jueves, 22 de julio de 2010

CODA CUBANO


DEL TELÓN ENTENDIDO COMO TRIUNFO

Orlando Luis Pardo Lazo

No hablar más de La Habana. No hablar más de Cuba. No hablar más de la Revolución. No hablar más.

Como intelectuales ingenuos, nos sobra todo un Diccionario de grandilocuentes palabras. Unas Obras Completas con parches de párrafos políticamente perfectos. Una Enciclopedia a tope con contenedores de papel pautado, puteado.

Es suficiente. Ya ha habido bastante significado sumiso. Conformémonos un poco a la idea de que no mediarán más ideas entre el lenguaje lírico y la rala realidad. Sintamos con satisfacción el silencio. La carencia de aliento gramático. Seamos menos. Estemos más. Este mismo punto y aparte, para ser consecuente conmigo, sintácticamente debería ser entonces un punto y final.

Pero La Habana persiste plúmbeamente en nuestras biografías de soldados de pluma. Pero Cuba nos esclerotiza a diario desde un contexto acéfalo. Pero la Revolución resiste a costa del pobre y enfebrecido imaginario de nuestra desmemoria senil, socialipsista al punto de lo suicida.

No podemos evitar esa formulita H-C-R, ni siquiera como omisión. Porque, en efecto, tenía razón, como casi siempre, la propaganda política más pedestre de la paleohistoria de esta nación. El experimento fue un éxito.

De suerte que, de tanto repetirlo sin darle crédito, ahora pagamos el precio de sobresaturarnos de tan ampuloso teatro. De tanto aspirar su humo mudo, La Habana nos convirtió en sus ventrílocuos aventajados. De tanto carajear o carcajearnos de Cuba, Cuba nos traqueotomizó. De tanto rumiar sus rimitas retrúecanas, la Revolución nos reclutó.

Por eso otra vez tecleamos, tímidos o temerarios, sin lograr extirparnos este tumor a trío de la garganta: histología no tan cansada como risible (segundas siglas H-C-R). Pero, en lugar del tic-tac sin tiempo de las teclas, lo que se oye de boca para afuera es un silbido de bronquios patrios podridos. El dislate discursivo de un paciente terminal. El lugar de nuestras obsesiones nacionasmáticas. La queja falsiforme y metastática de La Habana en Cuba en Revolución.

Esas fonías fósiles hablan hoy a nombre de nuestra parapléjica intelecnulidad. Es una jerga ubicua y omnisciente. Más que el fantasma estéril de un Estado absoluto, esas resonancias simulan ser el eco hueco de Dios. Cínica o sentimentalmente, lo son.

Hangar Habana donde recalar cancaneando.

Cuba sin cura clínica, un caso ya crónico.

Revolución en resurrección a la hora humillante de no hablar más de La Habana. De no hablar más de Cuba. De no hablar más de la Revolución. De no hablar más. Este punto y aparte, incluso siendo una inconsecuencia contigo, sintácticamente deviene entonces un punto y final.

5 comentarios:

Armienne dijo...

Hay que hablar. Hay que hacer vivir a Cuba a través de nuestras palabras para que no se acabe de perder.

Armienne dijo...

Hay que hablar. Hay que hacer vivir a Cuba a través de nuestras palabras para que no se acabe de perder.

Armienne dijo...

Hay que hablar. Hay que hacer vivir a Cuba a través de nuestras palabras para que no se acabe de perder.

Armienne dijo...

Hay que hablar. Hay que hacer vivir a Cuba a través de nuestras palabras para que no se acabe de perder.

Rolando Pulido dijo...

Cuba no solo esta en La Habana, esta donde este un cubano.
Cuba no ha muerto, solo esta muy enferma...gravemente enferma.
¿La dejaremos morir o la salvaremos?...esta en nuestro esfuerzo que se salve o que termine de morir.