jueves, 12 de agosto de 2010

reseña en VOCES 1



Próximos pero lejanos: el universo de al lado

Yoss


EN 1998, durante la hasta hoy única visita de un Sumo Pontífice a Cuba, Juan Pablo II pronunció su célebre sentencia que el mundo se abra a Cuba, que Cuba se abra al mundo.

Dejando a un lado las múltiples implicaciones sociopolíticas de la frase para circunscribirnos al ámbito literario-editorial, bien podemos decir que al menos en su primera mitad fue profética: cada vez más autores cubanos, de dentro o fuera de la isla, publican libros en el extranjero. Pero, ay, la segunda parte… Por desgracia la crítica literaria nacional aún permanece a la zaga, desinformadamente ajena o desdeñando olímpicamente criticar o reseñar la inmensa mayoría de los títulos written by Cubans que se lanzan cada año a las librerías de ese inmenso país que es Extranjia, que está en todas partes menos aquí.

“El universo de al lado”, novela ¿cómica? ¿de espionaje? ¿de ciencia ficción? del pluripremiado humorista y guionista de cine Eduardo del Llano Rodríguez (su primer chiste fue nacer en Moscú, 1962…) fue lanzada en el 2007 en España, en un hermoso, casi lujoso volumen polícromo y con solapas, por la madrileña Ediciones Salto de Página. Se trata del tercer libro que Del Llano publica allende nuestras fronteras, después de su premio Italo Calvino de 1997 con la novela “Arena”, aparecida en Italia bajo el título de “La clessidra de Nicanor” (1997), y de la recopilación de cuentos “Todo por un dólar”, que vio la luz también en España pero en el 2006.

¿De qué va “El universo de al lado” (cuyo criollísimo e irreverente título original, cambiado por carecer de “gancho” en el mercado editorial ibérico, era… “El culo y la llovizna”)? Aunque parezca facilismo, lo mejor es repetir parte de la sinopsis que aparece en contracubierta:

Primero desapareció Bulgaria. Y a nadie pareció importarle. Una semana más tarde lo hizo Paraguay, y sus fronteras también se convirtieron en el borde limpio de un socavón de dimensión planetaria. La noticia no tuvo mayor repercusión. Siete días después, y ahora sí ante la consternación mundial, la Luna dejó de verse.

¿Un comienzo atractivo, no? Pues luego se pone mejor; porque esta descacharrante novela se atreve a explotar en clave irónica uno de los temas más sensibles e internacionalmente controvertidos del momento: el del terrorismo.

Los dos países y el satélite desaparecidos no se han esfumado por causas naturales, sino por los siniestros manejos de (volvamos a citar la sinopsis) Lipidia, una nación terrorista tan clandestina que se desconoce la ubicación de su territorio. Es el “estado canalla” ideal, porque en la terrible Lipidia (tenía que serlo con ese nombre que nos hace pensar en abuelitas verborreicas), esté donde esté, todos son terroristas, desde el primer mandatario hasta el último infante de sus escuelas.

Tras establecer que entre una desaparición y otra hay un plazo de siete días, para descubrir la secreta localización de Lipidia e impedir que desaparezca a otra nación, la CIA forma el comando más absurdo que pueda imaginarse, cuyos singulares caracteres son uno de los grandes aciertos del autor.

Está el recurrente Nicanor O´Donnell, que esta vez podría ser el perfecto hombre de acción… si solo no fuera tan culto. Nick es lo más cercano a un protagonista, dado que los fragmentos de su diario incluidos en la novela son los únicos pasajes en primera persona. La chica del equipo es Chrissy (otro nombre familiar a los lectores de Eduardo, desde el cuento “El beso y el plan”), una bella y malgeniosa agente-hacker que cuando no está de servicio trabaja como modelo. El líder es Dante, un mulato fanático de Engelbert Humperdinck y ¡nacido en Lipidia! que, aunque tiene su mapa tatuado en la espalda, no recuerda la ubicación de su patria.

Completan el team Rodríguez, el Homo rodens o víctima nata, que a todo el que lo encuentra le provoca deseos de golpearlo o curarlo; y Mercury (HG) un negro casi normal, salvo que es especialista en artes marciales de todo tipo felizmente casado con Sarah, una mujer de un universo paralelo con el que realiza experimentos su hermano físico.

Las improbables vicisitudes de este comando digno de haber sido reclutado por Groucho Marx (sic sinopsis, otra vez) se suceden con pasmosa e hilarante velocidad: mientras vuelan hacia Afganistán (¿qué sitio mejor para empezar a buscar terroristas?) impiden que un solitario pirata aéreo haga estallar el avión con una bomba disfrazada de dios menor. Luego, tras la pérdida de las maletas de Chrissy y de la misma Chrissy en una escala en Madrid, contactan con sus secuestradores: un comando musulmán empeñado en recuperar la Luna, que suponen robada por los “diablos occidentales” y acaban aliándose (lo que ya es pura ciencia ficción) con ellos en medio de una clásica pelea en una cervecería de Münich.

Y las peripecias no paran. Árabes y occidentales juntos vuelan a una China que se debate entre la férrea censura oficial del Pueblo y la encantada apertura al capitalismo más consumista. Tienen por primera vez contacto con “los malos” (gentes lipidianos) a través de una explosión de la que se salvan por puro milagro, los persiguen hasta ¡La Habana!, sitio donde ¿casualmente? uno de los musulmanes, Alí, estudiara Medicina años atrás y fue novio de Xiomara (cariñosamente “Muñuñi”), una escultural y dulce mulata que todavía vive en Centrohabana y cuyo hermano Lazarito es el más inepto agente de la Seguridad del Estado que pueda imaginarse.

Sorprendidos y capturados por los lipidianos, que les revelan despectivos que Lipidia no está en La Habana, son conducidos nada más y nada menos que al Salón Rosado de La Tropical, donde seis negros de mala catadura deberán encargarse de ellos. Solo que en vez de los delincuentes que parecen, los “chardos” resultan ser el conjunto de salsa Matason, y uno de ellos, encima, socio fuerte de Alí de sus días de estudiante, por lo que…

Por lo que basta, porque, mal que les pese a ciertos críticos, el objetivo de una crítica no es resumir una novela, y lo más sorprendente de “El universo de al lado”, como era de esperarse, queda reservado para su último tercio, verdadero tour de force de irónicos golpes de efecto y atractivísimo crescendo de desenmascaramientos inesperados hasta desembocar en el absolutamente sorprendente desenlace, que, como los buenos lectores sospechaban desde las primeras páginas, involucra ciencia ficción de la dura y universos paralelos… Aunque no de la forma en que uno habría supuesto, que es lo mejor de todo.

Algún purista del realismo podría cuestionar lo inverosímil de esta aventura, pero ¿inverosímil por qué? ¿No se tragó todo el mundo lo de las armas químicas y nucleares de Saddam Hussein y aplaudieron el ataque de Bush a la peligrosa amenaza islámica? Cuando la realidad supera a la ficción, a la ficción no le queda más que tirar a la chacota la realidad. Ojo por ojo, risa por risa.

Llena de eruditas referencias culturales, tanto a la pop (Shakira y Barbra Streisand) como a la “gran cultura” (Tarkovsky y Dave Lynch) esta novela logra no solo atrapar la atención del lector sino, lo que es más difícil, mantenerla. Y, pese a que su irreverencia francotiradora contra todas las banderas puede molestar por igual a los extremistas de derecha y de izquierda, no deja de sorprender y sobre todo poner a pensar con su moraleja final sobre las muchas caras del único monstruo del terrorismo.

Con “El universo de al lado”, Del Llano reanuda aquí la senda paródica de los thrillers y la política-ficción estilo Frederick Forsyth o Tom Clancy, que ya años atrás le diera tan buenos resultados en la desternillante novela “Virus”, Premio Abril, escrita en colaboración con su Walter Ego del nunca bien ponderado NOS-Y-OTROS, Luis Felipe Calvo.

Esperpéntica en su desmesura, sin pretender la credibilidad sino cimentada en lo absurdo, como toda la obra de Del Llano, esta novela nos deja la inquietante sensación de que no solo el de al lado, sino también nuestro propio universo está completamente más allá de la lógica. De que la realidad no es tan real como parece, ni la fantasía tan fantástica como creen esos críticos elitistas que tildan de “subgénero escapista” a la ciencia ficción antes que confesar que no la entienden, en la clásica actitud de “están verdes” de la zorra ante las uvas inalcanzables.

Con una prosa cuidada de corrección casi matemática, llena de notas a pie de página, como las ¿necesarias? aclaraciones del slang barriobajero de La Habana para el lector hispano, “El universo de al lado” es a la vez una lectura amena y que hace pensar.

Solo queda entonces preguntarse, como en su día ante “La clessidra de Nicanor”: ¿para cuándo una edición cubana, para que los lectores históricos y nacionales de Del Llano puedan también seguir las nuevas y disparatadas peripecias del O´Donnell agente secreto (incluso en La Habana), sin tener que pagar en moneda convertible por el placer de su lectura?

Y ojalá esta vez la interrogante no quede sin respuesta editorial…

1 comentario:

Armienne dijo...

Gracias, primito, por enviármelo. Lo estoy disfrutando.