lunes, 1 de febrero de 2010

HABADNA-PAINTING





PATRIA Y PALETA
Orlando Luis Pardo Lazo
...No es contigo, mi infinito amigo RP...

A falta de pan, pintura.

Pinta Jorge Perugorría. Pinta Patricio de la Guardia. Pinta Robertico Robaina. Pinta Luis Posada Carriles. Pinto yo.

Todos pintamos. Para matar el tiempo. Como terapia cromática. Para paliar la patria.

Óleo versus horror. Acrílico contra la textura lisa de lo real.

Con pinceles o con los pies. Con caldosa de aceite de oliva o con agüita de aguarrás. Con los fluidos de nuestras biologías ya póstumas. Pintores por el cubanismo: venderemos.

Pintamos, por supuesto, paisajes. Mujeres estilizadas. Formitas abstractas de cuando en vez. Conceptos leídos en una manual medio materialista de la cárcel o la universidad.

Pintamos al tutiplé. Todo es pintable. Todo se expresa exquisitamente dentro de las pulgadas baratas de un bastidor.

La historia del arte se ha democratizado hasta un nivel personal.

Tenemos lo que se llama una veta artística. O pulsión plástica. O al menos cierta patética sensibilidad.

Hacemos películas o política. Actuamos o atacamos. En misterios o en ministerios. Pero nos une la acuarela acuciosa del creador. Cuba es plasticidad. Arte somos entre las artes, incluso las más arteras.

Dar un paletazo. Deslizar un brochazo naif o un carboncillo kitsch. Reflejar esa cuestión de escuelas que se parece a la realidad.

Pintamos por instinto o inspiración. Por bodrio o venganza. Por marketing o miseria. Para cubrir un currículo un poco menos capcioso que el profesional. Pintamos, me temo lo peor, por puro amor al espectador.

Pintamos para que el mundo pueda penetrar en nuestra alma campechanamente cubana.

Así en El Louvre como en el MOMA como en la galería de gallos de Cacocún. Pintamos nuestras temperas a pepe timbales.

Perugorría, de la Guardia, Robaina, Posada Carriles, y ahora para colmo también yo.

Hasta que se nos empastelen las manos por exceso de imaginación. Hasta que algo pase, acaso el milagro de un mecenas que nos tilde de mesías y no de mercenario. Hasta que el país consuma las últimas gotas de su desencanto bíblico o su revolucionaria carencia crónica de color.

No importa. Nosotros pintamos entusiastamente en paz.

Por favor, permítanme el placer y el privilegio de promocionar aquí ahora una copia escaneada de mi prometedora premier.

Gracias. Y embúllense todos con el pinta-pinta. Tengo la impresión de que constituyen un público muy prometedor.