueves. Varios millones de
personas saltaron de júbilo. Industriales ganó su duodécima corona en
el béisbol cubano. ¿Pero, por qué tanto ruido por un juego de pelota?

Algo más de medio siglo antes, cuando Almendares, Habana, Cienfuegos y
Marianao se enfrentaban en la liga de béisbol profesional, también un
juego de pelota, decisivo de un campeonato, paralizó la Isla. Los
alacranes azules del Almendares jugaron contra los leones rojos del
Habana.

Alacranes y leones capitalizaban a los fanáticos de entonces. Aunque
el Estadio del Cerro aún no podía albergar a 60 mil aficionados, la
Isla apenas llegaba a los 7 millones de habitantes y la cifra de
televisores era infinitamente menor, ya la pasión encendía rivalidades
en colores: verde, del Cienfuegos; naranja, del Marianao; rojo, del
Habana; azul, del Almendares.

Industriales, la selección capitalina surgida en 1962, estampó el azul
en sus uniformes y arrastró la simpatía de legiones de almendaristas;
cuando años más tarde sumó el ícono de los habanistas, el león, creó
un estandarte muy poderoso. El conjunto celeste es Habana y Almendares
al mismo tiempo, el yin y el yang.

Acaso nadie sabe quién decidió otorgar el azul a los Industriales y
quién eligió después el león para completar su heráldica, pero sí está
claro que el combinado celeste convoca grandes pasiones a favor y en
contra. Ningún otro equipo suma tantos seguidores, pero tampoco lo hay
con tal cantidad de opositores, detractores, adversarios.

En el enfrentamiento Industriales versus Villa Clara, el conjunto
naranja contaba con la simpatía de todos los aficionados hostiles a la
escuadra azul.

Un asunto a investigar en el campo de los estados emocionales de los
atletas es por qué los peloteros de la capital se crecen en la post
temporada, cómo ellos utilizan esa corriente de energía contraria y la
convierten en energía a su favor, mientras sus opositores juegan por
debajo de sus posibilidades.

El actual conjunto azul no llega al nivel de las versiones de 1986,
1992, o 2004, pero sus peloteros se sienten dentro de una leyenda.
Detrás de ellos, impulsándolos, están Chávez, Trigoura, Hurtado,
Street, Osorio, Marquetti, Urbano, Capiró, Tony, Puente, Changa,
Arocha, El Duque, Javier, Kendry, Yaser, Medina, Scull, Germán,
Padilla, Anglada, Vargas… Y esa tradición los eleva.

Entre la multitud que vitoreaba ayer a los peloteros de Industriales
en el parque 13 de marzo había un jovencito con un “tatuaje” a
bolígrafo en su rostro que decía: “Esto para El Duque”, debajo del
número 26.

Pero, obviamente, la mística de Industriales va más allá del hálito de
los grandes peloteros que por allí han pasado; sobrepasa la tradición
de “jugar bien”; incluso la alta estima que proporciona haber
triunfado tantas veces, ser un ganador, el mayor de los cuatro
grandes. Es, quizás, la conjunción de todo eso. Y algo más recóndito
que nos lleva de nuevo al Almendares.

Tony González y Germán Mesa me recordaban a Willy Miranda; Anglada, a
Tony Taylor; Chávez y Marquetti, a Rocky Nelson; Changa, a Mike
Cuéllar; Vargas a Miguelito de la Hoz; Javier, a Ángel Scull; ahora
Malleta es de nuevo Rocky Nelson, y así sucesivamente, como en el
poema de Wichy Nogueras, “Eternorretornógrafo”.

Todavía falta la sabiduría de un nuevo Ramón Carneado al timón de la
nave azul, pero Germán más que mago fue adivino, en este juego final.
¿Quién podía pensar que un jovencito que tenía tantas bases por bolas
como entradas lanzadas en la temporada regular iba a pitchear como lo
hizo? ¿Hechizo, encantamiento? Aché, mucho Aché tiene Industriales. Si
no, cómo ganar en Cuba 12 campeonatos.

¿Por qué tanto ruido por un juego de pelota? Ese tema sobrepasa una
nota deportiva. Digamos solo que según cantemos “oye, te cogió el
león”, o “ruge leona”, estamos representando un sentimiento, una
pertenencia, una identidad. Pero todo es combustible para el fuego
azul.