miércoles, 10 de febrero de 2010

WITH A WHITER SHAME OF PALE



MERCENARIAS DE LA MISERICORDIA
Orlando Luis Pardo Lazo

En blogs imbéciles se burlan de ellas como las “Damas de Verde”, para humillarlas porque aún no se han muerto de hambre, a pesar de que a todas les falta un ser querido en la familia. Y un salario de sobrevivencia.

Damas de Verde: es perfecto este alarde lenguaraz de Lagarde.

Verde es el color de la esperanza.

Una esperanza enfermiza, quizá, como toda fe verdadera. Una esperanza que acaso sea nuestro último cheque en blanco, como sus telas: papelito que nadie en Cuba se arriesga a firmar (ni a filmar).

Visten de blanco, que según la geografía es síntoma de paz o de luto, pero ellas pretenden reverdecer por dentro. Locura de laureles.

Marchan para no dejarse marchitar. Gritan para no ser groseras. Caminan para no cansarse ni acobardarse de Cuba.

No mendigan ni una tajadita de perdón: son millonarias de la inocencia, descreen de los decretos, leen leoninamente la ley. Y revisan el vaho virtuoso de los evangelios. Son revolucionarias.

Están más allá del bien y del mal. Existen por cuenta propia. Rebotan toda la luz agónica de nuestros mediodías de demasiado sol (un sol desasido sin ton ni son, desabrido en su represión).

Son tan solidarias porque están muy solas. Perdieron el pánico de un mandarriazo por mandato fiscal.

Estas hembras honorables son lo intempestivo insular, un error en la matrix del horror: lo que ningún politólogo de carrera hubiera podido prever.

Ellas tampoco se explican mucho. Apenas si muestran algún indicio. Avanzan por las venas abiertas de la Avenida de las Américas.

Y olé.

Torean a tramos a su operativo amateur.

Exponen. Ejecutan. En verdad, son casi verdugos de uniformes blancos: túnicas no tan santas como sanitarias. Decapitan gladiolos como un sacrificio ritual.

Los carros les pitan. El pueblo las apedrea a palabras (por el momento). Ellas sólo dan un pasito más. A ras de la acera, entre las verjas cerradas a cal y canto y un cársico contén.

Doblan bajo un semáforo de Playa y se acuestan en plena Plaza. Van en parejas. Cantan versos. Parecen un destacamento pioneril.

De hecho, han rejuvenecido en su dolor. Cuando un pueblo enérgico y femenil llora, la injusticia también tiende a temblar.

Las hay muy jóvenes (serían adolescentes en el 2003). Las hay de todos los colores de piel y credo. Espero nunca se constituyan en ONG. Nada ni nadie debiera decomisar la lujuria sin límites de su libertad.

A su alrededor, los caballeros proletarios se han acabado entre sí. Ellas, damas con los pies bien puestos así en la tierra como en el cielo, aún permanecen históricamente sobre el proscenio patrio de nuevo siglo y milenio.

Los años cero.

Las Damas de Verde (fichas infieles de nuestro dominó doméstico: fichadas).

Las de los veredictos inverosímiles, las de la voluntad como virtud, las de los cambios blancos en Cuba.

Una lección de lechada.

Cubansummatum est!