jueves, 7 de octubre de 2010

NIGHTERATURA FOR SANDRA


NOCHE DE ESTA NOCHE SIN NOCHE

Orlando Luis Pardo Lazo

La noche en Cuba puede ser tan claustrofóbica como los días de sol. Sudas. Hiedes. Estás exhausto. El deseo desaparece. Es mejor morir antes que dejarse abatir por las pesadillas patrias y encima el tedio de tu jornada posterior.

Pero el verano se acaba, aunque sea inverosímil. Octubre sopla sus misterios de mes malo para los mediocres. Incluso hace frío. Cambia la dirección del aire, la atmósfera se abre hacia el cielo. Las estrellas giran a contrarreloj. La luna no se asoma demasiado. Todo es gris noble. Las noches se afinan, no hay distancias entre los objetos. Levedad es sinónimo de Libertad. No hay gobierno ni resistencia. Hay sólo Cuba, la única. La de verdad. Cuba la irreconocible, al menos la desconocida.

Y entonces respiramos. Eso. Por primera vez en el año los cubanos de aquí respiramos. O2: oxígeno, orlando… Click Play.

Salgo afuera. Voy grabando en un mp3 las sílabas que me dicta La Habana. Soy un privilegiado, lo reconozco, soy una imitación ínfima de dios. Quisiera que el mundo entero estuviera ahora bajo mi piel, tiritando a ras de esternón. Queda tanta realidad aún virgen. Tanto lujo y tanto esplendor. Todo de pronto visible, suave, hiperreal. Una ciudad súbita. Suicida.

Bajo desde el hospital La Ceguera buscando la música de medianoche del mar. Voy solo, como corresponde a toda experiencia límite. Ilimitada. La calle 70 conserva intacto su decorado de árboles. Raíces subversivas que descoyuntaron la solemnidad del concreto. También bancos de granito. Una funeraria desolada. Una librería sin ilusión. Cafeterías estatales que merecen ser bombardeadas por una fuerza multinacional. Semáforos desaforados para nadie. Cruzo con roja y con verde y con amarilla. Nadie me ve, ni siquiera yo. Soy un fantasma, por supuesto, pero el fantasma del ciudadano más real que le va quedando a nuestro performance de país.

En 19 cruza ante mí un ómnibus P-10 larguísimo, luminoso y descomunal, vacío de gente, conducido acaso de manera automática desde el cuartel general de la Yutong, pura materia importada desde el futuro caribe que nunca fue. Qué soledad tan saludable. ¿Dónde están los cubanos a esta hora sin hora? ¿Quién me deseará suerte y que no me asesine una sombra zombi salida del socialismo? ¿Cuándo terminará el asfalto y pisaré por fin el dienteperro que es nuestra frontera más fiel? ¿Cómo no me quedo dormido para siempre en uno de esos latones plásticos con carteles en catalán?

No debiera amanecer. No debieran amanecer. No debiéramos amanecer.

La embajada rusa es una jeringuilla cuadrática. Lo siento, siempre me pareció preciosa en su deformidad. Es un saurio, un síntoma, es sencillamente sensacional. La imagino llena de espías y parabólicas, tal vez micro-satélites e isótopos y alguna muchacha triste con pañuelo de iconos en la cabeza, recortada en los años ochenta de alguna de aquellas revistas a todo color.

Ya no sé lo que enumero. Voy en éxtasis. Hablo solo, como los locos, la culpa de todo la tiene el mp3.

Quinta. Los pinos todavía sin talar. La democracia entrará en Cuba por esta avenida, lo sé. La arquitectura predispone. La belleza convoca. Aún si nunca amanece, La Habana tal vez se salve.

El mar. A un lado la hotelería holandesa o hispánica o helvética o qué sé yo de qué haches heuropeístas hinvoco ahora. Pequeñas olas. Espuma. Salitre en mis labios de miope. Miedo a no tener miedo y meterme con ropas y botas en ese mar. Hundirme con humildad. Bajo ese olor pulcro a leche cósmica arriba. Constelaciones, galaxias, puntos álgidos de luz que nunca titila. El sentido de este paraje se me escapa. Me desnudaría. Me tocaría el cuerpo. Me haría estallar. Orlandonanismos que no caben en la patria pacata que persistentemente nos pateará. De adolescente lo hacía así, placer de puertas afuera. Sin pena. Sin pedir perdón, pero con pavor. Una patrulla se me acerca por la calleja que pica a los arrecifes del mar.

Carnet de identidad, por supuesto. Deshabitamos en la Isla de la Identificación. Los ponen nerviosos mis pelos. Mi estatura. Mis maneras. Mi ropa. Mi voz en el mp3. Destilo verdad. Soy por un instante inmortal. Inmoral.

Dos horas después estoy de vuelta en la calle 70. El intermezzo no importa, no cabe en la fragilidad de esta narración. No pasó nada. Diálogos decrépitos con la autoridad. Guiños de autor. Ficción oficial. Esta noche fuimos indetenibles, Cuba, yo y quienes ahora mismo siguen con la vista mi voz (justo en ese orden antigramatical). Es el tipo de anécdota que recurre exclusivamente en mí. Lo he contado en “Triste de Tigre” y en “Decálogo del Año Cero”. Un error. El horror siempre lo es.

70 arriba es igual de exquisita. No llega nunca a 31. Mansiones que roncan iluminadas, con sus dueños muertos en un camposanto de cualquier otro país. Techos delgados, curvos, futuristas y clásicos. Hubo hombres vivos en esta historia. Su fallo no fue partir tan temprano, sino partir abandonándonos al pairo aquí (al papiro aquí). Una Cuba de memorias mudas oprimiendo nuestras retinas, gargantas y corazón. Click Stop.

Viro a casa. Me oigo. Tecleo, tiemblo. Estoy en un invierno inventado. Unos gatos se destripan al otro lado de mi ventana abierta de par en par. El cielo rojo. Llovizna. Ulula. Rezo para que la noche no acabe ahora. Rezo para no encontrar nunca una línea que acomode sin violencia al punto final.

4 comentarios:

Rolando Pulido dijo...

Fantastico Orlando,
Llegue a sentir el dienteperro en mis pies y el olor del mar, de alli, de la Habana...y el dolor que aguardas y que aveces no lo puedes contener, entonces lo gritas...¡¡¡ABANA!!!. Todos te escuchamos, estamos atentos, tu eres el verdadero artista que Cuba no se puede dar el lujo de perder.

Aqui llovizna mucho en esta epoca tambien, aunque los arboles de la ciudad no se han tornado dorados todavia, pero ya comienza a oscurecer mas temprano...nosotros tambien.
...¿destripe felino?...oh boy!
Watch out Mr.X!

Sandra dijo...

Orlando, acabo de recorrer contigo cada calle y cada palabra. Pienso tambien que una noche asi es la unica libertad aun posible, y que no debiera amanecer...
Aunque me siento un poco culpable de que te hayas lanzado asi a la media noche, al limite del mar, o a las sombras zombies. (Y me da rabia que te hayan detenido los pigs y roto la magia de ese instante en tu paraje indescifrable frente al mar).
Yo te deseo suerte.
Gracias por dedicarme esta noche y tu voz. Cuidate, next time... abrazo S.

yo dijo...

puede sentirse celos de una dedicatoria????? pues....siento celos, orlando, sería maravilloso que alguien escribiera para mí palabras como esas...
con cariño inmenso
sabrina

Jordi Santamaria dijo...

De entre tropecientos de blogs y libros de la época de los Trespatines, siempre acaba flotando una manera de expresarse candente, musculosa, poética y verdadera.
Este escrito contiene muchos microgramos de verdad de la buena, del scrabble sabio de la literatura.
Tal vez he descubierto un Escritor, con E cubana, olvidada, y magnánima.
Te seguiré