martes, 15 de junio de 2010

ADIÓS, CUBANOS, COMPAÑEROS DE MI VIDA


EL CAUCUS CUBANO

Orlando Luis Pardo Lazo

Dado que enviar cartas abiertas al Parlamento cubano puede costarte una cadena perpetua, las adjuntamos vía g-mail al Congreso norteamericano.

Dado que disentir pacíficamente de cada gestión gubernamental en La Habana puede ser una coartada de la policía para borrar tu biografía, coincidimos paradójicamente en Washington con la retórica retro de la Revolución.

Dado que en 50 años Cuba se fue quedando tan sola como la estrella tejana de su bandera, socializamos mejor con la vecina constelación cincuentenaria.

Décadas atrás, los disidentes del modelo soviético empezaron por hacer el tonto con sus discursitos de perfeccionar el socialismo. Se llamó instinto de sobrevivencia y no fue un fenómeno lógico, sino intuitivo (más lúdico que lúcido, para eludir a los lobos de la Lubianka).

Cualquier causa caricaturesca les servía para protagonizar un episodio o una epístola. Firmas contra fusiles. Ovejas contra ovijas. Mientras menos predecible, mejor (estética ochentosa de la espontaneidad). Y sin saberlo, terminaron cauterizando todo aquel sistema que el “capitalismo en su fase imperialista” apenas pudo contener en frío durante el siglo XX.

Eso es bien difícil en un paisito acomplejado por la política. Cuesta mucho ser un tin menos patéticos y un tanto más performáticos. En el fondo, somos pesimistas patrios. Graves al punto de lo grosero. Desconfiamos del correo como herramienta de deconstrucción. Practicamos el tiro en nuestro tiempo no libre, sino lúgubre. ¡Firmes…!, pero no firmas.

La capacidad de sorpresa ha sido abolida por una insolidaridad tan criminal como las cárceles. La llamada “solución biológica”, que es invocada por los gurús cubanescos, en la práctica de una generación tras otra ha devenido en una “solución ególatra”: odiar, temer, partir (panóptico de verbos modelos).

La ironía ha mutado en ira y ya sólo aguarda en guardia, vestida para matar (todavía nos acusamos mutuamente de traidores y otras tonterías tétricas). El chantaje con los cadáveres ilustres es y será una tara irreparable de nuestra identidad. El futuro nos sabe a fósil. Para colmo, la dificultad de la diferencia de lenguajes dinamita cualquier acercamiento entre nacionales. Ni el traductor de Google nos salva.

La anarquía está garantizada como colofón. También el horror de los hematíes como recurrencia histórica. En nuestra Cubapocalipsis, vamos a extrañar incluso al caos. Cubansummatum est!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Orlando, tienes que confiar en la "mayoría silenciosa."

Los más vehementes son los que más gritan, y así parece que son más. Pero ahí detrás están millones de cubanos callados que simplemente quieren vivir en paz y libertad, sin molestar a nadie.

Confía en ellos. Son la gran mayoría silenciosa.

Serán los dueños de la Cuba del futuro, donde cabrán los cubanos de todas las opiniones, por un motivo muy simple; por que todos los votos valen igual. El voto iguala tanto como la muerte. No importa quien grites más, ni quien tenga más poder. Al final el voto de la mayoría silenciosa pesa con el poder de su número, y hace que los países no degeneren en un conflicto civil perpetuo.

Gabriel

Anónimo dijo...

¡Ave, Orlando! Este es un post para material de estudio. Lo estudiaré.
Gracias.

Armienne dijo...

Hay que leer con calma. Cuba es un país que sufre cuyo pueblo quiere terminar las ataduras que lo silencian en el más amplio sentido de la palabra para vivir como viven la mayoría de los pueblos: con problemas pero con libertad.